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Sistema de Evolución: Mi espada se alimenta de las sombras - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - 43 Capítulo 39 La nueva meta
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43: Capítulo 39: La nueva meta 43: Capítulo 39: La nueva meta El número en mi visión cambió antes de que pudiera dar el primer paso fuera del pasillo.

El contador que antes estaba por terminar, ahora se había reseteado con una cifra que me dio un vuelco en el estómago.

[Progreso de Contrato: 00 / 50] —¿Cincuenta?

—pregunté, deteniéndome en seco—.

El anterior eran veinte.

—Ya eres más fuerte —respondió la espada—.

Ahora necesitas más para seguir subiendo.

No va a ser tan fácil como antes.

Cincuenta.

Si antes cada pelea me dejaba casi muerto, llegar a ese número se sentía como una montaña imposible.

Pero al cerrar el puño y sentir la fuerza en mis manos, la sensación fue distinta.

Ya no tenía miedo de romperme.

Esperé a que Rosa y Marcos regresaran.

Trajeron un poco de pan viejo y una garrafa de agua.

No hablaron mucho.

Comimos en un silencio incómodo, con Eli mirándonos a todos como si buscara una señal de que todo volvería a ser como antes.

En cuanto se descuidaron, agarré la espada y me salí sin hacer ruido.

La noche se sentía distinta.

Mis sentidos estaban más alerta.

El olor a humedad y el sonido del viento entre los edificios eran más claros, como si antes hubiera tenido los oídos tapados.

No me sentía cansado; al contrario, sentía una energía nueva recorriéndome las piernas.

Caminé apenas dos calles cuando sentí que había un errante cerca.

Estaba agachado detrás de un coche, moviéndose de esa forma rara que antes me ponía los pelos de punta.

Antes, me habría acercado con el corazón en la garganta, midiendo cada paso.

Esta vez, simplemente me moví.

Fui más rápido de lo que esperaba.

Mis pies apenas hicieron ruido contra el suelo.

El errante me vio y soltó un siseo, lanzando un zarpazo al aire, pero su movimiento me pareció lento.

Casi podía adivinar por dónde venía.

Giré el cuerpo sin esfuerzo, dejando que su garra pasara de largo, y solté un tajo de lado.

No tuve que poner toda mi fuerza; la espada cortó la sombra como si fuera papel.

El bicho se deshizo antes de que su cuerpo terminara de girar.

[Progreso: 01 / 50] Me quedé de pie, mirando el lugar donde estaba la criatura.

No estaba cansado.

No me dolía el costado.

Mi respiración estaba tranquila.

—Eso fue demasiado fácil —murmuré.

—Ese era de los débiles —respondió la espada—.

Para como estás ahora, esos ya no son un reto.

Vas a necesitar algo mejor si quieres subir de nivel.

No me detuve ahí.

Seguí caminando hacia la zona de los locales comerciales, cuidando de que nadie me viera.

Sabía que ahí se amontonaban más de ellos.

No pasó mucho tiempo antes de que encontrara a un grupo entero; eran cuatro que estaban pegados a una tienda.

En cuanto me vieron, se lanzaron todos a la vez.

Antes, eso habría sido mi fin.

Pero ahora mis piernas respondían al instante.

Salté hacia atrás, esquivando dos ataques, y en el aire solté un tajo que partió al primero.

Al tocar el suelo, giré sobre mis talones y hundí la espada en el pecho del segundo.

Los otros dos intentaron flanquearme, pero me moví más rápido que ellos.

Dos golpes secos y la calle volvió a quedar en silencio.

[Progreso: 05 / 50] Seguí buscando.

Estaba como en trance.

Encontré tres más cerca de un callejón y otros dos merodeando una alcantarilla abierta.

Los enfrenté sin miedo, dejando que mi cuerpo hiciera el trabajo.

Los tajos eran precisos y mis movimientos no tenían errores.

Uno a uno, se fueron convirtiendo en humo negro.

Cuando el último de ese grupo desapareció, me detuve.

[Progreso: 10 / 50] Me apoyé contra un poste de luz apagado.

La energía que tenía al principio se había apagado.

Aunque mi cuerpo era más fuerte, moverme a esa velocidad y dar tantos golpes seguidos me estaba pasando factura.

El sudor me bajaba por la nuca y sentía los músculos de los brazos calientes, como si me estuvieran quemando un poco por dentro.

Había matado a diez, el doble de lo que solía ser mi límite.

Aunque seguía de pie, el cansancio empezaba a pesarme en los hombros.

No era el dolor de las heridas de antes; era un cansancio profundo, de esfuerzo puro.

Miré hacia la oscuridad de la avenida principal.

Si quería llegar a cincuenta, iba a tener que hacer esto muchas veces más.

Apreté la empuñadura, guardé la espada y empecé a caminar de regreso al callejón.

Por hoy ya había sido suficiente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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