Sistema de apareamiento: Mis 5 maridos bestia quieren herederos - Capítulo 1
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- Capítulo 1 - 1 Virgen dolorida
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1: Virgen dolorida…
por ahora 1: Virgen dolorida…
por ahora El dolor que sentía por todo el cuerpo obligó a Mira a despertarse.
Árboles.
Lo primero que vieron sus ojos fueron árboles.
Un sinfín de ramas y toda clase de plantas.
Algo húmedo se deslizó sobre los dedos de sus pies.
Se incorporó con pereza para mirar.
Una serpiente.
Le estaba chupando el pie.
¡Iik!
—gritó Mira, lanzando una patada.
Menos mal que se había despertado.
Esa maldita cosa quería comérsela.
¡Sabía que estaba deliciosa, pero ella no era comida!
Parpadeó, invadida por la confusión.
No era su cama; de hecho, no se parecía en nada a la comodidad de su hogar.
Se palpó el abdomen con los dedos y luego los deslizó entre sus piernas.
Estaba desnuda, sí, pero no sentía aquellas manos masculinas sobre su piel.
Entonces cayó en la cuenta.
Iba a hacerlo por primera vez en su vida.
Pero su polla no llegó a entrar.
Para colmo, se tiró un pedo en la cara del chico que le gustaba.
Si aquello era un sueño, no se atrevía a despertar.
No mientras la cruel realidad de lo que había sucedido amenazara con resurgir en su vida.
Mira se incorporó a la fuerza, observándose la piel.
Su cuerpo se veía diferente.
No estaba pálida como de costumbre, sino bronceada.
Se llevó rápidamente las manos a la cara para palpar sus rasgos.
Parecían los mismos.
Miró a su alrededor con los ojos muy abiertos.
Debía de haberse golpeado la cabeza muy fuerte, porque el entorno le resultaba extraño.
Caminó hacia un estanque cercano que divisó y se asomó al agua.
Cayó de espaldas.
La persona del reflejo NO era ella.
Oyó voces a lo lejos.
Apartó la vista del estanque y recorrió el entorno con la mirada para averiguar de dónde procedían.
Al otro lado del estanque había unos hombres altos con orejas de animal.
¿Eh?
El sueño se estaba volviendo cada vez más raro.
Se arrastró hacia ellos, procurando mantenerse oculta.
«¡Pero qué buenos están!
Vale, supongo que puedo disfrutar de este sueño un poco más antes de volver a la realidad», pensó.
—¡Démonos prisa y vayámonos!
—dijo uno de los hombres, y sus peludas orejas de zorra se crisparon.
¿Por qué llevan estos hombres orejas de animal?
¿Es que no tienen vergüenza?
¿Y por qué solo visten unas pieles tejidas alrededor de la cintura?
—Mientras esté muerta, todos sus esposos le pertenecerán por derecho a Hye Yang.
¡Y entonces seremos de la realeza!
—intervino el otro hombre.
—Que esa malvada Mira se pudra bajo tierra.
No veo la hora de disfrutar del festín que la señora Hye Yang ha preparado como recompensa —dijo el tercer hombre, aguzando sus pequeñas orejas curvadas.
¿Muerta?
¿La malvada Mira?
¿Qué está pasando?
De repente, una voz resonó.
Frente a ella apareció una pantalla emergente.
[Anfitriona ha despertado.
¡Bienvenida, Mira!
¿Disfrutaste de tu aterrizaje no tan suave?]
¿Eh?
[Hicimos todo lo posible para garantizar que tuvieras una transición suave.]
—¿Nosotros?
¿Qué eres?
—preguntó Mira, confundida.
De repente, cambió de opinión.
Quería despertarse.
Este sueño era una locura.
¿Cómo se había quedado dormida?
No lo recordaba.
[Soy Sistema.
Tu guía en el mundo bestia.]
¿Mundo bestia?
Había perdido la cabeza oficialmente.
Mira se arrodilló y se golpeó la cabeza contra el suelo, en un intento de revertir lo que estaba pasando.
Un dolor agudo la recorrió de inmediato.
Dolía.
¿Por qué escocía tanto?
[No hagas eso, anfitriona, te va a quedar una cicatriz.]
Lo aprendió por las malas.
—Vale… Sistema, ¿qué hago para salir de aquí?
[No puedes irte, Mira.
Si no completas tus tareas, morirás.]
No.
Ella quería irse a casa.
—¿Qué tareas?
—preguntó.
[¡Salva al mundo bestia de la extinción y haz que tus cinco esposos hombres bestia se vuelvan a enamorar de ti!]
«¿Cinco?
¿Voy a tener cinco esposos?», se preguntó.
—¿Hay apareamiento de por medio, Sistema?
—se aclaró la garganta—.
Digo, ¿mis esposos están buenos, Sistema?
El Sistema soltó una risita.
[Para salvarlos de la extinción, necesitas aparearte con ellos y engendrar a sus cachorros.
¡En un instante, recuperarás la memoria, Mira!]
—¿Qué me pasó antes de transmigrar?
¿Dónde está el chico que me gusta?
[¿De verdad?
¿No te acuerdas?] La voz del Sistema sonaba presuntuosa.
—Si me acordara, no estaría preguntando —respondió Mira.
[Tu pedo olía tan mal que los dos decidieron ir a otra habitación y, cuando él volvió a intentarlo, moriste solo de pensar en el placer de tenerlo dentro, ¡anfitriona!]
La voz del Sistema sonaba mordaz y se reía a carcajadas.
Para ser un guía, desde luego se estaba divirtiendo demasiado.
[La anfitriona es una virgen de manual.
Imagina ser tan virgen que te mueres solo de pensar en el sexo.]
«¿No se puede callar?
Quiero que se calle», pensó Mira.
[Como redención, podrás aparearte con tus hombres bestia para ganar puntos del sistema y desbloquear habilidades de grado especial.
¡No te mueras esta vez, anfitriona!]
En mi vida anterior, no conseguí que me la metieran ni a la de tres, y ahora tengo la oportunidad de tirarme a cinco.
Que el cielo me castigue si me niego.
—Sistema, ¿dónde encuentro a mis esposos?
—preguntó Mira.
Estaba rodeada de árboles.
[Repartidos por todo el bosque están los hogares de la manada designados para cada uno de tus hombres bestia.]
—Ya lo sé, entonces, ¿dónde los encuentro?
—A Mira la golpeó como una ola cuando los recuerdos de la anterior dueña de este cuerpo inundaron su mente.
La anterior propietaria de este cuerpo era malvada.
Odiaba a sus esposos y los trataba como basura a la menor oportunidad, y todo por alguien que nunca la quiso.
«Qué idiota», pensó Mira.
«Si tuviera a unos hombres tan guapos rendidos a mis pies, yo jamás…»
Un siseo resonó a su espalda.
Mira se giró.
Justo delante de ella estaba la cría de serpiente a la que había pateado y otra más grande.
[Traducción del lenguaje animal activada.] Sonó un pitido delante de ella.
—Mamá, solo le estaba besando el dedo del pie y esa mujer malvada me ha apartado de un empujón —se quejó la cría de serpiente.
¿Pu-pueden… pueden hablar?
Un momento, ¡¿los animales de aquí piensan?!
La madre serpiente no parecía contenta.
Se abalanzó sobre Mira.
Mira puso pies en polvorosa, corriendo para salvar la vida.
—¡¡Sistema, ayuddddaaaa!!
—gritó Mira.
El Sistema se rio.
[¡Deberías estar contenta, anfitriona!
Algo largo y grueso de verdad quiere estar contigo.]
O comérsela.
—Eso no es de gran ayuda —espetó Mira, sin aliento.
Mira se acordó del bosque.
Todos los seres vivos odiaban a la mujer que había poseído este cuerpo y, ahora, la odiaban a ella.
[¡Salta por el túnel para escapar de la ira de la serpiente, anfitriona!]
No hacía falta que se lo dijeran dos veces.
Mira se giró y se zambulló dentro.
[Pero ten cuidado, el túnel no garantiza un aterrizaje suave.]
—¡Quizá deberías haber empezado por ahí, Sistema!