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SISTEMA BIOCOMPUTACIONAL SUPERORDENADOR - Capítulo 519

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Capítulo 519: El robot

—El broche, ¿eh…? —dijo Erik en voz alta en tono contemplativo.

Mil pensamientos corrían por su mente mientras recorría las calles de la ciudad artificial. Volvió a pensar en el robot que portaba el broche que había visto durante la batalla frente al gran edificio. El broche era el mismo que describió la mujer de la Casa Jazmín; no cabía duda. Si estuviera en la vida real y no en una misión creada por el gremio, todo indicaría que estaba lidiando con un grupo organizado. No es que eso fuera un problema.

Recordó las acciones del robot durante la pelea. Se había mantenido al margen de la refriega, casi fuera de lugar, a pesar del caos. Pese a que golpeaba ocasionalmente a algunos de los guardias, sus ojos habían permanecido tranquilos y serenos, desprovistos de la energía caótica que envolvía la plaza y a las otras criaturas artificiales. Sin embargo, a pesar de esto, no se quedó de brazos cruzados, ya que a menudo gritaba algo e incitaba a la multitud a ser más violenta.

La mente de Erik iba a toda velocidad mientras desandaba el camino de vuelta a la escena del disturbio. El broche era discreto, y lo habría pasado por alto de no ser por el poder del cristal cerebral de Hais y todos los puntos de inteligencia que este proporcionaba.

Erik corría de vuelta a la escena del disturbio; por suerte, este aún continuaba, como atestiguaban los fuertes ruidos que oía a lo lejos. Sin embargo, que el robot siguiera allí era otra cuestión, y solo podría saberlo cuando llegara al lugar. El resto era cosa del azar.

A medida que Erik se acercaba al lugar de la revuelta, el aire se volvía cada vez más denso, y una palpable sensación de inquietud enturbiaba un día que, por lo demás, era apacible.

El estruendo de la pelea se hizo más fuerte, y empezó a oír la sinfonía de voces robóticas agitadas, el clangor de metal contra metal y el distintivo golpe sordo de cuerpos robóticos contra los adoquines a lo lejos. La calma de la ciudad se desvaneció rápidamente, reemplazada por un zumbido resonante de caos inminente.

Los ciudadanos robóticos a su alrededor reflejaban la tensa atmósfera. Sus movimientos rutinarios se habían vuelto erráticos, con una tensión visible en sus posturas y su ritmo acelerado. Algunos miraban en dirección a la pelea al oír también los sonidos. Otros, simplemente, salían huyendo.

El clamor crecía a medida que se acercaba a la escena de la revuelta. El malestar lejano se había convertido en una revuelta en toda regla. Los pies de Erik parecían vibrar sutilmente con el sonido que viajaba por el espacio, imitando el compás de la pelea que resonaba por toda la ciudad.

Aunque Erik no era ajeno a los conflictos y la agitación, se quedó desconcertado por la escena que se desplegó ante él al regresar al corazón de la ciudad, sobre todo porque era una situación falsa creada por el gremio.

«Caramba… esta gente de Etrium no hace las cosas a medias. ¡Esto es una puta película!».

Lo que antes había sido una escaramuza menor había estallado en una revuelta en toda regla, y la ciudad entera parecía estar al borde del caos.

La magnitud del disturbio había aumentado de forma considerable, y ahora implicaba a una enorme multitud de ciudadanos robóticos. El malestar se había propagado desde la plaza a las calles y avenidas circundantes como un incendio por un bosque reseco.

Figuras robóticas con túnicas sencillas se enfrentaban a figuras metálicas vestidas de guardias. Gritos, clangores y estruendos llenaban el aire mientras puños metálicos chocaban. Arrojaban robots a través de los escaparates de las tiendas y se erigían rápidamente toscas barricadas hechas de muebles y escombros.

A pesar de estar en inferioridad numérica, los guardias luchaban con valentía, y sus movimientos eran rápidos y precisos. Sin embargo, el número de asaltantes parecía ilimitado, con ciudadanos robóticos que afluían como una marea metálica desde las calles secundarias y los callejones. Estaba claro que los agitadores habían hecho su trabajo espléndidamente, o al menos eso era lo que el gremio quería mostrar.

Erik se quedó quieto en medio del caos, mientras sus agudos ojos escudriñaban a la multitud. Encontrar a un único robot en medio de este disturbio era como buscar una aguja en un pajar. Sin embargo, no tenía el tiempo ni la opción de rendirse.

«Maldita sea… En la vida real no necesitaría hacer todo esto. Me bastaría con hackear algunos servidores y unas cuantas cámaras, y encontraría a cualquier rehén que estuviera buscando…».

Como no podía hacer nada al respecto, Erik empezó a mirar a su alrededor. Su mirada recorría la escena, buscando aquel broche único entre el mar de robots agitados.

Sabía que incluso un vistazo fugaz de ese símbolo podría conducirlo a su siguiente pista. Pero incluso eso parecía una tarea sobrecogedora en medio del caos y la destrucción. Por otro lado, Erik era de los que no se echaban para atrás ante un desafío.

Finalmente, tras lo que pareció una eternidad abriéndose paso a través del torrente de agitación artificial, Erik localizó a su objetivo.

Una figura destacaba entre el mar de metal inflexible y miembros mecánicos que se agitaban sin control.

Era un robot de tamaño mediano, con una apariencia física indistinguible de la de cientos de otros en la multitud.

Ataviado con una descolorida túnica de color burdeos, se movía con una calma calculada que contrastaba marcadamente con los feroces robots que lo rodeaban. Su piel metálica estaba abollada y rozada, lo que indicaba que había participado en el conflicto en curso a pesar de sus intentos por mantenerse al margen tanto como le era posible.

Erik se fijó en él al principio por su comportamiento extrañamente calmado en medio de la confusión, y sus ojos entrenados se centraron inmediatamente en la anomalía.

Sin embargo, fue el destello en el pecho del robot lo que le hizo comprender que había encontrado a su objetivo. Un broche que guardaba un asombroso parecido con el símbolo descrito por la mujer de la Casa Jazmín estaba prendido en la parte superior de la túnica del robot, casi perdido entre los pliegues de la tela.

Erik sintió una descarga de adrenalina al ver el broche. Sabía que iba por el buen camino y que esta era una pieza de información crucial para su misión.

«Espero que este tipo me lleve directamente a donde tienen al rehén…», suspiró Erik. Era frustrante saber dónde estaba el objetivo, pero no poder ir allí directamente por miedo a que los espectadores lo descubrieran.

Incluso en medio del disturbio, Erik se las arregló para mantener la mirada fija en el robot. Sabía que perderlo de vista en este caos podía suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso de su misión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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