Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras - Capítulo 30

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras
  4. Capítulo 30 - 30 Capítulo 26 Lo que hay que hacer
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

30: Capítulo 26: Lo que hay que hacer 30: Capítulo 26: Lo que hay que hacer No dormí.

Me quedé sentado sobre los cartones, mirando la oscuridad.

Las palabras de Eli seguían ahí, dando vueltas en mi cabeza como si no encontraran un sitio donde quedarse quietas.

No quería que se involucrara.

No era porque no confiara en él, sino porque sabía lo peligrosos que son los errantes.

Eli ya había visto suficiente.

—Si quieres protegerlo —dijo la espada, rompiendo el silencio de mi mente—, necesitas algo más que buenas intenciones.

No levanté la mirada.

Tenía las manos entrelazadas y me apretaba los nudillos hasta que dolían.

—No estoy buscando pelear —respondí en voz baja.

—Y, aun así, lo harás —contestó la voz, seca y fría—.

Entrenar solo sin enfrentarte a ellos, solo retrasa lo inevitable.

Eres un cazador que tiene miedo de salir de la cueva.

Pero el mundo de afuera no va a dejar de existir solo porque cierres los ojos.

Apreté la mandíbula.

El aire del callejón se sentía más pesado de lo normal.

—¿Entonces qué?

¿Tengo que salir y buscarlos?

¿Convertirme en un cazador por gusto?

Hubo una pausa breve.

Sentí una vibración metálica recorriéndome la espalda.

—Absorber errantes es la forma más rápida de fortalecerte.

Es la única forma de que ese contador de tu registro se mueva.

Y si decides no hacerlo, el peligro llegará igual.

Los errantes vendrán al callejón, vendrán por ese niño.

Y cuando lleguen, no estarás preparado.

Vas a ver cómo lo destrozan porque no quisiste ensuciarte las manos.

No sonaba como una orden.

Sonaba como un hecho.

Como si me estuviera leyendo el futuro.

Me puse de pie despacio.

Sentía las piernas pesadas, pero ya no me temblaban tanto.

La espada pesó en mi mano cuando la tomé por encima del abrigo.

No vibró.

No dijo nada más.

Como si supiera que yo ya había entendido la única verdad que importaba: o era fuerte, o veía morir a los que quería.

Salí del callejón cuando la noche terminó de caer por completo.

La ciudad a esta hora se volvía un lugar distinto.

Las calles estaban casi vacías.

Un par de personas caminaban rápido por la acera de enfrente, con la cabeza baja y los abrigos subidos hasta las orejas.

No notaban nada extraño.

Para ellos, el aire estaba limpio y los callejones solo estaban llenos de basura.

Para mí, no.

Cerré los ojos un instante y respiré hondo.

Esa sensación volvió.

No era una voz ni una imagen clara.

Era como un tirón en el centro del pecho, una incomodidad física que me indicaba hacia dónde mirar.

Era como si un hilo invisible me estuviera jalando hacia el peligro.

Caminé siguiendo esa presión, alejándome de la zona segura.

Cada paso se sentía distinto a los de ayer.

No estaba nervioso, pero tampoco estaba tranquilo.

Estaba atento.

Mis sentidos se sentían afilados, como si pudiera escuchar el goteo de las tuberías a metros de distancia.

La sensación se intensificó cerca de un callejón estrecho.

Arriba, la luz de un poste parpadeaba con un zumbido eléctrico que me ponía los pelos de punta.

Ahí estaba.

El errante se arrastraba cerca de una pared de ladrillos.

Su forma apenas estaba definida; era como un borrón de humo negro que se negaba a disiparse.

Era demasiado largo y se movía de forma torcida, como si tuviera demasiadas articulaciones.

Se movía lento, tanteando el suelo con extremidades que parecían dedos alargados.

Me escondí detrás de un auto viejo estacionado en la esquina.

El corazón me latía fuerte contra las costillas, pero no estaba fuera de control.

Era un ritmo constante.

—Ahora —susurró la espada—.

Ataca antes de que te sienta.

Si duda, es tuya.

Lo observé un segundo más.

Pensé en Eli sentado en las maderas, mirando las manchas grises con miedo.

Pensé en Rosa y en Marcos.

Lo fácil que sería que una cosa así apareciera en el callejón mientras todos dormían.

Si seguía siendo débil, si me quedaba esperando, no iba a proteger a nadie.

Solo sería un testigo más de otra tragedia.

Salí de mi escondite.

No hice ruido.

Di un paso, luego otro.

Sentí cómo el corazón aceleraba su marcha.

No era emoción, era pura alerta.

Saqué la espada.

El metal negro absorbió la poca luz de la calle.

Me acerqué por el flanco, aprovechando que la criatura parecía distraída con algo en el suelo.

Levanté el arma con ambas manos y corté.

El filo atravesó la forma oscura.

Sentí resistencia, como si estuviera cortando algo mucho más denso que el aire, algo parecido al cuero mojado.

El errante chilló.

Fue un sonido seco, como si alguien estuviera rompiendo ramas de un árbol muerto.

El sonido me hizo estremecer hasta los dientes.

La criatura giró con una velocidad que no esperaba.

No tenía rostro, pero sentí su odio.

Se lanzó hacia mí.

—No retrocedas —dijo la espada—.

Baja el centro de gravedad.

Planta los pies.

Intenté esquivar, pero el golpe me rozó el hombro.

Sentí un ardor inmediato, como si me hubieran pasado un hierro caliente por la piel.

Di un paso atrás por instinto, pero me forcé a detenerme.

Ajusté los pies sobre el asfalto sucio, recordando lo que había sentido entrenando.

No podía dejar que el miedo manejara mis piernas.

Volví a atacar.

Esta vez no fue un golpe desesperado.

Fue un tajo lateral, usando el peso de mis brazos.

El corte fue más limpio.

El errante se sacudió, perdiendo parte de su forma.

Parecía que se estaba deshilachando, tratando de recomponerse sin éxito.

Se movía de forma errática, desesperada, lanzando zarpazos al aire.

Me lanzó otra embestida.

Esta vez rodé hacia un lado, sintiendo el impacto del suelo contra mis costados.

El aire se me escapó de los pulmones por un momento, pero no solté la espada.

Me levanté rápido, apoyando una mano en el suelo.

—Ahora.—dijo la voz.

Aproveché el momento en que la criatura intentaba girar.

Clavé el filo con todas mis fuerzas en el centro de esa masa oscura.

La espada se hundió hasta el mango.

La criatura se retorció, vibrando con violencia, antes de deshacerse por completo en una nube densa de humo negro.

Me quedé ahí, apoyado contra la pared del callejón.

Respiraba con dificultad, tragando el aire frío.

El hombro me ardía de verdad ahora.

Tenía un corte superficial que manchaba mi camisa, nada grave, pero dolía.

La espada vibró levemente en mi mano.

Sentí cómo algo se movía a través del metal, una corriente de calor que me subió por el brazo y luego se apagó en mi pecho.

Frente a mis ojos, la interfaz apareció de nuevo.

[Registro de Contrato] Progreso: 03 / 20 La imagen parpadeó un par de veces y desapareció, dejando mi vista limpia otra vez.

Me quedé mirando el lugar donde había estado el errante.

Ya no quedaba nada, ni rastro de la pelea, solo el silencio de la calle.

No sentía triunfo.

No sentía que hubiera hecho algo heroico.

Solo sentía una certeza incómoda en el estómago.

Había dado el primer paso por mi cuenta, sin que nadie me empujara al sótano.

Había salido a buscar la pelea.

Guardé la espada bajo el abrigo y me quedé un momento más en la oscuridad.

Dejé que el dolor se asentara y que el corazón volviera a su ritmo normal.

Luego di media vuelta.

Todavía tenía que volver al callejón antes de que alguien notara que no estaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo