Sistema de Evolución Universal - Capítulo 114
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Capítulo 114: La Ciudad Que Contuvo La Respiración.
En la habitación, un ave de ojos verdes abrió el pico.
Richard lo cerró con dos dedos.
La paloma blanca pataleó indignada.
—¡¿Qué crees que haces?! —graznó, con dignidad fracturada.
—Evitando escucharte mentir otra vez —respondió Richard, tranquilo.
El brillo de los ojos de Rin tembló como agua agitada.
Thot extendió la mano.
—Ven.
Rin se subió con la postura de alguien que aceptaba su destino porque él así lo decidió.
—Nunca había visto ojos como los tuyos —comentó Thot.
—Tampoco he visto manos tan irrespetuosas —replicó Rin, moviendo el cuello. —Pero aquí estamos.
Amara lo miró desde la ventana, Sofía desde la cama.
—¿Qué puedes decirnos de la voz del cielo?
Rin bajó la cabeza, dramático.
—Preferiría comer vidrio —susurró.
Thot lo levantó más cerca de su rostro.
—¿Y si te doy maíz?
Las plumas de Rin se erizaron al instante.
—¿Crees que soy un ave doméstica? ¡Qué insulto! …¿Cuánto maíz?
Richard lo agarró de golpe.
Rin chilló:
—¡¿Acaso no respetan el espacio personal en este mundo?!
—Habla, Rin. Eres un explorador de un mundo caído, alguien normal no sobrevive a esas cosas. Debes saber algo.
Rin suspiró con un aire trágico.
—Mi gente me va a matar… —hinchó el pecho—. pero ya tengo un trato.
Miró a todos y declaró:
—No era el cielo quien habló.
Todos levantaron una ceja.
El ave miró a Amara.
—¿Quieres decirlo tú?… a no ser que aún no aclaré tus dudas.
La chica suspiró.
Sus ojos se dirigieron al cielo.
—Es el dragón rojo ¿verdad?. Todo los hilos apuntan a él.
Thot levantó una ceja.
—No me sorprende. Pero ¿Cómo lo sabe Rin?
El ave volteó y miró a la calle.
—Deberían ir a la plaza. —dijo. —el segundo examen se anunciará ahí.
Thot se aclaró la garganta. Indignado.
—¿No estoy en posición de negociar con una paloma?
Rin lo miró a los ojos.
—No lo estás. —dijo.
Entonces el ave desapareció ante sus propios ojos. Un ligero empujón movió su mano antes de que una brisa saliera por la ventana.
Amara reclinó el rostro, sin molestarse en mirar.
—Ya se fue. —dijo.
El silencio llegó un momento.
Thot los miró. Incómodo.
—¿Qué les pasa? ¿Por qué no ir?
Sofía se levantó, desganada.
—Está bien… digo, no hace daño ir.
En la plaza, la calma llegó sin llegar del todo.
La ciudad seguía respirando con sobresaltos, pero el caos había dejado de expandirse cuando Vaelithra apareció en la plaza principal, silenciosa, caminando como si el cielo mismo se hubiera detenido para dejarla pasar. Nadie entendió cómo su presencia podía tranquilizar tanto, pero lo hizo: los gritos se volvieron murmullos, y los murmullos se transformaron en simples respiraciones contenidas.
Y entonces comenzaron los rumores:
«La reina de hielo asistirá al segundo examen.»
«El Pabellón no abandona a esta generación.»
«Si ella desafía a los cielos, también lo hará la ciudad.»
Los examinadores no lo confirmaron. Tampoco lo negaron.
Dos campanas resonaron desde la muralla sur.
En la sección de la servidumbre en la Secta del Umbral Correcto.
Maribel desvió los ojos.
Estaba reclinada perezosamente en la cama. Un espejo en la mano.
La persona frente a ella parecía una desconocida.
«¿El núcleo dorado me rejuveneció tanto? parezco mi yo de diez y seis años.»
Aether limpiaba. Ella miraba sin palabras.
—Parece que la campana del segundo examen sonó. ¿Irás a ver los resultados? —dijo con voz preocupada.
Maribel solo asintió mientras se incorporaba.
Abrió ligeramente la puerta. Volteó.
—Se un buen chico. —ella sonrió ligeramente. —Parece que estás creciendo bien.
Aether la miró, su rosto inocente parecía reacio, pero resignado. Un momento después, tomó un profundo respiro.
—Te deseo suerte. —dijo con una ligera sonrisa.
Cuando Maribel salió, una joven de unos quince años estaba allí parada, rígida como un poste ceremonial.
Ambas parpadearon.
—¿Quién eres? —preguntó la chica, con un tono demasiado firme para su edad.
Maribel la observó un momento.
—Creo que te he visto antes…
Elowen frunció el ceño.
—Te he preguntado quién eres.
Maribel se señaló a sí misma.
—Maribel. ¿Y tú?
La joven alisó su vestido con un gesto muy ensayado, luego hizo una reverencia impecable.
—Elowen Zhao. Del Clan Zhao, uno de los clanes antiguos. —asomó una sonrisa diminuta, orgullosa. —Así que te lo preguntaré otra vez: ¿Qué hacías en esa habitación?
Maribel ladeó la cabeza.
—Visitando a alguien, ¿por qué?
El rostro de Elowen no cambió, pero su corazón se oscureció como nubes cargadas.
Maribel levantó una ceja.
«Qué niña tan emocional…»
Un silencio tenso se extendió entre ambas.
Elowen exhaló, como quien comprende una gran verdad.
—Ya veo… así que es eso.
—¿Qué es? —preguntó Maribel, genuinamente curiosa.
Los ojos de Elowen se volvieron fríos, peligrosos, pero también temblaron apenas en el fondo.
—No te acerques a Aether. —dijo con la solemnidad de una princesa dando un decreto—. Él es un prodigio. No necesitas involucrarte con alguien así.
Maribel apenas asintió, distraída.
Un parpadeo más tarde, desapareció.
Elowen quedó sola. Parpadeó. Luego palideció.
Cuando Maribel llegó a la plaza, un gran letrero colgaba anunciando a quienes pasaron el primer examen.
Una sola frase recorría la ciudad, repetida por los mensajeros del Pabellón:
«Participantes, reúnanse fuera de la muralla. El Ejercicio de Resolución Autónoma dará inicio.»
Ella encontró su nombre y el de sus amigos. Sorprendentemente encontró otros dos nombres:
Naryon Jiāng
Elien de la Libertad Eterna.
Muchos nombres tenían el apellido “de la Libertad Eterna”.
Maribel ladeó la cabeza.
—Supongo que ella nació acá.
Caminó un poco. Un hombre le tocó el hombro.
—Ya estás aquí. —dijo.
Maribel volteó.
—Oh… Thot. Hola.
Él apuntó en una dirección.
—Allá están todos.
Maribel siguió la dirección del dedo de Thot. Más allá de los arcos de la plaza, la marea de postulantes avanzaba hacia la muralla sur como un solo cuerpo nervioso: jóvenes con mochilas ligeras, clanes enteros vestidos de gala, cultivadores con miradas afiladas intentando ocultar su ansiedad.
Los rumores sobre Vaelithra formaban una corriente paralela al flujo de gente. No eran gritos; eran susurros persistentes que parecían venir de todas partes.
«Dicen que la Reina de Hielo observará la prueba.»
«Dicen que desafiará el presagio del cielo.»
«Dicen que, si ella está presente, no habrá tragedias.»
Maribel caminó en silencio. Pensando.
«¿Qué importa si aparece la reina? tengo un problema más inmediato.»
Su pecho se sentía raro: todavía frío, pero con un calor extraño debajo, como brasas enterradas en nieve. A veces la respiración le temblaba, otras se volvía más fuerte de lo normal.
Thot caminó unos pasos detrás, mirando a su alrededor con incomodidad.
—Parece que todos están tensos —murmuró.
—Están asustados —respondió Maribel.
Detrás de ellos, Sofía y Amara se unieron. Richard llegó último, ajustando la empuñadura de su arma con cansancio oculto.
A medida que se acercaban a la muralla, los examinadores del Pabellón empezaron a aparecer: túnicas largas, máscaras simples, y un aire de profesionalidad que contrastaba con el caos de la multitud.
Uno de ellos levantó un estandarte.
La multitud se silenció.
La voz de los examinadores resonó amplificada por un artefacto espiritual, turrándose al hablar:
—Postulantes, el segundo examen del Pabellón del Umbral Correcto dará inicio fuera de la ciudad. Será una prueba práctica y autónoma. Recibirán instrucciones mínimas. Cada uno deberá demostrar juicio, resolución, y la capacidad de actuar bajo presión.
La multitud tragó saliva al unísono.
—Los detalles específicos les serán entregados en el punto de inicio. No habrá supervisión directa. No habrá rutas marcadas. No habrá intervenciones.
—Este examen evalúa su capacidad de adaptación.
—Reúnanse más allá de la muralla sur. La prueba inicia al sonar las campanas.
Luego bajó el estandarte.
La tensión aumentó como una cuerda de arco siendo tensada.
Richard exhaló por la nariz.
—Empezó antes de empezar…
Maribel observó el flujo humano avanzar hacia la salida. Entre el murmullo y los pasos, sintió los corazones: competencia, miedo, ambición, secretos, e incluso algunos pensamientos demasiado pulidos… demasiado viejos.
Ella levantó una ceja.
«Parece que no es inusual que los cultivadores también entren por este examen.»
La multitud cruzó la muralla como una ola.
Grandes puestos de piedra que no existían antes se encontraban afuera.
Diversos letreros colgaban de cada uno.
Maribel leyó.
[Formación de brigadas de búsqueda del tesoro.]
[Lista de tesoros.]
[Entrega de folletos instructivos.]
Una inquietud se formó en su corazón al ver a gente con ropa pudiente.
«Oh no… ya me imagino lo que va a pasar.»
El mundo comenzó a elegir líderes. Incluso entre quienes no querían serlo.
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