Sistema de Evolución Universal - Capítulo 117
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Capítulo 117: Un Mal Día, Un Mundo Impuro.
—Oye, ¿Crees que el mundo es justo?
La nieva caía lentamente. El mundo recuperaba su tono helado.
Los sonidos de la naturaleza estaban embotados, pero no ausentes. La voz de las personas, sus pisadas… los animales ocultos.
Maribel, percibiendo la conciencia de la vida, no podía decir que la naturaleza estaba en silencio. Pero una pregunta la hizo girar.
—¿Qué? —respondió Maribel, confundida.
Maereth se aclaró la garganta.
—No es nada. Solo estaba… pensando.
Maribel asintió.
Los sonidos de los pasos seguían de cerca a las dos mujeres.
Richard tocó un árbol cercano.
—Residuos de energía espiritual. Parece que se nos adelantaron.
Amara asintió tranquila.
—¿Alguna marca?
—Ninguna.
Sofía soltó un suspiro, decepcionada.
En los ojos de Maribel, se reflejaba una escena diferente.
Muchos espíritus flotaban en el aire. La mayoría enojados.
—¡Están invadiendo otra vez! no es justo, no pertenecen al bosque. Hicieron su propio dominio, quédense ahí.
—¡Qué horrible, van a matar a alguien! Protejan sus cosas. Alerten a la cascada que van tras sus hojas.
A su paso, los espíritus regresaban al interior del suelo, árboles, plantas, piedras. De donde sea que nacieron, ahí se escondía.
Maribel entrecerró los ojos con tristeza.
—¿Creo que el mundo es justo?… para nada. El mundo es injusto.
Maereth parpadeó sorprendida.
—¿Por qué lo dices?
—Porque muchas personas inocentes se ven afectadas por los planes de otros, de mala manera. Las actividades que hacen unos, inevitablemente dañan a otros, incluso si no lo desean…
Maereth se quedó quieta.
Aquello llamó la atención. Maribel volteó.
—¿Estás bien?
Ella forzó una ligera sonrisa.
—Lo estoy.
Siguieron caminando.
—¿Qué crees que hace a una persona malvada?
Maribel ladeó la cabeza.
—¿No es obvio? Que desee activamente hacer daño sin importarle ,o incluso disfrutando, el sufrimiento de otros.
Maereth asintió, interesada.
Maribel levantó la vista al cielo.
—Así que en ese sentido, yo soy mala persona…
La sorpresa en la joven fue tal que la miró furtivamente.
Parpadeó, procesando las palabras de Maribel.
—Pero… eres la Maga del Buey Caído. Ayudaste a alguien sin conocerlo, escuché los rumores.
La respuesta de Maribel fue guardar silencio.
Sofía se aclaró la garganta.
—Maereth, para ti ¿Qué es una persona malvada?
La chica pensó.
—Supongo que aquellos que no siguen las reglas. Pero considero que hay gente muy buena que las rompe.
Sofía asintió.
El grupo siguió caminando. Llegaron a una zona con un río.
Los espíritus eran menos en cantidad aquí, tal vez estaban escondidos. Nadie sabía. Solo Maribel los miraba.
Maereth se inclinó y recogió un palo del suelo. Un brillo rojo brotó y aquella rama se transformó en un báculo.
Sofía silbó, sorprendida.
La joven golpeó el báculo tres veces en el suelo. Un círculo con canales complejos emergió del suelo, brillando en amarillo. Un pulso se expandió en forma circular, llegando más allá de los árboles visibles. Maereth cerró los ojos.
—¿Cómo fue? —preguntó Amara.
—Nada —,respondió negando. —creo que seguimos muy lejos.
El sonido de una espada desenvainada se escuchó.
Voltearon a ver. Richard estaba apuntando a un enorme árbol.
Todos sacaron sus armas. Sorprendentemente, eso incluía a Sofía, quien desenvainó una espada.
Maribel fue la única en relajar su defensa.
Richard avanzó un paso.
—¿Quién anda ahí?
Cuando finalmente rodearon el árbol, no había nadie. Ni abajo, ni en las ramas.
La mirada de Maribel cayó al costado de Richard, mirando algo que nadie más veía.
En el entorno, muchas presencias se sacudieron. Aún así, nadie vio nada. Pero Maribel pasó disimuladamente los ojos sobre varias ubicaciones.
«¿Qué demonios? esa mujer de verdad nos ve.»
La voz era silenciosa, pero existía. Los murmullos del bosque pedían la retirada.
Richard levantó una ceja, extrañado.
—¿Qué está pasando aquí?
Maribel tomó su lanza, amarró con calma la tela que solía usarse de funda, pero ahora en el mango del arma.
La miraron confundidos.
Ella avanzó unos paso, entonces un miasma negro brotó del suelo.
Ella suspiró.
—Las cosas crecen para adentro. —levantó su lanza. —tú… creces para afuera… —recordó las palabras del sistema. —o tal vez… no lo haces.
Un venado, o algo parecido, salió de entre los árboles.
Bípedo, con cuernos alborotados. Las impurezas saliendo de su cuerpo como lodo chorreando. La saliva le caía por el hocico. El pelaje parecía hecho de alambres oxidados, con un cuerpo casi por completo negro.
El animal abrió lentamente la boca, la saliva pegajosa. Sus dientes puntiagudos expuestos, los bordes de la mandíbula sin piel.
La voz salió como aire pasando por un tubo.
—¿De quién es la culpa? No es mía. Yo solo deseaba… deseaba… algo. —el venado agitó la cabeza. —algo… que ya no puedo tener. Ya nada tiene sentido, no busco nada. Estoy condenado. —el venado agitó las patas, mostrando sus impurezas. —Solo puedo ver mi alma corrupta, impotente.
Maereth estaba refugiada detrás del grupo, quienes estaban extrañamente tranquilos.
—¿Qué es ese algo? —preguntó Maribel, bajando su lanza.
—Los humanos no lo conocen. Pero me dijeron: Si tienes fuerza, puedes tener lo que sea. Así que me cultivé, y mi familia también. Pero los mataron a todos y no pude vengarme. Me rendí, pese a que soy la razón de que los cazaran…
Maribel sintió que la presión en su pecho subía a su garganta.
Tragó saliva.
Volteó para mirar a Maereth.
—¿Crees que él es malo?
El silencio fue sepulcral. Los segundos pasaron, todos estaban confundidos.
Richard apretó los dientes.
—¿Qué estás haciendo? Deberías matarlo y ya.
Amara le pisó el pie.
Maribel suspiró, regresando su mirada al animal.
Caminó lentamente, levantando la mano en señal de calma.
Para sorpresa del ciervo, el arma desapareció en el aire. Lo que no calmaba realmente. Si no era el aura al rededor de la mujer.
Ella lo tocó. Donde debería estar su corazón, su mano se hundió ligeramente en el pelaje húmedo.
—Las cosas crecen para adentro. —murmuró. —Tú, creces para afuera. Pero todos los mortales también lo hacen.
Elevó la mirada, encontrando los ojos temblorosos del venado.
Ella sonrió ligeramente.
—Las pasaste muy mal ¿Verdad? .
Ella levantó la mano. El venado se tensó.
Pero antes de poder hacer algo, Maribel tiró su brazo a un costado. No pasó nada.
Cuando el venado abrió los ojos, seguía vivo. Parpadeó confundido.
Una exhalación pesada vino de Maribel. Detrás suya, todos estaban estupefactos.
Las impurezas se habían ido. Ante ellos estaba el venado. No cambió realmente, pero lo que se veía como diabólico antes, ahora era lastimero y dañado.
Maribel reposó su frente sobre el corazón del venado, como si le diera un abraso.
La sorpresa fue tal, que se olvidaron de respirar.
—El mundo es injusto, seguramente tu corazón buscó afuera. Pero igual botaste impurezas. Él dijo que no me rinda ante mis emociones. Tú no te rendiste ante tu corazón torcido, en el último momento creciste, te sobrepusiste. Miraste dentro de ti.
Los ojos del venado mostraron una emoción indescriptible.
Su lengua se movió como pudo.
—¿A dónde se fue mi maldición?
Maribel sonrió apreciando la pregunta.
—Ya que creciste, eso debe empequeñecer. No se fue realmente, solo dejó de crecer contigo.
Sonidos de incredulidad provinieron de atrás. Maribel volteó interesada.
Maereth estaba con la boca abierta, sin saber qué decir.
Los demás se recompusieron apenas.
Richard se aclaró la garganta.
—Bueno… no entiendo realmente esto que vi. Pero es genial que no tengamos que pelear.
Maribel asintió. Volteó en dirección al venado.
—Cuídate. No confíes en los humanos, si los ves de preferencia corre y no pelees.
El animal asintió.
—Ya aprendí esa lección. —dijo con tristeza.
Ella regresó al grupo, se retiró una astilla del dedo y esta creció, revelándose como la lanza. Aquel arma para matar.
El venado regresó a caminar en cuatro patas. Se veía espantoso, demacrado… lastimero. Pero igualmente se perdió en la vegetación, tambaleándose.
La mente de Maereth era un caos. La sorpresa en ella, se compartía con el resto del mundo. Todos pensaron lo mismo.
«Otra esclarecida a llegado.»
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