Sistema de Evolución Universal - Capítulo 106
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Capítulo 106: La Voz que No Debería Hablar Así
El lago celeste vibraba como un espejo suspendido en el vacío, sostenido únicamente por leyes que no pertenecían a ningún dios visible.
Alrededor del espejo, ocho tronos formaban un círculo perfecto. Siete ocupados. Uno más elevado, en el centro posterior, quedaba para el Líder Silencioso.
Los siete representantes habían llegado.
Tres de ellos —miembros reservados, severos, antiguos— mantenían la mirada en el lago sin hablar.
Los otros cuatro —Aranth, Kaelis, Lyria y Oras— eran los que cargaban la voz del momento.
Y cuando el Líder Silencioso inclinó apenas la cabeza…
La reunión comenzó.
Levantó el dedo y se presentó ante todos el primer caso:
[I. La anomalía que camina sin dueño]
Aranth se acercó al borde del lago, donde destellos recorrieron la superficie como si alguien hubiera encendido una estrella bajo el agua.
—El origen de la anomalía cambió de zona —anunció—. Se movió desde las regiones mortales… directamente hacia el Reino de la Libertad Eterna.
Uno de los tres concejales silenciosos abrió apenas los ojos.
No dijo nada.
Pero la tensión aumentó.
Kaelis consultó su placa de datos, frustrado.
—No existe rastro del portador. No hay firma espiritual.
No existe quien esté causando esto.
Solo existe el efecto.
Lyria negó con la cabeza.
—Eso no debería ser posible. Nada ocurre sin un dao, sin una raíz, sin una intención. Y sin embargo…
Oras, con los brazos cruzados, habló con voz que cortaba el aire.
—Hemos visto algo parecido. Alguien habló con el Cielo. Lo registré. Lo investigué. Y me negué a ocultarlo. Pero los registros desaparecieron.
Un susurro recorrió el círculo de los ocho.
Incluso los representantes silenciosos intercambiaron miradas breves, como cuchillos de luz.
—¿Sugieres que esa conversación perdida y esta anomalía móvil tienen origen común? —preguntó Aranth.
—No lo sugiero —respondió Oras—. Lo afirmo.
Kaelis exhaló.
—El Cielo no suele prestar oído. Y cuando lo hace… nunca permite que el interlocutor desaparezca sin huella.
Lyria murmuró:
—A menos que el interlocutor tenga una autoridad similar a la nuestra.
Oras asintió con gravedad.
—Un quinto entre nosotros. O alguien… por encima.
Los otros tres representantes permanecieron inmóviles, pero la luz alrededor de uno de ellos se distorsionó por un instante.
Ellos también entendían la gravedad de lo que se estaba insinuando.
[II. El nombre innombrable]
Aranth chasqueó los dedos. El lago se llenó de sombras ascendiendo como columnas quebradas.
—Hemos detectado un patrón. Huellas borradas. Fracturas que imitan orden. Ecos de destrucción disfrazados de causalidad natural.
Kaelis cerró la placa.
—Es idéntico al dao de Drakar.
Lyria apretó las manos.
—Si Drakar está interfiriendo con la Voz… podríamos estar enfrentando un infiltrado en el propio Consejo.
Los tres representantes silenciosos se tensaron al pronunciarse esa posibilidad. Las miradas cayeron en Lyria.
Oras, sin embargo, negó con firmeza.
—No está infiltrado. Está influyendo. La Voz está corrompiéndose… y escuchamos emociones que no le pertenecen.
Kaelis tragó saliva.
—Repulsión.
—Temor —agregó Lyria.
—Sesgo —concluyó Aranth.
Oras bajó la mirada al lago.
—Todo eso… es conveniente para Drakar.
[III. La Voz del universo]
El lago vibró tres veces.
Y entonces, la Voz del Universo habló.
No era una proclamación pura.
Ni un mensaje divino.
Ni una línea de ley natural.
Era una voz fría y segura, casi respirando animosidad.
[Reino de la Libertad Eterna.
Sobrecarga de presencias de Sombra.
Riesgo.
Inestabilidad.
Desarmonía.
Intervención requerida.]
El eco se quebró.
Un silencio absoluto cubrió a los ocho.
Incluso los tres representantes silenciosos —Guardianes del Equilibrio, ancianos entre ancianos— bajaron la vista, inquietos.
La Voz no debía sonar así.
Nunca.
Lyria habló con un hilo de voz.
—Eso… no es la Voz que conocemos.
Aranth cerró el puño.
—No. No es neutral. No es objetiva. No es… inmutable.
Kaelis dio un paso atrás.
—Esto es manipulación. Un extranjero. Una fuerza oscura.
Oras levantó el rostro, convencido.
—Es Drakar. O alguien alineado con su dao.
—Es Drakar —afirmó Lyria con pesar— yo represento al Reino del Espejo… conozco a su rey. Pero aunque lleva su nombre… el pulso no es suyo. Es como si… algo hubiese devorado la intención original, como si hubiera cambiado tras la iluminación.
Los tres representantes silenciosos intercambiaron un último gesto entre ellos, cortante, decidido.
Por primera vez en décadas, estaban de acuerdo con un juicio sin necesidad de hablar.
Lyria fue la primera en romper el círculo, suspiró y pidió.
—Descartamos sospechas internas.
Kaelis asintió.
—No habrá cacería de traidores entre nosotros, no te preocupes.
Aranth tocó el lago.
El mapa del Reino de la Libertad Eterna apareció, rodeado de brumas cristalinas.
—Nuestro objetivo está claro. Y nuestro enemigo también.
El lago celeste terminó de trazar el mapa del Reino… cuando el Líder Silencioso, por primera vez en toda la reunión, alzó la palma.
Una sola ondulación respondió.
Del centro del lago emergieron cuatro sombras envueltas en niebla dorada y violeta, como ecos de deidades caminando entre velos rotos.
Los siete representantes se enderezaron. Incluso los Guardianes del Equilibrio abrieron los ojos.
No hubo voz.
No hubo decreto.
Solo el gesto del líder… y la revelación.
Kaelis fue el primero en recuperar el aliento.
—Ellos… ya entraron al Reino de la Libertad Eterna.
Lyria cubrió sus labios con la mano.
—Los Cuatro solo se mueven cuando algo traspasa todos nuestros umbrales de percepción. Si están infiltrados… es porque la crisis ya empezó.
Entonces Oras respiró hondo.
—Lo que sea que se mueve en ese Reino… y esa conversación perdida con el Cielo… todo está conectado. Si no actuamos ahora, no habrá mundo que proteger.
El lago celeste apagó su luz como un corazón que decide latir más fuerte. Las ondas se inclinaron hacia el trono central, esperando.
El Líder Silencioso levantó una mano.
Un gesto mínimo.
Nada más.
Pero el universo pareció asentir a través de él.
Los ocho tronos se iluminaron.
La junta quedó sellada.
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