Sistema cultista en marvel - Capítulo 283
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- Capítulo 283 - 283 Capitulo 283 La batalla de los pasteles
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283: Capitulo 283: La batalla de los pasteles 283: Capitulo 283: La batalla de los pasteles Una pequeña figura corrió por las calles de Temysira, la ciudad amazona.
Con el cabello rubio platino y la piel con un tono color trigo saludable.
La pequeña niña que no debería tener más de 5 o 6 años se balanceaba por las calles con familiaridad y agilidad.
Con una falda corta de lino teñido de verde, una blusa de manga larga las cuales se balanceaban cada vez que movía los brazos.
Sus zapatos eran sandalias de cuero y en su cabello había una diadema de bronce encantadora.
Cuando la pequeña Hipólita saltó por un barandal, finalmente llegó a su objetivo.
Miró a su alrededor con cuidado, su aspecto era furtivo y cuidadoso, como un pequeño gato ladrón.
Mirando que nadie aparecía serca, saltó por un callejón, desapareciendo en las sombras.
Sin notar que una sombra mas grande estaba detrás de ella.
Parada frente a un gran muro de piedra, los ojos verde pino parecieron brillar con un tono emocionado.
La pequeña sacó una daga de su bolsillo trasero, y luego caminó serca de la pared, tallándola con sus dedos pequeños hasta que encontró una fisura delgada.
Con ojos brillantes, hipólita apuntó su daga y con un fuerte golpe, la clavó de una sola vez en la ranura.
Dando un par de golpesitos, la daga estaba bien ajustada contra la pared e incluso moverla varias veces, no podía safarse.
Con una risita, la cual ocultó temiendo que alguien la escuchara.
Ella se preparó y saltó casi un metro de alto con un golpe de sus piernas cortas, aterrizando sobre el mango de la daga expuesto, y entonces, con otro brinco, la pequeña alcanzó otro metro, y sus pequeñas manos alcanzaron la sima del muro que normalmente no podría tocar.
Cuando ella llegó a este lugar, sus ojos se emocionaron y una sonrisa donde se expusieron dos pequeños colmillos de tigre se expusieron.
Ella comenzó a levantarse y mientras lo hacía, un aroma dulce y fragante llegaba a su nariz con más claridad.
Con los ojos brillantes, finalmente asomó su pequeña cabeza atravez de la pared.
Lo que miró, fue un patio bastante común, algunas tablas altas donde se colgaban racimos de olivos y uvas.
El suelo donde estaba marcado un patio de entrenamiento simple y en la esquina, un pequeño jardín donde lo más llamativo era un jirasól brillante que apuntaba al sol y emanaba un calor tenue, así como un árbol grande y de ojas marrones que tenía colgado algunas frutas.
Cuando Hipólita miró estas frutas, las cuales se llamaban frutas de carne, quiso vomitar.
Estas cosas se comen en invierno cuando la cantidad de comida no es mucha, tiene una textura como la carne y según sus mayores, “es nutritivo” pero solo recordar ese sabor asqueroso como masticar fango apestoso, hace que nisiquiera quiera verlo.
Sin embargo, en ese momento, el aroma dulce llegó a su nariz, haciendo que recordara por lo que había venido.
Con sus ojos verdes escaneando el lugar, pronto miró lo que buscaba.
En una ventana sercana, ella vislumbró un par de pasteles que emanaban un aroma dulce de miel y avellanas incluso desde su lugar.
–Lo sabía, a la madre Despina le gusta cocinar pasteles todos los domingos.
-Dijo ella, con un hilo de saliba casi corriendo por la comisura de su boca.
Con un par de movimientos, sus piernas cortas golpearon la pared y pronto pudo subirse y atravezarlo.
Ua sentada en la sima de la pared, miró hacia abajo, sintiendo algo de miedo al ver el suelo tan lejano, sin embargo, apretando los dientes, ella saltó y calló.
Rodando por el suelo, amortiguó su caída; tal como le enseñaron en clases de combate.
Levantándose, se sacudió el polvo del cuerpo y miró los pasteles con una mirada codiciosa.
Mirando a su alrededor, ella trotó lentamente y sacó una bolsa de lino de su falda.
Mirando los pasteles, ella saboreó el aroma dulce que nadie podría comparar.
¿Por qué la madre Despina podía cocinar tan bien y su madre no lo hacía?
Solo podía dejar que su madre aprendiera más en el futuro.
Mirando con cuidado a su alrededor, ella iba a guardar uno de los pasteles en su bolsa de lino y llevárselo.
Sabía que un zorro inteligente, no se come su presa en el lugar donde lo cazó, se lo lleva a su madriguera y ahí lo disfruta sin que lo molesten.
Sin embargo..
ella miró el pastel que aún emanaba un aroma seductor.
Sin poder evitar tragar saliba, estiró un dedo pequeño para pellizcar un solo trozo..
–¿Qué haces?
–¡¿!?
Hipólita se congeló en su lugar, con su dedo a un centímetro de pinchar el pastel, pareciendo una estatua de piedra.
–¿Hipólita?
¿No deberías estar en clases de combate con la profesora Eris?
-Sonó otra vez la voz, a lo que Hipólita se recuperó de su congelamiento.
Sin embargo, su cuerpo comenzó a sudar frío, dando se la vuelta lentamente y mirando hacia atrás como una muñeca rígida.
Cuando miŕó quien estaba detrás de ella, se encontró con una chica no tan mayor.
Esta era Tanya, hija de Tatiana, la botánica, esta chica tenía unos 12 años y sobre todo, era una enemiga mortal para las chicas de su grupo menor que ella.
Cuando Hipólita la miró, entrecerró sus ojos de inmediato.
Dándose la vuelta, escondió los pasteles tras ella y dijo.
–¿Tanya?
¿Qué haces aquí?
Tanya miró la pequeña figura mas baja que su pecho, cruzándose de brazos y entrecerrando sus ojos marrones.
Con una sonrisa burlona, preguntó.
–¿Qué, no puedo estar aquí?
En su lugar, ¿Qué haces tú aquí?
Con la pregunta de regreso, Hipólita se quedó sin palabras.
su pequeña cabeza giró rapidamente, aunque su cuerpo parecía querer esconder mejor los pasteles.
Tanya le sonrió, su sonrisa parecía la de un pequeño zorro y su cabello castaño se balanceaba como la cola de un gato cazador.
–Bueno, supongo que escuchaste la noticia, ¿No?
la madre Despina prepara pasteles todos los domingos.
Estos los comen solo las generales,y su sabor es tan bueno que incluso tu fuerza puede mejorar mucho con probar un poco.
Al escuchar esto, Hipólita movió su cabeza.
–¿Mejorar?
Tanya la miró, y abrió sus ojos con sorpresa.
Cubriendo su boca, se rió un poco.
–Fufufu.
Hipólita escuchó esa risa, y solo sintió que el otro lado se burlaba de ella, como si dijera “oh, valla, que patético” por lo que se enojó.
Estaba apunto de gritarle a Tanya, pero esta terminó de reir y dijo.
–¿No me dirás que solo viniste porque el pastel sabe dulce?
-Tanya miró a Hipólita con burla, a lo que al ver la vergüenza de esta, se rió aún más fuerte.
Ipólita ahora estaba muy enojada y apretó los puños.
–¡No te burles!A además, ¿no viniste tambien por esto?
Tanya se rió un poco, luego de tranquilisarse, se paró derecha, agitando su cabello con la mano y poniendo una mirada arrogante.
–Pues no.
Yo sé el verdadero poder de este pastel.
Está hecho con una fruta mágica especial que te puede hacer fuerte solo con probar un trozo.
A diferencia de ti, un niño pequeño que busca dulces.
Yo estoy más interesada en la fuerza que me puede dar.
Así podŕe convertirme en la primera cazadora de 12 años del clan.
–Dijo Tanya, parándose con arrogancia y afirmando su punto.
–Entonces, si tu pequeño cerebro de goblin lo comprendió, déjame espacio.
— Tanya caminó hacia adelante, queriendo empujar a Hipólita a un lado sin contemplaciones.
Sin embargo, Hipólita no se movió.
Levantó sus brazos hacia arriba y su mirada era terca, como una madre gallina que protege sus pollitos.
–No los puedes tomar, ya decidí que uno es para mi, otro para mamá y el restante es para las generales y la madre Despina.
No hay para ti.
Tanya entrecerró los ojos, deteniéndose, miró la cara de Hipólita.
Las miradas se cruzaron por un momento, con chispas imaginarias chocando entre si por un momento.
Entonces.
Hipólita lanzó su bolsa hacia la cara de Tanya, mientras que esta pateaba las piernas cortas de Hipólita.
–¡Ah!
–¡Au!
Las dos chocaron.
Hipólita saltó del suelo, frotándose la pierna y saltando para atacar a Tanya.
Esta se quitó la bolsa de la cara, solo para ser alcanzada por un pequeño puño que le golpeo la cara.
Un sonido sordo sonó, pero Tanya no se movió de su lugar, solo con una marca roja en la mejilla, demostrando el poder del golpe anterior.
–Tu…
Pequeño enano!
-Tanya se había enojado, levantando el puño, golpeando a Hipólita.
Esta se cubrió con sus dos antebrazos, siendo arrojada al suelo.
Sin embargo, rodó a un lado esquivando una patada.
Un sonido sordo sonó cuando el pie de Tanya pisoteó con la fuerza de un hombre adulto.
Hipólita se levantó, golpeando la pierna y luego alcanzando la espalda de Tanya cuando su rodilla se dobló un poco.
Subiendo por la espalda de esta, era como una pequeña araña sujetada con fuerza.
Tanya la atrapó, dando un golpe de codo contra hipólita, pero solo alcanzando el aire.
Sintiendo el peso detrás de ella, su irritasión se elevó, llevando la pelea hacia el suelo.
Hipólita alcanzó el cuello de Tanya, golpeando sus mejillas con cachetadas, al igual que un simio de juguete.
Cuando depronto sintió que se sentía ingrave y pronto chocó contra el suelo, sintiendo que su aliento se le iba de los pulmones.
Safándose, Tanya se levantó, chocando para golpear a Hipólita, sin embargo, esta reaccionó, esquivando dos puñetazos, los cuales levantaban pequeñas nubes de polvo al chocar contra el suelo.
La pelea era algo infantil, sin embargo, el poder de cada golpe era casi lo mismo que un hombre adulto sano.
O tal vez más fuerte, ¿Cuántos adultos pueden golpear el suelo arenoso para dejar marcas y que su piel no se rasgue o duela?
Sin poder aguantar más, Hipólita levantó sus piernas, atrapando la cintura de Tanya y luego se apretó como un coala y la mordió.
–¡Ah!¡No se vale morder!
-Gritó Tanya exasperada y sintiendo el dolor.
Por un tiempo, ambas se revolcaron en el suelo hasta que finalmente, Tanya golpeó a Hipólita contra la arena, dejando a esta exausta.
Respirando hondo, Tanya sonrió con arrogancia, sacudiéndose el polvo de ensima y levantándose del suelo.
–Bueno, al final la mocosa no puede ganarle a un futuro cazador.
– dijo ella, agitando su cabello y con su sonrisa de gato astuto.
Si tan solo no fuera porque sus mejillas estaban rojas, su hombro sangraba y tenía el cabello alborotado y enpolvado, se abría visto como una verdadera vencedora.
Hipólita solo la miró con odio.
–¡Esos pasteles son mios!
-Gritó casi llorando, pero Tanya solo la miró con desdén.
–Llanto de una perdedora.
Ella resopló, dándose la vuelta para tomar su recompensa, cuando depronto, se quedó en silencio.
El lugar donde hace un momento habían 3 pasteles, ahora solo habia una tabla lisa, limpia y sin rastros de pastel.
Depronto se escucharon los pasos, a lo que ambas se dieron la vuelta, encontrándose con una figura furtiva que no sabían cuando había llegado y se alejaba con los pasteles en mano.
–¡Gracias por dejar rastros tan evidentes, adiós!
Hipólita abrió mucho sus ojos verdes, por la voz, sabía que esta era Lanny, la hija de la herrera y la mayor de todo su grupo.
–¡Oye, ven aquí!
-Gritó con frustración.
Por otro lado, Tanya miró el suelo, el cual estaba cubierto de pisadas, grande sy pequeñas, así como marcas de pelea.
Recordando lo que dijo esta persona, dejaron un montón de marcas evidentes.
Tanya pensó y dijo.
–Esto es malo.
Sin pensarlo dos veces, se dio media vuelta y corrió para escapar de este lugar.
Hipólita se quedó en su lugar, sin terminar de entender bien lo que significaba eso de rastros.
Con un empujón, se levantó del suelo, mirando a su alrededor y notando que estaba sola.
Sintiéndose deprimida, planeó escapar de este lugar.
Tomando su bolsa, miró alrededor por donde salir.
A la derecha estaba el árbol de frutos asquerosos por lo que ese lugar era bueno para escalar.
Sonriendo, corrió por este lugar, trepando como un geco y subiendo hasta arriba.
Sin embargo, cuando lo hizo, quedó estupefacta por lo que miró del otro lado de la pared.
–¡Ah!¡Dame ese pastel!
–¡No, yo quiero comerlo!
–¡Ah, lo tiene Rosa, ¡Quítaselo a esa pelirroja!
Una batalla campall se estaba desarrollando ante ella, todas las chicas menores estaban peleando con todas sus fuerzas por dos pasteles.
Incluso Tanya se había unido a la batalla una vez más.
Hipólita parpadeó, recordando que en todo su tiempo en este lugar, posiblemente había estado siendo observada por estas personas ladronas.
Ella abrió mucho sus ojos, asustada ante tal cosa.
Pero…
¿Cómo podŕia no notar si la siguen?
Si, seguro fue Tanya quien las atrajo a todas.
Llegando a una conclución aceptable, ella estiró su cuerpo, cuando miró a Artemisa y a Elena, dos amigas de su misma edad, peleando contra otra chica mayor.
Sin pensarlo, saltó y corrió a la refriega.
–¡Oye!¡Dame ese pastel!
Con pasos rápidos, saltó hacia esa chica y le tiró el cabello, Artemisa subió y le dio una bofetada a la chica, mientras que Elena le sujetaba las piernas.
–¡Ah!¡Mocosas!
-Gritó la chica, soltando un golpe que mandó a volar a Artemisa, sin embargo Hipólita le dio otro golpe y Elena le pateó la rodilla.
El trio calló, revolcándose en la tierra, cuando Artemisa llegó otra vez para pelear.
Los gritos, golpes y arañasos sonaban por todo el callejón, mientras que desde una docena de metros…
En el segundo piso de estancia del edificio de la líder amazona.
Despina frunció el ceño al ver esta escena.
Mirando a Shakty a su lado, preguntó.
–¿Realmente crees que esto puede hacer que ellas entrenen mejor?
Siento que solo se están golpeando sin ningún propósito.
Shakty sonrió, masticando una fruta de carne y saboreando ese sabor a fango raro, parpadeando, dijo con un tono insierto.
–No te preocupes..creo que ayudará.
Eris, sentada sobre una silla, jugueteó con una daga mientras sonreía.
–Ahora que lo pienso, el rumor nisiquiera parece tann realista.
–ella levantó uno a uno sus dedos y contó.
– En primer lugar, el líder prepara un pastel cada domingo que es super sabroso, uno que te hace fuerte, uno que te hace mas alto, uno que agranda tu pecho, uno que te hace poder montar un caballo, uno que puede convocar al dios de la montaña y pedir un deseo.
Eris chasqueó la lengua y dijo.
–Solo un montón de niños creerían algo como esto.
Shakty se encojió de hombros.
–Bueno, tampoco es que me haya esforzado tanto.
–Te olvidas de algo más.
–Dijo Hanet, sentada a un lado, comiendo una rebanada de pastel de frutos.
–Nuestra señora Madre Despina no sabe cocinar.
Nadie creería que puede hacer un pastel super sabroso.
Ante esas palabras, Despina solo sonrió un poco, tambien saboreando el pastel hecho por Jhanet y asintió sin vergüenza.
–Bueno, tienes razón, no puedo cocinar nada tan maravilloso.
Shakty y Eris se miraron, y asintieron.
–De hecho, esto sería muy raro.
–Si, ¿Porqué no lo pensé antes?
En ese instante, Tatiana que estaba amamantando a un bebé, miró a su alrededor y dijo.
–Por cierto, ¿Donde está Lena?
El grupo de 5 mujeres miró a su alrededor, solo para escuchar una serie de gritos lamentables.
Todas voltearon, cuando encontraron a su general más fuerte cargar contra un montón de niñas pequeñas y envistiendo para alcanzar uno de los pasteles.
El grupo se quedó sin palabras.
–¿Qué hace ahí?
-Preguntó Eris estupefacta.
Despina y Tatiana negaron con la cabeza sin saber.
Jhanet pensó un poco y dijo.
–Cierto, Shakty, ¿No dijiste que tambien difundiste un rumor para mejorarse en la herrería?
Shakty se quedó sin palabras.
–Oye, eso es para atraer a Lanny, no a su madre.
Despina suspiró, dejando su pastel a un lado y levantándose.
–Bueno, parece que Lena está más interesada en algo como esto de lo esperado.
Voy a traerla…
Tatiana se golpeó la frente.
–Bueno, solo esperemos que nadie salga herido.
Las chicas asintieron, sin embargo, un aura fuerte depronto las hizo estremecerse, como ser observadas por una bestia hambrienta.
Todas se pusieron alerta, pero solo se encontraron con Despina quien había tomado una espada de una estantería en la pared.
Despina crujió un par de veces su huesos, cuando dijo.
–Bueno, hacerca de que nadie salga herido, no prometo nada.
–Entonces, ella saltó con ligeresa hacia el barandal de piedra del segundo piso, saltando hacia la zona de pelea con una velocidad como un rayo.
La comisura de la boca de Shakty se contrajo un par de veces.
–Lena está muerta.
Nadie refutó.
Eris se encojió de hombros y dijo.
–Bueno, ¿Quien la hace meterse en una pelea de niños?
Se lo merece.
Nadie refutó de nuevo.
Entonces, todas las chicas escucharon un golpe atronador.
Cuando volvieron a ver, Lena había sido golpeada al suelo, mientras que Despina le pisaba la cabeza, levantando la espada con una expreción gélida.
Shakty se cubrió los ojos!
–No quiero ver.
Jhanet se burló.
–Entonces cierra bien tus dedos.
Shakty dejó de jugar y en su lugar abrió bien grande los ojos.
–¿Qué castigo le tocará?
Eris pensó un poco y dijo.
–Como es lena, supongo que no tocar la herrería durante un año?
Tatiana suspiró.
–Que cruel.
Shakty negó con la cabeza.
–No, será algo como no beber cerveza durante un año.
Eris la miró con susto.
–Oye, ¿No es demaciado cruel?
Tatiana pensó un poco y dijo.
–Bueno, últimamente Lena a estado bebiendo mucho, será bueno que comience a bebér más agua.
Jhanet asintió.
–Ademas, si ella bebe menos, nosotras bebemos más.
Depronto la lástima de Eris se convirtió en fría indiferencia.
Mirando a Lena siendo castigada a lo lejos, dijo.
–Bueno, ¿Que tal si mejor alargamos su castigo diez años?
Una persona que ataca a los menores con fuerza bruta, no castigarla de porvida es misericordia.
Todas asintieron.
–Si, no hay misericordia.
–Si misericordia para los abusadores de fuerza bruta.
–Sin misericordia para los malvados.
–Sin misericoria para..
eh..
para los ladrones de pasteles.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Antonio_Martines Votos y comentarios, plox.
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