SISTEMA BIOCOMPUTACIONAL SUPERORDENADOR - Capítulo 500
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Capítulo 500: Las pruebas (5)
—Esa es una mentalidad positiva —la voz gélida y autoritaria de la mujer cortó el silencio de la sala—. Pero no dejes que te vuelva arrogante —le advirtió a Erik, con una mirada penetrante—. Puede que hayas superado esta sección con facilidad, pero los próximos desafíos, en particular la prueba de rompecabezas, serán más difíciles.
Erik simplemente se encogió de hombros, impasible ante sus palabras. Confiaba en sus habilidades, sabiendo que estaba bien equipado para afrontar los desafíos que le esperaban gracias al superordenador biológico; además, con el poder del cristal cerebral de Hais, dudaba que hubiera algo que no pudiera entender. —No estoy preocupado —respondió, con una tranquila sonrisa dibujada en sus labios.
La mujer bufó con una sonrisa socarrona mientras se recostaba en su silla. —Ya veremos cómo te va. No digas que no te lo advertí —replicó, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Ve a la sala D8 para la siguiente prueba. Adiós —dijo mientras Erik se daba la vuelta para marcharse. Su mirada lo siguió hasta que desapareció de su vista—. ¡Ah! Los chicos de hoy en día…
Una gran sala en la bulliciosa sede del Gremio era el centro de actividad. Un enorme marcador holográfico dominaba el espacio en el centro y proyectaba una vibrante gama de luces parpadeantes por toda la sala.
En un ciclo que parecía no tener fin, las actualizaciones en tiempo real mostraban los nombres, las puntuaciones y los rangos de los participantes de las pruebas. La gente se reunía en la cafetería cercana al marcador, comiendo y bebiendo mientras observaba cómo se desarrollaban los resultados.
Miembros del Gremio de diversos rangos llenaban la sala, con la mirada fija en la hipnótica visualización de datos. Estallidos de risas, palabrotas y animadas discusiones interrumpían sus susurradas conversaciones.
La sala enmudeció cuando un nuevo nombre apareció en la tabla de clasificación: Erik Kay. Sus extraordinarios resultados en las Evaluaciones de Combate y de Conocimiento llamaron la atención e hicieron que más de uno levantara una ceja. Entre la multitud, los murmullos de intriga, escepticismo y curiosidad se extendieron como la pólvora.
—¿Quién es este Erik Kay? Jamás había oído hablar de él —murmuró un veterano curtido con un brazo robótico, entrecerrando los ojos para ver la pantalla holográfica.
—Debe de ser un niño prodigio; mira esas puntuaciones —respondió otra, una joven con un agudo brillo en la mirada.
—¿Viste eso? —un hombre estupefacto, con unas gafas protectoras sobre la frente, se giró hacia su compañera, una mujer mayor de cabello plateado como la luz de la luna—. Una puntuación perfecta en la Evaluación de Conocimiento. Y sobre minerales, nada menos. ¿Quién en su sano juicio sabe tanto sobre minerales?
—Bueno, te sorprenderías, Cal. Los minerales son muy importantes, sobre todo para la gente como nosotros que necesita armas hechas con ellos —respondió la mujer de cabello plateado, arqueando una ceja.
Cal bufó, sin acabar de convencerse. —Claro, Agnes, pero estamos hablando de un crío. ¿Cómo pudo tener tiempo para aprender sobre minerales?
—Pero no se trata solo de la experiencia, Cal —intervino la mujer—. Se puede aprender mucho de los libros y los chips de datos si se tiene la motivación suficiente.
Una tercera voz, la de un joven de cabello rubio ceniza y sonrisa petulante, se unió a la conversación. —A mí me suena a empollón. Seguramente se ha pasado toda la vida con la nariz metida en un libro. No me imagino que le vaya a ir bien en el mundo real.
—Subestimas el poder del conocimiento, Remy —replicó Agnes, sin apartar la vista de la pantalla—. Además, ¿no sacó unas puntuaciones increíblemente altas incluso en la prueba de combate? No es un simple empollón.
—Aun así, una puntuación perfecta en minerales es algo inaudito —refunfuñó Cal, sacudiendo la cabeza con incredulidad—. Llevo años en este Gremio y apenas sé distinguir el hierro del cobre.
Remy soltó una carcajada: —Eso es porque tienes piedras en la cabeza, Cal.
Ignorando la pulla, Cal continuó: —Pero tienes que admitir, Agnes, que este Erik Kay es un chaval bastante bueno.
—Ciertamente, lo es —asintió Agnes, con la mirada fija en el marcador en movimiento—. No son solo las puntuaciones. Es la velocidad. Completó la Evaluación de Conocimiento en tiempo récord.
—Eso no significa nada si no puede desenvolverse en el campo —volvió a decir Remy, cruzándose de brazos—. El cerebro no sirve de mucho cuando tienes un bláster apuntándote a la cara.
—Jovencito —dijo Agnes con voz severa, volviéndose hacia Remy—, el conocimiento y la sabiduría pueden ser mucho más poderosos que cualquier bláster. No están separados, sino que funcionan juntos. No se puede tener fuerza sin conocimiento, ni conocimiento sin fuerza.
La sabiduría de la vieja minera sorprendió a Remy, que frunció el ceño. Asintió como si se hubiera tomado en serio las palabras de Agnes.
El nombre de Erik estaba ahora en boca de todos, y su enigmática persona despertaba la curiosidad a medida que destacaba en las pruebas de rango de Novato. Surgieron especulaciones, que ponían en duda sus orígenes y debatían su potencial. Todas las miradas estaban puestas en él, a la espera de ver si se convertiría en el prodigio que sus puntuaciones sugerían.
***
Erik entró en una sala de aspecto pulcro que parecía zumbar de energía. Las paredes, lisas, estaban hechas de una aleación de alta tecnología que relucía con un brillo metálico bajo la iluminación de las pulsantes luces holográficas suspendidas en lo alto.
Un cofre de diseño aerodinámico ocupaba el centro exacto de la sala. Su superficie estaba iluminada por botones de neón, palancas y símbolos.
La responsable de la explosión de color que se podía ver en todo el espacio era la enorme pantalla holográfica que ocupaba toda una pared de la sala.
Además de la enorme pantalla, había también un proyector holográfico que albergaba una biblioteca de rollos de datos.
A medida que Erik se acercaba, una consola con pantalla táctil en el rincón más alejado de la sala cobró vida y mostró la imagen de una carta muy usada y desgastada.
La presencia de maquinaria futurista que zumbaba y de luces que parpadeaban con un patrón rítmico contribuía a la atmósfera de intriga. No se trataba de una sala cualquiera, sino de un elaborado escenario con el propósito de poner a prueba la capacidad analítica de Erik y de estimular su mente.
Cada objeto de la sala era una pieza de un complicado rompecabezas, y de Erik dependía averiguar cómo resolverlo para encontrar el tesoro. Erik no tuvo ningún problema en comprender lo que había que hacer y, mientras se preparaba para desvelar el misterio que tenía ante él, sintió una excitante descarga de adrenalina.
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