SISTEMA BIOCOMPUTACIONAL SUPERORDENADOR - Capítulo 377
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Capítulo 377: Acechadores
Mientras Erik se adentraba en la pradera más allá del linde del bosque, su corazón se llenó de una inquietante preocupación. La hierba alta, que le llegaba hasta los hombros, hacía que sintiera como si todo se le echara encima.
Cada crujido y vaivén de la hierba le provocaba escalofríos, y no podía evitar pensar que los poderosos thaids que merodeaban por estas tierras estaban escondidos cerca.
Aunque la pradera era vasta y hermosa, tenía un aire espeluznante que le hacía pensárselo dos veces a cada paso que daba, e incluso había un enorme precipicio a varios kilómetros a la derecha del lugar.
Se sintió aún peor al pensar en los thaids voladores que rondaban por este tipo de lugares. El problema era que esos monstruos no eran los únicos que había allí.
Cada paso a través de la hierba alta era aterrador, porque cada brizna en movimiento parecía ocultar un peligro que no se podía ver.
Así que Erik puso sus sentidos en máxima alerta. Sus oídos se esforzaban por captar cualquier sonido extraño y sus ojos se movían de sombra en sombra, buscando señales de movimiento.
—Espero no encontrarme nada demasiado peligroso… —dijo Erik en voz alta para desahogar su frustración.
Caminó entre la hierba, y sus pensamientos se desviaron brevemente hacia sus amigos y su novia, Amber, a quien amaba profundamente.
Un dolor agridulce le llenó el corazón mientras anhelaba su presencia a su lado. La distancia entre ellos parecía inconmensurable ahora que estaba fuera de Nueva Alejandría.
Ellos eran los únicos a los que les importaba. Durante mucho tiempo, pensó que el Tío Ben era quien más lo quería, pero estaba claro que no era así, ya que no dudó en utilizarlo. Al menos, eso era lo que pensaba Erik.
Siguió pensando en la radiante sonrisa de Amber y en la calidez de su abrazo, que lo reconfortaba en momentos de duda.
Quería saber que ella estaba a salvo; pensó en su rostro, con su pelo rojo ondeando al viento y sus gafas sobre sus delicados rasgos.
Pensó en su fuerza y resiliencia, y esperaba que estuviera bien sin él, pero aun así sintió una punzada de remordimiento por haberla abandonado sin decir nada.
También pensó en sus amigos, que se habían convertido en una familia para él. Se preguntó cómo estarían sobrellevando su ausencia, si se mantenían fieles a su entrenamiento y encontraban consuelo en su mutua compañía. Erik no pudo evitar echar de menos los estúpidos comentarios de Floyd y las payasadas a veces tontas de Benedicto, así como sus risas, su amistad y la forma en que siempre se cuidaban unos a otros.
Sin embargo, el despertado salió rápidamente de esos pensamientos, ya que era peligroso concentrarse en otra cosa en esos lugares. Tras un par de horas caminando entre la hierba alta, percibió un ruido repentino en los alrededores.
Se detuvo, sus sentidos se agudizaron y sus ojos recorrieron rápidamente las briznas de hierba en movimiento. Lo único que rompía el inquietante silencio era el leve crujido de las plantas.
Entrecerró los ojos y buscó a su alrededor cualquier señal de movimiento. Algo no le cuadraba y su corazón latió más deprisa por la expectación. Fue entonces cuando se dio cuenta: la hierba, en ciertas zonas, no solo se mecía con el viento. Se movía siguiendo patrones antinaturales, como si algo se deslizara bajo su superficie.
Erik sintió un escalofrío recorrerle la espalda mientras un sentimiento de pavor se apoderaba de él; el miedo a lo desconocido era intenso. Estaba acostumbrado al peligro, pero la amenaza que no podía ver en el campo le ponía la piel de gallina. Cada fibra de su ser le decía que tuviera cuidado y se preparara para lo que se avecinaba.
—¡Venga ya!
Sus ojos saltaban de una zona de hierba en movimiento a la siguiente mientras su mente se aceleraba para averiguar qué se escondía debajo. ¿Eran thaids preparándose para atacar? ¿O era otra cosa? La incertidumbre lo carcomía, pero se armó de valor y se preparó para luchar contra lo que apareciera.
—De verdad espero que no sean… —lo interrumpió el crujido de las hojas y la hierba.
Con gran rapidez, llevó la mano al costado y desenvainó su Flyssa. La brillante hoja mostraba su determinación.
Apretó la empuñadura y recorrió con la mirada el campo en movimiento. Cada músculo de su cuerpo se tensó, preparándose para el peligro que estaba a la vuelta de la esquina.
Entonces, de la nada, un thaid saltó desde la hierba. En cuanto los ojos de Erik se posaron en la criatura que saltaba, el tiempo pareció ralentizarse. El monstruo tenía escamas que brillaban al sol y sus garras estaban extendidas, listas para atacar.
Su liso cuerpo era de un tono verde moteado que combinaba bien con la vegetación circundante. Su boca, que gruñía, estaba llena de dientes afilados, y sus ojos ardían con una mirada feroz y hambrienta.
El rápido cuerpo del thaid se retorció y giró en el aire mientras intentaba asestarle a Erik un golpe dirigido a su yugular, un movimiento mortal.
El joven pudo ver cada detalle del musculoso cuerpo de la criatura y sus venenosas garras goteantes, lo que demostraba lo peligroso que era. En ese fugaz instante, Erik pudo sentir el poder bruto y la ferocidad que alimentaban la existencia del thaid.
Con la espada lista, Erik se preparó para la lucha que estaba a punto de suceder. Sabía que cada movimiento que hiciera determinaría el final de esta lucha a vida o muerte, así que giró sobre sus talones y rotó su cuerpo con un movimiento fluido.
Su flyssa cortó el aire con un rápido y practicado mandoble, cruzándose en la trayectoria del thaid. Cuando la hoja alcanzó su objetivo, partió a la criatura por la mitad mientras estaba en el aire.
El golpe mortal dividió a la criatura en dos, y mientras las dos mitades muertas de la criatura caían al suelo, sangre y trozos de escamas y carne volaron por los aires.
[CRIATURA HOSTIL ELIMINADA: INICIANDO PROCESO DE ABSORCIÓN DE MANÁ.]
[0%…1%….5%…30%…70%…100%]
[MANÁ ABSORBIDO CON ÉXITO, INICIANDO PROCEDIMIENTO DE CONVERSIÓN.]
[3…2…1…0]
[MANÁ CONVERTIDO CON ÉXITO EN EXPERIENCIA. 131 PUNTOS DE EXPERIENCIA OTORGADOS AL ANFITRIÓN.]
—¡Joder! ¡Es un Acechador de Manada Venenosa! —gritó el joven.
Estos monstruos obtenían su poder de un cristal cerebral que les permitía producir veneno; un poder de cristal cerebral bastante común, para ser sinceros, pero letal.
Pero esa no era su principal ventaja; se sabía que estos monstruos eran muy inteligentes y cazaban en grupo, que era donde residía su verdadero poder.
No tenían un cristal cerebral realmente poderoso, pero sus estadísticas eran relativamente altas, en torno al nivel de Erik, sin usar el poder del cristal cerebral del Xeridon Anteris o el poder de Nathaniel.
Eso significaba que, individualmente, no suponían un gran desafío para el joven, pero cazaban en manadas y eran depredadores implacables.
Erik sabía que si una de estas cosas estaba aquí, tenía que haber más, y que este ataque era solo el principio.
—¡Mierda!
El corazón de Erik latía con fuerza en su pecho mientras la adrenalina recorría sus venas. Con determinación, echó a correr, y sus piernas lo impulsaron hacia adelante con rápidas zancadas. La pradera se volvió borrosa a su alrededor mientras zigzagueaba a través del denso follaje, con los sentidos agudizados.
Los rápidos y ágiles Acechadores Venenosos perseguían a Erik. Sus lisos cuerpos entraban y salían de la hierba alta, casi sin hacer ruido.
Se movían hacia Erik como fantasmas en el viento, aprovechando que eran casi aerodinámicos y que la hierba no los frenaba tanto como al joven.
—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
Erik se esforzó tanto que sus músculos ardían. La hierba crujía y se agitaba mientras los Acechadores avanzaban a la misma velocidad que Erik.
La agilidad de Erik se puso a prueba con cada paso que daba por el campo. Los Acechadores copiaban cada uno de sus movimientos, igualando su velocidad y destreza, y mantuvieron los ojos en su objetivo en todo momento.
A medida que los Acechadores acortaban la distancia, la hierba los ocultaba de la vista. Se mimetizaban con el entorno y lo usaban a su favor, haciendo que sus esbeltos cuerpos desaparecieran y resurgieran con una precisión asombrosa. Los ojos de Erik se movían de izquierda a derecha mientras intentaba encontrar cualquier movimiento en el mar de hierba que tenía delante.
En una fracción de segundo, otro Acechador de Manada Venenosa saltó de la hierba, con sus relucientes garras listas para atacar. El joven, rápida e instintivamente, blandió su espada, lanzando la Flyssa por el aire en un arco.
El movimiento fue rápido y brutal. Cuando el arma de Erik golpeó el cuerpo del Acechador, produjo un fuerte silbido al cortar el aire. La velocidad de la criatura la impulsó hacia adelante, y la hoja de Erik le cortó el cuerpo mientras la bestia saltaba para matar al joven.
[CRIATURA HOSTIL ELIMINADA: INICIANDO PROCESO DE ABSORCIÓN DE MANÁ.]
[0%…1%….5%…30%…70%…100%]
[MANÁ ABSORBIDO CON ÉXITO, INICIANDO PROCEDIMIENTO DE CONVERSIÓN.]
[3…2…1…0]
[MANÁ CONVERTIDO CON ÉXITO EN EXPERIENCIA. 139 PUNTOS DE EXPERIENCIA OTORGADOS AL ANFITRIÓN.]
Mientras las dos mitades muertas del thaid caían al suelo, el tiempo pareció detenerse momentáneamente. El joven siguió corriendo y no se detuvo a mirar al monstruo. Pero esos segundos fueron suficientes para que los otros monstruos lo alcanzaran.
Con renovado vigor, siguió adelante, con sus movimientos impulsados por una mezcla de adrenalina y determinación. Cada paso lo alejaba más de las criaturas caídas y lo acercaba a la promesa de seguridad que se encontraba más allá de la pradera.
Sus sentidos permanecían agudizados, siempre alerta a cualquier señal de movimiento o peligro que acechara en las sombras de la hierba oscilante.
Erik sabía que la persecución distaba mucho de haber terminado. Los thaids, impulsados por el instinto y el hambre, no cejarían hasta que su presa fuera aniquilada.
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