Sistema cultista en marvel - Capítulo 394
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Capítulo 394: Capitulo 395: Regresa a la tierra
El gran grupo de guerreros regresó a Asgard. En este lugar, prácticamente la mayor parte de los guerreros supervivientes viajaron directo a los hospitales. Aunque la mayoría había sido tratada con magia y pociones, al final la magia no podía hacerlo todo y terminaron teniendo que recibir cuidados médicos especializados.
Desde una desintoxicación del veneno mortal hasta curar varias heridas resultantes de la batalla.
Entre el leviathan y este behemot, el behemot fue más mortal, con el 90% de personas teniendo que recibir ayuda médica.
En el lugar, solamente los cuatro guerreros principales estaban totalmente intactos, así como Celeste, Astoria y otro par.
Personas como Zif u otros guerreros todavía fueron afectados por el veneno.
Claro, Astoria también fue afectada, pero Victor la desintoxicó con magia, entonces fue una persona afortunada.
En cuanto a Ikaros o las bestias invocadas, Victor desintoxicó a estos animales e Ikaros no había sido afectada en absoluto.
Solo se podía decir que, al ser una Flugeloid, la hacía increíblemente poderosa y capaz de resistir venenos como si fuesen un simple viento sucio.
Después de volver a Asgard, todos volvieron a descansar.
En esta ocasión, debido a las secuelas, se propuso que el descanso se alargaría algunos meses.
El veneno mortal era inesperadamente resistente y, una vez asentado en el cuerpo durante un largo tiempo, se volvía difícil de extraer, por lo que se tenían que hacer sangrías constantes. Era algo normal en humanos, pero en gigantes de fuego, hielo o elfos de luz… era más complicado.
También se tenía más claro que, entre las dos criaturas, un leviathan y un behemot, aunque fueron muy complicados de asesinar, el verdadero problema fue sin duda el dragón negro.
El cual… tampoco era tan necesario de matar.
Había caído en Niflheim, un mundo de nieblas, la puerta de Helheim, el inframundo.
Este lugar estaba desierto, por lo que técnicamente no causaba daño a nadie, a diferencia de los monstruos que sí eran un problema en Vanaheim y Jotunheim.
Por esto se decidió que esta pelea se pospondría.
Nadie se quejó.
Dos batallas de esta clase de forma consecutiva habían hecho que todos estuvieran realmente cansados, física y mentalmente.
De esta forma, Victor tomó a Astoria de la parte trasera de su armadura, luego se la colgó al hombro y regresó a la Tierra.
Astoria se retorció con fuerza en su lugar.
—¡Padre! ¡Suéltame! ¡Te estoy diciendo que realmente quiero quedarme un poco más!
Ella movió sus manos y pataleó; sus talones golpeaban las piernas de Victor mientras se retorcía.
Victor siguió caminando hacia adelante, ignorando los golpes de Astoria. Simplemente apretó un poco más su sujeción sobre el cuello de Astoria, que comenzaba a intentar quitarse su peto para zafarse.
Victor negó con la cabeza.
—¿Estás bromeando conmigo? Tu madre podría intentar matarme si sigues por aquí jugando al guerrero divino.
Astoria parecía un gato tomado de la parte posterior del cuello, frunciendo el ceño y agitándose con fuerza.
Era triste para ella, pero incluso aunque sus puños causaban una pequeña onda sónica al golpearlo, Victor no sintió ningún daño.
Astoria apretó los dientes.
—Mi madre siempre es así, estricta y dura, pero ¿no se terminó embarazando de ti? Yo ni siquiera quiero intentar tener pareja, ¡solo quiero pelear un poco más! ¡Explorar! ¡Hay tantos reinos ahí afuera! ¡Quiero ver!
Victor pasó por la entrada del Bifrost. Escuchando estas palabras de Astoria, la miró con desagrado.
—Oye, eso es totalmente diferente. Aparte, si quieres hacer algo como explorar otros mundos, pídele permiso a tu madre. No me metas en esto.
Victor finalmente llegó junto a Heimdal y miró al guardia siempre estoico con armadura dorada.
—Voy a Midgar. ¿Puedes hacerme el favor de activar el puente?
Heimdal lo miró con sus ojos dorados, luego miró a Astoria. Se mantuvo callado por un instante, pero finalmente asintió.
—El señor Odín dijo que el señor Victor tiene permitido viajar de ida y vuelta cuando quiera.
Victor asintió con gratitud.
Caminó hacia adelante, cuando se detuvo y retrocedió de nuevo.
Apuntando a la chica detrás de su espalda, dijo:
—Por favor, si esta chica pide ser llevada de regreso, ignórala.
Astoria, que se había calmado, de pronto se sobresaltó.
—¡Carajo! ¡No es justo! ¿¡Por qué me tengo que quedar en Midgar!?
Victor suspiró.
¿Por qué tenía que ser tan problemático ser padre?
Heimdal asintió.
—Entendido.
Victor caminó hacia adelante, donde estaba el puente.
Astoria ahora parecía totalmente un cachorro lamentable, colgando de Victor como un trapo empujado por el viento.
Victor saltó sobre el puente arcoíris, seguido por la siempre silenciosa Ikaros. Sin embargo, justo en ese momento, una figura llegó desde lejos, corriendo a gran velocidad.
Al voltear a ver, Victor se dio cuenta de que era Zif.
Parpadeando, miró a su hija y entonces la sacó de su hombro. Estirando la mano, la dejó caer a su lado.
Astoria aterrizó en el suelo, casi perdiendo el equilibrio, teniendo que dar un paso atrás para detenerse.
Victor apuntó a la chica alta que llegaba a lo lejos.
—Vienen a despedirse de ti. Saluda a tus amigos.
Astoria lo fulminó con la mirada, cuando entonces salió corriendo hacia Zif. A lo lejos pudo verse la figura de otros tipos que se acercaban, como Thor, Volstag y Hogun.
Ambas chicas se encontraron en el inicio del puente, saludándose.
Victor de pronto se sintió realmente viejo.
¿Cómo era eso? Era ese sentimiento de ver a tu hijo despedirse de sus amigos en la intersección de la calle donde se separaba de sus amigos de la escuela.
Victor miró al cielo, suspirando.
¿Desde cuándo se había vuelto tan viejo?
Con la duda en su expresión, notó que Thor se acercó a él.
Thor lo saludó con una gran sonrisa y una mano alzada.
—Señor Muller, espero tenga un buen viaje hacia Midgar.
Victor asintió.
—Gracias por tus buenos deseos.
Victor miró a Thor con cuidado, entrecerrando su ojo.
—Tú también, recupérate.
Thor levantó una ceja, de pronto asintiendo.
Se golpeó el pecho fuerte y dijo:
—Está bien. Realmente es solo un pequeño problema.
Victor asintió, cuando lo felicitó.
—Bueno, cuando vuelva, parece que habrá un nuevo gran guerrero en Asgard.
Thor asintió. En lo profundo de sus pupilas pareció enrollarse un rayo potente que pronto se contuvo por la fuerza.
En aquel momento, cuando explotó esa pila energética en el cuerpo del leviathan, pareció que el monstruo no era el único que había sido dañado.
Claro, el monstruo serpiente tuvo el interior dañado y chamuscado, mientras que Thor pareció ser conectado por la fuerza a una energía interna que no sabía que tenía.
Esta conexión pareció dañarlo, hiriéndolo, pero lo hizo darse cuenta de que tenía un rayo potente viviendo dentro de él y no lo sabía.
Carlos pensó que este tipo musculoso solo se daría cuenta de tal cosa unos setenta años después, preocupado de pronto por el futuro. ¿Había cambiado algo que resultaría problemático?
Bueno, tal vez las cosas no serían tan malas, al menos no perdería un ojo, ¿no?
Era solo que, con este crecimiento, Thor entonces parecía poder volverse cada vez más fuerte.
En este momento sentía que podría acabar con él después de una batalla dura, pero acabar con un sujeto que recibió de lleno la energía ardiente de una estrella… ¿parecía algo duro?
Thor terminó su saludo y entonces sacó algo de su espalda que estaba oculto debajo de su capa.
—Victor Muller, mi padre, el rey dios Odín, agradece sus participaciones en estas grandes misiones. Haber arriesgado sus vidas no será dejado de lado y cada uno recibirá una recompensa.
Thor estiró la mano, donde se mostró un trozo de material blanco con un grosor de un termo.
Victor lo tomó con curiosidad, de pronto sintiendo que esta cosa pesaba demasiado.
—Es el núcleo más duro de la columna de esa serpiente marina… ¿cómo le llamó usted? Leviathan.
Victor pesó tal cosa, sintiendo que solo el material podría pesar algunas toneladas.
Asintió y dijo:
—En la Tierra hay algunos mitos. El leviathan es un monstruo marino que representa destrucción y muerte. Claro, para un mortal esta bestia realmente parecería un Leviathan real.
Thor asintió, comprendiendo.
—Entonces, ¿behemot es lo mismo?
Victor asintió.
—Son mitos de la Tierra, aunque claro, con el que combatimos parecería ser más duro que uno del mito.
Thor sonrió y asintió, aún sintiéndose algo desagradable cuando pensó en esa bestia.
Negando con la cabeza, volvió a ver el hueso en la mano de Victor y dijo:
—Este fue tratado especialmente por el rey dios Odín. Mi padre dijo que le encontrarías un buen uso.
Victor asintió, sintiendo que esas palabras parecían ser algo ambiguas.
Se preguntó: ¿acaso el rey que lo sabe todo podría haber visto algo del futuro?
Encogiéndose de hombros, se guardó la cosa en su almacén espacial.
—Gracias.
Ambos se separaron justo a tiempo para que pareciera que Astoria se despidió de Zif y los otros dos.
Thor se despidió de Astoria.
—Astoria, espero verte de nuevo en Asgard. Eres un guerrero valiente. Descansen bien para la última gran misión.
Thor se retiró, cuando Zif dio un paso adelante y saludó a Victor.
—Señor Victor Muller, gracias una vez más. Gracias por la espada. Todavía siento que no he descubierto todo el potencial que tiene esta. Espero que cuando vuelva yo ya sea digna de empuñarla. Estaré lista para luchar contra ese dragón negro.
Victor asintió.
—Entonces te deseo buena suerte.
Victor pensó un poco y sacó de su almacén una pequeña joya con el logo de un dragón rojo pequeño.
Zif lo tomó, con duda en sus ojos.
Victor le sonrió.
—En Midgar hay una diosa dragón que puede dar buena suerte. Quédatelo, tal vez te ayude en un momento crítico.
Zif asintió con una expresión seria.
Se puso el amuleto en el pecho y volvió a agradecer.
—Lo aprecio mucho.
Ella no notó la mirada algo extraña de Astoria, quien decía: “¿Ese no era el amuleto de la religión que creía en su tía Driasyl?”. Ella no dijo nada, aunque de pronto lo pensó.
Era raro que su padre pudiera sacar una espada hecha con diente de dragón tan única… aunque había dragones poderosos y ella conocía algunos, no conocía ninguno que fuese tan fuerte… ella miró la espada blanca como la nieve en la cintura de Zif, dudando aún más.
Zif en ese momento preguntó por el nombre de esta diosa y Victor evidentemente le dijo el nombre.
—Es Driasyl, dragón madre, dios de la vida, la suerte, fuego y todos los dragones.
Zif asintió con firmeza.
Apretó su espada y dijo:
—Entonces le rezaré por ayuda.
Ella dijo esto, sabiendo evidentemente que para un dios que otro dios le rece era realmente un gran honor.
Victor asintió, cuando finalmente se retiró al puente de nuevo.
Zif, Thor y otros dos caminaron fuera del puente, cuando Heimdal encajó su espada en la ranura en el suelo, controlando el puente arcoíris.
Astoria y Victor fueron envueltos por un brillo arcoíris, sintiendo cómo viajaban por años luz en segundos y entonces, con un destello, habían aparecido una vez más en el punto donde Victor había salido por primera vez: el Himalaya.
En total habían pasado diez días afuera, los cuales se sintieron realmente largos.
Claro, Astoria pasó más tiempo afuera.
En ese momento Victor sonrió, mirando a Astoria.
Esta se puso rígida por un instante, parpadeando varias veces de la forma más linda posible.
—Por cierto, padre… no he visto a mi tía Driasyl, ni a Holo, tampoco a la hermana pequeña Asia. Ah, y Anastasia y Yui. ¿Puedo visitarlas por un tiempo?
Victor le sonrió, luego negó con la cabeza.
Abriendo un portal en el aire, tomó de nuevo a Astoria del cuello y dijo:
—Tú vas con tu madre.
Astoria se llenó de desesperación, arrastrando los pies contra el suelo nevado, intentando detenerse, pero incluso así Victor la arrastró con facilidad.
—Tú vas con tu madre.
El portal se abrió en la Isla Paraíso… ahora Continente Paraíso, justamente en el patio de Hipólita.
Esta notó el escándalo en su patio cuando salió con duda.
Madre e hija se encontraron, cuando Astoria dejó de patalear y sonrió.
—¡Madre! ¡Tiempo sin verte!
Victor la levantó y arrojó hacia el portal.
Fue como un juego de pelota cuando Hipólita atrapó a Astoria del rostro.
Esta se retorció, intentando apartar la mano que la sostenía como una pinza de hierro, pero Hipólita hacía mucha fuerza y Astoria no se atrevía a usarla toda, por lo que no pudo zafarse.
Victor saludó a Hipólita y dijo:
—Cuida de ella. Yo voy a descansar.
Victor saludó y se despidió, cerrando el portal rápidamente.
Al final, solo se escuchó el grito ahogado de Astoria, suplicando por su padre.
Victor se sacudió las manos, suspirando de alivio.
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