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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 113

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Capítulo 113: Cuando el Reino Contuvo el Aliento

La ciudad estaba en caos.

Algunos corrían desesperados, empacando sus cosas. Otros estaba postrados frente al palacio.

Incluso los guardia: cultivadores y magos renombrados. Temblaban ligeramente.

Jiāng Róngxuān tocó una puerta de madera.

Al abrirla, sorpresivamente, Thot estaba del otro lado.

La expresión de Jiāng Róngxuān fue disgusto.

Pasó empujando a Thot.

Todos lo reconocieron. Amara principalmente.

La lanza detrás de ella brilló con luz clara.

—No se alarmen —dijo levantando una mano —solo vine a entregar esto.

Róngxuān sacó un ramo de flores rojas incandescentes, de sus pétalos caían fugaces luces rojas, como si fuera ceniza.

Róngxuān estiró el dedo que llevaba su anillo. Un caldero apareció.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó Richard.

—Vine a atender a la maga del buey caído. —respondió, mientras trabajaba las flores.

Richard no se lo creyó.

—¿Por qué harías tal cosa?

Los ojos del intruso se entrecerraron. Suspiró.

—Porque quiero. Además mi clan me pidió apoyar a calmar a la gente. Todos murmuran que la coincidencia de que la maga del buey caído se enferme y los cielos quieran devorar el reino es muy grande.

Thot levantó una ceja.

—¿Y tú lo crees?

Róngxuān negó lentamente.

—No. Pero si puedo ganar favorabilidad con esto, entonces dejaré que otros lo crean.

El grupo miró a Amara. Ella miraba a Róngxuān con dicotomía.

Sofía se acercó y presentó un papel.

[¿Es confiable?]

—Tsk —Amara volteó la cara. —debo admitir… que es confiable. Al menos esta vez.

Tomó el papel y escribió.

[Su hilo es confuso, sospecho de sus intenciones.]

Róngxuān miró a los alrededores. Sus ojos con sospecha.

—¿Por qué siento una presencia demoniaca cerca?

Cuatro aves volaron de la ventana. Una de ellas blanca y de ojos verdes.

Róngxuān entrecerró los ojos.

—Alguien está vigilando. Hay alguien que va tras ella ¿no?

Richard no se movió. No mostró cambios. Pero en su mente no dejaba de maldecir.

«¿Podrías irte ya, gilipollas? Rin la hubiera sanado en menos de lo que terminas de hablar o girar ese estúpido mortero.»

Róngxuān suspiró.

—Ya casi está hecho. Solo debemos esperar unas dos horas a se asiente. —él se dirigió a la puerta. —no vayan a desperdiciar mi medicamento, estas flores iban a ser para mi cultivo. —dijo con un tono amenazador.

Cuando Maribel despertó, una luz verde estaba sobre sus ojos. Una paloma blanca sobre su pecho.

Ella atinó a fruncir el seño. Su qi se movió, empujando bruscamente al ave, como si expulsara un insecto asqueroso.

Su expresión de furia osciló entre confusión e incredulidad.

Estiró la mano lentamente y elevó al ave con su qi.

Richard se tensó. Pero las palabras de Maribel lo calmaron.

—Perdón… Rin. Gracias por sanarme. Pero por favor, no me toques otra vez.

El ave volteó la cabeza, como si estuviera ofendido.

Abajo. Las bisagras sonaron.

La puerta se abrió, el viento corriendo en el interior y exterior.

Maribel contempló el exterior. Las personas corrían de un lado a otro. Un mensajero se apresuraba a la plaza, con la mochila llena de cartas.

Ella no sintió nada.

Una mirada se posó en ella. No venía de ninguna parte.

«¿Qué pasó?» preguntó Maribel en su mente.

«Ese sujeto» respondió el creador «sigue imitando al cielo. Nada más.»

Maribel bajó la mirada. Indiferente.

«Ya veo.» levantó una ceja, confundida «¿Me pusiste un sello?»

«No. Solo es algo temporal. Es por el núcleo. Contrólate, no te dejes absorber por tus emociones.»

Maribel entrecerró los ojos.

«Son las emociones las que guían a la gente, le dan sentido a la vida ¿Cómo me pides esto?»

«¿Entonces estás diciendo que te dejarás dominar? aquellas no son tú, son tuyas. ¿Qué harás si te piden hacer algo malo?.»

Maribel chasqueó la lengua.

«No me tengo malas emociones, no soy malvada.»

El sistema guardó silencio.

Lejos de aliviarla, solo dejó que sus propias palabras resuenen en su mente.

La respuesta del sistema, no fue acusatoria.

«¿Estás segura?»

Maribel apretó los puños.

«Deja de reprocharme por cosas que no hice.»

La respuesta vino con una voz serena.

«Nunca te reproché. Solo te llamé humana.»

Soltó sus puños. Suspiró, negando algo.

Maribel caminó por la ciudad. Algunas miradas la observaron.

El viento agitaba su cabello suelto, ahora largo.

Se dirigió a la plaza central.

Su pecho no dejaba de tener esa presión. Antinatural. Sin causa. Sin razón.

A una cuadra de llegar, se detuvo.

Sus ojos se posaron en la multitud que empezaba a aglomerarse.

Se quedó congelada. Vacía. Sin saber qué hacer.

—¿Para qué vine? —murmuró.

Ahí en el centro. Un hombre se paró en un gran podio.

Cuando lo hizo, la multitud repentinamente quedó en silencio.

El aleteo de un ave podía escucharse desde el externo opuesto.

La solemnidad, la esperanza, el miedo. Maribel podía notarlo en toda esta gente.

Aquél hombre levantó el papel, como si fuera un grial.

Proclamó con voz fuerte.

[El corazón eterno a hablado:

“¿Cuando el cielo a hablado a los mortales?”

“¿Cuándo los cultivadores agacharon la cabeza?”

“¿Cuándo yo os eh abandonado?”

“Estoy con ustedes desde antes de que existiera este reino.”

“Estaré con ustedes cuando caiga.”]

Los ojos de Maribel se abrieron ligeramente.

Su corazón se agitó.

Un grito de júbilo se levantó.

Las aves volaron, espantadas.

El suelo tembló. El viento sopló. Pero nadie temió.

Las manos de Maribel se cerraron.

Sus pasos la llevaron al Pabellón del Umbral Correcto.

No pidió permiso para entrar.

Caminó con calma, descalza; las botas en mano.

Un mago pasó haciendo guardia, pero no la notó. Ella pasó a su costado.

Un murciélago aleteó en el techo, revoloteando. Tampoco vio a Maribel.

Cuando finalmente sus pies se detuvieron, ella golpeó con el dedo una puerta de madera. Era gruesa, robusta, pesada. Pero sonó como si un martillo golpease.

Cuando la puerta se abrió, alguien finalmente pudo verla.

Los ojos negros de Aether la encontraron. Su cola se movió con fuerza, su boca abierta por sorpresa.

Maribel sonrió ligeramente.

—Hola.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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