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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 112

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  4. Capítulo 112 - Capítulo 112: Formando equipos (I): Una Extraña Compañera.
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Capítulo 112: Formando equipos (I): Una Extraña Compañera.

El grupo caminó entre la multitud.

Las construcciones de piedra improvisadas tenían filas de gente afuera, esperando. El olor a incienso se filtraba al exterior.

Amara miró las instrucciones. Sus ojos carecían de emoción.

—Así que si el grupo aprueba, todos lo hacen —suspiró—… ¿Dónde buscamos?

Frente al grupo se encontraba un edificio de piedra.

—Primero nos uniremos a un grupo de búsqueda que dirige uno de los clanes. —aclaró Thot.

—¿Por qué? simplemente busquemos. —respondió Amara, desganada.

—Porque, aunque no lo quieras admitir, si no nos unimos a un grupo grande nos ganarán los materiales.

Amara suspiró.

—Simplemente pidámosle a Aether que se transforme en una versión adulta suya y que escanee con nosotros.

Maribel levantó una ceja.

—¿Otra vez el camino fácil?… aunque es el más eficiente, prefiero que mi lobezno se quede en la seguridad de la secta, rodeado de mortales que no podrían hacerle daño.

Thot rio por lo bajo.

—Si aún puedes llamarlo lobezno. ¿Cuántos años tiene?

Maribel se encogió de hombros.

—Solo él sabe.

La incredulidad en Thot era evidente.

—Oye, no es necesario que me ocultes eso.

Maribel apuntó a una fila; el letrero decía: Zhao.

—Conozco ese apellido. Guárdanos sitio, Thot.

El grupo la miró, extrañado.

Ella ladeó la cabeza.

—¿Pasa algo?

Amara se rio suavemente.

—¿Otra vez el camino fácil? decías. —el tono irónico—. ¿Pides que te guarden sitio? Nunca vi a alguien tan descarado.

Maribel arrugó las cejas. El aire se tensó. La gente en la fila volteó a ver.

—No olvides que yo soy más fuerte.

El grupo se quedó en silencio, atónito.

Sofía levantó la mano.

—Maribel… ¿estás bien?

Un silencio incómodo se esparció.

La gente estaba deseando ver lo que pasaba; no, estaban deseando que surgiera una pelea.

Los ojos de Maribel temblaron.

«Esta gente está demente… espera, ¿yo lo estoy?»

El rostro de Maribel se relajó un poco, reemplazado por confusión.

«¿Qué estoy haciendo? Esto no está bien.»

Ella respiró profundo, pero el qi simplemente no se retraía.

Todos la miraron, extrañados.

Maribel permaneció con los ojos cerrados. Tras un momento la presión se desvaneció. Soltó un último suspiro, inclinando la cabeza ligeramente.

—Perdón. Estoy un poco irritada estos días.

Thot se llevó los dedos a las sienes, suspirando.

—”Esos” días, ¿verdad? Las mujeres deberían—

Sofía colocó un talismán en su frente, dejándolo congelado.

Amara parpadeó. Llevó las manos a la cabeza y se masajeó un momento. Tras un suspiro, le preguntó a Sofía:

—¿Aún tienes tinta?

Sofía asintió.

—Aún tengo. ¿Por qué?

Amara hizo la seña de dibujar.

Las dos sonrieron maliciosamente, luego miraron a Maribel.

Ella ignoró aquello y se formó. Richard detrás.

—¿Cómo iba a saber que no guardan fila? —murmuraba por lo bajo.

Casi diez minutos pasaron.

—Hola, quisiera saber qué objetivos de búsqueda tomaron.

La joven en la recepción parpadeó, confundida.

—Niña… ¿Qué haces en este examen? Es para cultivadores.

—Soy cultivadora. De hecho, rejuvenecí.

La recepcionista la miró. Negó lentamente con la cabeza.

—El nepotismo es la clave —dijo con ironía—. Pásame tu mano, quiero inspeccionarte.

Ella así lo hizo.

La mujer guardó silencio un momento. Una ceja se levantó. Luego rio divertida: lentamente al principio, hasta que habló riendo.

—¿Cómo ensanchaste tanto los canales? Realmente quieres lisiarte. Si fuera uno solo lo entiendo, pero esto… ¡Oh por los cielos, incluso unificaste tantos!

Maribel sintió que sus pies se inquietaban. Una clase de barrera mental se rompió.

—¡¿VAS A ATENDERME O NO?!

La mujer la miró con molestia.

Una mirada de lástima se formó.

—Está bien, no te enojes —dijo agitando la mano—. Para que sepas, tomamos la hoja del Río Aullador. Préstame tu frente.

Maribel se inclinó.

La mujer pasó su mano haciendo una formación.

Una insignia se presentó.

—Esta es la marca de miembro temporal del clan, hecha para este examen. Pasa al otro lado y lee la descripción del objeto.

Maribel asintió.

El interior estaba amueblado. Espejos se encontraban en las paredes. Banderas colgaban de las ventanas.

Ella se levantó el flequillo frente a un espejo.

La imagen mostró un sello rojo. Motas de luz se desprendían del grabado, pero no parecía que fuera a desaparecer pronto.

Retomando su camino, se dirigió a donde todos se aglomeraban.

Leyó.

Descripción de la Hoja del Río Aullador:

[Crece en los bordes más violentos del río, donde la espuma ruge y el agua parece devorar la luz. La hoja es larga, flexible, con un leve patrón ondulante que recuerda ondas de sonido. Al moverla, el viento genera un zumbido tenue.]

Lugar donde se encuentra:

[Aparecen únicamente en los tramos donde los ríos nacen directamente de una Cascada Viviente —una caída de agua cuyo espíritu ha despertado. La cascada debe poseer conciencia, memoria del territorio y voluntad propia. A menudo son cascadas capaces de “mirar” a los intrusos.]

Propiedades:

[Amplifica la percepción espiritual. Puede resonar con los pulsos del agua, permitiendo identificar corrientes ocultas o espíritus menores.

Es frágil fuera de su ambiente: comienza a perder poder si se separa demasiado del río que la vio nacer.]

Advertencias del Pabellón:

[El Espíritu del Río reconoce a cada una como parte de su cuerpo. Las protege con fiereza. Es hostil a grupos numerosos o a quienes muestren codicia.

Robar una sola hoja sin permiso puede desencadenar remolinos espontáneos, aguaceros repentinos o un aullido de agua que desorienta la conciencia.

La manera más segura de obtenerla es negociando, no arrebatando.]

Maribel parpadeó.

—Así que un espíritu.

Richard llegó por detrás.

—No creo que pueda vigilar todas las hojas —dijo sobándose el mentón—. Es factible el robo.

Maribel giró la mirada, encontrando a su compañero.

No intercambiaron palabras.

—Esto será problemático… —dijo una voz joven—. Deberé buscar ayuda.

Maribel sintió una mano golpeando su hombro. El tacto era ligero, pero dejó un rastro frío imposible de explicar.

Ella volteó. Casi se le cayó el corazón.

Ante ella estaba una mujer de cabello negro, liso. Su ropa no era muy elegante, pero se veía la buena tela. La mujer en cuestión no levantaba miradas. Pero Maribel la reconoció al instante.

—Hey… me preguntaba si puedo ir con ustedes. Parecen un grupo pequeño y prefiero separarme de grupos grandes.

Richard miró a la joven.

—¿Eres maga? —preguntó.

La joven asintió.

Una sonrisa de aprobación surgió en él.

—Muy bien. Los magos son personas que se especializan en usar la magia, pero poco pueden cultivar el qi. Es bueno que no te conformes. Pero debo avisar: no somos solo dos personas.

La desconocida asintió.

—¿Cuántos son?

—Somos cinco —aseguró Richard—: tres mujeres, dos hombres.

Una leve sonrisa se formó en ella.

—Cinco está bien. No es problema.

Maribel sintió un escalofrío. No mostró señales.

«¡¿La protegen tantas personas?! Hay ojos incluso fuera de los muros.» Tragó saliva disimuladamente.

Su cabeza casi se giró para encontrar uno de estos, pero se contuvo.

La voz de Maribel sonó nerviosa.

—¿Podrías decirme… cuál es tu nombre?

La mujer actuó con serenidad; sus palabras, bien pronunciadas.

—Soy Maereth. No tengo apellido.

Maribel suspiró. Pero por dentro estaba en caos.

Maereth entregó una sonrisa de perfecta confianza, pero sus ojos eran evaluadores.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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