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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 119

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  4. Capítulo 119 - Capítulo 119: La Mañana Fría, el Fuego Compartido: Mosquito, Café y Celos.
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Capítulo 119: La Mañana Fría, el Fuego Compartido: Mosquito, Café y Celos.

La luz de la mañana se asomaba entre las telas.

Un mosquito estaba posado sobre la piel.

Maribel abrió los ojos lentamente. Parpadeó.

Entonces su mano golpeó con fuerza.

Un zumbido indignado resonó.

«¡Maldita asesina! ¿Por qué me quieres matar?»

Maribel se quedó helada. Miró su mano, luego el aire.

—¿Tú… hablas? —entrecerró los ojos mirando al mosquito—. Eh… ¿por qué quieres mi sangre?

El silencio se abrió paso. El mosquito volaba allí, sin moverse.

«Tú… ¿me entiendes?»

—Así es.

El mosquito dio unas vueltas en el aire y luego regresó frente a ella.

«Quería tu sangre para tener a mis hijos» —su voz sonaba decepcionada.

Maribel levantó una ceja.

—¿Y si tienes alguna enfermedad? Me estarías haciendo daño… espera, yo no puedo enfermarme.

«Ya no importa» —dijo el mosquito—. «Igual no pude atravesar tu piel.»

Maribel suspiró.

—Mi sangre es simplemente demasiado valiosa. Busca algún gusano o sapo.

El mosquito se burló.

«¿Quién querría esa sangre maliciosa? Todos tienen una sangre parecida a la brea. Vi a una que picó a una rana y esa sangre la trastornó hasta la muerte.»

Maribel parpadeó sorprendida. Se rascó la mejilla, sintió lástima y estiró el dedo. Un ligero corte se produjo con su lanza reforzada.

La sangre brotó apenas unos instantes antes de sanarse.

El mosquito tembló visiblemente.

«Esta cosa… ¿Qué clase de sangre es esta? Ningún instinto de mi especie reconoce algo así, pero lo deseo mucho.»

Maribel suspiró.

—Entre los humanos lo conocen como esencia de sangre. Solo los cultivadores pueden producirla. —Entrecerró los ojos—. Te permito tomarla, pero debes informarme de lo que pasa en el bosque y ayudarme a buscar cierta hoja. ¿Tenemos un trato?

No pudo indignarse cuando vio que el mosquito ni siquiera escuchó y simplemente comenzó a beber. Después de todo, para ella la esencia de sangre era tan común como el agua corriente.

—No seas avaricioso, vas a explotar.

El mosquito dejó de beber.

Un temblor extraño recorrió su cuerpo.

Maribel entreabrió los ojos.

El mosquito estaba creciendo. Sus alas brillaban con un tono rojizo.

[Advertencia: Has creado un demonio de sangre menor. ¿Desea aplicar contrato familiar?]

«¿Qué… qué me hiciste?» La voz del mosquito adquirió un matiz nuevo, más profundo.

Maribel sintió la garganta secarse mientras miraba las opciones.

[Sí . No]

Marcó en sí.

[Se ha aplicado contrato familiar. Ahora el demonio de sangre está bajo tu control. Se pide a la anfitriona no permitir la muerte de inocentes, así como controlar plagas.]

Ella asintió lentamente.

«Bueno, humana, lo que me hayas hecho, solo me beneficia. Iré a colocar mis huevos. Cuando regrese, te contaré lo que investigué en el camino.»

—Ah… sí. Buena suerte —dijo confundida.

«¿Existen los demonios de sangre? No lo sabía.»

[No existen en este mundo. La anfitriona acaba de crear el primero.] respondió el sistema.

Maribel suspiró y se tapó el rostro con las manos, reprochándose.

Al salir, encontró un aroma a café. Eso la descolocó aún más.

Buscó el origen del aroma. Era una fogata.

Maereth estaba preparando café.

—¿Trajiste café… a un examen en la naturaleza? —preguntó Maribel.

La interrogada volteó, confundida.

—¿Pasa algo?

Maribel asintió.

—El café… bueno. Solo digamos que no es barato.

Maereth parpadeó sorprendida. Ladeó la cabeza.

—¿Estás completamente segura?

—Muy segura —respondió Maribel.

La mujer volvió la mirada hacia la olla donde el café hervía.

Un brillo rojo brotó de sus manos y tomó la olla, retirándola del fuego.

—Ya lo hice, así que ¿por qué debería compartir?

Amara salió corriendo de su tienda.

—Yo quiero —dijo, dándole una mirada de reojo a Maribel.

Ellas dos se sentaron.

Maribel inspeccionó sus alrededores.

—¿Dónde están Sofía y Richard?

—Se fueron a algún lado —dijo Amara agitando la mano.

La atención regresó al café.

Maereth extendió la mano y, de su anillo, salieron todo tipo de cosas para comer. Ante los ojos sorprendidos de las otras dos, extendió una manta e improvisó un picnic.

Amara parpadeó.

—¿Segura que no eres la princesa de algún clan?

Maereth la miró con confusión.

—No soy la princesa de un clan —dijo.

Amara tragó aire.

—¿Cómo es que tus hilos dicen que no mientes? —preguntó con los ojos bien abiertos.

El pan y la mermelada se unieron con naturalidad.

Maribel y Amara lo comieron con manos temblorosas.

La primera por nostalgia. La segunda por lo valioso que era.

En el primer mordisco, Maribel recordó momentos de su antigua vida. Una ligera sonrisa se formó. La casa de sus padres, los desayunos apresurados para ir al colegio…

—Qué recuerdos —susurró.

Amara la miró de reojo, entrecerrando los ojos. Bajó el aperitivo.

El silencio fue momentáneo. Luego reclinó su hombro sobre Maribel.

—Este día hay que encontrar esa tonta hoja —pidió.

Maribel suspiró.

—Me temo que los espíritus lo esconden bien. Además, el bosque parece inquieto por algún motivo. Pero daremos lo mejor de nosotras.

Thot estaba un poco alejado, levantando su tienda con los productos de apoyo encargados por el clan Zhao. La insignia se reveló al abrir el puesto.

Maereth caminó con curiosidad hacia la tienda.

Maribel se quedó sentada, con el peso de Amara impidiéndole el movimiento. Intentó levantarse… pero Amara siguió recargada en ella, silenciosa, sin mirarla.

Maribel bajó la cabeza, esperando que Amara la dejara ir. Sintió otra presión en la garganta. Ignoró la incomodidad y acercó la voz al oído de Amara.

—Vamos, Amara. No necesitas ponerte así —dijo con amabilidad, aunque la voz salió más profunda de lo esperado.

La mujer se saltó un latido, pero no cedió. Pasó un brazo por la cintura de Maribel, como si la sujetara. Agachó la cabeza.

Un rostro sonrojado se ocultaba entre su cabello.

«Waa… su voz en mis oídos… susúrrame más.»

Maribel desvió la mirada, infló las mejillas y entrecerró los ojos. Una compulsión por empujarla ahí mismo surgió, pero se desvaneció de inmediato.

Frotó la cabeza de Amara.

—No te abandonaré. Lo sabes, ¿verdad?

Amara asintió suavemente.

Los pasos de Maereth la llevaron a la tienda.

—¿Qué cosas vendes? Me da curiosidad saber qué usan los ple-… quiero decir, los… mercaderes —dijo, dudando de sus palabras.

Thot la miró de reojo. Una ceja se levantó.

Se dio vuelta, guardando sus pensamientos.

—Ven, pasa. Te enseñaré lo que tengo y te explicaré qué hace. Aunque principalmente tengo cosas para apoyar la investigación…

Maereth asintió. Al salir, lo hizo cargada de cosas. Pagó con una moneda de oro y guardó todo en su anillo.

Thot tenía una sonrisa torcida.

Maribel negó lentamente, suspirando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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