Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras - Capítulo 29
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29: Capítulo 25: Presión 29: Capítulo 25: Presión Apoyé las manos en el suelo y bajé el cuerpo despacio.
Subí.
Bajé otra vez.
No estaba contando cuántas hacía.
Nunca fui bueno para eso.
Cuando mis brazos empezaron a temblar, me detuve y respiré hondo esperando a que el ardor en el pecho se calmara.
Flexiones.
Abdominales.
Estiramientos torpes.
No era nada especial.
Solo ejercicios básicos que un profesor me enseñó hace años, cuando todavía iba a la escuela.
Antes de que todo se volviera más complicado.
No entrenaba para pelear, o cazarlos activamente, lo único que estaba por mi mente era no quedarme quieto.
El suelo del callejón estaba frío.
A esa hora casi todos seguían dormidos, y la luz apenas empezaba a colarse entre los edificios.
Me senté contra la pared y cerré los ojos un momento, escuchando mi propia respiración.
Después de terminar con el entrenamiento físico, me puse de pie y me concentré.
Sostuve la espada en mi mano, estaba pesada y fría.
—No solo la sujetes —la voz de la espada resonó en mi mente—.
Si tu agarre no es bueno, entonces el corte será lento.
El acero debe ser una extensión de tu brazo, no un peso muerto que intentas mover.
Hice un tajo horizontal.
El aire silbó, pero la espada vibró de una forma que me hizo doler la muñeca.
—Mal —sentenció ella—.
El equilibrio también nace en los pies.
Si no tienes una base sólida, los Errantes te derribarán antes de que puedas pestañear.
Repítelo.
Otra vez.
Repetí el movimiento una y otra vez, tratando de coordinar mis piernas con el peso del arma.
El sudor me escocía en los ojos, pero no me detuve.
—¿Eso qué es?
Me detuve en seco, Eli estaba apoyado en una columna a unos metros de mí.
No parecía molesto ni curioso de más, solo estaba mirando.
—Entrenamiento —le dije, tratando de normalizar mi respiración—.
Solo intento entender cómo funciona.
—¿Dónde aprendiste a moverte así?
Dudé un segundo.
No podía decirle que una voz en mi cabeza me estaba guiando.
—En la escuela —mentí a medias—.
Nos enseñaban movimientos básicos hace mucho.
Eli parpadeó.
—¿Escuela?
Asentí.
Fue entonces cuando noté su expresión rara.
—Yo nunca fui —dijo—.
¿Ahí enseñaban eso?
No supe qué responder al principio.
—Sí… bueno.
Eso y otras cosas.
Se quedó pensando un momento, mirando el suelo.
—¿Me los puedes enseñar?
—¿Por qué?
—Sé para qué estas entrenando, yo también quiero ayudar—Dijo Eli Negué con la cabeza casi sin pensarlo.
—No hace falta, con que te quedes tranquilo aquí es suficiente —le dije Apretó los labios.
—Eso no es ayudar.
Es esperar.
Sentí algo apretarme el estómago.
—No tienes que meterte en esto.
—Pero ya estoy metido —dijo más bajo—.
Recuerda que yo también los veo.
Miré hacia el fondo del callejón, evitando su mirada.
—No es lo mismo verlos que enfrentarlos.
—No dije que quisiera pelear —respondió—.
Solo no quiero quedarme sin hacer nada.
Respiré hondo.
—Esto es peligroso.
—Lo sé.
Bajé la mirada.
—Y por eso no quiero que te pase nada.
Nos quedamos en silencio.
Eli tragó saliva.
—Entonces… ¿solo me quedo quieto?
—¿Por qué eres tan insistente?
— Levanté la voz con un tono molesto —Porque no quiero volver a quedarme parado mirando cómo te matan — Su voz tembló un poco No supe qué decir.
—Está bien —dijo al final.
—Olvídalo Se dio la vuelta y se fue.
Me quedé ahí parado, mirando el espacio que había dejado.
Sabía que yo tenía razón.
Lo sabía de verdad.
Aun así, la sensación amarga no se iba.
Me senté otra vez contra la pared.
— Entiendo que no involucrarlo es tu forma de protegerlo —dijo la espada— Pero ignorar lo que ya ve es abandonarlo y dejarlo a su suerte.
No respondí.
Apoyé la cabeza contra el muro y cerré los ojos.
Me quedé ahí, escuchando el silencio del callejón.
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