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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 118

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  4. Capítulo 118 - Capítulo 118: Formando Equipos (III): Una Noche Tranquila, Un Bosque Hambriento.
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Capítulo 118: Formando Equipos (III): Una Noche Tranquila, Un Bosque Hambriento.

El sonido del agua se escuchaba a lo lejos.

Diferentes grupos de personas avanzaban, lentamente. Temerosos.

Thot suspiró. Una gota de sudor le caía por el rostro. Los pañuelos que llevaba en el almacén eran apreciados. Pero las personas no dejaban de llegar, temblando.

Unos arbustos se movieron cerca. Los guardias apuntaron sus armas.

Una mujer salió entre la vegetación. Las manos levantadas, las heridas abiertas.

Un suspiro de alivio salió de los guardias.

—Necesito ayuda. —se acercó cojeando.

Ella se dejó caer. Thot la atrapó.

—¿Qué pasó?

La mujer levantó la mirada, lastimera.

—Mi… escuadrón… —tomó aire. —nos están atacando.

Thot abrió los ojos con sorpresa.

—¡Tenemos una mujer herida!

Las horas pasaron, más personas llegaban.

Thot revisó su almacén improvisado.

Incluso en lo salvaje, él traía sus productos. Pero empezaban a escasear telas para vendar, ungüentos, y demás productos; la carne empezaba a terminarse, solo tendrían para recibir a unos cuantos más.

—Maldición. —cerró un cofre con pociones. —solo quedan 7 elixires del clan.

Un hombre entrecerró los ojos.

—Solo la mitad de los que nos dieron… incluso en el cuarto día de búsqueda deberíamos tener más de la mitad.

—Deberíamos pedir refuerzos. —sugirió Thot. —estoy seguro que hay miembros que ya se cultivan pero no pertenecen al Pabellón.

—Tsk… ¿Y defraudar a la reina? —el hombre tomó una espada. —iré yo mismo a buscar. Estoy cansado de quedarme atrás.

—Ey ¿Qué crees que haces? Si vas tú solo, morirás.

El hombre hizo caso omiso.

Desapareció sin decir palabra.

Thot ordenó las cosas, preparándose para recibir a una nueva persona. Con suerte, no sería su compañero.

En lo profundo, la hierba moría. El aire era pesado, inodoro pero nauseabundo. Una inspiración bastaba para sentir vértigo.

Pasos se escuchaban corriendo. Las personas, sin embargo, no se veían por ningún lado. Las sombras se movían como la noche escapando del sol.

Una sombra fue alcanzada por una lengua bífida. El hombre dentro gritó cuando aquella cosa entró a la sombra. La sangre brotó desde dentro, como una pileta. Salió reptando.

—¿Qué haces? Deja de mirar y corre.

Ordenó la sombra de enfrente.

Del cadáver salió un humo oscuro, ojos verdes. Maldiciones salían de su boca. El espíritu voló lejos, escapando.

Pronto un nuevo cadáver cayó. Otro espíritu salió.

Cuando la serpiente estaba por cazar uno nuevo, se congeló. Una sensación entraña, repugnante.

Una rana salió de un estanque. Grotesca, con la piel cubierta de impurezas. Sus ojos habían perdido la cordura. Las verrugas se hinchaban como tumores espantosos.

Aquella cosa no dijo nada. Saltó en dirección a la serpiente.

Las batalla era estúpida, completamente. La enorme serpiente engulló a la pequeña rana.

Mientras dio vuelta para seguir su casería, una lengua negra salió de su interior, agarrando uno de los colmillos. El batracio jaló su lengua, destrozando el cuerpo óseo.

La serpiente se revolcó.

Desde el interior del animal, la rana empezó a frotar las paredes de la serpiente. El mocos que producía pronto empezó a quemar.

Una cabeza se asomó del interior de la serpiente. Su abdomen destrozado.

Las partes derretidas goteaban como fluidos, los cuales eran sorbidos por la rana. Un deleite glotón.

A lo lejos, los hombres dejaron de correr. Se acercaron a la rana con una sonrisa enorme.

—Esa cosa no debió seguirnos hasta aquí. Bien hecho. —dijo abriendo la boca.

Uno de ellos le tocó el hombro.

—Se sonríe de esta manera. —dijo, mostrando la forma correcta. —levantas estas cosas llamadas mejillas y muestras los dientes.

El sujeto tomó su rostro y lo manipuló con las manos.

—Entendido. —asintió.

Miraron a la rana con una pregunta implícita.

El pequeño batracio se colocó frente a su presa. Como si defendiera su premio.

El hombre rodó los ojos.

—Nos vamos. Hay que encontrar a quien buscamos.

Uno de ellos levantó la mirada.

—¿Qué pasa? —.Preguntó otro.

—Nos observan.

Uno de ellos gruñó.

—Que lo hagan entonces. No importa. —levantó la mirada, con ojos dementes. —acabaremos con cada ser humano aquí. Solo nosotros gobernaremos el mundo.

Los demás rieron por lo bajo.

Uno de ellos desvió la mirada.

—Pero antes, debemos buscar a nuestro objetivo.

—Oh… si. Eso.

El grupo desapareció.

Uno de los espectros se asomó en el cuerpo de un hombre muerto, la carne ya podrida por el miasma. Sin marcas en la frente, sin clan afiliado.

Se levantó lentamente. El cadáver acomodó sus extremidades. Su piel se cayó, revelando los huesos parcialmente. El muerto rascó, extrayendo la piel. La sangre brotó sin restricción, el rostro cayó en el suelo como una máscara mal hecha.

El viaje continuó en las sombras, en el bosque, en el examen, en el Reino de La Libertad Eterna; mientras la nieve caía, enfriando el mundo una vez más.

A kilómetros de distancia, en un campamento mortal, el corazón de Thot estaba más inquieto.

—¿Qué pasa si no vuelve? —se dio pequeños golpecitos en la cabeza. —deja de pensar en eso. Debo esperar a más personas.

Empezó a ordenar nuevamente, buscando con mayor minuciosidad. Limpió hasta el menor polvo.

Soltó un suspiro satisfecho.

Pasos tranquilos se asomaron. Thot se volteó. Una ligera sonrisa avistó sus labios.

—Hola chicos.

Detrás de la tela, la figura de Amara se asomó.

—Hola Thot. ¿Cómo te va de este lado?

Él hizo una mueca.

—No tan bien… muchas personas vienen para tratar sus heridas en vez de hambre y frío.

Ella rio entre dientes. Thot hizo una mueca.

—No es gracioso. Yo no estoy preparado para esto.

—Lo que digas. —dijo Amara levantando las manos. —ven con nosotros. Ya no podemos caminar más.

Thot miró al cielo. El sol seguía ahí, pero pronto se ocultaría.

Sofía se quitó las botas, un montículo de nieve cayó.

Maribel y Maereth estaban igual.

Él suspiró.

—¿No tienen criterio para caminar en la nieve?

Richard giró sorprendido.

—¿Me incluyes a mi? —la nieve en sus botas se derritieron. —yo tengo mi fuego.

Richard volteó sus botas y un chorro de agua cayó.

Maribel tenía los ojos hechos bolitas, su sonrisa irónica.

—Eres tonto. —murmuró.

Richard la miró con reproche, pero antes de hablar otra voz interrumpió.

—Es verdad. Eres tonto. —dijo Sofía, apuntando el agua. —mojaste tus botas.

Una risita contenida surgió, era Maereth. La miraron.

La risa desapareció, suplantada por una postura refinada y rostro educado.

—Pensé que yo era la única completamente ignorante de estas cosas. —dijo.

Thot se rascó la cabeza.

—¿No vieron a mi compañero? Salió hace un tiempo y no volvió.

El grupo guardó silencio. Luego se miraron entre sí.

Lentamente negaron con la cabeza.

—No importa. —dijo Thot. —Tenemos leña atrás, voy a traerlo.

—Voy contigo. —dijo Richard.

El día acabó. El frío aumentó. La nieve se acumuló.

En la oscuridad, una luz anaranjada iluminaba un sector de búsqueda. Muchas fogatas estaban cerca, entre cincuenta a cien metros de distancia.

Richard estaba asando un conejo en compañía de Thot.

En una fogata a unos diez metros, las tiendas guardaban calor.

Maereth observaba el fuego hipnotizada.

—¿En qué piensas? —preguntó Amara.

Maribel paró la oreja.

—En alguien a quien conocí. —respondió Maereth.

Sofía parpadeó, interesada. Una sonrisa se formó en sus labios.

—¿Un amante?

—¿Qué? No. Ella era más como una madre. —un suspiro se le escapó. —incluso más que mi propia madre…

Amara retrajo su mano, estaba por molestar a Maereth sin darse cuenta. Pero otra mano llegó sin que Amara lo viera, hasta que fue tarde.

Suavemente, acarició la cabeza de la chica.

—¿Podrías contarnos más de eso? Solo si quieres. —pidió Maribel. —Esa persona parece ser especial.

Amara tembló visiblemente al ver esto. Maereth también. Cerró los ojos dejándose llevar por el gesto. Ella comparó los rostros, no eran para nada similares, pero alguna forma… lo eran.

—Ella… era alguien amable, sabia, capaz de calmar al peor de los demonios. Ignoraba las convenciones sociales y trataba a todos con justicia. Al menos así era, hasta que desapareció por una década. Recientemente me enteré que murió.

Maereth se reclinó sobre sus rodillas, recordando.

Maribel se movió, dejando espacio para Amara.

Cuando las tres se sentaron, ella habló.

—¿Saben algo? Yo nunca fui cercana con mis padres. Solo cuando crecí hasta la adultez empecé a querer conocerlos. —la tristeza tiñó sus ojos. — y me arrepiento mucho… de verdad. Porque ahora ya no los puedo ver. Y sé que sufren por mi culpa.

Ella guardó un silencio un momento. Luego suspiró.

—Así que en realidad, me alegro que ustedes hayan podido tener tal cercanía con sus padres.

Un silencio se instaló. El crepitar del fuego llenaba el espacio.

Sofía bajó la cabeza.

Amara jugaba con sus dedos, pensativa. Propuso.

—Si quieres… cuando acabemos el examen, podemos poner sus nombres junto a los míos.

Maribel asintió. Amara miró de reojo a la nueva.

—Maereth… solo si deseas…

La chica asintió.

—Iré con ustedes.

En el cielo nocturno, una estrella fugaz apareció.

Maribel suspiró, sorprendida.

«¿Por qué siento que hay vida en esa estrella? El universo es prodigioso.»

Se encogió de hombros y volvió a calentarse con el fuego y la compañía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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