Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras - Capítulo 15
- Inicio
- Todas las novelas
- Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras
- Capítulo 15 - 15 Capítulo 12 Ningún lado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
15: Capítulo 12: Ningún lado 15: Capítulo 12: Ningún lado No sabía a dónde iba.
Eso fue lo primero que entendí cuando dejé atrás la casa y el ruido se apagó.
No había un plan.
Solo seguía caminando porque detenerme se sentía peor que avanzar.
Las calles eran pasillos demasiado grandes.
Casas cerradas.
Cortinas bajas.
Ventanas oscuras.
Todo parecía dormido, pero no tranquilo.
Era un silencio incómodo, de esos que avisan que algo va a pasar.
La pierna me dolía.
No era un dolor agudo, era uno lento e insistente.
Me recordaba que no debía estar ahí.
Cojeaba.
A veces apoyaba mal el pie y tenía que detenerme unos segundos para respirar hondo y apretar los dientes.
—No pares —dijo la espada.
Su voz no era urgente.
Era firme.
—Si me caigo… —murmuré.
—Entonces no te levantas —respondió—.
Y aquí no hay nadie que lo haga por ti.
Seguí.
Pasé frente a un parque pequeño.
Los columpios se movían apenas.
El chirrido del metal me erizó la piel.
Recordé haber ido a uno así cuando era más chico.
No recordaba con quién.
Crucé una avenida.
Los semáforos cambiaban solos.
Verde, amarillo y rojo sobre el asfalto vacío.
Me detuve en medio, desorientado, hasta que la luz volvió a cambiar.
—¿Cuánto falta?
—pregunté.
—Para qué —contestó la espada.
No supe qué decir.
Empecé a sentir frío.
No solo en la piel.
En el pecho.
En los dedos.
Me abracé a mí mismo sin dejar de caminar.
Mi respiración salía blanca por el frío.
Cada tanto miraba hacia atrás.
No sabía qué esperaba ver.
No había sombras moviéndose.
No había errantes.
Eso lo hacía peor.
Me metí por una calle más angosta.
Luego por otra.
Dejé atrás las casas iguales y entré en una zona vieja.
Fachadas descascaradas.
Negocios cerrados con cortinas metálicas llenas de grafiti.
Bolsas de basura amontonadas.
El olor cambió.
Menos jabón.
Más humedad.
Más abandono.
Mi estómago gruñó con fuerza.
Me doblé hacia adelante, apoyando una mano en la pared.
El mareo volvió.
—No es solo hambre —dijo la espada—.
Tu cuerpo está gastando más de lo que tiene.
—Dime qué hacer —susurré.
Hubo una pausa.
—Sobrevive esta noche —respondió—.
Mañana veremos si sigues siendo tú.
Seguí caminando hasta que mis pies empezaron a arrastrarse.
Ya no miraba las calles; miraba el suelo.
Contaba pasos.
Diez.
Veinte.
Treinta.
Me detuve cuando choqué con algo blando.
Era un cartón.
Había más alrededor.
Pedazos de manta.
Un carrito de supermercado volcado.
Comida vieja.
No sabía en qué momento había llegado ahí.
Me senté en el borde de la banqueta.
No tenía fuerzas.
Apoyé la espalda contra el muro frío y dejé caer la cabeza.
—No te duermas —advirtió la espada.
—Solo un poco… —Aquí no.
Apreté los ojos con rabia.
—¿Entonces a dónde voy?
No hubo respuesta.
Escuché un ruido a lo lejos.
Un motor.
Voces.
Risas.
Me incorporé de golpe.
No vi nada peligroso, pero el miedo me atravesó igual.
Me puse de pie tambaleándome.
Seguí andando.
No sé cuánto tiempo pasó.
Perdí la cuenta.
El cielo empezó a cambiar.
Ya no era negro.
Era ese azul sucio que anuncia que la noche se acaba.
Y entonces los vi.
Gente.
Sombras humanas, quietas, apoyadas contra los muros.
No caminaban.
No tenían prisa.
Estaban ahí.
Me detuve.
Mi primer impulso fue huir.
—No —dijo la espada—.
No son errantes Tragué saliva y avancé despacio.
El ruido de la ciudad había cambiado.
Ya no era el silencio de las casas bonitas.
Era el ruido de un lugar que nunca descansa.
Respiraciones.
Tos.
Murmullos.
Vida que se sostiene con esfuerzo.
Di un paso más.
Y entonces lo entendí.
Ya no estaba huyendo.
Estaba llegando a algún lugar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com