Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 Capítulo 30 El rastro de lo humano
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34: Capítulo 30: El rastro de lo humano 34: Capítulo 30: El rastro de lo humano Entrenar a Eli era más difícil de lo que pensaba.
No por él; Eli era rápido y ponía atención a cada palabra, como si su vida dependiera de ello.
El problema era la espada.
—Dile que baje más el centro de gravedad —la voz de la espada resonaba en mi cabeza, seca y sin paciencia—.
Sus movimientos son lentos.
Si un errante lo ataca ahora, moriría antes de parpadear.
Ignoré la voz y me concentré en Eli.
Estábamos en el rincón más apartado del callejón, donde la luz del sol apenas llegaba.
—Mantén los pies un poco más separados, Eli —le dije suavemente—.
Si alguien te empuja, tienes que ser como una piedra, no como una rama.
Eli asintió, secándose el sudor de la frente con el brazo.
Sus piernas temblaban un poco por el esfuerzo, pero volvió a ponerse en posición.
Lo estaba intentando de verdad, y eso me dolía.
Verlo así me recordaba que, por mucho que entrenara, él seguía siendo de carne y hueso.
Yo también lo era, pero él no tenía una espada ni un sistema que lo cuidara en todo momento.
—No pierdas el tiempo con sutilezas —insistió la espada, y sentí un hormigueo frío en el brazo derecho—.
Muéstrale cómo golpear para matar.
Si no aprende la letalidad, el entrenamiento es un adorno.
—Solo estamos practicando defensa —le contesté mentalmente, tratando de que mi cara no me delatara ante Eli.
—La defensa es solo una espera larga para la muerte.
Enséñale a ser un arma o deja de perder el tiempo.
Me detuve un segundo.
Eli se dio cuenta y bajó los brazos, confundido.
—¿Pasa algo, Daniel?
¿Lo estoy haciendo mal?
—No, no es nada —respondí rápido, recuperando la calma—.
Solo era un mosquito que me estaba molestando en la oreja.
Eli asintió, aunque me miró con duda.
La espada guardó silencio de golpe, pero sentí una vibración seca bajo mi piel.
Estaba protestando.
—Lo haces bien.
Solo descansa un minuto.
No queremos que te lesiones el primer día.
Eli se sentó en el suelo jadeando, tratando de recuperar el aire.
Yo me quedé de pie, sintiendo aún la molestia de la espada, cuando escuchamos unos pasos rápidos que se acercaban.
Era Rosa.
Se veía agitada, como si hubiera recorrido el callejón de punta a punta.
—Por fin los encuentro —dijo, apoyando las manos en sus rodillas para respirar—.
Los estuve buscando por todo el lugar.
Pensé que seguían peleados.
Eli me miró de reojo y luego se rio un poco, rascándose la nuca.
—No, Rosa.
Estamos bien —respondió él.
Ella entornó los ojos, fijándose en nuestras posturas y en el sudor que nos corría por la cara.
—¿Estaban entrenando?
—preguntó con curiosidad.
—Ya acabamos —dije yo, antes de que Eli pudiera decir algo más.
No quería dar explicaciones.
Rosa nos miró un momento más, asegurándose de que de verdad no había tensión.
Al final, se enderezó y nos dedicó una sonrisa pequeña.
—Bueno, si ya terminaron…
¿me acompañarían a un lugar?
No quiero ir sola.
Eli y yo nos miramos.
Él se levantó de un salto y yo simplemente asentí.
Salimos del callejón y caminamos unas cuantas calles.
El aire de la ciudad se sentía pesado, pero Rosa caminaba con una determinación que no le conocía.
Llegamos frente a una reja alta.
Del otro lado había un patio de recreo.
Era una escuela.
El ruido era fuerte.
Gritos, risas y el sonido metálico de los juegos.
Había muchos niños corriendo de un lado a otro, ajenos a todo lo que pasaba en las sombras.
Rosa se quedó pegada a la reja, agarrando los barandales con fuerza.
Sus ojos recorrían el patio con una atención que me apretó el pecho.
Seguí su mirada.
Se detuvo en un niño pequeño que jugaba cerca de los columpios.
No parecía diferente a los demás.
Reía y se empujaba con sus amigos.
—¿Es tu hijo?
—pregunté en voz baja.
Rosa no apartó la mirada.
Una sonrisa triste apareció en su rostro.
Una que nunca le había visto en el callejón.
—Sí —murmuró—.
Es él.
A veces vengo a verlo desde aquí, de lejos.
No explicó más.
Nadie habló durante varios segundos.
Eli apretó los puños, pero no dijo nada.
Yo tampoco.
Entendí sin que hiciera falta preguntar por qué no entraba, por qué no se acercaba, por qué se quedaba del otro lado de la reja.
Cuando el timbre sonó y los niños empezaron a formarse, Rosa dio un paso atrás.
—Ya vámonos —dijo.
Regresamos en silencio.
El camino de vuelta se sintió más largo.
Yo no podía dejar de pensar en cómo Rosa miraba a ese niño.
Era como si estuviera viendo algo sagrado, algo que no pertenecía a la mugre de nuestro callejón.
A mitad de camino, Rosa se detuvo de repente y nos miró.
—Gracias por acompañarme —murmuró.
Antes de que pudiera responder, estiró los brazos y nos puso una mano en la cabeza a cada uno.
Con un movimiento cariñoso, nos despeinó el cabello, sacudiéndonos con suavidad.
Me quedé helado.
El contacto me tomó por sorpresa.
Sentí una calidez extraña subiéndome por la nuca.
Era una sensación que no sabía dónde guardar; no dolía, no quemaba.
Era algo suave.
Algo humano.
Miré a Eli.
Él no estaba desconcertado como yo.
Tenía una sonrisa deslumbrante.
En ese momento recordé algo que siempre olvidaba: Eli todavía era un niño.
Y yo también, aunque la espada intentara convencerme de lo contrario.
Rosa retomó el paso y Eli la siguió dando saltitos.
Yo me quedé un paso atrás.
Me toqué la cabeza, justo donde Rosa había puesto su mano.
El hormigueo de la espada seguía ahí, en mi brazo, pero por primera vez se sentía como un ruido molesto que intentaba romper un momento de paz.
Me di cuenta de que el mundo era mucho más que sobrevivir.
Había gente cuidando lo poco que tenían.
Si seguía con el contrato, tal vez algún día Eli no tendría que aprender a matar.
Tal vez, algún día, el único peso sobre mis hombros sería el de una mano despeinándome el cabello.
Guardé las manos en los bolsillos y seguí caminando, tratando de mantener esa calidez conmigo un poco más, antes de que el frío del callejón volviera a llevársela.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES ReyOscuro ¡Espero que les haya gustado!
¿Qué les pareció este capítulo?
Los leo en los comentarios PD: Aunque todavía no tenga lectores…
T_T
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