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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 40

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  4. Capítulo 40 - 40 Donde la tierra aún permite florecer
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40: Donde la tierra aún permite florecer.

40: Donde la tierra aún permite florecer.

La luz del sol se asomaba entre las montañas; el aire era fresco.

El sonido del arroyo fluía con calma, las cigarras cantaban.

Las aves volaban por el bosque; las nubes, sobre ellos, eran blancas.

Sin importar lo que pasase ayer, para mañana el mundo no cambiaba.

Bajo unas largas y abundantes telas se asomaban los ojos azules de una chica rubia.

Su mirada empañada, en vez de quitarle belleza, solo parecía realzarla.

Era algo casi antinatural, hasta que mirabas de cerca y unos ojos verticales y depredadores te saludaban.

Se movió con pereza bajo sus atuendos, como una oruga.

Pasó la cabeza y los brazos por los agujeros, después peleó un poco con su cabello.

Una mujer observaba de cerca el filo de su lanza.

Era Amara; el arma presentaba ligeras rayaduras en el mango.

Abby volteó a ver la otra arma, la lanza de Maribel: no estaba en mejores condiciones.

Luego miró hacia abajo: allí, un chico con orejas de lobo estaba cerca, acurrucado junto a quien probablemente era su familia más cercana.

Abby aún no sabía mucho respecto a la relación de ambos, pero lo que vio ayer ya hablaba mucho.

Levantó su mano y se tapó la vista de los rayos del sol.

—Suspiro…

¿Dónde está mi sombrero cuando lo necesito?

Rebuscó entre sus cosas, una maleta donde guardaba todo.Sacó el sombrero, y este tapó parcialmente sus ojos.Sus orejas se movieron al rozar el borde del sombrero, agitando ligeramente su cabello.

El niño bajo sus pies se agitó cuando el sol le llegó al rostro, abriendo los ojos un momento después.

Sus miradas se encontraron y Abby hizo una mueca, aunque no era la única.

Curiosamente, ella le tendió la mano y él la aceptó.

—Cuéntame sobre ustedes dos —pidió Abby a Aether, mirando a la dormida Maribel.

Aether asintió en silencio y apuntó al arroyo.

Ella no pareció entender, así que lo volvió a mirar, interrogativa.

El niño alzó la nariz, olfateó y negó con la cabeza.

—Debemos tomar un baño en las mañanas y en las noches.

Si no lo haces, empezarás a oler raro.

La mujer se tapó el cuerpo, como intentando ocultar algo.

Las palabras del niño la dejaron con la boca abierta.

—Oye… esas cosas no se le dicen a una chica, es maleducado.

Además, los vampiros no nos ensuciamos tan a menudo; no necesitamos bañarnos tanto.

Aether levantó una ceja.

—Pero igual hueles raro.

Abby cerró la boca, tomó un momento y respiró profundo.

Ella caminó colina abajo.

—Vamos, me cuentas tu historia en el camino.

Aether asintió en silencio.

El agua corría en calma; algunos pequeños insectos saltaban de un lugar a otro, lo que no ayudaba a Abby para tomar un baño.

Más aún, la fija mirada de Aether la incomodaba mucho.

—Normalmente los baños son sin ropa, así puedes lavar tu piel —argumentó Aether, inclinando ligeramente la cabeza.

Abby replicó: —Debo cuidarme del sol; mi ropa es la única manera de hacerlo.

Aether volteó para mirar la sombra que proyectaba la colina, así como las medias de Abby dejadas en la orilla.

—¿Pero no te enfermarás?

Abby negó con la cabeza.

—No lo haré.

Ahora cuéntame tu historia.

Aether la miró con algo de extrañeza; luego la apuntó y preguntó: —¿Qué harías si tu padre te quisiera muerto?

—… Abby no sabía qué decir.

¿Qué llevó a ese niño a preguntar aquello?.

Ella sabía que sería expuesta al sol por unos días hasta morir en agonía si no fuera por su padre.

Reflexionando un momento, respondió: —Si mi padre me quiere muerta, ya estaría muerta.

Aether mostró una expresión de comprensión.

—En mi caso, mi padre me quiso muerto… algo así.

No sé qué pensaba hacer exactamente, pero nada bueno era.

Escapé cuando los cazadores del Palacio del Dragón Rojo fueron a atacar a nuestro clan.

Yo era prisionero en ese clan junto con mi madre, así que escapé al bosque.

Abby asintió.

—Lo último que mi papá me dijo fue que huyera y me escondiera, porque él volvería a buscarme cuando todo en mi clan se calmase.

Pero no sé nada desde entonces; tampoco sé la situación de mi madre —compartió ella.

Aether sonrió apenas.

—Lo último que me dijo mi padre fue que mi mamá estaría feliz de verme si vuelvo.

Abby sonrió al escuchar eso, pero se sorprendió con lo siguiente: —Mi mamá está prácticamente muerta, aprisionada en una piedra que mi padre usaba para hacer una especie de cultivación demoníaca.

Así que no dijo nada lindo con eso.

Ella tragó saliva y controló su tono al hablar.

—Entonces… ¿Quién es Maribel?

Aether sonrió.

—Ella es quien me salvó.

Nos encontramos por casualidad en una villa o pueblo cerca del bosque.

Ellos eran hostigados por mi clan en silencio, hasta que Maribel apareció e hizo jurar a mi padre en nombre del cielo que no dañaría a la gente de ese pueblo.

Abby levantó una ceja, consternada.

—¿Por qué haría eso?

Los cielos nos han abandonado.

Aether negó.

—Nosotros abandonamos al cielo.

Además, mi padre no sabía que Maribel se cultivaba, así que cayó en el engaño.

Yo tampoco entendía qué era eso en aquel momento.

Si quieres, puedes intentar ver mi cultivo, pero cuando intentas ver el de ella… es como si no tuviera.

Los más perceptivos incluso piensan que está sellado.

Abby miró al pequeño lobo frente a ella, examinándolo.

Una expresión de sorpresa elegante se formó en su hermosa carita.

—¿Cuánto tiempo llevas cultivando?

El niño se encogió de hombros.

—No lo sé, tal vez un año.

La mandíbula de Abby cayó al suelo; el recato se fue de vacaciones.

—¡Incluso si cultivas desde el vientre de tu madre, no llegas a ese nivel con tu edad!

Un ligero remolino se formó en el arroyo; luego, de la nada, un chorro de agua cayó sobre Abby, mojándole la cabeza y la cara.

—Eso es por dudar de mí —dijo Aether sin sonar ofendido.

El niño se echó agua a sí mismo; era como si el chorro simplemente apareciera sobre su cabeza, porque en realidad eso hacía.

Abby miró el arroyo, luego miró la colina.

La sombra que esta proyectaba era enorme.

—¿Realmente está bien seguirles en su viaje?

Otro chorro de agua cayó sobre Aether; se pasó la mano por la cara al hablar.

—¿Por qué no?

El grupo está hecho de gente que no quería quedarse donde estaba.

Abby miró al niño.

—*Suspiro*… Me refiero a si un monstruo como yo puede acompañarles.

Aether se detuvo; el agua ya no caía como cascada.

—El grupo acepta monstruos.

Solo mírame a mí.

También estaba Rin, un tipo de monstruo más insoportable.

Incluso dudo que ese cuerpo haya sido realmente el suyo.

No sé qué piensa el resto, pero creo que te puedes quedar.

Eres más agradable que Rin.

Inesperadamente, Abby frotó la cabeza de Aether.

Quizás se emocionó y fue un poco intensa, pero el niño no parecía sentir mucha diferencia en su fuerza.

—Gracias —dijo Abby.

El pequeño lobo parecía disfrutar ser acariciado; Abby se alegró más cuando vio que las orejas del niño se movían.

Un instinto se apoderó de ella y comenzó a frotar impetuosamente su cabeza, hasta que estaba por sobar sus orejas.

Una boca que presumía de cuatro prominentes caninos casi la muerde.

—P-perdón… me dejé llevar —se disculpó Abby.

Aether tapaba sus orejas, mirándola con desconfianza.

—Olvida lo que dije.

Podrías no ser como Rin, pero también puedes incomodar.

Eso fue como un golpe al corazón de Abby.

—Espera, ya no tocaré tus orejas; pequeño, no te enojes, por favor.

Aether se dio la vuelta y continuó lavando su cuerpo.

Abby, por su parte, se decepcionó e hizo lo mismo bajo sus vestimentas.

Bajo su ropa flotante, Abby se lavó el cuerpo.

Aunque antes estaba impecable, olía mal.

Ahora, en cambio, tenía un aroma a normalidad.

Aether asintió con la cabeza; luego volteó al arroyo y olfateó.

Miró a Abby a su costado y dijo: —Ahora no hueles mal, pero la humedad se huele en toda tu ropa y es incómodo.

Abby suspiró.

—¿Con nada te contentas, verdad?

Aether se dio la vuelta y subió la colina.

—Tu ropa secará, así que estoy satisfecho —dijo mientras subía.

Mientras ascendían la colina, Maribel estaba bajando.

Ella les dio una leve inclinación de cabeza, aún con sueño.

La nariz de Aether se movió y una expresión irritada se formó; Maribel sonrió en disculpa.

—Cada vez que avanzas en tu cultivo, lodo aparece.

Deberías pedirle a papá que te lo saque todo de una vez.

Abby la miró repentinamente, confundida.

—Se lo pedí unas cuantas veces, pero el sistema se niega a hacerlo.

Es doloroso cuando sale de mi piel, pero él dice que eso es parte de mi cultivación, así que debo pasarlo sola.

—Oh… —Aether preguntó a la nada—.

¿Por qué no puedes ayudarla?

Maribel levantó una ceja, confundida acerca de a quién miraba; siguiendo los ojos de Aether, no encontraba nada.

—Así que es así —comentó Aether—.

Papá dijo que cuando saques todo eso de tu cuerpo podrás iniciar la circulación celestial mayor, así que no puede hacerlo por ti, ya que es tu cultivación.

Los ojos de Maribel decayeron mientras Aether se alejaba colina arriba.

—Vale… Echó una mirada a Abby.

—¿Por qué estás empapada?

Abby agarró un palo del piso y lo agitó en armonía; las gotas se desprendieron de su ropa y cabello.

Flotando en el aire, formaron un charco levitando.

—Porque quería —respondió con elegancia—.

Acompañaba a tu pequeño protegido, con la esperanza de conocerlo mejor.

Maribel arqueó los ojos.

—Soy Maribel; deseché mis apellidos.

Tengo la joven edad de treinta años y solía ser médica en un país donde los médicos eran lo último que deseabas ser.

También me gustan las cosas deliciosas, la ropa hermosa pero sencilla, aprecio las uñas cortas y no solía usar perfumes.

¿Hay algo más que quieras saber de mí?

Abby se sorprendió; no entendía esta actitud.

—¿Por qué me dijiste todo eso?

Maribel se encogió de hombros.

—Porque querías saber.

—Pero yo solo mencioné a Aether.

—Tal vez.

¿Pero no sentías curiosidad?

Abby pensó un momento.

—No.

Maribel sonrió y golpeó ligeramente la frente de Abby con los dedos.

Una mancha negra quedó marcada en su piel, así que Maribel rápidamente la sobó con su ropa gris.

—Perdón, eso no lo tenía planeado.

Abby solo pudo asentir, nerviosa de ofender a Maribel.

Una siguió subiendo; la otra siguió bajando.

Al llegar arriba, dos mujeres y un hombre estaban juntos mirando algo en el suelo.

Richard, con un palo, estaba escribiendo algo.

Ella se acercó en silencio, dejándose notar, pero la ignoraron.

—¿Entonces podemos pasarnos a otra secta si juntamos el dinero suficiente con estos?

—preguntó Sofía.

—Es eso o trabajar por unos años —confirmó Richard.

Amara parecía impaciente.

—Decide ya, por los cielos.

Quiero ir a explorar ese lugar.

Si dices que no, no sé si podamos convencer a Maribel luego.

Abby leyó lo que estaba escrito.

Parecía una serie de opciones: —Convertirse en comerciantes—Ser ladrones y conseguir dinero—Robar un tesoro de la mazmorra—Vagar hasta encontrar un reino secreto Abby levantó una ceja.

—¿Todo esto es para entrar a una secta?

Richard la miró un momento; ella se sentía incómoda ante esos ojos extraños.

—Es para conseguir dinero.

Debemos pagar la cuota de inscripción.

—Entiendo —dijo Abby, y se fue a un costado porque Sofía empezaba a mirarla con malos ojos.

—¿Cuál crees que sería la mejor opción?

—preguntó Richard.

—Definitivamente robar —respondió Abby.

Amara protestó: —Eso no es divertido.

Además, obtienes tesoros en los reinos secretos y mazmorras; eso definitivamente es más valioso.

—Quiero vivir —dijo Abby sin rodeos.

Sofía habló entonces: —Tal vez sea mejor ser comerciantes.

Incluso podríamos ser aventureros por un tiempo.

Richard mostró una expresión de desgana al escuchar la posibilidad de ser aventureros.

Finalmente asintió.

Miró al lobezno que meditaba y preguntó: —¿Qué opinas?

Aether respondió directamente: —No le robaré a la gente.

Richard empezó a hablar: —Entonces eso lo resuel— Pero Aether no había terminado.

—Prefiero trabajar como aventurero o guardia.

Richard hizo una expresión de desconcierto.

Ellos querrían volver a una secta, pero ya mencionaban dos caminos que se alejaban de eso.

Negando, dijo: —Niño, somos cultivadores, no aventureros.

No podemos rebajarnos.

Además, a diferencia de ti y Maribel, nosotros requerimos de tesoros para crecer, así como plantas y medicinas.

Aether los miró.

Podía entender su pensamiento; eso último incluso era lógico.

—Bien, podemos cultivar y ser discípulos de prueba.

No tomaremos mucho tiempo en ese estado.

Richard pareció avergonzado.

—¿Yo como discípulo de prueba?

La anterior secta que conocimos gastó tantos recursos en nosotros.

¿Pero dices que debo ser discípulo de prueba?

Aether lo miró con descontento.

—Si gastó tantos recursos y tan feliz estabas allá, debiste volver cuando te lo pidieron esos ancianos.

Recuerda que ellos lo quisieron así, pero no volviste por temor al Dragón Rojo.

Así que si quieres el mismo trato en otro lugar, tal vez lo recibas, pero no esperes simplemente gritar que tienes gran talento y que vengan a rogarte que te cultives.

Richard se quedó sin palabras.

Se cruzó de brazos, ceño fruncido, mirando al niño.

—Muchacho… nosotros escapamos por ti.

¿Pero así lo pagas?

Aether lo observó un momento, sin incomodarse.

En vez de eso, ladeó la cabeza, como si revisara una nota mental.

—No es pago —corrigió con suavidad—.

Es lógica.

Richard parpadeó, confundido.

—¿Lógica?

Aether se rió con ironía.

—En ese momento, sin duda lo hicieron, pero ahora sabemos por qué corrieron ese peligro.

¿No estaban condenados solo por conocerme y no denunciar a tiempo que soy un semihumano?

Abby observaba desde un costado, apoyada en una roca.

Sus orejas apenas se movieron, como si aquello le resultara entretenido.

Aether, viendo que Richard seguía sin hablar, continuó: —No dije que no quiera estar con ustedes.

Dije que no quiero ir a un lugar que puede revelar mi ubicación.

Yo puedo aprender fuera de una secta… y ustedes también.

Amara habló entonces: —Tiene razón —comentó—.

Y me sorprende que tú no lo vieras, Richard.

En la antigüedad los cultivadores no formaban sectas, pero alcanzaban el cielo.

Richard chasqueó la lengua.

—¡Pues disculpen por no tener ocho años y media iluminación divina!

Aether abrió los ojos, genuinamente impresionado.

—¿De verdad crees que tengo iluminación divina?

—preguntó, sincero y emocionado—.

Gracias.

Sería un honor, aunque creo que todavía me falta mucho… Richard llevó una mano a la frente.

—No, olvídalo.

No lo dije en serio.

Aether lo miró con decepción inmediata, sus orejas bajas como un perro regañado.

Abby se llevó una mano a la boca para ocultar una risa.

Richard lo vio, suspiró profundamente y levantó las manos en rendición.

—Bien, bien… sí, eres un mocoso inteligente.

¿Contento?

El niño asintió con dignidad, como si le hubieran otorgado un título oficial.

La tensión desapareció sin esfuerzo, disuelta en la extraña armonía del grupo.

Abby pensó, mientras los observaba: «Vaya… esta dinámica es peligrosa.

Podría acostumbrarme demasiado rápido.» Richard respiró profundo y se fue con decepción.

Amara se acercó a Aether y preguntó: —¿Por qué lo dijiste así?

Aether la miró y respondió: —Es como dije; no puede gritar que tiene talento y esperar que vengan a rogarle que se cultive.

La boca de Amara cayó ante esa insolencia dicha por segunda vez, pero Aether continuó: —En realidad, los grandes maestros no lo querrían si hace eso.

Maribel tuvo que morir haciendo algo bueno, además de tener la suerte predestinada de encontrar a papá; yo tuve la suerte de encontrar a Maribel para que papá me viera y se hiciera responsable de mí.

En palabras de papá: “El maestro busca al discípulo, no al revés”.

Si los grandes maestros lo vieran así, nadie quisiera cuidarlo.

Amara cerró la boca, pensando en esas palabras.

—No debiste decirlo así en ese momento.

Ven y siéntate —dijo, indicando una piedra cercana—.

Te enseñaré a hablar correctamente con otros, ya que parece que Maribel y el sistema son demasiado… torpes… para eso.

Una voz masculina dijo entre risas en la mente de Amara: «Te agradecería que hagas eso.

Suelo hablar lo mínimo, así que él desarrolló esa mala costumbre también».

Amara se sorprendió, congelada por un momento.

Pensó: «Es la voz del sistema… ¿Acaso él me recompensará si hago esto?

Espera, no… el sistema es de ellos dos.

No me dará nada, de todas formas».

Inesperadamente, el sistema dijo: «En realidad, puedo darte una recompensa.

No inventaré algo nuevo, sino que te daré una variación de algo tuyo».

Amara tragó saliva.

«¿Y eso… qué sería?» El sistema no respondió, pero Amara sintió un ligero rebote en su estómago.

Abrió los ojos con sorpresa y quiso gritarle a Maribel que tener el favor del sistema es injusto, pero extrañamente su energía no aumentó ni su cultivo se movió.

Sin entender nada, ella se resignó y comenzó a hablar con Aether.

Maribel regresó a la cima media hora después, cargando una liebre enorme.

La dejó en el suelo y notó una atmósfera extraña.

—¿Qué pasó?

Abby se acercó y dijo: —Tu pequeño se peleó con Richard, así que están intentando reconciliarse.

—Oh… Maribel estaba francamente sorprendida; no pensaba que esos dos pudieran pelearse entre sí.

—¿Y entonces qué hace Amara entre ellos?

—preguntó Maribel.

Abby explicó: —Ella estaba enseñando a Aether habilidades de comunicación.

Supongo que está viendo su progreso.

Maribel cayó de rodillas dramáticamente.

—Oh, rayos… eso era algo tan básico, pero me olvidé por completo de ese aspecto de su educación.

Soy una inútil… Abby la miró como quien mira a un rarito.

—¿De dónde sacas esas ideas?

Ni siquiera eres su madre y ya le salvaste la vida, así que no eres una inútil.

Abby golpeó ligeramente su hombro y agregó: —Además, todo progenitor comete algún que otro error.

Maribel dobló sus piernas a los laterales, sentada sobre sus rodillas.

—Pero otra persona tuvo que tomar ese rol, pese a que yo me levanté como su tutora.

Abby negó con la cabeza.

—No es como si pudieras incrustarle sentido común a la fuerza para que sepa tener habilidades sociales.

Maribel la miró con más pánico.

—No lo entiendes —dijo, con una lágrima fingida—.

Es que en verdad puedo hacer exactamente eso.

Abby abrió la boca, luego la volvió a cerrar.

Pensó un momento y dijo: —Eres una irresponsable.

Maribel cayó derrotada.

—Lo sé.

De fondo, Aether y Richard se tomaban la mano.

La mirada en los ojos de Richard había cambiado; casi parecía agradecido.

—Muchacho… si lo decías así, entonces hubiera sido mejor.

Amara estaba agarrándose la frente.

—No sé para qué me comprometí a enseñarle.

Este niño es cabeza dura.

Richard la miró de costado.

—La próxima vez no me enojaré, pero te pediré que hagas de mediadora.

Amara asintió y dijo: —Ciertamente, aún tomará un tiempo hasta que Aether sepa expresarse.

Pídeme lo que quieras hasta entonces, estaré libre en cualquier momento.

Abby, a lo lejos, soltó una pequeña risita.

Amara lo notó y preguntó: —¿Pasa algo?

Abby giró para ver si le hablaban a alguien más; luego dijo en broma.

—No… nada… solo pensaba en que si querías una buena excusa para escapar con Richard, entonces ya la tienes.

Amara alzó una ceja, sin comprender al inicio.

Richard, por su parte, se dio la vuelta y escapó discretamente.

El rostro de Amara soltó un muy ligero rubor, casi imperceptible, que desapareció en un instante.

Pero no se escapó de la vista de Abby, ni de Aether.

Lo que es más… la emoción en sí no se le escapó a Maribel.

—¿Oh?

Amiga, si era así, no necesitabas usar a mi pequeño lobo de excusa.

Yo podía ir a buscar una laguna donde pudieras ver cosas imposibles con Richard.

—¡Oye!

¡Cuando dije que puede pedirme lo que quiera, no me refería a eso!

«Dulce venganza», pensó Maribel con una sonrisa de villana.

Ella se hizo más grande, su sombra engullendo a Amara.

Las bromas no pararon por un buen rato.

Aether las miraba y, poco a poco, empezaba a entender algo: el pudor.

Recordó el baño en el río y sintió que había otra razón en Abby para no desnudarse.

«Así que le daba vergüenza… ¿pero por qué?»

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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