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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 Pesadilla
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30: Pesadilla 30: Pesadilla Maribel soñó.

No había montañas, ni templos, ni qi.

Había edificios altos de vidrio, calles pavimentadas, automóviles rugiendo como bestias metálicas.

La gente caminaba con prisa, empujándose entre sí.

El ruido era insoportable: cláxones, gritos, motores, pasos, respiraciones ansiosas.

Maribel avanzaba sin saber hacia dónde.

Vestía una blusa blanca y pantalones azules.

Nada elegante; ropa común.

Se miró los brazos, las manos… y luego observó a los demás: zapatos brillantes, telas suaves, peinados cuidados.

Todo parecía hermoso y ajeno.

Pero el sueño no era de ver, sino de sentir.

Una niebla ligera envolvía los bordes de la visión, como si estuviera recordando algo que nunca vivió.

Mientras caminaba, un vendedor saltó enfrente de ella.

—¡Camisas de moda!

¡La marca más hermosa de la temporada!

—agitó varias prendas coloridas—.

¡Cámbiese esa ropa vieja!

¡Se lo digo por su bien!

¡Con esto conquistará al amor de su vida!

Maribel parpadeó, cortés pero incómoda… pero antes de responder, una mujer tatuada se interpuso.

Tenía diseños de tinta que le cubrían la piel desde el cuello hasta los tobillos.

—No lo escuches —dijo ella, empujando al vendedor y levantando su propia ropa—.

Yo sí puedo hacerte atractiva.

Mira estos tatuajes.

Hombres y mujeres se derriten al verme.

Ven a mi local.

—Le sonrió, mostrando dientes afilados—.

Eres un jade sin pulir.

Yo te haré brillar.

El precio es cómodo.

Además, ofrecemos membresía para donación de sangre a tus familiares.

Maribel frunció el ceño.

El tono de esa mujer le produjo un rechazo inmediato.

Empujó a ambos a los lados y siguió caminando.

—Tonta —escupió el vendedor.

—Ingrata —gruñó la mujer.

—¡Es por tu bien!

—gritaron al unísono.

El ruido aumentó detrás de ella.

Después, metal chocando con metal.

Maribel se giró: los dos estaban luchando.

El hombre blandía un cuchillo.

La mujer, una aguja larga.

Ambos se hirieron casi al mismo tiempo: él le cortó profundamente el pecho, ella le marcó el rostro desde la frente hasta la barbilla.

Nadie intervino.

La multitud solo apartaba la mirada.

—Uf… qué idiotas —murmuró Maribel.

Aún así, caminó hacia ellos.

Tomó las ropas nuevas del vendedor y presionó la herida para detener el sangrado.

Con la madera que él sostenía y algunos vestidos, improvisó un torniquete.

El hombre lloraba.

—Mi rostro… mi cara está deformada… —No llores como si se acabara el mundo —dijo Maribel, dándole un golpecito en la mejilla, casi burlona.

—Aaahhh— gritó él.

Maribel sonrió con maldad.

Tomó del estuche de la mujer un pegamento de adhesión extrema y comenzó a unir los bordes de la herida en la cara del hombre.

Cuando terminó, se levantó y se fue sin volver a mirar atrás.

La multitud la observaba pasar.

Sus ojos la pesaban como piedras.

“Ahí va la rara… o sea yo.” Se miró los brazos y la cintura expuesta.

“Quisiera cubrirme… pero sería más raro.” Siguió caminando hasta una plaza.

Dio unos pequeños saltitos, ligera.

—No importa.

Es mi día libre —susurró—.

Hoy descanso.

Entonces una pantalla gigante se iluminó frente a la plaza.

Un hombre bien vestido hablaba a la multitud.

—¡Incrementaremos el presupuesto para la salud!

—declaraba con tono solemne—.

¡No aceptaremos que el Estado deje desprotegida a su gente!

Maribel soltó una risa suave.

—¿Qué acaba de decir…?

—y luego, carcajadas—.

Qué estupidez… como si la protección y el hospital fueran lo mismo.

Maribel se quedó en silencio por un tiempo desconocido, tal vez un minuto, tal vez una hora.

—Es una pésima idea —agregó, triste de repente.

El anuncio continuaba: —Sin embargo, para justificar el aumento, los trabajadores deberán esforzarse más.

Quince horas diarias sería lo mínimo lógico.

Maribel apretó los dientes.

—Quiero trabajar para vivir… no morir trabajando.

—¿Crees que es mala idea?

—preguntó una voz masculina.

Un hombre con traje negro estaba sentado en una banca cercana.

Llevaba sombrero, y desde la sombra ella alcanzó a ver unos ojos verdes tan hermosos que sintió el corazón acelerarse.

—Sí —respondió ella, firme—.

Es una pésima idea.

—¿Entonces deberíamos dejar que la gente muera?

—preguntó el hombre, sonriendo.

—Yo no dije eso… Vergüenza y desconcierto por la implicación de lo que ella dijo.

Quiso cambiar de tema.

—Es mi día libre.

Podemos… no sé… hablar de otra cosa.

Me gustan los helados… El hombre soltó una risa suave, casi delicada.

—Otro día no podré verte.

—¿Por qué?

Podemos concertar una cita.

Trabajo en el hospital, yo… —Porque —él señaló con el dedo.

Las puertas de emergencias se abrieron.

Sirenas.

Gente corriendo.

Maribel sintió la sangre abandonar su rostro.

—Pero hoy no es mi turno… —¿Entonces —dijo él suavemente— dejarías morir a las personas?

Maribel abrió la boca, pero luego la cerró confundida de qué decir.

El hombre la miraba sin prisa.

—Pero…

yo no debo ir…

—¿Por qué?

—Porque…

—Maribel reflexionó un rato —Porque Miranda debería atender a sus propios enfermos.

El hombre la miró a los ojos y sonrió dulcemente.

—Pero debes ir, ya concertamos una cita.

Tú y yo debemos vernos esta noche, el hospital es la excusa perfecta.

—¿A qué te refieres?

—Maribel se sonrojó fuertemente con vergüenza —No hay manera, aunque esta noche yo no trabajo…

bueno…

como mínimo…

como mínimo podríamos conocernos un poco más…

Ah pero debía ver a mis padre hoy, así que mañana puedo ya que es sábado…

Pero una punzada ardiente atravesó su vientre.

Un fuerte dolor.

Se dobló, aspirando aire con desesperación.

—Debes venir conmigo —susurró a su oído.

—No puedes faltar a nuestro encuentro, así que vine a verte, soy una persona muy puntual como puedes ver.

Ella empezó a correr, el dolor extendiéndose como fuego.

Solo cubrió la herida con su mano.

“esto es imposible, ¡¿Qué, cuándo y cómo?!

imposible ¡esto es imposible!” cruzó la calle hasta donde el vigilante y gritó —¡Ayuda!, ¡Me quiere matar!

—El guardián la vio con sorpresa y luego volteó a ver al asesino, entonces se llevó la mano a la cara con exasperación.

—Sabía que algo así pasaría…

todo esto porque…

—El rostro del vigilante se convirtió en la del perseguidor —Porque no pudiste responderme.

El hombre la sujetó, la inmovilizó.

Un arma la atravesó una, dos, tres veces.

La sangre se extendió en el pavimento, y la gente pasó rodeándolos, cuidadosamente, para no ensuciarse los zapatos.

El hombre sonrió.

—Ya solo quedan dos más…

Maribel estaba mareada, sentía frío y cada vez el dolor empeoraba más, tanto por el peso del hombre, el frío del viento y la fría indiferencia de las personas.

Pero algo diferente le hiso sentir que su corazón se apretaba en su pecho, una voz familiar.

—Querrás decir que falta solo una más.

Maribel abrió los ojos, sorprendida.

Quiso gritar una acusación, pero solo expulsó sangre.

El hombre se volteó a verla con una sonrisa.

—¡Sorpresa!

¿Cómo estás, mi mejor amiga?

realmente debes estar sorprendida —A su lado, una mujer ensangrentada cayó al suelo.

Maribel la reconoció.

—Siempre dijiste que no era para mí —continuó él—.

Tenías razón.

Jamás me rebajaría a estar con una humana.

La gente se reunió en círculo.

Murmullos.

Chasquidos de lengua.

Desaprobación teatral.

—Se supone que ella moriría esta noche junto contigo y otra más, pero ya que cambiaste los planes entonces podemos hacerlo así —El hombre miró al cielo —No es como si pudiera hacernos algo de esta manera.

Mas personas se juntaron al rededor.

—Ahora solo queda la indignación de la gente, es una pena que nos despidamos así…

pese a que nos llevamos tan bien en la universidad.

—El veneno está aquí -Dijo el hombre de negro —Voy a hacer mi parte.

—Esta vez no falles —Recriminó el guardia.

La visión de Maribel se oscureció.

El mundo se quebró.

Los rostros se distorsionaron.

Los sonidos fueron tragados por el viento.

La pesadilla se cerró sobre ella como una jaula.

Y no hubo nadie que mirara hacia abajo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Lux_Foti No se si realmente haaya gente que le guste esta historia, pero yo asumo que si e intento hacerla bien.

De cualquier manera, no puedo escribir tan seguido, tal vez hayan veces que me tarde una semana en subir otro capítulo, en vacaciones tal vez escriba más seguido, si no me pongo a recuperar cursos :,v Hice una edición al capítulo 1, probablemente haga más ediciones a los primero capítulos, ya que los escribí sin prestar mucha atención a la manera en que escribía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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