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Sistema cultista en marvel - Capítulo 246

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246: Capitulo 246: Lost 246: Capitulo 246: Lost La lluvia caía a cántaros.

El cielo estaba oscuro, incluso siendo de día, y los truenos —como si fueran la ira de Zeus— retumbaban por todo el cielo.

Olas gigantes se alzaban como manos de titanes acuáticos dispuestos a engullir barcos enteros.

Golpeaban con furia todo lo que se atreviera a acercarse.

En medio del gran azul, una embarcación —insignificante frente al mar tormentoso, como una mota de polvo en el espacio— luchaba por mantenerse a flote.

Era una goleta griega que acababa de partir de la isla de Creta.

Resistía con todas sus fuerzas las secuelas de la tormenta.

Sus pasajeros no eran marineros experimentados, sino refugiados que huían en busca de una vida segura rumbo a la ciudad de Atenas.

Desde que los otomanos habían invadido Grecia, masacrando ciudades enteras y desplazando a miles de asentamientos insulares hacia el continente, la situación no había hecho más que empeorar.

Ya estaban a mediados del año 1850, y aún así las persecuciones continuaban.

Y no solo eran los otomanos: parecía que Francia e Inglaterra también comenzaban a involucrarse.

Grecia solo mantenía buenas relaciones diplomáticas con la Unión Soviética.

Las tensiones entre potencias aumentaban cada vez más.

Esta tensión generalizada empezó a hacer mélla en la población.

Los hombres jóvenes y fuertes eran reclutados, las familias se separaban y, con frecuencia, los ataques provocaban desplazamientos masivos de refugiados.

La goleta de tres mástiles que luchaba contra las olas era un barco de refugiados.

La mayoría de los pasajeros eran mujeres que huían de Creta, Minos y otras islas cercanas.

La propietaria del barco era una exesposa de un pescador adinerado, quien logró comprar la embarcación antes de que la isla cayera.

Al perder a su esposo en la guerra, vendió todas sus propiedades y, junto a un grupo de mujeres en la misma situación, huyó por mar con rumbo a Atenas.

No contrató marineros hombres.

Además de que eran escasos, los pocos que quedaban no eran personas confiables.

Despina, la capitana, no quería imaginar qué harían varios hombres fuertes en un barco repleto de mujeres y niñas indefensas.

Por eso, contrató solo marineras.

Pero ahora comenzaba a arrepentirse.

¿Tal vez, con esos hombres fuertes, habría tenido más posibilidades de sobrevivir?

El plan era simple: navegar por una ruta conocida.

Despina había surcado las aguas griegas por años junto a su esposo, así que no le preocupaba.

Pero aquella tormenta repentina arruinó todos sus planes.

Ahora solo podía enfocarse en recuperar el rumbo y empujar la goleta hacia una dirección segura, mientras que la tormenta continúa intentando empujarlos hacia un destino desconocido.

Las velas estaban cerradas, y los mástiles resistían la embestida del viento.

Utilizando una piedra solar, Despina miró al cielo, buscando el sol entre las densas nubes.

Lo encontró, pero en un lugar inesperado; lo que antes estaba a su izquierda, ahora estaba detrás del barco.

Se habían desviado una vez más del rumbo fijado.

Apretó con fuerza el timón y giró la rueda con decisión, intentando corregir el curso.

En la cubierta, las marineras corrían de un lado a otro.

Sacaban agua con cubetas y aseguraban a los pasajeros para evitar que cayeran al mar.

Había unos cincuenta pasajeros en total: diez trabajadoras, diez niños y niñas, y treinta mujeres refugiadas sin habilidades náuticas.

Frente a la furia de la naturaleza, lo único que podían hacer era rezar para que la tormenta no los desviara aún más, y que el mar no reclamara sus vidas.

Pero en ese momento, parecía que ningún dios las escuchaba.

Despina vio cómo, a lo lejos, un tornado marino descendía del cielo y golpeaba la superficie del océano.

Una tromba de agua se elevó en un espectáculo aterrador y majestuoso.

Los remolinos de agua y viento son comunes en el mar, pero para una embarcación en medio de uno, solo significan perdición.

Despina lo entendió de inmediato.

En ese instante, supo que ningún hombre —por más fuerte que fuera— podría hacer algo ante esa fuerza imparable de la madre naturaleza.

Apretó los dientes.

Si ningún hombre podía hacer nada, entonces ella, una mujer, haría todo lo posible sin temer ni siquiera a los dioses.

-¡Todos sujétense!

¡Tomen cuerdas y recen para no caer al mar!

gritó con todas sus fuerzas.

Aferrándose al timón, lo giró con furia y se preparó para el impacto.

Las mujeres y los niños se abrazaron, cerraron los ojos y se aferraron a lo que tenían más cercano con desesperación.

El golpe fue brutal.

El barco fue lanzado por los aires y, al tocar el mar, el casco y la proa se agrietaron.

Sin embargo, gracias a su experiencia, Despina había logrado posicionar el barco en diagonal, evitando que la tromba partiera la goleta en dos.

Personas salieron casi volando, salvadas solo por cuerdas finas atadas en sus cinturas, cajas y objetos fueron lanzados al mar, perdídos.

El estruendo de los tablones al quebrarse resonaba por toda la embarcación, sin embargo, seguían vivos y el barco estaba completo.

La tromba pasó, alejándose entre las olas.

Despina sonrió con alivio.

Quizá los dioses sí las estaban escuchando.

La esperanza creció en su corazón.

Lamentablemente eso no duró mucho tiempo.

Su esperanza se desvaneció al escuchar los gritos de las mujeres.

Otro remolino de agua apareció por el costado y arrancó uno de los mástiles.

El casco se resquebrajó aún más, el agua entró con furia y la lluvia era tan intensa que apenas podía ver a dos metros de distancia.

El mundo parecía colapsar.

Lo último que Despina vio fue otro remolino elevándose del mar.

Como un brazo de un titán oceánico, tomó el barco y lo lanzó a lo lejos.

Los mástiles se partieron.

Las velas volaron.

Los tablones cedieron y las pasajeras solo podían gritar con miedo en sus corazónes.

Lo último que vio Despina fue la furia de Poseidón y Zeus desatada sobre ellas.

Su mente se hundió en una oscuridad profunda, como si su alma descendiera a las profundidades del mar.

Pensó que estaba muriendo.

Pensó en su familia, y en el reencuentro que la esperaba en el más allá.

-Querido…

hija querida…

pronto los veré en el Elíseo…

De pronto, escuchó el sonido tranquilo de las olas.

Sintió el calor del sol en su rostro, la textura arenosa bajo su cuerpo y el olor familiar del mar.

Abrió los ojos.

Una playa de arena blanca se extendía frente a ella.

No estaba muerta.

-¡Ah!

¡Despina está despierta!

gritó una voz femenina cercana.

Rápidamente, se escucharon pasos apresurados acercándose.

Despina, aún aturdida, vio a muchas de las mujeres que habían embarcado con ella, vivas.

Sus ropas estaban desgarradas y sucias, sus cuerpos secos, pero ninguna parecía gravemente herida.

-¿Estamos muertas?

Preguntó Despina, aún confundida.

Una niña pequeña, igual de desaliñada que las demás, se arrojó a sus brazos llorando.

-¡Wuah!

¡Estamos vivas!

Era Lira, una vecina de apenas catorce años.

Sus padres habían muerto, y Despina la había traído consigo sin pensarlo dos veces cuando escapó de su hogar.

Despina la abrazó con fuerza.

Pero al mirar alrededor, notó que no todas habían sobrevivido.

Había treinta y cinco mujeres adultas y solo tres niñas.

¿Dónde estaban los demás?

No hizo la pregunta en voz alta.

Lo sabía.

El mar se los había tragado.

Respiró hondo y, con esfuerzo, se incorporó.

Su cuerpo bronceado ardía levemente por el sol, pero no le importó.

Alzó la mirada hacia el interior de la isla…

y entonces la vio.

Una montaña colosal, de miles de metros, se alzaba hasta tocar el cielo.

-¿Alguien sabe dónde estamos?

Preguntó aún aturdida.

Nadie respondió.

-¿Al menos saben si este lugar está habitado?

Una joven dio un paso al frente.

-Estuve explorando desde lejos.

No hay señales de caminos, ni restos de construcciones.

No he visto humo ni barcos en el horizonte.

Creo que estamos en una isla desierta.

El silencio se apoderó del lugar durante un minuto entero, tiempo en el que Despina organizó sus pensamientos y emociones por lafuerza.

El corazón de Despina se volvió pesado, pero con mirada firme, preguntó una vez más: -¿Saben dónde está el barco?

Varias mujeres miraron hacia una zona lejana de la playa, donde entre restos flotantes, quedaban los restos del navío que una vez las había llevado.

Despina tambien lo miró.

No estaba tan lejos y sentía que podian alcanzarlo.

Levantando una mano, dijo.

-Chicas, no sé si realmente estamos en una isla decierta o no, lo real es que tenemos que sobrevivír.

El ambiente era tenso.

Los sentimientos de todas eran de miedo, tristesa y preocupación, las emociones arremolinadas solo desgastaban aún más las mentes de las mujeres restantes.

Despina no era diferente, pero en casos como estas, las personalidades amenudo logran actos que nadie esperaría.

Almenos, Despina entendió de inmediato el dilema en el que estaban y tomó el liderazgo sin dudar.

Ocultando sus emociones débiles en lo profundo de su mente, tomó la personalidad del capitan fuerte en su barco y ordenó.

-Todas, síganme al barco, recojamos todos los suministros que podamos!

No importaba si la isla era decierta o no.

Si habían asentamientos dentro de la isla, les llevaría tiempo encontrarlos y para sobrevivír todo ese tiempo, necesitaban suministros.

Su corazón estaba dolorido.

Como primera vez ciendo capitana, su barco se undió.

Varias pasajeras desaparecieron y niños con futuros inciertos se fueron.

Solo podía rezar para que el mar convirtiera sus almas en pena en espíritus de la paz.

Todas estaban deprimidas, pero con un trabajo frente a ellas, podían no pensar en lo desagradable.

Tomar una distracción para evitar sentír el sombrío en sus corazónes.

Entonces, así comenzaron un trabajo de rescate.

Cada caja y tablón fue recolectado.

Encontraron cajas con comida y agua limpia.

Almenos su simple supervivencia estaba garantizada.

Mientras que todas trabajaban bajo el sol y los reflejos del agua.

Una chica que estaba más alejada del grupo gritó derrepente.

-¡Ah!

¡¿Hola?!

El grito fue sonoro, haciendo que todas las demás mujeres voltearan hacia esa dirección.

La mujer, con un tablón roto en sus manos, veía hacia el mar, pareciendo llamar a algo.

Una de las mujeres que la conocía, se asercó y preguntó.

-¿Shakty?

¿Qué pasa, a quien llamas?

La mujer apuntó hacia el mar, donde podían verse algunas rocas sobresalientes de un arresífe.

-¡Miré a una mujer oculta detrás de esa roca!

Ella dijo esto, sin embargo, su tono estaba lleno de dudas.

Seguía mirando la roca, queriendo confirmar lo que había visto.

Al escuchar eso, todas las mujeres miraron la roca azotada por el agua de mar, en búsca de la mujer.

Pero no vieron nada en ella.

-Juro que ví una chica, cabello algo azul verdoso, piel clara y era muy bonita.

Cuando todas las mujeres escucharon esto, depronto ya no creyeron mucho en lo que decía Shakty.

Despues de todo, ¿Quien tendría el cabello de color azul verdoso?

Todas dudaban, pero al ver la seguridad con la que hablaba Shakty, no podían evitar pensar que tal vez vio algo.

-¿Tal vez un espíritu del agua?

Una de las chicas dijo esto derrepente.

Los mitos de espíritus del agua y la tierra eran muy comúnes en estas tierras.

Ondinas o hadas de los bosques.

Era solo que nadie había visto algo de eso.

-Oh tal vez fue un reflejo del agua y algas?

Dijo otra mujer.

Todas querían rascarse la cabeza, era una ondina o algas que junto al reflejo del agua, creaba una ilusión?

-¿Tal vez me equivoqué?

Shakty fue la primera en seder.

Pronto todas pensaron que eran solo algas.

Al final solo se rieron un poco y Shakty continuó trabajando y ayudando en la recolección.

Todas desidieron olvidarse de eso.

Pero Shakty no podía no evitar mirar hacia la roca de vez en cuando, recordando una cosa que no dijo en voz alta.

Esa mujer de apariencia extraña, tenía una cintura que parecía brillar, como las escamas de un pez.

Ella no encontró piernas ahí abajo.

¿Sirena?

Negando con la cabeza, sintió que el trabajo y falta de comida la hizo imaginar cosas.

Así es, solo fue su imaginación.

Ella ya no volteó a ver la roca y solo se centró en la recolección.

Sin saberlo, alguien más tambien la miraba.

Undida en el agua, una figura femenina pero con una cola verdosa como la de un pez, miraba hacia ese lugar.

Por un momento, una mirada feroz fue dirigida a las mujeres, pero pronto, la ferocidad pasó al notar que no parecieron verla.

La mirada confusa se volvió lentamente curiosa e interesada.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Antonio_Martines Votos y comentarios, plox.

¿Que tal?

lo corregí con chat GPT.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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