Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Capítulo 8 Espíritu fracturado
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11: Capítulo 8: Espíritu fracturado 11: Capítulo 8: Espíritu fracturado Me quedé sentado en el suelo un buen rato después de que mi tía se fue.
El sonido del cerrojo al cerrarse todavía resonaba en mis oídos.
En el sótano el tiempo no avanza, solo se estanca como el agua podrida en las tuberías.
El costado me ardía cada vez que intentaba respirar hondo.
La herida no sangraba ya, pero la piel se sentía tensa.
Me llevé una mano con cuidado hacia el costado y apreté los dientes.
No dolía menos, pero tampoco empeoraba.
Era un dolor sordo que se había instalado en mi cuerpo para quedarse.
Me incorporé despacio, apoyándome en la pared.
El mundo me dio un giro y la vista se me llenó de manchas negras.
Tuve que quedarme quieto, con la espalda pegada al cemento frío.
—Genial… —murmuré—.
Ni siquiera puedo pararme bien.
Miré mis brazos bajo la luz de la bombilla.
Eran delgados.
La piel pálida se me pegaba al hueso.
Podía contar mis costillas sin esfuerzo.
Eran los restos de un niño olvidado.
La espada descansaba a mi lado, apoyada contra una caja podrida.
Estaba callada y ese silencio me inquietaba.
Se sentía como si me estuviera juzgando.
—Oye… —dije al final—.
Esa luz que vi antes…
las manchas de letras.
¿Qué dicen de mí?
No respondió de inmediato.
Sentí esa presión en la base del cráneo.
—No necesitas leer las letras para saber la verdad —dijo por fin—.
Lo que el registro intenta procesar es tu estado actual.
Y estás mal.
Tragué saliva.
Tenía la garganta seca como el papel de lija.
—¿Qué tan mal?
—pregunté.
La espada no se burló.
Su respuesta fue un hecho frío.
—Más de lo que entiendes.
Puedo ver lo que tú ignoras.
Tienes una desnutrición prolongada y una falta crítica de masa muscular.
No estás herido como un guerrero.
Estás desgastado como alguien que ha sido abandonado durante años.
Apreté los dedos contra el suelo, enterrando las uñas en el polvo.
—Eso ya lo sé.
Lo vivo cada maldito día.
—No —corrigió la voz—.
Lo intuyes porque duele.
Pero no lo aceptas.
El registro muestra que tu Espíritu está en el nivel más bajo posible.
Esa palabra me pesó más que el hambre.
—¿Espíritu?
—pregunté en un susurro —Es tu capacidad de permanecer —respondió la voz—.
Mide cuánto falta para que el mundo te apague por completo.
Cerré los ojos.
Sentía un vacío enorme en el estómago.
—Entonces… estoy roto.
—No todavía —respondió la espada—.
Pero estás fracturado.
Como un cristal que ha recibido demasiados golpes y solo espera el último para hacerse pedazos.
Abrí los ojos de golpe, buscando el arma.
—¿Y cuál es la diferencia?
—Uno puede romperse sin hacer ruido —dijo—.
Y cuando eso sucede, el individuo ya no intenta levantarse.
Deja de luchar incluso si el peligro desaparece.
El silencio volvió a caer.
Pensé en Vivian y en su desprecio.
Sentí cansancio.
Un cansancio viejo que me asustó.
—Si mi Espíritu se agota… —dije—.
¿Qué pasa?
¿Me muero?
—Tu mente simplemente se apagará —dijo la espada—.
Incluso si tu cuerpo se mueve por reflejos, tú ya no estarás ahí.
Serías una cáscara vacía.
El sistema dejaría de detectar una voluntad que comandar.
Me apoyé con fuerza contra la pared y dejé caer la cabeza hacia atrás.
—Entonces… ¿estoy en peligro aunque no haya monstruos cerca?
—Siempre lo has estado.
Los monstruos solo aceleran un proceso que ya estaba ocurriendo.
Solté una risa seca.
Me dolió la garganta.
—Vaya contrato de mierda.
La espada no reaccionó.
Me quedé callado, escuchando el goteo de una tubería.
Me senté en el suelo otra vez.
Mis huesos pesaban toneladas.
—Si estoy tan mal… ¿Por qué no me dejaste caer contra el errante?
¿Por qué gastar energía en alguien como yo?
La espada vibró suavemente.
Envió una onda de calor a través del cemento hasta mis manos.
—Porque aún no has llegado al punto donde deseas desaparecer —dijo—.
Estás agotado y herido.
Pero no estás rendido.
Esa pequeña diferencia es lo único que me permite seguir vinculada a ti.
Eso me dolió porque era verdad.
Una parte de mí todavía quería ver el sol de mañana.
—No sé cuánto tiempo pueda seguir así —admití.
—No necesitas saberlo —respondió la voz—.
Solo necesitas no romperte hoy.
Mañana será otro problema.
Bajé la mirada hacia mis manos sucias.
—Qué objetivo tan pequeño… sobrevivir un día más.
—Los que conquistan imperios empiezan así —dijo la espada—.
Los que mueren en el intento, simplemente no empiezan.
Respiré hondo.
Una vez.
Otra vez.
El aire seguía frío y mi costado dolía.
No me sentía un héroe, pero seguía respirando en la oscuridad.
Entendí que cada minuto que pasaba sin apagarme era una victoria contra Vivian.
La espada guardó silencio.
Ya había dicho lo suficiente para que yo pudiera aguantar una noche más.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES ReyOscuro Si te está gustando la historia, te agradecería mucho que dejaras una reseña.
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