Sistema de Evolución Universal - Capítulo 41
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- Capítulo 41 - 41 Entre el precio y el camino
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41: Entre el precio y el camino.
41: Entre el precio y el camino.
La caminata se reanudó bajo la sombra de los árboles Maribel preguntó —Entonces, no te gustaba la idea de ser un discípulo de prueba.
Bueno, siendo que llegamos hasta nuestro nivel y teniendo este talento, no te culpo.
Pero ten paciencia, seguro te notan pronto y te ascienden.
Richard asintió —Así es, además si me ven impaciente podría darle mala imagen a la primavera eterna, sin mencionar que me pondría la restricciones para evitar que me haga matar en alguna misión.
Ella asintió, sonaba razonable.
Las nubes en el cielo lejano empezaban a reunirse en el cielo, dejando una imagen blanquecina.
En el camino poco a poco se inundaron de la atmósfera salvaje.
Sin darse cuenta habían adoptado una formación: Aether caminaba en el centro del grupo, mientras que Richard iba adelante, Amara estaba al lado de Aether, Sofía detrás del grupo, Maribel y Abby caminaban en los laterales.
En el camino tomaban pequeños descansos, ya sea para comer algo, o porque Abby necesitaba recuperar el aliento.
No podían detenerse por mucho tiempo, corrían el riesgo de ser atacados por algo que pudiera salir de la nada.
Aunque esas preocupaciones estaban mayormente resueltas gracias a Aether, habían decidido no confiarse demasiado de la habilidad del niño.
El sonido del río estaba cerca, era un lugar libre de vegetación, una zona donde mandaban las piedras, las plantas eran incapaces de adentrarse.
Eso no le causó mucha alegría a Abby, quien ya estaba agotada.
Amara por su parte, estaba alegremente mirando en el río.
Su curiosidad era clara, pero no entendían qué buscaba.
Preguntó Abby, con una mano frente a sus ojos, tapando la luz reflejada de las piedras.
—Señorita Amara, ¿Qué busca?
¿No es mejor refugiarse en la sombra?
Amara se rió por lo bajo y le contestó desde lejos.
—Eso es solo problema tuyo, hay gente que si puede indagar y no necesita dar explicaciones.
—Tch— Abby expresó su enojo.
—Como si yo fuera la única en la sombra.
En realidad todos estaban en la sombra de los árboles y solo Amara estaba fisgoneando el agua arma en mano.
—Yo tampoco entiendo qué mira tanto, nunca antes le prestó atención especial al agua.
Admitió Sofía Las mujeres giraron en dirección a Maribel.
Ella las miró confundida.
—No se qué piensan que hice, pero yo no fuí.
Sofía negó con la cabeza.
—No te acusamos de nada, solo queremos saber algo.
Abby completó la pregunta.
—¿Qué está buscando?
Maribel se sorprendió ligeramente.
—¿Cómo podría saberlo?
—!Tú puedes saberlo!
—Acusó Sofía —Solo nos mantienes en la duda porque quieres.
Maribel abrió los ojos ofendida y se dio la vuelta.
—Pues no se.
No me pregunten porque no pienso invadir su mente.
«¿Qué clase de irrespetuosa creen que soy?
Esas mujeres…
mejor desnúdenla a ver si así habla».
Maribel se retiró a quejarse en la seguridad de su mente.
Richard suspiró y se levantó de una roca.
—Tal vez solo busca algún monstruo que cazar.
Las chicas voltearon a verlo, eso era perfectamente probable.
Ellas perdieron el color de sus rostros.
Maribel sintió que quizás si debería usar sus poderes ahora.
Un enorme chapoteo les llamó la atención.
Todos tomaron las armas cuando repentinamente el cuerpo de Amara fue jalado al río y desapareció en el agua.
Sofía hiso flotar varios talismanes a su alrededor, Richard desenfundó su espada, Maribel ya tenía su lanza en la mano derecha, Abby tenía su enorme espada flotando al costado y la barita en mano, Aether dejó caer la pesada mochila de Rin, con el rifle sonando pesadamente.
Al instante siguiente, unos metros abajo, el agua dejó salir una líquido rojo.
El grupo corrió preocupado.
A solo momentos de llegar, un pez enorme salió volando a la superficie.
Era alargado y de una coloración rosada, sus dientes como navajas mordían el hombro de Amara, pero la sangre venía de una estocada que ella le hizo, la lanza colgando sin el agarre de su dueña.
Amara estaba ilesa.
Maribel se sorprendió al descubrir esta vista.
«¿Qué hace un delfín en el río?» El agua se movió de forma antinatural formando cuchillas, pero Amara esquivó con perfecta previsión.
Tomó su lanza y levantó al animal en el aire, acto seguido la agitó y este salió volando a tierra.
Antes del golpe final, Maribel detuvo la lanza de Amara, ella miró a su amiga y preguntó.
—¿Qué crees que haces, por qué me detienes?
—¿Por qué atacas a este animal?
—Reclamó Maribel.
—Obviamente porque es una rareza, ¿Cuándo escuchaste de un delfín fuera del mar?
además es rosado, debe tener un gran valor para esos comerciantes que planeamos encontrar.
Maribel se quedó en blanco.
A ojos de ella, el delfín no más largo que un metro, estaba llorando.
Apretó los dientes y detuvo a Amara de seguir.
—No es necesario, somos cultivadores y tenemos a una maga.
¿Quién rechazaría nuestra compañía?
Amara se quedó boca abierta, apuntó con el dedo al animal y gritó.
—¡Pero esta cosa es valiosa!
No podemos permitirnos perderlo.
—Si nos tardamos en encontrar a los comerciantes, la carne solo se pudrirá.
—Contrapuso Maribel.
Aether se acercó al delfín, vio la profundidad de sus heridas, sin duda iba a morir.
—Abby, no tenemos forma de curarlo entre las habilidades que tenemos.
¿Pero de casualidad tú la tienes?
Ella tembló un instante, recordando algo.
Luego asintió.
—Es un poco incómodo, pero si.
Mientras el animal no muera puedo salvarlo.
Aether asintió.
Abby se acercó con cuidado, pero el animal parecía no tener miedo, tal vez resignado a su muerte.
El pequeño lobo se sorprendió cuando repentinamente Abby se cortó a sí misma, la sangre caía dentro de la herida del delfín.
Su expresión palideció cuando ella volvió a cortarse porque el chorro se detuvo, pero ella se mostraba imperturbable, con los dientes apretados.
El niño sintió que algo se agitaba dentro de él, miró a Maribel.
«Por favor, has que se detenga» Pero ella negó con la cabeza.
«Abby estará bien» Repentinamente una mano detuvo a Abby cuando estaba por ejecutar el cuarto corte.
Ella giró para ver quién era Sofía tenía su mano firmemente sujetada.
Abby giró la muñeca para soltarse, empujó a Sofía y estaba por cortarse otra vez.
Sus garras sacaron chispas cuando apareció un antebrazo acorazado en el camino, ella rasgó el metal.
—¿Ahora tú, Richard?
Abby miró a Maribel, pidiendo ayuda.
Ella suspiró y negó con la cabeza.
—Abby…
si no explicas lo que vas a hacer, claramente nos preocupamos.
Pero creo que con eso es suficiente, no se morirá ahora, así que deja de dar sangre.
Abby volteó para ver al delfín rosado, el agujero seguía ahí, solo que en vez de atravesar su cuerpo de extremo a extremo ahora solo medía un centímetro de profundidad.
—Igual es peligroso, déjenme darle un poco más de sangre.
Maribel miró al delfín, a sus ojos este no estaba solo.
Muchos vampiros de distintas generaciones lo rodeaban, con cada gota de sangre parecía llegar uno nuevo, con cada nuevo que apareció más carne se curaba, y este vampiro a cambio absorbía una parte del Qi del animal, reemplazado por una oscuridad que se agitaba como murciélagos.
Maribel negó con la cabeza, consternada.
—Ya es suficiente.
Si sigues no se lo que pasará.
Abby miró al delfín, luego lo examinó por más tiempo.
Sus ojos se abrieron.
Lo levantó ignorando sus quejidos y lo llevó a la horilla.
—Perdóname por no darme cuenta.
El animal cayó en el río nuevamente.
—¿Esa sangre permanece siempre con el?
—Preguntó Maribel.
Abby negó.
—Desaparece con el tiempo.
Maribel solo asintió y volvió a la sombra de los árboles.
Los ojos de Amara ardían, sin duda quería una explicación ahora, se acercó y preguntó.
—¿Por qué me detuviste?
—Amara, respóndeme una pregunta ¿Alguna vez escuchaste de un delfín rosado, que además vive en el río?
La cazadora negó con la cabeza.
Maribel suspiró con pesar.
—¿Entonces lo matas porque nunca escuchaste de eso?
Amara asintió —Claramente es valioso.
Maribel asintió también.
—Claramente lo es, ¿Pero que hacías si resultaba ser el descendiente de algún dios del río, o de alguna bestia mitológica?
Además incluso si no lo es, estarías llevando a la extinción a una especie.
Amara se defendió.
—Esa cosa sabía pelear, usaba magia… óyeme bien, era muy valioso… un dios no dejaría vagar a su descendiente así, en un lugar tan pequeño.
Maribel la miró a los ojos, esta vez irritada.
—¿Querías dinero para qué, comprar la entrada a una secta?
Los ojos de Amara se enfriaron.
—¿Qué piensas hacer si digo que si?
Maribel estiró su lanza, su tela caída hondeando en el filo.
—Derrótame, si lo haces entonces eres digna de tomar atajos.
Amara apretó los dientes, pero su determinación surgió y una sonrisa sincera apareció.
—Mira que tenemos aquí… esta si es mi rival.
Estiró una mano y su lanza voló a ella, la elevó sobre su cabeza y la pasó delante, apuntando a Maribel.
—Te enseñaré un truco en el que estaba practicando, requiere controlar muy bien el Qi.
De pronto los ojos de Amara se abrieron, los de Maribel también lo hicieron al ver la visión de Amara, eran ellas siendo partidas a la mitad por una enorme pata.
Ambas chicas saltaron a las piedras, esquivando las garras de un animal salvaje momentos antes de que llegue.
Un oso pardo enorme emergió del bosque.
Su pelaje parecía roca viva.
El animal habló, un sonido que trajo escalofríos a Maribel.
—Que grata sorpresa, parece que el almuerzo se juntó para mi camada.
Tres cultivadores de la fundación adultos, uno todavía cachorro…
y dos mortales.
Un almuerzo gratificante.
Cada palabra era el sonido de un oso, era antinatural, casi como un demonio hablando.
Si no prestabas atención incluso podrías no entender las palabras.
A Maribel le recordó a los gato cuando intentaban hablar, solo que este si pudo hacerlo.
—Oye Amara —llamó Maribel —Ahí está tu dinero.
El oso se lanzó.
Ellas saltaron hacia lados opuestos con sincronía casi sobrenatural.
El animal se irguió sobre dos patas y golpeó, pero ambas se movieron anticipando cada ataque, como si compartieran un mismo hilo de destino.
El oso giró sobre sí mismo, creando un torbellino que arrancó hojas y tierra.
Ellas saltaron a las copas de dos árboles.
El tronco se partió bajo el impacto del giro, haciéndolas caer.
Las mujeres juntaron sus pies y se impulsaron a los laterales.
El torbellino del oso paró, sacudiendo su cabeza con desgana.
—Ingeniosas.
—El oso miró a Maribel —Eres admirable, mortal.
Tomó un tronco caído.
Lo blandió como un arma.
El golpe fue tan potente que el aire tembló, el alcance era enorme, pero ellas tomaban distancia.
El oso las acorraló frente a la maleza Ella saltaron y cortaron con sus lanzas, pero las enredaderas las atraparon.
—Al fin…
despídanse del mundo.
El tronco cayó pero la espada de Richard lo partió en dos.
—Te olvidaste de mí, grandulón.
Aether gritó desde atrás.
—Si, métete con alguien de tu tamaño.
—Oye niño, soy grande pero no tanto.
—Reclamó Richard.
La garra bajó.
Richard esquivó; Abby descendió con su espada enorme y golpeó la espalda del oso, desequilibrándolo.
El oso sorprendido se dio la vuelta.
Abby desapareció.
Sofía saltó, pegó un talismán en su frente y empujó a Richard fuera del rango.
El talismán explotó impulsando al oso en dirección a Amara y Maribel Sus ojos se agrandaron de la sorpresa.
—¡Sofía jódete!
— gritaron ambas mientras el suelo desaparecía bajo ellas.
Cuando abrieron los ojos, estaban sobre piedras… y junto a ellas, un niño con orejas de lobo.
Aether las había salvado.
El oso sacudió su cabeza, aturdido, adoptó postura bípeda.
Agitaba las patas a todos lados, ese acto desesperado bloqueó inesperadamente una estocada de Richard La pesada arma de Abby cayó nuevamente sobre la cabeza del oso y entonces Richard hizo un tajo ascendente viendo que este caía.
El oso abrió los ojos y mostró los dientes, de una mordida detuvo la espada, tiró de ella y se la arrebató.
La espada se encendió en naranja.
El oso la escupió ardiendo; Richard hizo un gesto y el arma voló hacia la cara del monstruo El oso interpuso su pata; el pelaje repelió el filo.
Abby alzó su varita.
—Levitación.
El oso perdió el equilibrio; flotó, girando torpemente.
Richard aprovechó, atacó sin recibir represalia.
El oso rugió con tal fuerza que el aire vibró.
Su pelaje se erizó como agujas de acero.
La espada rebotó lejos.
Aether de repente corrió, el Qi acumulado en sus manos se extendió a sus sus uñas, entonces cortó.
Amara reconoció ese movimiento y ya lo seguía por detrás, un ligero brillo en el filo de su lanza.
El golpe de Aether trajo la distorsionada imagen de garras azules impactando con el pelaje del oso, era ineficaz.
El oso fué impulsado y chocó contra un árbol, pero no satisfecho el niño tomó tres segundos en cargar Qi nuevamente y repetir el ataque.
Este proceso se repitió muchas veces dejando árboles caídos a su paso, hasta que finalmente el pelaje del oso fue magullado y suavizado.
—Hazlo ahora Amara dio un estoque en el oso, usando todo su cuerpo como impulso.
El filo de Qi, trabajado con dedicación, atravesó la piel del oso sacando chispas.
La sangre cayó.
Este gritó salvajemente, agitando sus patas en el aire, quedó flotando, sin posibilidad de girarse.
Amara lo atravesó otra vez.
Luego otra.
Hasta que dejó de moverse.
Amara suspiró aliviada.
—Bueno… no vayas a salir con que también deben curar a este.
Maribel negó suavemente —A este no.
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