Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 Capítulo 38 Después del ruido
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42: Capítulo 38: Después del ruido 42: Capítulo 38: Después del ruido Marcos y Rosa no se quedaron mucho tiempo después de la charla.
No discutieron ni hicieron más preguntas.
Solo dijeron que iban a salir a buscar agua y algo de comida; que necesitaban despejarse.
Marcos fue el primero en levantarse y Rosa lo siguió sin mirarme a los ojos.
Eli dudó un segundo, pero Rosa le hizo una seña para que se quedara conmigo.
Cuando se fueron, el callejón se sintió más grande.
Eli se quedó sentado cerca del fuego apagado, jugando con un pedazo de madera.
Yo no dije nada y él tampoco.
Sabíamos que no era momento de hablar.
No me dolió que se fueran, lo entendía perfectamente.
Les debía una explicación, sí, pero eso no significaba que tuviera que arrastrarlos a este mundo.
Saber la verdad no los hacía más fuertes; solo los hacía más vulnerables.
Me puse de pie despacio y caminé hacia el pasillo donde entrenábamos.
Eli levantó la vista.
—¿Vas a entrenar?
—Solo un rato —respondí—.
Quédate aquí.
Asintió sin discutir.
El pasillo estaba en silencio.
La luz entraba a medias por las rendijas del techo roto.
Me apoyé contra la pared y cerré los ojos.
Fue entonces cuando el sistema habló.
[Meta completada] [Revisión post-estabilización iniciada] [Estado del portador: Estable] Uno tras otro, los mensajes empezaron a aparecer en mi visión.
[Nivel Operativo confirmado: 2] [Actualización de parámetros] Sentí un cosquilleo recorrerme el cuerpo, como si algo se acomodara desde adentro.
No dolía.
Era distinto al fuego de la noche anterior.
Los números se ajustaron frente a mis ojos: Fuerza: 6 (+5) Resistencia: 3 (+5) Agilidad: 3 (+5) Vitalidad: 3 (+5) El último mensaje tardó más en aparecer.
Espíritu: Sin cambios Abrí los ojos.
—¿Por qué ese no?
—pregunté en voz baja.
—Porque no es una función biológica —respondió la espada sin emoción—.
No se purifica.
Se forma.
Eso encajaba demasiado bien.
Miré mis manos y cerré el puño.
Lo sentí distinto.
No más pesado, sino más firme.
Como si el movimiento no tuviera resistencia.
Me separé de la pared y di un paso al frente.
Mis pies tocaban el suelo con seguridad; no tenía que pensar en el equilibrio.
Estaba ahí.
Lancé un golpe al aire.
El sonido fue seco y rápido.
No me dolió el hombro ni sentí tirones.
El movimiento terminó justo donde debía.
Respiré hondo y el aire entró limpio.
Mi cabeza estaba clara, sin ese ruido constante de antes.
Pensamientos ordenados.
—¿Esto también es parte del nivel?
—pregunté.
—La estabilización elimina impurezas —dijo la espada—.
Toxinas.
Residuos corruptos.
Desajustes nerviosos.
Por eso duele.
Tu cuerpo es forzado a alinearse.
Recordé el calor y los gritos de la noche anterior.
El miedo de Eli.
—¿Y si no hubiera aguantado?
—Entonces habrías muerto —dijo sin rodeos—.
El contrato no se adapta al portador.
El portador se adapta o es descartado.
Apreté los dientes.
—Buen recordatorio.
Di otro par de golpes y una patada corta.
Mi cuerpo respondía sin retraso.
Había músculos donde antes solo había esfuerzo.
No eran enormes, pero estaban marcados.
Me levanté la camisa y lo confirmé: el abdomen estaba firme y las costillas ya no sobresalían tanto.
No parecía otra persona, pero tampoco era el chico que llegó herido al callejón.
—Esto no cambia nada —dije—.
No voy a meterlos en esto.
—Eso no depende solo de ti —respondió la espada.
—Sí depende —la corté—.
Yo salgo.
Yo peleo.
Ellos no tienen que saber cuándo ni dónde.
La espada guardó silencio unos segundos.
—Proteger sin informar genera errores —dijo al final—.
Pero es tu decisión.
Me senté en el suelo con la espalda contra la pared.
Pasé una mano por mi cara.
No podía dejar de pensar en Rosa mirando la espada o en Marcos midiendo mi cuerpo con los ojos.
Esto no se iba a quedar contenido para siempre.
Miré hacia la entrada del pasillo.
Eli seguía ahí sentado, esperándome.
—Por ahora —murmuré—, con que estén a salvo es suficiente.
Me puse de pie.
El sistema parpadeó una última vez.
[Sincronización completada] [Estado general: Óptimo] No sentí orgullo ni alivio.
Solo una certeza pesada asentándose en el pecho.
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