SISTEMA BIOCOMPUTACIONAL SUPERORDENADOR - Capítulo 491
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Capítulo 491: Una nueva identidad
Los ojos de Erik recorrieron el abarrotado centro comercial, buscando un camino a través del laberinto de puestos y tiendas.
Se acercó a una persona cualquiera que pasaba por allí y le preguntó dónde podía hacerse de nuevo el carné de identidad, ya que había perdido el suyo.
El individuo señaló con la mano una estructura que lucía el letrero de neón «Oficina de Administración» sobre la entrada de un edificio.
La oficina era un edificio de cristal con un elegante diseño contemporáneo que contrastaba marcadamente con las demás tiendas y lugares dentro de este extraño centro comercial-puerta. Las luces de neón que enmarcaban la entrada proyectaban una luz cálida y acogedora sobre los que esperaban fuera. La gente se agrupaba formando una cola que se extendía desde la entrada y serpenteaba entre las tiendas de los alrededores. A pesar del aparente caos, había un orden tácito en todo aquello.
Algunas personas mantenían conversaciones animadas con sus acompañantes, y sus voces se mezclaban con el murmullo de la multitud.
Tras dedicarle un gesto de agradecimiento al hombre, Erik empezó a caminar en la dirección indicada. A medida que se acercaba a la oficina, se percató de una multitud que se congregaba en torno a la entrada, y todos en ella parecían muy molestos. Quizá era por la aglomeración, o quizá porque tenían que resolver algún asunto importante, pero no había nadie que no tuviera esa expresión en el rostro.
La presencia de tanta gente era desconcertante. Erik era muy consciente de las peculiaridades de su situación; era muy conocido en Frant y necesitaba extremar la precaución.
Lo último que quería era que alguien de esa multitud lo reconociera, sobre todo en un entorno tan impredecible. Era un riesgo que no estaba dispuesto a correr, así que decidió mantenerse lo más alejado posible de la gente.
Erik esperó lo suficientemente lejos de la entrada como para poder hackear las computadoras del interior y dejar que el Sistema hiciera su trabajo. El flujo continuo de gente entraba y salía del edificio o pasaba a su lado.
«Sistema, ¿puedes conectarte a las computadoras desde aquí?», preguntó el joven. La supercomputadora biológica respondió de inmediato.
[RESPUESTA: SÍ. ¿QUÉ NECESITAS QUE HAGA?]
«Conéctate a las computadoras y créame una identidad falsa. Sin embargo, mantén mi nombre, pero cambia el apellido; quiero evitar confusiones y posibles situaciones extrañas. Después de todo, Erik es un nombre relativamente común». El joven dio sus órdenes; había determinación en sus ojos, pero también una ligera aprensión. Esperaba que nadie descubriera que su identidad era falsa y se preguntaba si alguien la comprobaría en el futuro. Todo dependía de la supercomputadora biológica, pero estaba seguro de que la IA no cometería ningún error.
«Además, asegúrate de que la fecha en que se hizo el carné no sea sospechosa».
[ENTENDIDO. CONECTANDO A LA COMPUTADORA N.º 7 DE LA «OFICINA DE ADMINISTRACIÓN». CONEXIÓN COMPLETA. INICIANDO PROCEDIMIENTO DE FALSIFICACIÓN. POR FAVOR, ESPERE.]
Mientras esperaba, Erik se encontró con la mirada fija en una tienda de armas cercana. No pudo resistirse al encanto de la espada que se exhibía con orgullo en el escaparate. Su Flyssa lo había acompañado en muchas aventuras, pero para él era evidente que el arma empezaba a quedarse obsoleta. El arma no podía usarse contra Thaids demasiado fuertes, ya que se haría añicos contra sus huesos y su piel. Tenía que reemplazarla.
La mirada de Erik se sintió atraída por el arma. Era una obra de arte que llevaba la firma de los ilustres artesanos de Etrium.
El Eshalt, un mineral de menor calidad que el Aclaitrio, con menor conductividad de maná pero asequible para las masas, fue probablemente lo que se utilizó en la construcción de la hoja.
Las luces artificiales dirigidas hacia el arma revelaban un caleidoscopio de colores al iluminar la superficie metálica. La hoja tenía un complejo patrón ondulado, y el metal la hacía brillar de forma casi iridiscente, lo que indicaba la enorme cantidad de calor y fuerza empleados en su creación.
El filo de la hoja era tan afilado como una navaja, una garantía amenazante de retribución instantánea. La empuñadura de la espada poseía el mismo encanto que la propia hoja.
Parecía estar hecha de obsidiana negra azabache, tallada y pulida hasta conseguir un acabado liso por un hábil artesano. A lo largo de la empuñadura había incrustadas gemas iridiscentes en miniatura.
En el centro había un símbolo, posiblemente la firma del fabricante, grabado en la obsidiana con una escritura plateada que apenas era visible a menos que se supiera dónde mirar.
Este emblema se encontraba en el centro del objeto. El joven se quedó asombrado por la habilidad del artesano y la belleza del arma. A pesar de imaginarse que era peor que una hecha de mineral de Aclaitrio, la artesanía que había detrás y la belleza del arma lo dejaron atónito.
[TAREA COMPLETADA. CARNÉ DE IDENTIDAD FALSIFICADO. EL HUÉSPED PUEDE UTILIZARLO LIBREMENTE DENTRO DEL TERRITORIO DE ETRIUM. SIN EMBARGO, SE DEBE HACER UNA COPIA FÍSICA DEL CARNÉ. DADO QUE EL USUARIO NO LA TIENE, LO MEJOR SERÍA IR AL CENTRO DE ADMINISTRACIÓN Y SOLICITAR QUE SE HAGA UNA NUEVA. BASTA CON DECIR QUE EL USUARIO LO PERDIÓ MIENTRAS CAZABA.]
«Dime la información que has introducido», le dijo el joven a su leal compañero. No podía arriesgarse a meter la pata ahora que su objetivo de entrar en la ciudad estaba al alcance de la mano.
[ENTENDIDO. AQUÍ ESTÁN LOS DETALLES:]
|IDENTIFICACIÓN DE ETRIUM|
|FOTO
| NOMBRE: ERIK
| APELLIDO: KAY
| FECHA DE NACIMIENTO: 08 / 11 / 3025
| EDAD: 17
| CIUDAD DE NACIMIENTO: PUNTO NOKISI
| NACIÓN DE NACIMIENTO: ETRIUM
| OCUPACIÓN: MERCENARIO
| RESIDENCIA ACTUAL:
| Calle: 225 SERENITY LANE
| Ciudad: PUNTO NOKISI
|Código Postal: ET67309
| SEXO: MASCULINO
| ALTURA: 170 cm
| PESO: 65 kg
| COLOR DE OJOS: MARRÓN
| COLOR DE PELO: NEGRO
| PODER DEL CRISTAL CEREBRAL: MANIPULACIÓN DE FUERZA
| Número de Identificación Único: ETR7893456123
«Oye, Sistema. Dice que soy un mercenario, pero ¿y si comprueban si es verdad?».
[RESPUESTA: YA HE CREADO UN ARCHIVO PARA USTED EN EL GREMIO DE MERCENARIOS CONECTÁNDOME A LA BASE DE DATOS A TRAVÉS DE LA BASE DE DATOS DE LA SEDE DEL GREMIO DE MERCENARIOS DEL DESCANSO DE TESTROVSC. HE INTRODUCIDO PUNTO NOKISI COMO SU CENTRO DE REGISTRO. TAMBIÉN HE CREADO UN CERTIFICADO DE NACIMIENTO FALSO PARA QUE NO HAYA PROBLEMAS AL RESPECTO.]
«Bien. La gente pensará que he venido aquí en busca de más oportunidades en lugar de quedarme en Punto Nokisi, ya que está sobresaturado de mercenarios y la Banda del Gigante ha monopolizado los mejores cotos de caza».
Erik salió de la oficina de Administración con su identificación guardada en el bolsillo. Las luces del techo del extenso edificio proyectaban sombras largas y estiradas que danzaban y se movían mientras la gente pululaba por allí, un mosaico de movimiento y vida.
Estiró el cuello para buscar en los distintos letreros un cajero automático. Con su superordenador biológico, sacar dinero de estas máquinas era una tarea sencilla, aunque no una que pudiera permitirse a menudo.
Su mente bullía de planes e ideas; necesitaba una tapadera adecuada para sobrevivir.
Su mirada se posó finalmente en una máquina enclavada entre una cafetería de aspecto acogedor y una tienda que vendía frutas exóticas.
Se acercó al cajero, atento a cualquier mirada sospechosa. La gente en Etrium procedía de todos los estratos sociales, y todo el mundo sabía que era mejor no entrometerse en los asuntos de los extraños, pero más valía prevenir que curar. De pie ante la máquina, sus dedos danzaron sobre el teclado, tecleando dígitos aparentemente al azar.
En realidad, se estaba comunicando con el superordenador biológico, usando sus habilidades para vulnerar la seguridad del cajero automático.
Hubo una breve pausa antes de que la máquina comenzara a zumbar y dispensara un fajo de Eurems.
Mientras se guardaba el dinero en el bolsillo, el corazón le martilleaba en el pecho. Una transacción exitosa que pasó desapercibida, tal y como lo había planeado.
Sin embargo, no podía repetir esto a menudo; el riesgo era demasiado grande. Tenía que mantener un perfil bajo, no llamar la atención con una repentina afluencia de dinero. Así, la idea de trabajar como mercenario empezó a tomar forma. En el rudo y violento mundo de los mercenarios, un poco de dinero extra nunca era cuestionado.
Erik había encontrado la tapadera ideal, un medio para alcanzar un fin en su nueva vida en Etrium. Tener una idea, una dirección que seguir, hizo que Erik se calmara un poco, aunque aún le quedaba mucho por hacer. Erik decidió dirigirse a la tienda de armas para hacerse una idea de los precios de la ciudad.
La puerta de la tienda tintineó suavemente cuando Erik entró, pasando del bullicioso paisaje urbano al tranquilo refugio de acero y artesanía. El aire del interior olía a metal pulido y a cuero desgastado, un aroma que cualquier guerrero encontraría reconfortante. Armas de diversos tipos colgaban de las paredes, reluciendo bajo la suave luz artificial.
A su izquierda, Erik se fijó en un par de delicados cuchillos arrojadizos que centelleaban bajo la luz. Las hojas eran finísimas y tan afiladas como el bisturí de un cirujano. La etiqueta del precio que los acompañaba indicaba «17 500 Eurems».
Junto a ellos se erguía un magnífico arco largo tallado en la vibrante madera roja de un árbol Harn. Su grácil curvatura y sus intrincadas tallas delataban la mano de un maestro. La etiqueta del precio, sin embargo, marcaba la considerable cifra de «22 000 Eurems».
Una lanza sobre un pedestal parecía brillar con una luz interna, lo que implicaba que estaba imbuida con los poderes de cristal cerebral de los Thaids.
La armadura parecía ligera pero resistente, con intrincados grabados. El coste era de «3 600 000 Eurems», una cifra muy por encima de las posibilidades actuales de Erik.
Un hombre de mediana edad, vestido con un pulcro uniforme y una placa con el nombre «Kiran», se acercó a Erik. Sus ojos tenían el brillo de alguien que sentía un inmenso orgullo por su trabajo. —¿Busca algo en particular, señor? —preguntó con tono amable.
La mirada de Erik se desvió de la espada Eshalt a la lanza que se exhibía frente a él. El precio era desorbitado, la friolera de «3 600 000 Eurems». Erik hizo un gesto hacia ella y preguntó: —Bueno, estaba mirando sus artículos y empecé a preguntarme por qué esa lanza tiene un precio tan alto.
Kiran asintió mientras seguía la mirada de Erik. —Ah, tiene buen ojo para las piezas únicas —dijo al acercarse a la lanza—. Esto no es un arma corriente —añadió, haciendo un gesto hacia ella.
—Fue forjada en Punto Nokisi por Elara Steelhand, la mejor artesana de la ciudad. Es famosa por su excelente maestría y su habilidad para imbuir las armas con los poderes de cristal cerebral de los Thaids.
—Esta lanza en particular está imbuida con el poder de un Eganesu. Permite a su portador convertir su maná en un potente veneno. Cada estocada inyecta este veneno en el enemigo. No es solo un arma, es una sentencia de muerte para cualquier oponente.
Erik asintió tras oír la explicación. Sin duda, la lanza estaba fuera de su alcance, pero la idea de armas imbuidas con poderes de cristal cerebral despertó su interés. La capacidad de convertir el maná en veneno añadía un nuevo nivel de complejidad y estrategia a las batallas. Etrium ya estaba haciendo honor a su reputación.
Erik reflexionó un momento sobre las palabras del dependiente antes de negar suavemente con la cabeza. —Entiendo —dijo—, pero todavía no estoy preparado para comprar nada. —Su mirada volvió a los expositores de armas, donde admiró la impresionante gama de opciones. Cada arma tenía su propio encanto y su historia, pero ninguna le había atraído todavía.
—Sin embargo —añadió, volviendo a mirar al dependiente—, volveré en el futuro. Espero ver algo más poderoso en exposición para cuando regrese. —Las palabras de Erik no pretendían ser un desafío, sino un testimonio de sus objetivos. Las armas que había visto eran extraordinarias, pero sabía que necesitaría algo aún mejor para superar las pruebas que le aguardaban en aquella tierra.
Kiran, el dependiente, asintió con una sonrisa de complicidad ante la afirmación de Erik. Había visto a muchos guerreros ir y venir, cada uno con sus propias metas y sueños. Erik no era una excepción. —Esperaré su regreso, joven. Descuide, siempre estamos adquiriendo nuevas piezas. Cuando llegue el momento, estoy seguro de que encontrará un arma a la altura de su fuerza y de su bolsillo.
Erik asintió una última vez a modo de reconocimiento antes de salir de la tienda. Soltó un aliento que no se había dado cuenta de que estaba conteniendo mientras la puerta se cerraba tras él. La tienda, con sus exquisitas armas, había sido una experiencia reveladora.
Etrium era una tierra de maravillas, donde lo viejo coexistía con lo nuevo, y la tradición con la innovación. Erik estaba ansioso por explorar hasta el último rincón de la ciudad en busca de oportunidades.
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