Sistema de Evolución Universal - Capítulo 109
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Capítulo 109: Los cielos Que Hablan.
La nieve caía lentamente.
El aliento de Maribel salió en una nube blanca.
Maribel se agitó. La inquietud en su corazón creció.
La respiración se aceleró. Las piernas temblaron.
La nieve empezó a caer con fuerza.
Los ojos de Maribel se abrieron.
Ella se inclinó. Rodó por el suelo.
Un gemido de dolor contenido escapó.
—¡Aaahhhh! —llevó las manos a su cabeza y se despeinó.— ¿Qué está pasando?
Echada boca arriba, miraba la nieve caer lentamente. Su corazón corría a mil. Su respiración era dolorosa.
Posó una mano sobre su pecho.
—¿Por qué no puedo respirar? Siento una fuerte presión.
Un golpe repentino llegó a su pecho. Sus ojos temblaron.
La tez de Maribel palideció cuando sintió que el mundo giraba.
Tomó aire y gritó al instante.
—¡Despierten!
Los tres que estaban en la nieve escucharon su voz.
Se acercaron confundidos.
—¿Pasa algo? —preguntó Amara.
Maribel no dejaba de temblar.
No hubo respuesta. Ella ladeó la cabeza.
—Ey, Maribel. ¿Qué ocurre?
Ella se inclinó. Picó su rostro con su dedo. Se congeló.
—¿Por qué no responde? —preguntó Richard.
Amara tragó saliva.
—Ella… está helada.
El hombre levantó una ceja. Abrió su mano y un círculo de fuego brotó, rodeándolos a todos.
Los labios de Maribel no dejaban de temblar. Su tez pálida.
Sofía se acercó. Colocó una mano sobre su cabeza, otra la usó para hacerla levitar. Frunció el seño.
—Ella se está congelando, pero por dentro.
Amara y Richard se miraron entre sí. Confundidos.
Una coloración morada apareció en los labios de Maribel.
Sofía se sorprendió.
—¡Richard aviva tus llamas!
Él asintió.
El grupo corrió a una velocidad vertiginosa. Kilómetros enteros cruzaban con cada zancada de Sofía. Mientras de cerca, Richard se impulsaba con qi, cortando ramas y árboles. Amara volaba en su lanza, su mano extendida tiraba del viento, como si fuera tangible, protegiendo a Maribel.
El sol de la mañana empezaba a asomarse por el horizonte.
En las puertas de la ciudad el qi barrió la nieve.
El suelo se mostró limpio.
Los guardias se sorprendieron cuando el grupo sacó una piedra espiritual. Estaban por arrodillarse, pero lo que hizo Richard les llenó de incredulidad. Los ojos bien abiertos.
Sin dudarlo, el hombre hizo estallar la piedra en energía yang.
La nieve a lo lejos se derretía visiblemente.
Maribel abrió los ojos.
—¿Qué están haciendo? —miró los alrededores, sorprendida. —¿Me dormí?
Amara respiró profundo. Exhalando lentamente.
—Te desmayaste.
Maribel levantó una ceja.
—Me dormí —pensó un momento —me desmayé. —admitió.
Sofía se acercó.
—¿Qué necesitas?
Una sonrisa irónica apareció en Maribel.
—Si pudieran darme suero y calor… pero creo que el calor estará bien.
Los tres se miraron entre sí. Sofía sonrió.
—Amara, ésta es tu oportunidad. Dale calor a Maribel.
Amara le devolvió una mirada aguda, casi peligrosa.
Sofía respondió, decaída. Con las manos levantadas.
—Está bien, perdón.
Maribel sonrió ligeramente.
—Ya estoy bien, no pasa nada. En realidad, creo que es mejor si se encarga Richard.
Sofía sacó un talismán, se veía ominoso.
Lo acercó lentamente a la frente de Maribel.
Ella abrió los ojos, con una sonrisa nerviosa. Abrió la boca, pero el aire frío le envió un dolor al tórax. Apneas cortas interrumpieron el flujo de inspiración.
Amara sujetó a Sofía.
—¡Espera espera! ¡Sabes que no se refiere a eso!
La sonrisa de Sofía fue terrible.
—Escuché que algunos venenos pueden usarse como medicina… me pregunto si las maldiciones también.
Richard suspiró. Sus ojos se abrieron con determinación. Las flamas se volvieron azules.
Las dos mujeres lo miraron, se veía que el esfuerzo en sus ojos.
Sofía agitó la mano, levantando a Maribel en el aire.
—Que bueno que estés mejor —dijo con una ligera sonrisa. —ahora hay que regresarte a casa, necesitamos una explicación.
En el camino de regreso, las pisadas resonaban y la gente hablaba.
Se acercaban y miraban a Maribel tendida en el aire.
El círculo de fuego azul la protegía.
Pero a los ojos externos, era casi una procesión fúnebre.
Algún que otro niño incluso lloró de miedo.
A solo unas cuadras de llegar, Amara se detuvo impactada.
Sofía se volteó.
—¿Pasa algo?
La mirada de la mujer estaba perdida en el cielo. Sus ojos incrédulos. Apuntó arriba, pero no había nada.
—Los hilos… se están volviendo irreconocibles. —el dedo de Amara tembló.
Sofía ladeó la cabeza, sin entender.
—Hay que ayudar a Maribel primero, nos cuentas lo que ves mientras vamos a ver los resultados del examen ¿Te parece?
Amara negó con la cabeza.
—No lo entiendes, nunca vi algo de esta escala.
Al instante siguiente algo inesperado ocurrió.
El cielo se movió, literalmente.
Los rayos del sol parecieron curvarse de forma imposible.
El calor aumentó de forma explosiva y la nieve en todos lados empezó a derretirse.
El cambio térmico fue tal, que algunos mortales que trabajaban cosas pesadas cayeron al suelo, descompensados.
El viento se agitó ferozmente. A lo lejos se escuchaba cómo soplaba con completa locura.
Hasta que una ventisca caliente asoló toda la ciudad y una voz se escuchó por todos lados.
[Reino de la Libertad Eterna.
Sobrecarga de presencias de Sombra.
Riesgo.
Inestabilidad.
Desarmonía.
Intervención requerida.]
Ante la incredulidad de todos. Un pilar de viento retorcido descendió desde los cielos, devorando luz y sombra por igual.
Los corazones de tuvieron.
Entonces una magia helada de magnitudes vertiginosas lo envolvió, obligándolo a disiparse.
El silencio que siguió fue simplemente mortal.
El calor no se retiró hasta mucho después, para ese momento las calles estaban húmedas, el agua se escurría por las avenidas.
Las miradas perdidas, los rostros de los ciudadanos pálidos.
En el castillo, los sonidos de pisadas y gritos se escuchaban como ecos. La desesperación viajaba entre los pasillos.
El viento frío y caliente corría en caos, las ventanas se abrían y cerraban, golpeando los marcos.
Maereth miraba el cielo con sorpresa.
«No es su voz, pero esa forma de hablar es de él… ¿Qué pretendes hacer? padre.»
Ella volteó. Salió de su habitación.
Suspiró cansadamente.
«Me meterás en problemas con la reina.»
Lo sopesó apenas un instante. Entonces tomó dirección al trono real.
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