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SISTEMA BIOCOMPUTACIONAL SUPERORDENADOR - Capítulo 308

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Capítulo 308: El Salón Loto Rojo (3)

—¿Quién es? —preguntó uno de los guardias. En cuanto oyó el chasquido de la puerta al abrirse, se dirigió inmediatamente hacia ella para ver quién estaba detrás. Sin embargo, en cuanto lo hizo, una hoja le atravesó la garganta; sin la posibilidad siquiera de gritar, cayó al suelo, mientras la sangre manaba de su herida.

[INDIVIDUO HOSTIL ELIMINADO: INICIANDO PROCESO DE ABSORCIÓN DE MANÁ.]

[0 %… 1 %… 5 %… 30 %… 70 %… 100 %]

[MANÁ ABSORBIDO CON ÉXITO, INICIANDO PROCEDIMIENTO DE CONVERSIÓN.]

[3… 2… 1… 0]

[MANÁ CONVERTIDO CON ÉXITO EN EXPERIENCIA. 900 PUNTOS DE EXPERIENCIA OTORGADOS AL ANFITRIÓN.]

—Qué co… —dijo uno de los guardias, pero de inmediato, mientras Erik caía al suelo sobre el guardia que acababa de matar, Gwen, Amber y los demás entraron a toda prisa saltando por encima de él y atacaron inmediatamente a los guardias.

Benedicto decidió contener a uno de los dos, blandiendo su arma de maná. Gwen hizo lo mismo con el otro guardia, totalmente envuelta en su armadura de maná.

Los demás siguieron su ejemplo y de inmediato rodearon a los hombres y atacaron simultáneamente.

Aaron ayudó a Gwen y a Amber usando su limo para impedir que el guardia se moviera mientras las otras dos atacaban.

Gwen usó su destreza en las artes marciales para dejarlo inconsciente. Sin embargo, la novia de Erik blandía sus dagas, pues sabía que era ella quien debía asestar el golpe de gracia.

El corazón de Amber latía con tanta fuerza que parecía que iba a salírsele del pecho.

Nunca antes había estado en una situación como esta, y el peso de todo ello empezó a abrumarla. Sabía lo que tenía que hacer, pero eso no lo hacía más fácil.

Mientras estaba de pie frente a su oponente, no pudo evitar que un sentimiento de culpa la invadiera.

No quería herir a nadie, pero sabía que era la única forma de protegerse a sí misma y a la gente que le importaba.

El hombre que tenía delante era más fuerte que todos ellos y estaba blandiendo su arma hacia Gwen, apuntando a su cuello.

Sabía que no podía contenerse, no fuera a ser que su vacilación le costara la vida a su amiga, y que necesitaba asestar un golpe que lo matara. Pero cada fibra de su ser se resistía al impulso de herir a otro ser humano.

Esta era una situación completamente diferente en comparación a cuando lucharon contra la Cruz de Cristal; en ese caso, se estaban defendiendo, e incluso si lo intentaban, les resultaba difícil herir de verdad a los asesinos. Ahora, esto estaba definitivamente dentro del alcance de sus habilidades.

Respiró hondo, armándose de valor para lo que tenía que hacer. Al levantar su arma, cerró los ojos y rezó para que todo acabara pronto. Inmediatamente, hundió la hoja en el cuello del hombre, y este cayó al suelo mientras la vida abandonaba su cuerpo.

Al mismo tiempo, Benedicto, Floyd y Marta estaban atacando al otro guardia. Marta inmovilizó al hombre con sus enredaderas espinosas, pero solo tuvo un éxito parcial, ya que el matón era en ese momento más fuerte que ella e intentaba moverse.

Sin embargo, Benedicto descargó su arma mientras Floyd restringía aún más sus movimientos con su poder de negación de energía.

La hoja del arma de Benedicto se hundió rápidamente en el hombro izquierdo, atravesando su cuerpo hasta detenerse en mitad de su pecho.

El hombre murió con una enorme herida abierta en el cuerpo y se desplomó en el suelo al instante siguiente. Todo aquello ocurrió en el lapso de quince segundos.

Los guardias ni siquiera tuvieron tiempo de pedir ayuda o gritar para llamar la atención.

[MÚLTIPLES INDIVIDUOS HOSTILES ELIMINADOS: INICIANDO PROCESO DE ABSORCIÓN DE MANÁ.]

[0 %… 1 %… 5 %… 30 %… 70 %… 100 %]

[MANÁ ABSORBIDO CON ÉXITO, INICIANDO PROCEDIMIENTO DE CONVERSIÓN.]

[3… 2… 1… 0]

[MANÁ CONVERTIDO CON ÉXITO EN EXPERIENCIA. 1800 PUNTOS DE EXPERIENCIA OTORGADOS AL ANFITRIÓN.]

[MISIÓN COMPLETA.]

—————————–

 

-Recompensas por completarla: 2000 puntos de experiencia; 500 puntos de ADN si se completa la misión.

-Penalización por fracaso: Dependiendo de la situación, Muerte, Encarcelamiento o Nada.

-Descripción: Matthew se ha atrevido a enfrentarse a ti. ¡Haz que pague!

—————————–

Los amigos de Erik temblaban. Acababan de quitar otras vidas; no era algo fácil de aceptar para ellos, ya que hasta ahora habían vivido mimados, protegidos y con todo servido en bandeja.

Sin embargo, la adrenalina que corría por sus venas les dio la fuerza para mirar a su alrededor, y fue en ese momento cuando lo vieron.

Los 21 rehenes yacían inconscientes en el suelo, con sus cuerpos desparramados en varias posiciones como si hubieran sido drogados y luego arrojados al suelo sin miramientos.

A Amber se le encogió el corazón al ver la escena ante sus ojos. Los rostros de los rehenes estaban relajados y en paz, sin rastro del terror y el miedo que probablemente habían sentido hacía ni siquiera una hora.

La habitación estaba en silencio, a excepción del suave crujido de la ropa y la respiración superficial de los rehenes.

La luz tenue pero brillante de varias lámparas de neón hizo que Erik y sus amigos vieran de inmediato quién estaba en esa habitación e hizo que las figuras inconscientes parecieran aún más vulnerables e indefensas; habían sido drogados y abandonados en el suelo como muñecos de trapo.

La habitación en sí era pequeña y estrecha, sin ventanas ni luz natural. Las paredes estaban pintadas de un deslucido color beis, sin decoraciones ni adornos. Los rehenes vestían ropas diversas, desde trajes de negocios a ropa informal.

Sus pertenencias, como carteras y bolsos, estaban esparcidas por la habitación, lo que indicaba que habían sido tomados por sorpresa, que los habían registrado y despojado de sus pertenencias.

Sabía que necesitaban atención médica lo antes posible. Erik y su equipo inspeccionaron rápidamente la habitación, buscando cualquier cosa útil.

La habitación estaba vacía, a excepción de los rehenes inconscientes y los pocos muebles esparcidos por ella. Sin embargo, Gwen no tardó en ver una bolsa con algo escrito.

—Ah, ya entiendo. Los habían drogado.

—¿Por qué lo dices, Gwen? —preguntó Benedicto, aunque era evidente que así era, ya que estaban inconscientes.

—Porque hay una bolsa llena de flumazenilo —dijo ella mientras miraba dentro de la bolsa.

—Esta sustancia se usa comúnmente para revertir los efectos de la anestesia y permitir que los pacientes se despierten después de una cirugía. Es un medicamento que pertenece a una clase de fármacos conocidos como antagonistas de los receptores de benzodiacepinas, que actúan uniéndose y bloqueando los efectos de los receptores del cerebro responsables de los efectos sedantes de la anestesia —añadió rápidamente.

—Entonces, solo tenemos que darles esto para que se despierten, ¿verdad? —preguntó Erik.

—Sí, eso creo —respondió Gwen.

—De acuerdo, vamos a examinarlos para ver si están heridos —dijo Amber.

Erik y su equipo examinaron cuidadosamente a cada uno de los rehenes en busca de heridas o cualquier otro signo de daño. No encontraron nada grave aparte de los efectos de la anestesia.

Los secuestradores querían a los rehenes vivos e ilesos. En ese momento, sin embargo, Amber reconoció al padre de Anderson entre los rehenes.

Yacía en el suelo, inconsciente y atado con cuerdas. Era un hombre de mediana edad, con el pelo corto y canoso y una barba bien recortada. Su rostro estaba surcado de arrugas, lo que indicaba una vida llena tanto de alegrías como de dificultades.

A pesar de las cuerdas que lo ataban, su ropa seguía estando bien cuidada y era elegante, lo que sugería a un hombre que se enorgullecía de su aspecto.

Tenía los ojos cerrados y su respiración era lenta y constante, lo que indicaba que había sido drogado con un potente sedante.

No había signos particulares de daño físico en su cuerpo, pero su expresión era tensa, como si estuviera atrapado en una pesadilla. Tenía las manos cerradas en puños y el ceño fruncido, lo que sugería que luchó contra las Mambas antes de ser secuestrado.

Entonces Gwen reconoció a una mujer: era la madre de Mikey. Era una mujer menuda de rasgos delicados y suave pelo castaño y rizado.

Su rostro era anguloso y elegante, con pómulos altos y una nariz esbelta. A pesar de su pequeña estatura, había en ella una fuerza y resistencia silenciosas que eran evidentes incluso en su estado de inconsciencia.

Mientras yacía en el suelo de la sala de rehenes, su respiración era superficial y constante, y su pecho subía y bajaba rítmicamente.

Su piel era pálida, con un leve rubor en las mejillas. A pesar de la situación, parecía tranquila, como si simplemente estuviera durmiendo.

—¿Por qué crees que los anestesiaron? —preguntó Marta.

—Sencillo, no había forma de que pudieran inmovilizarlos con su dinero o tecnología. Eso es algo que solo el gobierno y las instituciones ricas pueden hacer. Una cosa es comprar edificios y decorarlos lujosamente; otra muy distinta es comprar tecnología protegida por el gobierno o maestros de barrera —dijo Erik.

—Tiene sentido —añadió Floyd.

Erik se giró entonces para mirar la bolsa; los hombres de Matthew probablemente estaban preparados para despertar a los rehenes, y entonces preguntó: —¿Puede alguien administrar los medicamentos?

—Yo puedo —dijo Marta—. A menudo tenía que ponerle inyecciones a mi madre porque está enferma.

—Bien, entonces ponles las inyecciones y larguémonos de aquí.

Marta se encarga de inyectar la medicación a los rehenes, agarrando los viales de flumazenilo y preparando las jeringuillas.

Comprueba cuidadosamente la dosis y la fecha de caducidad del medicamento para asegurarse de que su uso es seguro.

La habitación se llenó de una sensación de urgencia y tensión mientras todos trabajaban juntos para reanimar a los rehenes inconscientes.

El sonido de las agujas perforando la piel y el silencioso siseo del medicamento al ser inyectado llenaron el aire. A pesar de la gravedad de la situación, una sensación de esperanza y alivio impregnaba la habitación a medida que los rehenes empezaban a moverse.

Durante la espera a que el medicamento hiciera efecto, Marta permaneció concentrada y atenta, asegurándose de que los rehenes estuvieran a salvo.

Colaboró estrechamente con el resto del equipo de rescate para garantizar que cada rehén recibiera los cuidados y la atención que necesitaban para despertar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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