Sistema de Dominación Mundial - Capítulo 1
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1: Daneel 1: Daneel Aunque le habían asegurado que el propósito de la máquina era solo leer sus ondas cerebrales, la vida de Daneel pasó ante sus ojos en un instante mientras sentía que lo sujetaban con fuerza a la silla.
Abandonado en la escalinata de un orfanato con tan solo un mes de edad, Daneel llevó la marca de «huérfano» grabada a fuego desde muy joven.
Por suerte, el orfanato estaba dirigido por una anciana amable que cuidaba muy bien de los niños.
Aunque vivían con frugalidad, Daneel recordaba su infancia como en su mayor parte agradable.
Obteniendo siempre resultados extraordinarios en los estudios, Daneel ganó una beca tras otra y entró en la universidad, con la ilusión de graduarse y ganar dinero para enviarlo al orfanato.
Consideraba a todos los niños del orfanato como sus hermanos y hermanas pequeños y deseaba que tuvieran una vida feliz.
La desgracia llegó en la forma del hijo de un político.
Un día, chocó accidentalmente con un chico que estaba cortejando con insistencia a una chica.
El chico llevaba en las manos una botella de agua abierta, que se derramó sobre sus pantalones.
Acostumbrado a una vida frugal, Daneel era un chico frágil.
El choque lo mandó por los suelos, lo que provocó que todo el mundo los mirara para ver a qué se debía el alboroto.
Al ver el agua en los pantalones del chico, algunas personas acabaron riéndose.
La chica también sonrió con desdén antes de dejar al chico, quien miró a Daneel con una expresión asesina en el rostro.
Desde entonces, cada día fue un infierno para Daneel.
Un accidente tan tonto no habría significado nada si se hubiera tratado de alguien normal, pero el chico en cuestión era el hijo de un político muy rico e influyente.
Embriagado de dinero y poder, el chico quería hacer que Daneel deseara no haber nacido nunca, e hizo todo lo que pudo para que así se sintiera.
Gente anónima le daba palizas.
Le cancelaron la beca sin dar ninguna razón.
Lo desalojaron de la residencia de estudiantes y la tienda donde había estado trabajando a tiempo parcial lo despidió.
Sin hogar y hambriento, Daneel tuvo que buscar comida entre la basura en las calles por primera vez en su vida.
Principalmente porque no quería decepcionar a la amable anciana ni ser una carga para el orfanato, Daneel tuvo que vivir en las condiciones más repugnantes imaginables durante varias semanas.
Un día, vio un anuncio que buscaba voluntarios aptos para unos experimentos científicos «inofensivos».
La paga era buena y la empresa parecía legítima.
Ansiando su primera comida decente en semanas, Daneel entró tambaleándose en la clínica anunciada, delgado, con la piel pegada a los huesos, visibles por la desnutrición.
El personal fue muy atento; primero le dieron una comida completa y le permitieron bañarse y afeitarse.
Lleno de alegría por la hospitalidad, Daneel decidió hacer todo lo que estuviera en su mano para devolvérselo.
Más tarde, le explicaron en qué consistía el experimento.
La clínica estaba registrando ondas cerebrales para crear una base de datos para un nuevo sistema biométrico.
Para ello, necesitaban voluntarios.
A los voluntarios simplemente los atarían a una silla y los dormirían con fármacos mientras una máquina colocada en la cabeza recopilaba los datos.
Parecía demasiado bueno para ser verdad.
Era casi como si a uno le pagaran por dormir.
Un presentimiento ominoso invadió a Daneel mientras lo ataban a la silla con electrodos conectados a la cabeza.
Le inyectaron algo en el brazo que lo dejó muy somnoliento.
En el último instante antes de quedarse dormido, sintió una sacudida de electricidad recorrer su cuerpo desde los electrodos de la cabeza.
Lo último que recordó antes de perder el conocimiento fue dolor.
Dolor por todo el cuerpo, como si le hubieran prendido fuego y lo estuvieran quemando vivo.
Una voz robótica lo despertó:
[*Ding*
Sistema de Dominación Mundial iniciándose.
Mundo Actual: Desconocido
Estado del Anfitrión: Al borde de la muerte
Objetivo Actual: Sobrevivir
Objetivo General: ¡Dominar y Conquistar el mundo!]
Mientras recuperaba lentamente la consciencia, Daneel sintió dolores punzantes por todo el cuerpo.
Cuando la voz robótica se detuvo, sintió un torrente de recuerdos inundándolo.
No sabía qué había pasado después de que lo ataran a la silla, pero sospechaba que lo más probable era que hubiera muerto en algún accidente.
Como en las muchas novelas que había leído en línea, se había reencarnado en otro mundo.
Este era un mundo de magia y seres míticos.
Se sabía que existían elfos, goblins, troles, enanos, dragones y muchas otras razas, aunque en lugares muy lejanos.
La magia podía ser aprendida por aquellos que tuvieran la aptitud.
Ya fuera por suerte o por el destino, la persona en la que se había reencarnado también se llamaba Daneel.
También había muerto de forma similar, pero mucho más directa, y además a la tierna edad de 12 años.
Se había tropezado con un príncipe de cuna de oro y le había derramado agua encima.
Por orden del príncipe, que lo miró como si fuera una hormiga, sus guardias lo mataron a golpes.
El príncipe ni siquiera parpadeó ante los gritos de piedad del anterior Daneel, como a quien no le importa aplastar una hormiga.
El hecho de que fuera solo un niño de 12 años solo hizo que se necesitaran menos patadas para que acabara en el suelo, perdiendo la vida.
Eso explicaba el dolor, cuya intensidad crecía por segundos.
Daneel analizó el resto de los recuerdos.
Con un sobresalto, se dio cuenta de que en realidad tenía padres en este mundo.
Su padre era un soldado caído en desgracia al que habían despedido por abandonar el ejército.
Esa era la historia oficial.
La verdad era que había ofendido a un comandante necio pero influyente que solo ocupaba el cargo gracias al poder de su familia.
Aunque desobedecer las órdenes había resultado en que salvara a 20 personas de la muerte, el ego del comandante resultó herido y su padre fue declarado traidor por haber huido de su puesto.
Su madre mantenía ahora a la familia haciendo trabajos esporádicos por la ciudad.
Lavando ropa, limpiando baños y barriendo suelos, reunía a duras penas el dinero suficiente para que su pequeña familia sobreviviera.
No tenía hermanos.
Al comprobar su estado actual, se dio cuenta de que no había forma de que su familia pudiera hacer frente a los gastos médicos.
Daneel siempre había sido un hijo devoto.
Desde que tenía memoria, sus días los pasaba principalmente ayudando a su madre con las tareas.
Rara vez pasaba algún tiempo explorando la ciudad.
Fue en una de esas exploraciones cuando ocurrió este incidente.
Si moría ahora, su cuerpo simplemente sería desechado por la noche por los guardias que patrullaban la ciudad.
Así era el Reino de Lanthanor.
La mayoría de las cosas que sabía sobre el mundo se las habían contado sus padres como cuentos para dormir.
Hace 12.000 años, el entonces aventurero Lanthanore (pronunciado Lanthanorei) dirigió una expedición para matar a un dragón que aterrorizaba esta tierra.
Tras llevar a cabo tan noble hazaña, estableció el Reino de Lanthanor.
Con una gestión constante y un comercio hábil, una pequeña ciudad de 5000 habitantes se había convertido en una enorme capital de 500.000.
El propio reino había crecido hasta albergar a millones de personas, con murallas construidas en las fronteras para disuadir las invasiones.
La capital era conocida por el mismo nombre.
Vistas desde arriba, las murallas del reino abarcaban un área circular de 120 km de radio, con la capital situada casi en el centro exacto.
Lanthanor era un reino predominantemente humano y su principal ocupación era la agricultura.
[Datos Preliminares recopilados.
Ubicación Actual: Lanthanor, ciudad exterior.
Nivel del Anfitrión: Luchador Humano-0, Mago Humano-0
Potencial del Anfitrión: F-
Condición del Anfitrión: Crítica
Nueva Misión: Beber agua de la fuente situada exactamente a 617 metros al norte.
Recompensa de la Misión: Recuperación del Cuerpo
Progresión de Nivel: 0%
¿Elige aceptar la misión?
El fracaso tendrá consecuencias críticas.
El Anfitrión ha sido advertido.]
La voz robótica sonó de nuevo en la cabeza de Daneel.
El dolor se estaba volviendo casi abrumador y sabía que moriría si seguía tumbado allí.
Al oír que podía recuperarse, Daneel decidió que ya se preguntaría más tarde qué demonios era aquello que tenía en la cabeza.
—Sí —jadeó en voz alta, aceptando su primera misión.
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