SISTEMA BIOCOMPUTACIONAL SUPERORDENADOR - Capítulo 357
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Capítulo 357: De alguna manera, me esperaba este resultado…
Erik no pudo evitar sentirse impresionado por el nivel de organización y productividad de los Xeridon Anteris mientras los observaba desde una distancia segura.
Los movimientos de las hormigas eran deliberados y bien coordinados, y su comportamiento parecía sincronizado en respuesta a una orden invisible. Mientras algunas hormigas se apresuraban por caminos delimitados, transportando comida y otros recursos en sus mandíbulas, otras trabajaban con diligencia para mantener la estructura del nido.
Observó cómo una colonia de hormigas colaboraba para construir un complejo laberinto de túneles y cámaras en el suelo. Excavaban la tierra con cuidado y la amontonaban en pequeños y ordenados montículos a medida que la retiraban.
Trabajaban juntas con gran precisión para excavar pasadizos, que luego fortificaban con una mezcla de tierra y saliva, creando finalmente un sistema laberíntico bajo la superficie.
En los alrededores, encontró a un grupo de hormigas obreras atendiendo las necesidades de la colonia. Algunas limpiaban las paredes del nido, retirando con esmero cualquier desecho y asegurándose de que todo estuviera limpio e higiénico. Otras cuidaban de las larvas, atendiendo sus necesidades alimentándolas meticulosamente y aseando sus pequeños cuerpos.
Erik observó cómo se formaba una fila de hormigas que se pasaban la comida de una a otra con un método preciso y eficaz. También vio con qué facilidad arrastraban a sus presas capturadas, que incluían insectos más grandes y pequeños roedores, a través de un acceso secundario al túnel.
Las hormigas llevaban a cabo su misión de forma concertada, guiando a la presa que perseguían con resuelta precisión hasta que se perdía en los túneles del nido. Era una danza bien coreografiada de cooperación y colaboración, y cada hormiga desempeñaba su papel con una entrega absoluta.
Erik también se percató del encuentro ocasional entre dos hormigas, en el que establecían un breve contacto con sus antenas. Esto ocurría en medio de toda su ajetreada actividad. Parecía que estas interacciones transmitían información importante, posiblemente instrucciones o mensajes sobre el estado del nido o la disponibilidad de recursos.
—Nunca he visto Thaids tan listos como estos; me pregunto cuál será su nivel de Inteligencia —murmuró Erik—. Vamos a comprobarlo. —Erik miró a uno de los thaids y dijo—: Análisis.
Después de eso, la ventana que Erik estaba acostumbrado a ver apareció frente a él.
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-Nombre: Xeridon Anteris
-Poder del Cristal Cerebral: Fuerza Mejorada
-Características Físicas: Los Xeridon Anteris son unas formidables criaturas thaid que se asemejan a hormigas gigantes. Tienen el tamaño de perros pequeños y se sostienen sobre seis poderosas patas, cada una equipada con garras afiladas y ganchudas para agarrar y desgarrar. Sus exoesqueletos son una mezcla de tonos naranja vibrante y marrón oscuro, lo que les proporciona un camuflaje natural en algunas partes del bosque y les ayuda a encontrarse dentro de las cuevas. De sus cabezas sobresalen afiladas mandíbulas, capaces de asestar una mordedura aplastante a sus presas o enemigos. Poseen ojos compuestos multifacetados, que les otorgan una visión excelente y una mayor conciencia de su entorno.
-Ecología: Los Xeridon Anteris residen principalmente en grandes colonias subterráneas, construyendo intrincadas redes de túneles en el bosque. Estas colonias se organizan bajo un sistema jerárquico, con una reina al mando. Son cazadores muy eficientes, que depredan a criaturas más pequeñas y recolectan materia vegetal para sustentar sus colonias. Tienen un sistema de comunicación bien desarrollado a través de feromonas, lo que les permite coordinar sus movimientos y acciones con eficacia.
-Nivel de Poder: 58.
-Fuerza Aproximada: 35.
-Inteligencia Aproximada: 4.
-Destreza Aproximada: 15.
-Energía Aproximada: 80.
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—¿4 puntos de Inteligencia? ¡Es casi tan listo como un humano! —dijo Erik con incredulidad—. Suponiendo que todos los bichos tengan este rango de estadísticas, no debería ser difícil cazarlos —dijo mientras miraba a las criaturas.
—El problema es que aquí puedo ver al menos a quinientas hormigas, pero apuesto a que hay muchas más en las salas y túneles adyacentes —razonó, escudriñando los túneles de entrada contiguos a la cámara principal y observando a las hormigas entrar y salir con determinación.
«Lo mejor sería salir de aquí; no vale la pena matarlas a todas solo por dormir una noche», pensó.
Justo cuando Erik se giraba para huir, se encontró mirando fijamente a los ojos compuestos de un Xeridon Anteris; lo habían descubierto. Esto hizo que se le encogiera el corazón. En ese mismo instante, la hormiga liberó una nube de feromonas que sirvió como señal de alarma y que, sin duda, atraería la atención de sus hermanos y hermanas. Cuando Erik se dio cuenta de la amenaza inmediata a la que se enfrentaba, el pánico empezó a recorrerle las venas.
Erik desenvainó rápidamente su arma, la Flyssa, y asestó un golpe preciso, separando así el cuerpo de la hormiga de su cabeza. Lo hizo sin perder ni un solo segundo.
[XERIDON ANTERIS ELIMINADO: INICIANDO PROCESO DE ABSORCIÓN DE MANÁ.]
[0%…1%…5%…30%…70%…100%]
[MANÁ ABSORBIDO CON ÉXITO, INICIANDO PROCEDIMIENTO DE CONVERSIÓN.]
[3…2…1…0]
[MANÁ CONVERTIDO CON ÉXITO EN EXPERIENCIA. 5 PUNTOS DE EXPERIENCIA OTORGADOS AL ANFITRIÓN.]
—¿Solo dan esto? —dijo el joven en voz alta—. Entonces ni hablar de que me quede a luchar contra ellas. Pero me llevaré la cabeza; un Poder del Cristal Cerebral que aumenta la Fuerza seguro que será útil.
Tras decir eso, Erik se agachó y agarró la cabeza de la criatura desmembrada, la metió en su mochila y empezó a huir. Los otros thaids lograron acercársele debido al tiempo que perdió recogiendo ese objeto.
Las feromonas que el thaid muerto había liberado ahora impregnaban la cueva, lo que provocó que los thaids de la zona reaccionaran con frenesí.
Los Xeridon Anteris salieron en tropel de cada grieta y hendidura como si hubieran emergido de las profundidades de la tierra, y su número aumentaba exponencialmente con cada segundo que pasaba. A medida que se acercaban a Erik, sus mandíbulas chasqueaban formando un coro amenazador. Los impulsaba una necesidad instintiva de proteger a su colonia.
—¡Joder! ¡Ya están aquí!
Erik cercenó la cabeza de un Xeridon Anteris que cargaba contra él con un rápido mandoble, partiendo el exoesqueleto de la criatura y separando de nuevo la cabeza del cuerpo. La forma inerte de la criatura se estrelló contra el suelo.
Erik concluyó rápidamente que intentar defender su posición sería inútil, así que retrocedió y empezó a correr tan rápido como pudo en un esfuerzo por alejarse de la horda de hormigas que lo atacaba. Mientras las monstruosas hormigas continuaban su implacable persecución, sus pensamientos se aceleraron mientras intentaba determinar la forma más adecuada de ponerse a salvo.
Erik se esforzó más allá de los límites de su resistencia, usando sus músculos para moverse y su aliento como fuente de poder. Pero las hormigas eran implacables en su persecución y se abalanzaron con una determinación inquebrantable para atrapar al joven, sin importar lo lejos que corriera.
Sus siluetas se movían por todas las superficies disponibles, acercándose cada vez más a él a pesar de la distancia. Una vez más, un thaid se interpuso en su camino, por lo que Erik blandió de nuevo su espada y cortó limpiamente el exoesqueleto quitinoso de la bestia.
La criatura no gritó, pero por sus espasmódicos movimientos era evidente que sufría antes de desplomarse en el suelo, sin vida. Erik pasó rápidamente junto al cuerpo inerte mientras sostenía una antorcha improvisada en una mano y su espada en la otra.
Repasó rápidamente los cursos de acción disponibles. Necesitaba idear una estrategia que le permitiera ser más listo que sus perseguidores y despistarlos, si era posible.
Su mirada recorrió el paisaje, escudriñándolo en busca de cualquier ventaja que pudiera darle la supremacía en el conflicto. Entonces, de repente, la vio: una pequeña grieta en el terreno rocoso, apenas lo bastante grande para que él pudiera pasar.
Erik se desvió hacia la grieta sin dudarlo, a pesar de que le dolía el cuerpo por el agotamiento y el peso de sus heridas anteriores. Se zambulló de cabeza y, mientras se abría paso por la estrecha abertura, sintió cómo los bordes irregulares del pasadizo le raspaban la piel.
Debido a su menor tamaño, los Xeridon Anteris pudieron colarse por la estrecha abertura con más facilidad que Erik, lo que les permitió ganar terreno en su persecución.
Tras recorrer otros cincuenta metros, Erik llegó a la empinada pendiente que había escalado antes. Sin embargo, esta vez descendió con una imprudencia temeraria, esperando crear distancia entre él y las tenaces criaturas.
Dos Xeridon Anteris se abalanzaron sobre Erik con las fauces abiertas de par en par; él esquivó hábilmente sus ataques. Con un rápido mandoble, los despachó a ambos, y sus cuerpos sin vida cayeron rodando al suelo mientras una notificación resonaba en los oídos de Erik.
Tras eso, Erik se encontró frente a una estrecha grieta. Sortearla no sería difícil para él, pero sí más complicado para las hormigas. El joven dio un salto tremendo y superó la marca de los cinco o seis metros.
Erik sintió una oleada de alivio al aterrizar en el otro lado y ver cómo las hormigas se agrupaban frente a la grieta, intentando averiguar cómo sortear ese obstáculo. Por el momento, había logrado eludir su captura, ganando así una pausa inestimable en la acción. Erik se secó el sudor de la frente y empezó a correr de nuevo hacia la entrada sin dejar de vigilar la situación.
Los Xeridon Anteris formaron rápidamente un puente viviente, conectando sus cuerpos a través de la grieta. Esto les permitió continuar su implacable persecución sin impedimentos.
Sin embargo, la gran mayoría de las hormigas empezó a correr por el techo y superó el obstáculo sin esfuerzo.
—Claro…
Al tomar conciencia de la gravedad de la situación, Erik aceleró el paso y sus pisadas reverberaron por toda la caverna mientras se forzaba a ir aún más rápido.
El joven mantuvo la compostura y la calma a pesar de la tensión de la persecución, y sus pensamientos se concentraban únicamente en el objetivo de sobrevivir.
Necesitaba mantenerse un paso por delante de las sondeantes mandíbulas de las criaturas. Sabía que no podía permitirse cometer ningún error ni mostrar ningún signo de debilidad.
Para escapar de la cueva, Erik empleó hasta la última gota de su fuerza y voluntad, llevando su cuerpo al límite absoluto en el proceso.
Podía distinguir el susurro de sus múltiples patas a medida que se acercaban más y más. Canalizó una fuente de vitalidad sin explotar, lo que le permitió lanzarse hacia adelante a una velocidad vertiginosa.
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