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Sistema de Dominación Mundial - Capítulo 216

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Capítulo 216: Secuelas

Al ver al Rey retirarse a sus aposentos tras decapitar al Vice Maestro de Secta, a Luther y a Kellor, que lo seguían, les quedó claro que no estaba en condiciones de ocuparse de nada en ese momento.

Así, junto con la ayuda de Faxul, los tres se dispusieron a abordar los asuntos más urgentes del momento.

En primer lugar, había que ocuparse de la tarea de contar a todos los que habían fallecido en el asalto al Palacio.

Faxul se ofreció voluntario para ello. Bajo su supervisión, se despacharon soldados con baratijas que contenían la información de todos los sirvientes y soldados del Palacio de Lanthanor con el fin de recoger todos los cuerpos.

Cuando llegó el recuento final, Faxul suspiró, pues él también sentía que este desastre podría haberse evitado si el Rey hubiera gestionado la situación de otra manera.

Aun así, la confianza que tenía en Daneel era inquebrantable. Sabiendo que su amigo se recuperaría sin duda de esto convertido en un Rey mucho más maduro y competente, decidió esforzarse más para alcanzar sus objetivos.

El recuento final arrojó un total de 189 vidas perdidas en el ataque al Palacio, de las cuales 50 correspondían a los soldados que habían sido clavados en las murallas.

Mientras los ministros iniciaban el proceso de gestionar la remuneración y la pensión para todas las familias de los fallecidos, Kellor y Luther se encargaron de deshacerse de los cuerpos de los Miembros de la Secta.

Su objetivo era encontrar alguna pista sobre la ubicación del resto de la Secta de la Hoja Marchita. Después de todo, el Maestro de Secta no había participado en la lucha, junto con todos los miembros más débiles de la Secta que habían sido vistos huyendo del Valle de la Niebla.

Como la mayor parte de la fuerza de la Secta ya había sido diezmada en este suceso, no cabía duda de que los miembros restantes no eran más que una sombra de la fuerza que una vez estuvo a la par con los Reinos de Angaria Central.

Así, ese día, el Reino de Lanthanor había hecho algo que ninguna otra potencia de Angaria Central había logrado en los últimos siglos: habían conseguido destruir eficazmente a una fuerza de poder equivalente sin sufrir muchas bajas.

Esto fue lo que observaron todos aquellos que vigilaban de cerca todo lo que estaba ocurriendo.

Habían visto a las fuerzas de la Secta abrirse paso a masacres hacia el interior del Palacio, pero ni una sola alma había salido en muchas horas.

Tras casi un día entero, unos sacos ensangrentados que parecían contener carne de carnicería fueron quemados en un claro a las afueras del Palacio.

Esto fue suficiente para que los demás conocieran la impactante verdad: Lanthanor había matado a cientos de Magos Humanos e incluso a un Mago Guerrero a cambio de sufrir únicamente la pérdida de gente común.

De hecho, visto a través de sus ojos, era un intercambio tan bueno que desearon tener la capacidad de llevar a cabo uno similar.

Por desgracia, tal era la crueldad del continente, que anteponía el poder a todo lo demás. El valor de la gente común no era nada comparado con el de los Magos y los Luchadores.

Por supuesto, aunque había unos pocos que no pensaban igual, la mayoría de los que estaban en la cima vivían con esa actitud.

Toda esta cadena de acontecimientos sirvió para que se reevaluara el poder y el riesgo que el Reino de Lanthanor representaba en los dosieres de todas las potencias de su entorno.

Todas y cada una de las potencias se vieron impulsadas a la acción, enviando más espías y asignando más estrategas para considerar todas las posibilidades en caso de que tuvieran que enfrentarse a Lanthanor.

Así, parecía que se estaba formando una tormenta en toda Angaria Central, con Lanthanor en el ojo del huracán.

Sin embargo, el hombre que había causado todo esto acababa de levantarse de la silla en la que se había emborrachado y se había quedado dormido la noche anterior, después de que su padre sacara mágicamente cuatro botellas de vino que ambos se habían trasegado sin pausa.

Al ver a su padre todavía roncando en la silla frente a él, Daneel primero estiró el cuerpo para permitir que la sangre volviera a fluir a todas las partes que se le habían quedado dormidas.

Tras unos instantes de doloroso alivio, se dirigió al espejo de cuerpo entero de su dormitorio, se detuvo y se miró, ignorando el dolor de cabeza de la resaca.

Tenía el pelo hecho un desastre, mientras que sus zapatos y su túnica estaban acartonados por la sangre seca.

—Tonto, tonto, tonto —murmuró, todavía asombrado y asqueado de su propia necedad al hacer grandes planes para todo el continente cuando todavía era una hormiga que podía ser aplastada por cualquier miembro al azar de los 4 Grandes.

Sacudiendo la cabeza, hizo lo que su padre le había aconsejado: aunque el dolor por el coste de su error todavía le desgarraba el corazón con cada segundo que pasaba, inició el proceso de seguir adelante mientras se grababa a fuego en la mente las lecciones aprendidas.

Aunque su objetivo seguía siendo unificar Angaria Central, ya no se abstendría de ser despiadado cuando fuera necesario.

Y si se le volvía a pasar por la cabeza la idea de centrarse en el panorama general ignorando lo que tenía delante, la aplastaría con todas sus fuerzas.

Así, tras asearse, el Rey de Lanthanor salió del cuarto de baño hecho un hombre nuevo.

Tras convocar una reunión con todos sus consejeros a través de la piedra de juramento, Daneel volvió a la misma silla y se sentó, despertando de un sobresalto a su padre, que primero se agarró la cabeza, sintiendo la fuerte resaca producto de haber bebido sin desenfreno.

Tras unos instantes, alzó la vista para encontrarse con una mirada lúcida.

La indecisión y la confusión que había visto el día anterior habían desaparecido, reemplazadas por una lucidez que significaba que su hijo había logrado escapar del pozo de dolor que casi lo había succionado a sus profundidades infinitas.

Con una amplia sonrisa, intentó levantarse, pero desistió, sabiendo que de todos modos celebrarían la reunión allí mismo.

Unos momentos más tarde, llegaron Luther, Faxul y Kellor, y le lanzaron una mirada a Robert, que tenía el pelo revuelto y el rostro demacrado.

Mientras Robert se encogía de hombros como respuesta, Daneel dio comienzo a la reunión.

—Sé lo que debéis estar pensando. Creedme, yo pienso lo mismo. Cometí un error, y lo único que puedo decir es que no se repetirá mientras siga con vida. Ahora, ¿hay algo que deba ser puesto en mi conocimiento de inmediato?

La solemnidad con la que Daneel pronunció estas palabras reflejaba hasta qué punto eran sinceras.

Para estos tres, que se habían jugado la vida junto a él, fue suficiente para tranquilizarlos.

Después de todo, el Rey ya había demostrado en múltiples ocasiones que aprendía muy, muy rápido.

—Mi Rey, hay algo… extraño en los cuerpos del Vice Maestro de Secta y del Príncipe Primogénito. Creo que la mejor forma de explicarlo es que lo vea por sí mismo.

Fue Kellor quien habló, haciendo que Daneel enarcara una ceja mientras se preguntaba si estaría relacionado con el repentino aumento de poder de aquellos dos, que sin duda eran mucho más débiles la última vez que se había topado con ellos.

—De acuerdo. Vayamos ahora mismo.

Al dirigirse hacia la puerta, Daneel sorprendió a los demás, que habían pensado que el Rey se lo tomaría con calma, pues acababa de recuperarse de lo que parecía un conflicto interno muy profundo.

Después de todo, a sus ojos, la acción era lo mejor para distraerse de su propia mente, que todavía se recreaba en las expresiones retorcidas de todos los sirvientes y soldados que, a partir de ese día, ya no volverían con sus familias.

…

En una sala subterránea con mesas sobre las que reposaban numerosos objetos que habían sido extraídos de los cuerpos de los Miembros de la Secta de la Hoja Marchita.

Una mesa en el centro sostenía un cuerpo decapitado que parecía haber sido masticado y desechado por una bestia a la que no le gustó su sabor.

Al acercarse al cuerpo, el rostro de Daneel adoptó una expresión de asombro ante la visión del pectoral izquierdo del Vice Maestro de Secta de la Hoja Marchita.

Era como si le hubieran injertado una cabeza en la piel, con la mitad de ella bajo la dermis mientras que la otra mitad parecía intentar liberarse de los grilletes que la aprisionaban.

Esto solo podía discernirse porque, a diferencia del resto del cuerpo del Vice Maestro de Secta, que estaba acribillado a agujeros y heridas, ese rostro estaba inmaculado.

Era calvo, y sus rasgos se asemejaban a los de un hombre de mediana edad, con arrugas y líneas de expresión alrededor de la boca.

Incapaz de encontrarle sentido a la situación, Daneel posó la mano sobre el cuerpo y le ordenó al sistema que analizara aquel extraño apéndice.

[Análisis iniciado. Tiempo estimado para la finalización: 1 hora. Por favor, mantenga el contacto.]

Al oír la notificación, Daneel se giró hacia Kellor, que estaba a su lado, y dijo: —Anuncia que el mayor culpable de las miles de muertes en el Reino, el Príncipe Primogénito, será ajusticiado en una ejecución pública en el mismo lugar. Esta vez, no habrá contratiempos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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