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SISTEMA BIOCOMPUTACIONAL SUPERORDENADOR - Capítulo 314

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Capítulo 314: Salón Loto Rojo (9)

Mientras la madre de Mikey luchaba, Amber y Gwen le daban apoyo; sin embargo, el número de enemigos era demasiado alto como para esperar no tener que enfrentarse en solitario a algunos de los matones.

De hecho, en medio del caos, un hombre que blandía unas dagas atacó de repente a las dos chicas, apuntando a la garganta de Gwen.

—¡Ten cuidado! —gritó Amber, y Gwen creó su armadura justo a tiempo para bloquear el ataque.

—Fufufufu, parece que aquí tenemos a unas chicas duras de roer, ¿eh? —dijo el hombre mientras se lamía las dagas.

Amber y Gwen se pusieron en guardia de inmediato. Por desgracia, la novia de Erik no podía usar su gas corrosivo, ya que mataría a sus aliados si lo hacía.

Esa era la desventaja del poder de su cristal cerebral y la razón por la que entrenaba tanto con las dagas. Gwen no tenía esta desventaja, pero su poder no era tan destructivo como el de su mejor amiga.

Las dos jóvenes se mantuvieron firmes frente al hombre, Justin, que blandía sus afiladas y relucientes dagas de maná como si fueran sus hijos. Amber sostenía sus armas, una en cada mano, y observaba al hombre.

—¡Las dos gatitas quieren jugar! Fufufufu, ¡pues vamos allá!

Gwen dio un paso al frente para enfrentarse a Justin en combate. —¡Yo aguantaré sus ataques, tú encárgate de él! —gritó Gwen.

Sin embargo, en cuanto empezó la pelea, las dos chicas se dieron cuenta enseguida de que Justin era más rápido que ambas, pues esquivó con facilidad un ataque de Amber.

Él contraatacó con una estocada rápida, pero Gwen intervino y protegió a su amiga con su armadura de maná, parando el golpe.

Amber intentó otro golpe, moviéndose en círculo para situarse detrás del matón, pero él se alejó rápidamente de su alcance y, en el proceso, su daga de maná brilló peligrosamente cerca de la garganta de Amber.

Gwen persiguió al hombre y balanceó el brazo, desatando una ráfaga de puñetazos que el matón de las dagas esquivó con facilidad. Sin embargo, Amber aprovechó la oportunidad, se abalanzó sobre Justin con sus dagas y apuntó a su costado.

El hombre esquivó su ataque de un paso lateral y le asestó una patada rápida en el abdomen, haciéndola rodar por el suelo.

—¡Amber! —gritó Gwen de nuevo y se abalanzó para defender a su amiga caída, mientras su armadura de maná brillaba con más intensidad al prepararse para el siguiente movimiento del matón.

El hombre era implacable; su daga de maná destellaba mientras se movía velozmente alrededor de las dos mujeres, jugando con sus dos dagas.

A su alrededor, la sala estaba llena del sonido de las espadas al chocar y el rugido ocasional de alguien que se esforzaba al máximo.

El aire estaba cargado con el olor metálico de la sangre y el agrio olor del sudor. Los combatientes se movían con rapidez y elegancia, y sus armas centelleaban bajo la luz del club.

En medio del caos, la gente luchaba ferozmente con sus habilidades, conjurando ráfagas de viento, lanzando bolas de fuego y creando escudos de maná para protegerse. Las paredes temblaban con el impacto de los golpes y los muebles quedaban destrozados; al mismo tiempo, el fuego que Erik y su amigo habían iniciado empezó a afectar a las otras habitaciones.

***

En otra parte de la sala, la madre de Mikey, Mary, luchaba contra cinco personas.

Estaba de espaldas a la pared, lista para defenderse de los cinco atacantes que la habían acorralado.

Levantó las manos, invocando a sus insectos de maná carnívoros, y se preparó para la lucha.

Mientras los matones se acercaban, Mary no les quitaba los ojos de encima, lista para esquivar cualquier ataque.

El primer hombre se abalanzó sobre ella, blandiendo su espada, pero la mujer fue rápida de reflejos, esquivó su ataque de un paso lateral y le dio una patada en el estómago. Mientras él retrocedía tambaleándose, ella le envió un enjambre de insectos. Los insectos salieron de las palmas de sus manos, pululando sobre él y los otros hombres e intentando morderlos con sus mandíbulas afiladas como cuchillas.

Los hombres manoteaban a los insectos, intentando quitárselos de encima, pero estos no dejaban de llegar, devorando carne y haciendo brotar sangre.

El que estaba en el suelo, en cambio, era atacado sin piedad por las criaturas, que le devoraban la carne y le hacían gritar de dolor.

La agilidad y la fuerza de Mary desconcertaron a los otros cuatro hombres, y la brutalidad del poder de su cristal cerebral los aterrorizó profundamente, pero no tardaron en recuperar la compostura y cargar contra ella.

Esquivó sus tajos, puñetazos y patadas, zigzagueando entre sus ataques con precisión. La mujer contraatacó con golpes potentes, usando sus puños y pies para golpear sus puntos débiles.

—¿Eso es todo lo que podéis hacer? —preguntó con arrogancia a los cinco hombres.

—No sería tan engreída si fuera tú, zorra. Conseguimos secuestrarte una vez, ¡así que ahora podremos matarte! —replicó uno de ellos.

—¡Entonces erais más! —replicó Mary con una sonrisa socarrona.

Los cinco hombres volvieron a atacar, pero Mary estaba decidida a protegerse a sí misma y a su hijo, así que luchó con todas sus fuerzas. Conjuró más insectos, lanzándolos contra los hombres y obligándolos a retroceder.

Podía oír los gruñidos de Mikey a lo lejos y supo que tenía que seguir luchando. Su hijo estaba ayudando en el campo de batalla con Aaron y una chica que no conocía mucho, ya que conseguían crear distracciones y problemas para los hombres de Matthew.

Los matones se estaban frustrando y empezaron a coordinar sus ataques, intentando atrapar a la mujer contra la pared.

Pero la madre de Mikey era demasiado rápida para ellos; conjuró un enorme enjambre de insectos y los lanzó contra los hombres a una velocidad increíble. Se concentraron tanto en defenderse de los insectos que no se dieron cuenta de que la mujer ayudó brevemente a Amber y a Gwen en sus peleas.

Sin embargo, no tardaron en recomponerse y cargar contra la mujer.

Los hombres avanzaron, armas en mano, listos para abalanzarse. Uno de los atacantes blandió su espada hacia el costado de la mujer; ella desvió el arma con una patada, haciendo que los matones se preguntaran cómo demonios era capaz de hacer eso; sin embargo, un ataque por la espalda casi la alcanzó. Luchar cinco contra una no era sencillo.

Usó sus insectos para protegerse del ataque y, al mismo tiempo, golpeó a otro de los asaltantes y mantuvo a raya a los demás con los insectos.

Pronto llegó otro ataque, que Mary esquivó con destreza. Luego una miríada más, pero ella se escabullía y apartaba del camino.

Sin embargo, al ver otra oportunidad, lanzó una estocada rápida, asestando un golpe en la cara del atacante más cercano.

Los que quedaban atacaron por todos lados, pero sus heridas y la pérdida de sangre sufrida los mermaban gravemente, y ella consiguió evadir sus ataques de nuevo.

Por desgracia para ellos, todos tenían poderes de conjuración de armas, por lo que estaban en desventaja contra la mujer, ya que ella no solo era hábil en el cuerpo a cuerpo, sino que también podía atacar a distancia.

Sin embargo, la persiguieron, atacándola con renovada agresividad; sus ataques se volvieron más lentos, pero la rabia que los impulsaba aumentaba con cada intento.

Mary se encontró de repente bajo una lluvia de ataques. Desvió tantos como pudo, pero algunos la alcanzaron, dejándole cortes y moratones.

Mientras luchaba, la mujer no perdía de vista a su hijo. Pero con tanta gente en un espacio tan reducido, sabía que tenía que tener cuidado y centrarse en la pelea.

Continuó defendiéndose, usando una combinación de bloqueos y esquivas para minimizar el daño mientras iba consumiendo la carne de sus enemigos con sus insectos.

***

Marta, Mikey y Aaron estaban uno al lado del otro, listos para defender a los demás de los matones que se acercaban.

Podían usar su poder en aquel lugar tan reducido, pero no era fácil, y como eran físicamente los más débiles del grupo, solo podían dar apoyo a sus amigos.

Sin embargo, juntos, eran un equipo temible. Marta invocó sus enredaderas de maná espinosas, que se enroscaron alrededor de algunos de los atacantes, atrapándolos.

Los matones no tuvieron especiales dificultades con las enredaderas, pero esos breves segundos que la mujer ganó dieron tiempo a los padres y a los otros estudiantes para asestar algunos golpes.

Al mismo tiempo, Mikey, que estaba al lado de Marta, invocó a sus insectos carnívoros. Las criaturas pulularon alrededor de los matones, mordiendo y royendo su carne.

Esto salvó a Anderson un par de veces e incluso ayudó a su padre en su combate actual, ya que el hombre mantenía a raya a cinco personas.

Los matones intentaron espantar a los insectos a manotazos, pero las criaturas eran rápidas y escurridizas. Los insectos mermaban gravemente su visión y les iban royendo la cara constantemente con sus mordeduras.

Eso era lo mejor que Mikey podía hacer, ya que los matones eran demasiado fuertes para él en ese momento. De pie junto a Mikey, Aaron usó su limo corrosivo para dificultar los movimientos de los matones. Lanzaba pegotes de limo a sus pies, que a veces los hacían resbalar y les quemaban la carne.

A los matones les costaba mantener el equilibrio, lo que daba tiempo a los rehenes para contraatacar. Esto también provocó algunas heridas graves.

El problema era que la corrosión del limo podía contrarrestarse usando maná, ya que los matones eran capaces de usar la misma técnica que los asesinos de la banda de la Cruz de Cristal y los demás usaban al caminar por la niebla de Amber.

Era similar a tener la misma armadura de maná que todo thaid poseía, pero mucho más débil.

Sin embargo, eso era suficiente para contrarrestar la mayoría de las propiedades corrosivas del limo de Aaron.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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