Sistema de Dominación Mundial - Capítulo 236
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Capítulo 236: La pelea (3)
Después de rodar hacia un lado, una sensación de peligro a su espalda le hizo saltar y rodar de nuevo al darse cuenta de que el Rey ya se había abalanzado sobre él y había lanzado un ataque que casi le habría alcanzado de no ser por sus instintos, perfeccionados durante los meses de viaje.
Al ver las volteretas consecutivas en medio del campo, la gente del Reino del Cuervo Negro no pudo evitar reír con satisfacción, llenándose de la dulce sensación de ver a su enemigo ser vapuleado frente a ellos.
Después de que el Cuervo errara su objetivo, Elanev no había sido capaz de averiguar dónde estaba, lo que le provocó una sensación adicional de peligro, aún más aterradora al no saber de qué dirección provendría.
Mientras tanto, el Rey Cuervo Negro le lanzaba una lluvia de puñetazos y patadas con un estilo bárbaro que enfatizaba el ataque sobre la defensa.
Desde la infancia, Elanev había sido entrenado en técnicas de puñetazos y patadas que buscaban aprovechar la debilidad del enemigo al tiempo que protegían al usuario.
La técnica que el Rey estaba usando era la antítesis de lo que él había aprendido.
Al renunciar a la defensa, aunque había muchos huecos en la técnica del Rey de los que podría aprovecharse, la velocidad de la ofensiva era tan alta que, si quería asestar un puñetazo o una patada, tendría que permitirse ser golpeado varias veces.
La falta de experiencia ya estaba dejando su huella. El primer ataque había servido para desestabilizar a Elanev, poniéndolo en una posición de desventaja que el Rey había aprovechado para empujarlo más y más hacia la derrota.
Sabiendo que ese sería el único resultado si esto continuaba, Elanev usó uno de los ases en la manga que había adquirido desde que dejó el Reino.
Impulsando energía hacia sus pies, Elanev dio dos pasos que parecieron normales.
Sin embargo, se oyeron dos explosiones ahogadas en el estadio mientras Elanev volaba hacia atrás de forma controlada antes de dar una voltereta en el aire y aterrizar suavemente en el suelo.
Esto casi hizo que la gente sospechara que el aspirante era en realidad un mago, pero sus dudas se disiparon cuando vieron que habían aparecido dos huellas nítidas en el punto exacto donde el hombre había pisado para impulsarse por los aires.
Definitivamente, era algún tipo de técnica que usaba la fuerza para impulsarse y conseguir ese efecto.
Solo un hombre entre la multitud casi se puso de pie de la impresión al ver una técnica familiar siendo utilizada en un lugar tan lejos de casa.
Mientras tanto, Elanev había sacado dos extrañas baratijas que parecían diseñadas para ser llevadas puestas.
Aunque parecían hechas de un material metálico, cuando Elanev se las puso, se doblaron para rodear perfectamente sus puños, haciéndolos brillar bajo el sol.
Al ver las extrañas baratijas, el Rey solo sonrió antes de avanzar de nuevo hacia su oponente.
Ni siquiera llevaba armas, lo que demostraba su confianza en poder ganar la pelea incluso con las manos desnudas.
Sin embargo, en el momento en que lanzó otro puñetazo a su oponente, se dio cuenta de que probablemente había cometido un error al subestimarlo de esa manera.
La realidad era que, aunque su poder había sido restringido al de un Luchador Humano Eminente de quinto grado, su experiencia le permitía generar una potencia de puño al menos dos niveles por encima del suyo gracias al uso perfecto de la postura y el movimiento.
Cada puñetazo viajaba desde su pie hasta su mano, lo que resultaba en una potencia que hacía sentir como si se estuvieran enfrentando a un Luchador Humano Exaltado.
Esto era algo que solo podía aprenderse con años y años en el campo de batalla, ya que requería una concentración casi subconsciente que no podía entrenarse.
Aunque sabía que era muy poco probable que su aspirante también conociera dicha técnica, había decidido optar por la vía cautelosa usando al Cuervo para distraerlo antes de lanzar su ataque.
Esto le había permitido ver que, en efecto, el oponente no poseía ninguna técnica similar para amplificar su poder.
Por lo tanto, ahora simplemente se había acercado y había lanzado un puñetazo pensando que el oponente saldría despedido por los aires.
Sin embargo, su puño fue recibido por un objeto metálico que le hizo hacer una mueca de dolor.
Más que la dureza del metal, fue el extraño fenómeno que acompañaba a cada puñetazo lo que lo sorprendió.
Era como si una serpiente se hubiera deslizado en su brazo en el momento del contacto, una que sin duda estallaría con una simple orden de su oponente, rompiendo así sus vasos sanguíneos y causando una herida grave.
Pensando con rapidez y comprendiendo exactamente lo que era, el Rey Cuervo Negro usó una técnica para expulsar la fuerza externa.
Sacudiendo su mano vigorosamente en una dirección determinada, logró disminuir la fuerza que recorría su brazo, de modo que, aunque la explosión ocurriera, el daño sería mínimo.
El problema fue que, mientras estaba absorto en este proceso, el oponente ya le había lanzado otros tres puñetazos en tres puntos diferentes de su cuerpo.
Comprendiendo que ahora era su turno de retroceder, el Rey Cuervo Negro ordenó apresuradamente al Cuervo, que había estado esperando al acecho, que iniciara un ataque.
Esto le dio un momento de respiro, que usó para saltar hacia atrás y utilizar la misma técnica de antes para deshacerse de todas las «serpientes» que habían entrado en su cuerpo.
Mientras tanto, Elanev no tuvo más opción que renunciar a la posición ventajosa que había conseguido usando el factor sorpresa.
El maldito Cuervo había logrado descender en picado desde el cielo en su punto ciego, obligándolo a detener su ataque y a moverse para escapar de su afilado pico, que sin duda lo atravesaría si le daba la oportunidad.
Al otro lado, el Rey Cuervo Negro ya había conseguido expulsar a todas las «serpientes».
—Interesante. Suficiente calentamiento. Es hora de terminar con esta farsa.
Con esas palabras comenzó la pelea más desastrosa de toda la vida de Elanev.
Comenzó con el Cuervo volando de nuevo hacia el cielo, mientras el Rey cargaba otra vez y empezaba a atacar de la misma manera que antes.
Sin embargo, la diferencia era que cada puñetazo suyo iba acompañado de un ataque del Cuervo desde una dirección diferente.
A diferencia del Cuervo del Luchador contra el que había peleado antes, este podía girar ágilmente en el cielo cuando quisiera, lo que le permitía regresar y atacarlo una y otra vez, aunque seguía fallando debido a sus cuidadosas esquivas.
Aunque logró asestarle algunos puñetazos al Rey en el proceso porque no estaba tan nervioso como antes, era como si las explosiones no tuvieran ningún efecto en este hombre, que ni siquiera se inmutaba ante el dolor de tener los vasos sanguíneos y la piel desgarrados.
¡FUIIT!
¡PUM!
¡ZAS!
¡BOOM!
El sonido de sus puñetazos se sincronizaba con el sonido que hacía el Cuervo mientras seguía girando y atacándolo repetidamente, sin darle ni un momento de respiro.
Solo había pasado un minuto desde el momento en que había hecho retroceder al Rey, pero ya había recibido ocho puñetazos y tres patadas en el cuerpo, mientras que la sangre ya le había subido a la boca, indicando que estaba herido internamente.
Aun así, por fuera parecía estar bien, a diferencia del Rey, que había recibido cinco de los puñetazos de Muerte Oculta que hacían que la sangre corriera por su cuerpo debido a los trozos de piel arrancados en sus manos, donde la armadura de cuero tenía agujeros por las explosiones que venían de dentro.
La multitud ni siquiera podía seguir los movimientos de estos dos individuos, a quienes cualquiera podría haber confundido con Luchadores Humanos Exaltados en lugar de los Eminentes que eran.
Lo único que podían vislumbrar con claridad era al Cuervo, que no dejaba de reorientarse para seguir lanzando ataques.
Después de un minuto y medio, las dos figuras finalmente se separaron.
Ambos jadeaban, pero mientras que uno estaba tan ensangrentado que parecía haber nadado por el infierno, el otro tenía el mismo aspecto que al principio de la pelea.
Al darse cuenta de que en realidad era el Rey el que estaba ensangrentado, la conmoción apareció en los rostros de la gente del Reino del Cuervo Negro, que empezó a temerse lo peor.
Si se les hubiera dado un momento más, nadie podría decir en qué podría haber degenerado esa emoción.
Sin embargo, se perdió la oportunidad de encontrar la respuesta.
El aspirante avanzó una última vez como si le quedara un último puñetazo, pero el paso que dio le hizo temblar de repente, casi como si alguien lo hubiera electrocutado.
Esto lo hizo caer al suelo, dejando al Rey en pie. Claramente, no podía más.
Esta vez, el estadio entero tembló mientras todos se ponían de pie y saltaban de alegría, al ver el orgullo del Reino defendido de forma tan espectacular.
Mientras los locutores de la RAA no dejaban de elogiar al Rey que se había alzado con la victoria, Daneel entrecerró los ojos y miró hacia una esquina específica del estadio, antes de lanzar un hechizo para contactar con su querido hermano, a quien había extrañado durante tanto tiempo.
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