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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 22

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22: Escapando 22: Escapando La noche era tan clara bajo la enorme luna, que el lago reflejaba el cielo con una perfección inquietante.

Los pabellones del Pico Espiritual estaban en silencio, rotos solo por el sonido distante de los guardias en los portones inferiores y los cánticos de los magos del templo menor.

Maribel se inclinó sobre un mapa extendido sobre el suelo.

La tinta, dibujada con polvo de color, marcaba un camino que se alejaba del dominio imperial hacia el este, cruzando ríos y pasos sellados por el Consejo de ancianos.

Richard sostenía una lámpara cubierta, su luz temblando como si temiera ser descubierta también.

Amara observaba desde la ventana; su mirada, fija en el horizonte, vibraba con la concentración del don que le permitía ver momentos hacia adelante.

—El sendero del río —murmuró Richard—.

Si seguimos esa ruta, podríamos cruzar la frontera antes del tercer amanecer.

Maribel no respondió.

Sus manos estaban quietas sobre el mapa.

Aether dormía en el camastro, el rostro cubierto con una máscara de hueso blanco y una capucha de cuero.

Cada respiración suya parecía una apuesta contra el destino.

Amara volvió a hablar sin apartar la vista del exterior:—Nadie en las cercanías.

No tenemos más opción, esta noche suben los inspectores imperiales.

Richard asintió.

—He preparado provisiones y sellos de ocultamiento.

Nos alcanzarán para ocultar tres presencias.

—Su voz se quebró un instante—.

Pero no cuatro.

El silencio cayó como una piedra en el agua.

Maribel levantó la cabeza, y en sus ojos poco a poco una luz los convirtió en dorados producto de la luz del farol.—Entonces me quedaré.

Richard giró hacia ella.

—No digas estupideces, no puedes dejar a Aether, además sin ti no hay posibilidad de llegar al otro lado.

—Soy la más fácil difícil de rastrear —dijo ella con calma—.

El sistema aún tiene mi poder principal sellado, pero mantengo el sello que oculta mi cultivo, les recuerdo que no libero nada de qi.

—¿Qué hay del niño?

—Es mejor si 2 personas lo cuidan —Dijo con autodesprecio —Yo no soy adecuada.

Richard abrió la boca, de corazón quería burlarse de ese comentario, pero luego se detuvo mirando nuevamente a Maribel.

Entendió a lo que se refería después de verla así: Vacía.

No se parecía a cuando libremente dejó caer sus lágrimas ante la caravana, ya no era una mujer que aceptaría el dolor y los estigmas para luego continuar con esperanza…

—¿Sabes?

Puedes simplemente seguirnos por detrás —El tono de diversión vino de la voz de Richard.

Amara apretó el borde de la ventana.

—No discutan.

Si nos oyen, nada de esto servirá.

Desde el pasillo, un crujido.

El sonido de una tablilla vieja cediendo bajo un peso leve.

Amara contuvo la respiración; Richard alzó el sello en la palma.

Nada.Solo el viento.

Pero a unos metros, detrás de un muro de bambú, Sofía escuchaba todo.

Sus ojos estaban húmedos, pero no entró.

No podía.

Cada palabra de Maribel era un recordatorio de lo que se suponía que debía hacer… y no hacía.

—El chico —dijo Richard en voz baja—, ¿Cuánto tiempo puede mantener su disfraz?

—El tiempo suficiente, pero con ayuda del sistema sube como 4 horas más —respondió Maribel—.

Pero Aether ya no puede seguir escondido aquí.

Ella dobló el mapa y lo guardó en el interior de su túnica.

El movimiento fue lento, deliberado.

Sabía que al hacerlo estaba sellando una decisión.

—Iremos hacia el este —dijo—.

Si el sistema me apoya puedo pedirle ayuda al entorno.

Ustedes tomen a Aether y vayan primero.

Richard la miró con una mezcla de respeto y confusión.—¿Y tú?

—Los distraeré.

No necesito luchar.

Amara bajó la vista, su voz apenas un hilo.

—Puedo prever las primeras rutas de los inspectores.

Te enviaré una señal cuando estemos fuera del rango del sello.

Los tres esperaron en los tejados durante la noche.

A lo lejos, las campanas del templo tocaron una vez.

La hora del cambio de guardia.

Era el momento.

Richard cargó a Aether con cuidado; el niño, medio dormido, murmuró un nombre que nadie alcanzó a oír.

Amara abrió el sello del muro interior, liberando un corredor oculto que descendía hacia los campos traseros del pico.

El aire olía a raíces y humedad.

Maribel los vio desaparecer en la oscuridad.

No los siguió.

Caminó hacia el lago y se arrodilló en el borde, mirando su propio reflejo temblar sobre el agua, “¿Tal vez alguien quisiera salir a consolarme hoy?” No hubo respuesta, ella sentía en lo profundo como el sello hacía que sus emociones se amontonen…

como una gran pira lista para quemarse con querosene.

La luna se partía en dos sobre la superficie del lago —como si también el cielo quisiera reflejar su corazón—.El sistema no había ofrecido palabras de consuelo tampoco.

Por un momento se sintió tan sola de nuevo, como cuando llegó a este mundo, no había nadie más.

Solo su respiración, y el eco de la promesa que aún resonaba en algún rincón del cosmos: “Mientras respiremos, nadie caerá.” A lo lejos, los sellos imperiales comenzaron a encenderse uno por uno.

Las pisadas a lo lejos no llegaban a los oídos de Maribel, pero en su corazón sintió un mensaje: La caza ah comenzado.

Ella corrió para seguir a sus amigos a la distancia, una vigía silenciosa.

El amanecer no había roto aún la bruma cuando tres siluetas descendieron del Pico Espiritual.

No había caminos marcados, ni senderos conocidos; solo el rumor del viento y la respiración contenida de la tierra.

Amara iba al frente, con los ojos cerrados por momentos.

Richard cargaba a Aether, pero el niño no parecía un peso.

Cada paso que daban, el bosque cambiaba.

Las raíces se movían apenas, reacomodándose para abrirles paso.

Las ramas bajaban, formando una cúpula espesa que ocultaba su rastro.

Incluso los insectos callaban, como si el mismo pulso del mundo estuviera ajustándose para protegerlos.

—¿Ves eso?

—susurró Richard.

A lo lejos, un guardia imperial caminaba justo frente al barranco donde ellos habían pasado hacía unos segundos… pero el sendero había desaparecido, cubierto por una repentina caída de piedras.

Amara no respondió.

Solo siguió caminando, con una mano sobre el pecho, sintiendo cómo el aire parecía respirar con ellos.

El niño levantó la vista, mirando a través del follaje.—Nos está ayudando —dijo, con una calma extraña.

Richard quiso preguntar “¿quién?”, pero el silencio del bosque era demasiado perfecto como para romperlo.

A medida que avanzaban, el terreno cambiaba de nuevo.

Donde antes había un pantano, ahora había un campo seco.

Donde el sol caía de lleno, ahora había nubes.

Era como si el mundo, en un capricho, los estuviera redibujando para mantenerlos ocultos.

Llegaron al borde de un río.

El agua corría en silencio, tan clara que reflejaba los rostros.

Cuando Aether tocó la superficie, el reflejo tembló y se expandió, el agua se separó en muchas pequeñas ramificaciones, dejando caminar por donde no había agua corriente y adaptándose mientras cruzaban el río.

—¿Qué… qué está pasando?

—preguntó Richard.

Aether cruzó primero, sin mirar atrás.

Amara lo siguió, y Richard, con el corazón latiendo con fuerza, fue el último.

Detrás de ellos, el bosque volvió a cerrarse.

Los sonidos del mundo regresaron lentamente: El canto de las aves, el murmullo del agua, los ecos lejanos de los cazadores que nunca los encontrarían.

Al otro lado del río, Amara miró hacia el horizonte.

Por primera vez desde que huyeron, sintió algo parecido a esperanza… y miedo al mismo tiempo.

Porque comprendió que si el mundo se adaptaba para protegerlos, entonces también podía hacerlo para castigarlos.

¿Pero quién los protegía cuando el dragón rojo los querría muertos?

El sol no había subido del todo cuando las sombras del bosque comenzaron a diluirse.

El aire se volvió más claro, pero no más cálido; una brisa ligera corría desde el este, trayendo un olor a piedra húmeda y flores que no deberían existir en esa estación.

Habían caminado sin hablar durante horas.

Cada tanto, Amara se detenía, ladeando la cabeza como si escuchara un eco que los demás no podían oír.

Richard, con Aether en brazos, solo miraba adelante, contando los pasos como si de eso dependiera su cordura.

—Falta poco —dijo Amara de pronto, rompiendo el silencio.—¿Poco para qué?

—preguntó Richard.—Hay un santuario viejo más adelante.

Lo usaban los cultivadores cuando este camino aún estaba abierto.

Nadie lo visita desde la guerra de las fronteras.

El sendero se estrechó.

Entre los árboles, comenzaron a verse fragmentos de piedra cubiertos por raíces: Antiguas esculturas, pilares grabados con runas apenas visibles, y en el centro de todo, una puerta de arco bajo que parecía formar parte del mismo bosque.

No había signos de magia activa.

Aether abrió los ojos, observando las ruina— Aquí no hay peligro.

Amara dudó, pero asintió.

Richard empujó la puerta con cuidado; cedió sin resistencia, revelando un recinto semicircular cubierto por musgo.

En el techo, un hueco dejaba pasar la luz de la mañana.

El agua caía desde ahí en hilos delgados, formando un pequeño estanque en el centro.

—Descansaremos aquí —murmuró Amara—.

Nadie nos rastreará mientras el qi del lugar esté tan quieto.

Richard dejó a Aether junto al estanque y se dejó caer contra la pared.

El cansancio lo alcanzó todo de golpe, como si su cuerpo recién ahora recordara que seguía vivo.

El niño miraba el agua, fascinado por las ondas que formaba con los dedos.

Amara recorrió el recinto en silencio.

Había inscripciones antiguas, pero desgastadas, casi borradas por el tiempo.

El viento cambió, entrando por la grieta del techo.

Las ondas del estanque se movieron en direcciones opuestas, formando un patrón que parecía una flor abierta.

Aether la miró fijamente.—Ella aún viene —susurró.

Ni Amara ni Richard tenían dudas de a quién se refería.

Por un tiempo el refugio se mantuvo silencioso: Las criaturas del bosque no se acercaron, las hojas no crujieron, pero una profunda tristeza llenó el aire, como si repentinamente todos se sintieran impotentes e inútiles.

Incluso las bestias huyeron de ese sentimiento.

Los tres no fueron la excepción, mientras los adultos saboreaban el contraste entre un ambiente que debería transmitir paz y una atmósfera deprimente, se escuchaban leves lloros de un pequeño niño lobo.

—Ya no hay comida abundante, ni camas cálidas.

Un sonido de cuarzos chocando sonó desde arriba.

—Aún tenemos estos.

Una mujer familiar se encontraba sobre la estructura que soportaba el techo, con un amuleto en su cintura que parecía un hombre, hecho de las mismas piedras que chocaban.

—*Snif* Es verdad, tenemos muchos de esos…

Amara y Richard la miraron sorprendidos —¡¿Cómo tienes tantos?!

—Dijeron al unísono al ver un cofre del tamaño de un torso humano casi hasta el tope  —¡¿Y dónde rayos lo guardaste?!

—Agregó Amara.

Acto seguido vieron como el cofre simplemente se hacía pequeño y se perdía en el escote de Maribel.

Todos estaban con los ojos hechos bolitas, incluso Aether.

—Es parte de mi habilidad secundaria —Dijo Maribel con la voz un poco apagada y una sonrisa forzada.

Ella respiró hondo, cerró los ojos y contempló sus situación.

—Gracias por ayudarme, ya pueden volver.

—¿Qué?

—Preguntó Amara con molestia —¿Por qué nos iríamos?

—Exactamente, ya estamos a medio paso de poder irnos de este lugar que tiene a un sujeto que puede matar gente desde su sentado, ¿Por qué volveríamos?

—Agregó Richard.

—Ni siquiera yo quisiera volver —Agregó una voz inesperada.

Amara y Richard se sorprendieron y miraron en su dirección.

Maribel que esta por arriba miró hacia atrás, de donde salió una mujer que estaba oculta.

—Pensé que me seguirías después —Respondió Maribel —¿Cómo supiste que estaba aquí?

—Puedo sentir tu confusión, miedo y tus dudas.

Siempre supe dónde estabas Sofía.

Sin mencionar que Aether te pudo descubrir desde antes.

Sofía se rascó la cabeza incómoda.

—Que curioso —Dijo con un suspiro triste —Podría decir lo mismo para ti, ¿Podrías simplemente superarlo ya?

Todos nos sentimos impotentes ante un alma naciente.

—¿Cómo no?

Claro, simplemente dejaré de estar mal y arreglaré mis emociones ¿Te importaría venir y cambiar mis emociones por mi?

Olvidé como se hace eso.

Sofía levantó una ceja.

—No estuviste ahí —Dijo Richard.

—Así es, fue horror puro.

Nunca podría olvidar esa impotencia.

—Agregó Amara.

Sofía levantó la otra ceja —De cualquier manera, solo quería animarla…

no es agradable tener que deprimirme yo misma solo por tenerla cerca.

—Perdón, realmente no es mi intensión.

Sellaré esa habilidad ya que no se supone que aún deba quitarse el sello  Dijo con dificultad, palabras dichas lentamente, mientras su atención era robada por las piedras y a los árboles, haciendo muecas incómodas de vez en cuando.

Un sentimiento de dulce alivio llegó pronto.

La paz del lugar regresó y pronto los animales empezaron a llegar: Lagartijas y moscas, libélulas y abejas, así como animales ocultos que solo Aether podía sentir.

—Es como si el entorno hubiera sido contaminado antes y ahora volvió a la normalidad —Dijo Aether.

—Si, se contaminó de Maribel —Dijo Sofía, agregando después —Aunque eso es normal porque no sabe manejar su poder.

Ella se sentó a descansar un momento y preguntó: —¿A dónde iremos ahora?

—¿No estás molesta porque no te trajimos?

—Preguntó Amara notando la frescura de Sofía.

—Si, lo estoy.

¿Acaso quieres discutirlo ahora?

—La agresividad en su voz.

Una sonrisa surgió en Amara —Claro…

si quieres podemos resolverlo ahora —Ella tomó su arma.

—Alto ahí, esto es tonto.

Si se dañan y no pueden avanzar bien, luego sería desastroso así que no peleen.

Maribel suspiró mientras miraba el bosque.

—Gracias por intentar ayudar, pero tal vez quieras moverte, esas dos tienen una afinidad inesperada…

—Dijo Maribel.

Ambas soltaron sus armas de sus cinturas y comenzaron a pelear entre si.

Aunque Richard intentó detenerlas pronto ambas le dieron un golpe y siguieron con lo suyo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Lux_Foti Estos días podría no escribir mucho

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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