Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras - Capítulo 32

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras
  4. Capítulo 32 - 32 Capítulo 28 Rabia
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

32: Capítulo 28: Rabia 32: Capítulo 28: Rabia Entrené desde temprano.

No porque tuviera ganas, sino porque el cuerpo no me dejaba quedarme quieto.

Sentía una presión rara bajo la piel, como si algo se estuviera acumulando por dentro y no encontrara por dónde salir.

—Ya te lo había dicho —la voz de la espada sonó fría en mi cabeza—.

Cuando absorbo a esos seres, tu cuerpo también cambia.

Mejoro tus procesos y la forma en que te recuperas.

Esa energía que sientes es el resultado.

No respondí.

Me puse en el suelo y empecé con lo mismo de siempre.

Flexiones.

Abdominales.

Estiramientos.

Al principio dolía.

Los músculos me quemaban igual que otros días, pero después de un rato el dolor dejó de avanzar.

Seguía ahí, pero ya no me detenía.

Eso era nuevo.

Me levanté y llamé a la espada.

El peso del acero ya no me tiraba tanto del brazo.

Repetí los movimientos básicos.

Bajaba el cuerpo, cuidaba que los pies estuvieran firmes y mantenía el agarre apretado.

Cada corte era lento, tratando de que el brazo no me temblara.

Cuando normalmente ya estaría en el suelo, todavía podía seguir.

Los brazos me ardían, pero me hacían caso.

Las piernas no se sentían como de papel.

Seguí moviéndome hasta que sentí un tirón seco en el pecho.

La espada vibró un poco en mi mano.

—Detente —ordenó—.

Es suficiente por ahora.

Di un paso atrás y apoyé la punta de la espada en el suelo.

Respiré hondo.

El cansancio me llegó de golpe, pero me quedé de pie.

Entonces apareció el panel frente a mis ojos.

[Actualización de Parámetros] Fuerza: 6 (+1) Resistencia: 3 (+1) Me quedé mirándolo un buen rato.

Moví los dedos de la mano derecha.

El cuerpo respondía más rápido.

Más firme.

Como si hubiera dejado de ser un estorbo.

Me senté contra la pared.

Tenía el cuerpo cansado, pero no me sentía roto.

Podía seguir si quería, y eso era lo que me daba miedo.

Pensé en Eli.

En su silencio.

En lo fácil que sería seguir entrenando y juntando esos puntos de fuerza.

Si me detenía, seguiría teniendo miedo.

Pero si seguía, el que iba a cambiar era yo.

El problema llegó a media tarde.

Era un hombre alto, con la ropa sucia y los ojos rojos de beber.

Entró pateando los botes de basura, haciendo un ruido infernal en el callejón.

—¡Basura!

—gritó el tipo, escupiendo hacia donde estaba el anciano—.

¡Este lugar apesta a ratas muertas!

¡Lárguense de aquí, vagabundos de mierda!

Nadie quería problemas.

Rosa intentó recoger sus mantas rápido para alejarse, pero el hombre se tambaleó hacia ella.

Le dio una patada a su caja de metal, tirando las pocas medicinas que le quedaban al suelo.

—¿Qué miras, vieja?

—le gritó el hombre, dándole un empujón—.

Deberían quemar este callejón con todos ustedes adentro.

No son personas, son estorbos.

Dan asco.

Eli se puso de pie.

Estaba pálido, pero se puso delante de Rosa.

—Vete de aquí —dijo Eli con la voz temblando—.

Nosotros no te hemos hecho nada.

El borracho soltó una carcajada que olía a alcohol barato y orina.

Miró a Eli con desprecio, como si fuera un insecto que pudiera aplastar.

—¿Tú me vas a echar, mocoso mugriento?

—el hombre se desabrochó el cinturón y lo enredó en su mano—.

Te voy a enseñar lo que les pasa a los perros callejeros que ladran de más.

Cuando el tipo levantó el brazo para golpear a Eli, mi cuerpo se movió solo.

No lo pensé.

No fue la espada.

Fue una rabia negra que me subió por la garganta.

Atrapé su muñeca en el aire.

El hombre intentó soltarse, pero apreté.

Sentí mis huesos como si fueran de metal.

El tipo soltó un insulto, pero su voz se cortó cuando incrementé la presión.

Escuché un crujido leve, el sonido de la carne comprimiéndose contra el hueso.

El borracho soltó un quejido de dolor real.

—Suéltame… ¡Maldito loco, me vas a romper el brazo!

—chilló el hombre, tratando de golpearme con la otra mano.

No lo golpeé.

Solo lo miré a los ojos.

No sé qué vio en mi cara, pero se quedó mudo.

El desprecio se le borró de golpe y solo quedó un miedo puro.

Estaba apretando tan fuerte que sus dedos empezaron a ponerse morados.

En cuanto lo solté, el tipo tropezó con sus propios pies y salió corriendo del callejón, gritando que estábamos locos.

Se hizo un silencio pesado.

Rosa y los demás me miraban.

Me habían visto como el chico débil que apenas podía con su alma.

Ahora me miraban con un miedo que me dolió más que cualquier golpe.

Eli no dijo nada, pero sus ojos estaban muy abiertos.

Volví a mi lugar y me senté.

Me temblaban las manos.

No era por el esfuerzo.

Era por lo mucho que había disfrutado sentir que yo tenía el control.

Esa noche volví a salir.

No recordaba haber sentido nunca esa clase de furia.

Era un fuego que me pedía moverme.

Caminé siguiendo el tirón en mi pecho.

Esta vez no buscaba aprender.

Solo quería destruir algo.

Encontré a un errante cerca de un edificio abandonado.

Era una mancha de humo pesado contra la pared.

No esperé.

No busqué la posición de los pies.

Me lanzé contra él con un odio que no sabía que tenía dentro.

Mis golpes fueron brutales.

Solté un tajo con toda mi fuerza, descargando la bronca de haber visto a Rosa en el suelo y a Eli amenazado.

El errante chilló, pero yo ya estaba encima, golpeando otra vez.

No me importaba si me hería.

Hundí la espada en el centro de su masa oscura una y otra vez.

Eran movimientos cargados de odio, hasta que la criatura se deshizo por completo bajo el filo.

Me quedé jadeando en mitad de la calle, con los nudillos blancos de tanto apretar la empuñadura.

La espada vibró con fuerza, tragándose los restos.

Me miré las manos en la oscuridad.

Me asustaba lo bien que se había sentido soltar toda esa ira.

Me asustaba lo poco que me había costado ganar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo