SISTEMA BIOCOMPUTACIONAL SUPERORDENADOR - Capítulo 496
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Capítulo 496: Las pruebas (1)
El tiempo pareció pasar rápido para Erik mientras se sumergía por completo en su nuevo régimen. Al intentar adaptarse al nuevo estilo de espada, sometió su cuerpo a una agotadora rutina de entrenamiento diaria. Practicaba los movimientos fluidos una y otra vez hasta que quedaron grabados en su memoria muscular.
A pesar de ello, se levantaba cada vez que fallaba y lo intentaba de nuevo. Nunca se rindió. Aunque tenía los músculos doloridos por las largas horas de práctica, acogía con agrado el dolor en su cuerpo. Además, trabajó en su técnica de espada habitual y en la formación de enlaces neurales.
Pero no todo era entrenamiento físico. Gracias al superordenador biológico, podía inyectar en su cerebro información sobre los Thaids locales y otras criaturas nativas de Etrium. Erik lo habría hecho de todos modos, pero como la prueba requería este conocimiento, su motivo para aprender todo aquello cobró más importancia.
Mientras Erik se sentaba en una mesa esquinera en la ajetreada cafetería del Gremio de mercenarios, intercambiaba bromas amistosas con el camarero, un hombre alegre llamado Vance. En el transcurso del mes anterior, las visitas rutinarias de Erik a la cafetería después de sus agotadores entrenamientos hicieron que ambos entablaran amistad.
Vance, un hombre fornido con una amplia sonrisa y una cabellera blanca como la nieve, llevaba décadas en el Gremio. Había visto ir y venir a muchos jóvenes prometedores, y Erik era solo uno de ellos. Sin embargo, a Vance le atraía la tenacidad y la dureza de Erik, y el hecho de que había algo único en su aura.
Durante sus conversaciones, Vance compartía relatos de antiguos mercenarios que habían pasado por el Gremio, sus triunfos y fracasos, que se sumaban al rico tapiz de historias del que Vance parecía tener una provisión inagotable. Por su parte, Erik escuchaba atentamente cada historia, ya que revelaban detalles sobre la vida diaria de un mercenario en Etrium.
—Entonces, ¿tienes alguna sugerencia para la prueba? —le preguntó Erik al hombre mayor. Vance rellenó el vaso de Erik con cola; luego, el hombre mayor se tomó un momento para reflexionar antes de responder.
—Bueno, muchacho, todas las pruebas son importantes por sí mismas —empezó Vance con tono solemne—. Pero si hay un aspecto que muchos subestiman y que tú no deberías, es la evaluación de los Valores del Gremio.
Se enderezó y se cruzó de brazos, mientras su mirada se encontraba con la de Erik.
—Mucha gente viene aquí con la intención de convertirse en el mejor mercenario, centrándose únicamente en las habilidades de combate. Se olvidan de que ser un mercenario es algo más que fuerza y destreza en la lucha.
Vance señaló la ajetreada cafetería a su alrededor, a los muchos hombres y mujeres que compartían camaradería y risas entre acaloradas discusiones y debates tranquilos. —Echa un vistazo a tu alrededor, Erik. Lo que ves aquí es una comunidad. El Gremio es más que un simple lugar para completar misiones y ganar dinero. Es un lugar donde nos cuidamos los unos a los otros y defendemos ciertos principios y valores.
Se inclinó más, suavizando la voz. —Confianza, integridad, cooperación, respeto por toda vida, compromiso con la misión y deber para con el Gremio. Estos valores son los cimientos de nuestro Gremio. Si los descuidas, no importa lo gran luchador que llegues a ser, nunca serás de verdad uno de los nuestros.
Erik miró al anciano a los ojos y, con un brillo burlón en la mirada, habló. —¿Sabes? Me acabo de dar cuenta de que siempre estás aquí de cháchara conmigo en lugar de trabajar. —Se rio.
El hombre mayor hizo lo mismo, echando la cabeza hacia atrás. Sus ojos brillaron mientras miraba a Erik, y una sonrisa pícara se dibujó en las comisuras de sus labios.
—¿Trabajar? —rio Vance, dando una palmada en el mostrador—. Muchacho, llevo trabajando aquí más años de los que tú tienes de vida. Me he ganado mis descansos. Además —se inclinó más, con los ojos brillando con picardía—.
—Mi secreto es… que la jefa del Gremio es mi hermana. Así que, mientras no queme el local, no tendré problemas. —Se rio entre dientes, echando la cabeza hacia atrás mientras su risa resonaba en la ajetreada cafetería.
Erik no pudo evitar reírse con él, pero se preguntó si lo decía en serio. El ambiente en la cafetería del Gremio era distendido, un bienvenido alivio de la ferocidad de la vida en el exterior.
Vance le dio una palmada en el hombro a Erik con una última carcajada antes de darse la vuelta para atender a los otros clientes, dejando a Erik riéndose entre dientes de la respuesta sincera y astuta del hombre mayor.
Erik se quedó a solas con sus pensamientos, reflexionando sobre el significado de las palabras de Vance acerca de la prueba. Las pruebas eran un examen tanto de su carácter y sus valores como de sus habilidades. Entonces se dio cuenta de que debía afrontarlas con la seriedad que merecían.
Erik se levantó de la silla tras terminar su conversación con Vance, dejando atrás la comodidad de la ajetreada cafetería del Gremio.
Caminó con determinación por el suelo de baldosas de mármol, con la mirada fija en el mostrador del recepcionista cercano. El zumbido ahogado de las operaciones administrativas del Gremio reemplazó el ruido del chocar de los cubiertos y las animadas conversaciones a su espalda.
Al acercarse al mostrador, la recepcionista de turno, una mujer de mediana edad con cálidos ojos marrones y mechones plateados en el pelo, levantó la vista de su pantalla de ordenador holográfica. La luz ambiental de la pantalla le iluminaba el rostro, proyectando una luz suave sobre sus facciones.
—Soy Erik Kay. He venido a hacer la prueba de Novato y saltar al rango de Pupilo —se presentó, captando su atención. Ella parpadeó. —Solo deme un minuto para comprobar sus puntos. —La mujer volvió a mirar la pantalla holográfica, con las manos danzando rápidamente sobre la brillante interfaz mientras buscaba su nombre. El suave tecleo de sus pulsaciones llenó el aire, una melodía rítmica en el centro administrativo del Gremio.
Escaneó rápidamente la información digital durante un breve instante antes de encontrar su expediente. Asintió tras verificar su solicitud, mientras deslizaba la mano por la pantalla holográfica mientras preparaba su prueba. El procedimiento fue rápido, debido a las numerosas veces que lo había hecho antes.
Luego levantó la cabeza, se encontró con la mirada de Erik y dijo: —Corredor A10, sala B1. —Su tono era firme pero no severo, revelando el equilibrio que había encontrado entre la firmeza y la amabilidad.
Erik se dio la vuelta y emprendió su camino hacia el Corredor A10, dejando atrás a la recepcionista, que ya había reanudado su trabajo.
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