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Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Capítulo 1 Orígen Parte 3
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4: Capítulo 1: Orígen (Parte 3) 4: Capítulo 1: Orígen (Parte 3) La custodia pasó a mi tía Vivian.

Ella no tenía casa propia, así que se mudó con su esposo y sus dos hijos a lo que yo llamaba mi hogar.

La casa de los abuelos de mi padre.

Grande, vieja, con pasillos que crujían al caminar y paredes manchadas de humedad.

Para mí estaba llena de recuerdos; para ellos era solo un lugar donde no pagar renta.

El día que entraron con sus maletas, supe que algo estaba mal.

No pidieron permiso.

No preguntaron dónde dejar las cosas.

Simplemente ocuparon el espacio, como si siempre hubiera sido suyo.

Desde el primer día dejaron claro que yo no era parte de su familia.

No hubo abrazos.

No hubo palabras de consuelo.

Solo miradas frías.

Mis primos me perseguían como si fuera un juego.

Bastaba con que me vieran para inventar algo.

—Mira, Sara —decían riendo—.

Ven a ver cómo llora el huérfano.

—Idiota, no vayas a manchar el piso.

Aprendí rápido a no responder.

A no mirar a los ojos.

A hacerme pequeño.

Me obligaban a comer en el suelo.

Tenía tanta hambre que no protestaba; bajaba la cabeza y masticaba rápido.

Las porciones eran pequeñas, humillantes.

Nunca suficientes.

Si respondía, si levantaba la voz, el castigo llegaba de inmediato.

Por las noches me encerraba en mi cuarto.

Era tan pequeño que apenas cabía una cama.

Escuchaba a mi tío caminar borracho por los pasillos.

Cada crujido del piso me hacía contener la respiración.

Sabía que, si entraba, se desquitaría conmigo.

Dormía abrazando mis rodillas, contando los segundos hasta que el sueño me venciera.

Una noche el hambre me doblaba el estómago.

Gruñía tan fuerte que pensé que despertaría a todos.

Esperé.

Cuando la casa quedó en silencio, reuní valor y salí.

Cada paso hacía ruido.

—Maldito piso viejo… —susurré, con el corazón a punto de salirse.

Llegué a la cocina.

Sobre la mesa había dos pedazos de pan.

Sentí alivio.

Y miedo.

No podía tomar los dos.

Me descubrirían.

Uno bastaba.

Solo uno.

Extendí la mano.

Click.

La luz se encendió.

Mi tía estaba en la puerta, con los brazos cruzados y los ojos llenos de furia.

—Sabía que tarde o temprano mostrarías tus colmillos —escupió—.

¿No te basta con comerte nuestra comida?

¿Ahora también robas?

—Tía… yo… —balbuceé.

—¡Sin excusas!

—gritó—.

Eres una sanguijuela.

Escuché pasos bajando la escalera.

En segundos, todos estaban ahí.

—¿Qué pasa, mamá?

—preguntó Sara, fingiendo inocencia.

—Lo atrapé robando —dijo mi tía, señalándome como si fuera un criminal.

—¡Lo sabía!

—gritó mi prima—.

Seguro él robó mi collar… ¡y el dinero que desapareció!

—¡Eso no es verdad!

—dije desesperado—.

Yo vi al tío entrando en— No terminé.

El puño de mi tío se hundió en mi estómago.

El aire salió de mis pulmones y caí de rodillas, ahogándome.

Mientras trataba de respirar, recordé la voz de mamá: “Sé bueno con las personas, Daniel.” Pero ellos no eran buenos.

Y ser bueno no me estaba salvando.

—¿Qué dijiste, mocoso?

—rugió mi tío—.

¿Encima me acusas?

Mi tía me miró con desprecio.

—Debimos abandonarlo —dijo—.

Ni siquiera merece vivir.

—Yo te lo dije, Vivian —respondió mi tío—.

Pero dijiste que luego habría problemas legales.

—Ya no importa —dijo ella, dándose la vuelta—.

Hagan lo que quieran con él.

Y se fue.

Mi tío me levantó del suelo de un jalón y me golpeó otra vez.

Levanté los brazos para cubrirme.

—¡Por favor, ya!

—supliqué—.

¡Detente!

Eso solo lo enfureció más.

—Hazlo tú también —le dijo a su hijo.

Mi primo dudó un segundo… y luego me golpeó.

Ahí entendí que nadie iba a detenerlos.

Me arrastraron escaleras abajo hacia el sótano.

Sentí cada escalón en la espalda.

Cerraron la puerta y el cerrojo sonó fuerte, definitivo.

La oscuridad me tragó.

Me acurruqué en un rincón, temblando.

Y antes de perder el conocimiento, una pregunta me atravesó la mente: —¿De verdad merezco todo esto?

Y justo antes de que mis ojos se cerraran por completo, vi algo imposible.

Unas letras extrañas flotaban frente a mí, brillando débilmente en mitad de la nada.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES ReyOscuro Me costó decidir cómo empezar esta historia.

Espero que la lectura no haya sido muy pesada.

¡Les prometo que lo que viene será aún mejor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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