Sistema de Evolución Universal - Capítulo 105
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Capítulo 105: Los Cuatro Bajo el Cielo Silente
El Reino de la Libertad Eterna respiraba una calma que no pertenecía al mundo mortal.
En lo profundo de ese dominio, allí donde la realidad se plegaba sobre sí misma y se abría un pasaje hacia una llanura que nunca aparecía dos veces igual, Naryon esperaba.
El suelo era cristalizado, translúcido como un lago sin agua; encima flotaban pétalos que nacían y morían sin memoria. El cielo estaba hecho de hilos de luz que no iluminaban, como si la claridad misma hubiese sido diluida en un sueño.
Una ráfaga suave precedió a la figura que apareció a su lado sin caminar.
—Llegas antes —dijo Elien, envuelta un viento extraño.
Naryon sonrió con cansancio.
—Lo que importa es que estemos aquí los cuatro. —Pausa, y su voz se volvió aún más baja—. Tal vez pronto seamos cinco.
Elien arqueó una ceja, interesada.
—Así que ya estás considerando al… posible invitado.
—Con lo que se acerca —respondió Naryon—, necesitamos toda fuerza que respire fuera del alcance del Dragón Rojo.
El aire del lugar vibró de repente, como si algo invisible hubiese pasado una mano por el tejido del espacio. Dos presencias emergieron desde el espejo cristalino bajo sus pies, cada una desde una dirección distinta.
Primero llegó Seren Luminar, caminando como un halo que contuviera luz pensante. Sus pasos no hacían sonido; cada movimiento dejaba una estela de claridad suave que se desvanecía como un amanecer tímido.
Luego surgió Varn Umbric, alto, envuelto en una penumbra que parecía ignorar cualquier fuente de luz cercana. Su sombra caía incluso donde no había nada que obstruyera la luminosidad.
Ambos se inclinaron apenas hacia Elien y luego hacia Naryon. Un saludo reservado, ritual, pero con una actitud de familiaridad.
—Naryon —dijo Varn Umbric, con una voz antigua y grave—. Este lugar no es uno al que se venga sin un propósito de peso. ¿Qué amenaza justifica convocar a los cuatro?
—Además en un territorio que no es tuyo —agregó Seren Luminar— Percibí tus semillas de loto. Sabía que algo grave estaba gestándose.
Naryon dejó caer sus manos. Tres pequeños pétalos rojos flotaron frente a él, girando.
—Gracias por presentarse tan rápido —dijo—. Lo que voy a revelar debe quedar entre nosotros. Ningún susurro debe llegar al Dragón Rojo… ni al Corazón Eterno.
Elien cerró los ojos un segundo. Seren inclinó apenas la cabeza. Varn cruzó los brazos.
Naryon respiró hondo.
—Drakar… se está moviendo.
El silencio fue inmediato. Pesado.
—El Dragón Rojo siempre se mueve —murmuró Varn—. Quema, aniquila, rehace. ¿Qué hay de diferente ahora?
Naryon miró hacia arriba, hacia el cielo tejido de luces.
—No está reclamando territorio al azar. —Su mirada se oscureció—. Está buscando.
Seren Luminar entrecerró los ojos, como si la luz en ellos hubiera parpadeado.
—¿Buscando… qué?
Elien avanzó un paso, rompiendo finalmente su silencio.
—Buscando a quien. Y a quien busca… no debería existir al alcance de nadie. Pero Drakar está actuando como un rey conquistador. Un papel que no levanta sospechas y le permite moverse sin despertar al cielo. Puede expulsarla del mundo mortal sin romper las reglas.
Varn Umbric apretó la mandíbula.
—¿Entonces Drakar pretende ocultar sus intenciones para que el cielo lo tome como un simple depredador mundano?
—Exacto —respondió Elien—. Es la estrategia que suelen usar los intrusos del vacío: actuar como si pertenecieran al mundo, fingir ambiciones mundanas… mientras cazan su verdadero objetivo.
Seren Luminar dejó escapar un suspiro, como si toda la claridad en su cuerpo hubiera temblado.
—¿Y quién es su objetivo?
Naryon no respondió de inmediato. Cuando lo hizo, su voz apenas sostuvo el peso del nombre.
—Vaelithra.
El lugar entero pareció exhalar un escalofrío. La quietud de la dimensión pareció volverse tangible. Por un momento, nadie pudo moverse.
—Si Drakar la encuentra y la destruye —continuó Naryon—, el mundo perderá el balance.
Varn Umbric dio un paso adelante.
—Entonces debemos adelantarnos. Nosotros cuatro.
Elien sonrió apenas.
—El Dragón Rojo envió a su primogénita. Por eso Naryon nos reunió aquí, En la Ciudad del Reposo, en el reino de La Libertad Eterna.
Naryon alzó la mano y aplastó los pétalos flotantes. Se hicieron polvo luminoso.
—Si uno solo de nosotros se equivoca… Drakar lo sentirá. —Miró a los otros tres, con una mezcla de resolución y miedo. —Y cuando Drakar comprenda lo que hacemos… no habrá refugio suficiente para ninguno. No podemos revelar que nos movimos de nuestras posiciones.
Elien desvió la mirada.
«Lástima que no puedan escapar de esto.»
Varn Umbric pensó un momento.
—¿Deberíamos informar al Consejo de la Voz del Universo?
Seren Luminaria se burló.
—Yo sospecho que el vacío se infiltró en el consejo ¿por qué informar ahora?
Naryon se cruzó de brazos.
—Tal vez nos ayuden a esclarecer las anomalías en las leyes, así nos ayudaron a corroborar que las grietas se expanden con Drakar como centro.
Elien miró el claro del lago. En el reflejo, la imagen de la órbita terrestre se mostraba. Ahí en ese satélite artificial: el Consejo de la Voz del Universo.
—Siguen observando —murmuró Elien, sin apartar la mirada.
Seren Luminar apretó los labios, dejando que un resplandor apagado recorriera sus manos.
—El Consejo ha estado inquieto desde que aparecieron las primeras anomalías temporales y las grietas espaciales. No comprenden su origen… y por eso temen. La ignorancia, para ellos, es provocación.
Varn Umbric soltó una carcajada sin alegría.
—¿Ignorancia? No. Ocultan. Lo he sentido en sus emisiones recientes. Fluctuaciones que no provienen de la Voz… sino de voluntades humanas que intentan disfrazarse como orden universal. Estoy seguro que son ellos mismos.
Naryon cerró los ojos, tensando los hombros.
—Y aun así… siguen siendo quienes manejan la estructura visible del cielo.
Elien giró lentamente hacia él.
—Entonces… ¿quieres apoyarte en ellos?
—Quiero información —respondió Naryon—. No confianza.
Seren Luminar dio un paso al frente, observándolo con atención.
—Naryon… si sospechamos que el vacío se infiltró en el Consejo… ¿Cuánto tardaría en notar que nos estamos reuniendo? ¿Cuánto en deducir que buscamos a Vaelithra antes que Drakar la encuentre?
—No lo sé —admitió Naryon—. Pero sí sé algo: si no entendemos todas las anomalías, si no comprendemos quién está alterando el flujo del tiempo y el orden del Dao… entonces estamos avanzando a ciegas.
Elien suspiró, un exhalar que parecía querer disolverse con el viento.
—Hablas del quinto nuevamente.
Varn Umbric frunció el ceño, confundido.
—¿El quinto es la causa de las anomalías?
Naryon negó con la cabeza.
—No lo sé. —Sus ojos se oscurecieron, como si algo invisible le respirara sobre el hombro—. Pero siento una presencia que no debería existir. Un influjo que no proviene de Drakar ni del vacío. Algo… alguien… que mueve hilos sin dejar huella.
Elien cruzó los brazos, inquieta.
—Lo sentí hace unos días. Un cambio en el viento que no venía del Dao… sino de un tejido externo. Y no son pocas veces.
Seren Luminar bajó la mirada.
—Pensé que era Vaelithra manifestándose desde su profundo retiro. Una expansión del Corazón Eterno. ¿Pero dicen que otras leyes están actuando extrañas?
—No —susurró Naryon—. La firma de Vaelithra es pura permanencia, no busca cambiar ni mover. Esto… es un eco sin dueño.
Varn Umbric apretó los dientes.
—Entonces temes que el quinto no sea un aliado… sino un riesgo.
—Temo que no sepamos siquiera qué es —respondió Naryon—. Y si lo invitamos… podríamos estar trayendo al centro de esta guerra a la misma causa de las grietas.
El silencio cayó como un manto pesado.
Elien se acercó al borde del lago ilusorio y tocó la superficie. El reflejo del satélite se fragmentó, multiplicándose en miles de pedazos flotantes que mostraban distintas imágenes: Drakar avanzando como una sombra colosal; los templos del Consejo vibrando con energía; el Reino de la Libertad Eterna respirando en calma artificial; pequeñas distorsiones temporales en los bordes del mundo.
—El consejo vigila. Drakar acecha. Las grietas crecen. Vaelithra duerme… o se oculta. El quinto respira sin nombre. Y nosotros —dijo Seren Luminar— somos los únicos que quedamos entre el mundo… y su colapso.
Naryon abrió los ojos con determinación.
—No pediré confianza ciega en mis intuiciones. Solo les pediré esto: prepárense. Si el Consejo convoca, iremos. Si Drakar se mueve, actuaremos. Y si el quinto se revela, hablaremos antes de juzgar.
Varn Umbric asintió lentamente.
En lo alto, los hilos de luz del cielo ilusorio se tensaron un instante. Algo —un eco, un susurro, un toque— recorrió la llanura, como si la realidad acabara de recordar que estaba siendo observada.
Y muy, muy lejos, en el satélite artificial donde el Consejo de la Voz del Universo registraba cada fluctuación…
…una alarma silenciosa se encendió.
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