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Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras - Capítulo 39

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  4. Capítulo 39 - 39 Capítulo 35 Limpieza
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39: Capítulo 35: Limpieza 39: Capítulo 35: Limpieza Esperé a que los ruidos en el callejón se apagaran.

Rosa se había ido a dormir hacía rato y los ronquidos de Marcos se escuchaban desde el fondo.

Eli descansaba en nuestro rincón, envuelto en la manta que me había dado.

Me puse de pie despacio.

Cada músculo me dolió, especialmente el costado, que tenía un color morado oscuro.

No me importó.

Tenía que alejar a esas cosas de aquí.

Si Eli los atraía, yo tenía que eliminarlos antes de que llegaran a la entrada.

Salí del callejón sin hacer ruido.

La ciudad de noche estaba muerta.

El frío me golpeó la cara y me ayudó a despejarme un poco.

No tenía un plan; solo quería alejarme lo suficiente para que ningún errante pudiera seguir mi rastro de vuelta al grupo.

—¿Dónde están?

—pregunté en voz baja.

La espada no respondió con palabras, pero sentí un tirón hacia la derecha, hacia una zona de edificios de oficinas abandonados.

Caminé dos calles.

No tardé en encontrarlos.

Eran errantes normales, sombras que se movían sin rumbo entre los coches volcados.

Vi a dos cerca de una entrada de cristal rota.

Llamé a la espada.

El peso del acero me dio seguridad.

Me lancé contra el primero antes de que me viera.

No hubo elegancia.

Planté los pies como me enseñó Marcos y descargué un tajo vertical.

La hoja cortó el humo negro con un sonido seco.

El errante se deshizo.

[Registro de Contrato] Progreso: 11 / 20 El segundo saltó hacia mí.

Sus garras me rozaron el brazo y rasgaron la tela de mi chaqueta, pero giré el cuerpo y lo atravesé en el pecho.

Se borró en el aire.

Progreso 12 / 20 Me detuve un segundo, respirando rápido.

El dolor del costado empezó a latir con fuerza.

No me detuve.

Caminé una manzana más.

El tirón de la espada era constante.

Encontré a tres más cerca de un contenedor de basura.

Estaban amontonados, buscando algo en el suelo.

Me acerqué despacio, intentando no pisar los vidrios rotos.

Ataqué al primero por detrás.

Le hundí la espada en la espalda y se deshizo de inmediato.

Progreso: 13 / 20 Los otros dos se dieron vuelta rápido.

Uno se tiró hacia mis pies y el otro saltó hacia mi cara.

Intenté dar un paso atrás, pero el pie se me trabó con algo y perdí el equilibrio.

El de la izquierda me dio un golpe fuerte en el hombro.

El impacto me sacudió todo el cuerpo y me mandó al suelo.

Caí de rodillas.

Sentí un pinchazo muy fuerte en la herida que ya tenía en el costado.

El dolor me dejó sin aire un momento.

—¡Arriba!

—me ordenó la espada.

Los dos bichos se me vinieron encima.

Uno me clavó las garras en el brazo izquierdo.

Solté un grito de rabia, apreté los dientes y me eché hacia adelante.

Usé mi propio peso para empujar al que tenía más cerca.

Al mismo tiempo, giré la espada con fuerza en un movimiento circular cerca del suelo.

El acero cortó las piernas de humo de los dos.

Cayeron al asfalto haciendo un ruido raro, como un silbido.

Intentaron arrastrarse con las manos para levantarse, pero yo ya estaba de pie, aunque las piernas me temblaban mucho.

Me acerqué al primero y le clavé la punta de la espada en medio de toda esa masa negra.

Sentí como si atravesara algo espeso antes de que desapareciera.

Progreso: 14 / 20 El último intentó agarrarme el tobillo.

Le pisé la mano con fuerza y le di un tajo de arriba abajo que lo partió a la mitad.

La calle se quedó callada de golpe.

Progreso: 15 / 20 Me apoyé contra el contenedor de metal.

Respiraba muy rápido y fuerte.

Tenía sudor en la frente y se me metía en los ojos.

Las manos me temblaban tanto que la espada chocaba con el contenedor y hacía ruido.

Casi se me cae el arma.

Me miré los brazos.

Estaban sucios, llenos de polvo y manchas negras.

Había matado a cinco y sentía que el cuerpo ya no me servía para nada más.

—Suficiente por hoy —dijo la espada.

El camino de regreso fue difícil.

Cada paso me recordaba que mi cuerpo estaba al límite.

Arrastré los pies por el asfalto.

Cuando llegué a la entrada del callejón, apenas podía mantener los ojos abiertos.

Entré tambaleándome.

El pasillo se sentía demasiado largo.

Cuando por fin llegué a mi manta, me desplomé sin quitarme los zapatos.

Eli se movió un poco, despertando por mi respiración.

—¿Daniel?

—susurró asustado al ver mi ropa sucia—.

¿Dónde estabas?

—Cazando…

—logré decir antes de quedarme dormido.

Apreté el puño sobre la manta.

El contador marcaba 15 / 20.

Estaba más cerca de terminar, pero mi cuerpo estaba fallando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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