Sistema de Evolución Universal - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 Las cargas del alma
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42: Las cargas del alma 42: Las cargas del alma Maribel soltó un fuerte suspiro entre jadeos.
Tenía el cuerpo cansado, muy cansado.
En su mano llevaba un pequeño oso, parecía un juguete muy realista de alguna clase de oso rocoso.
Pero esa cosa no era un juguete, ni tampoco era el único peso que cargaba.
Ella abrió ligeramente su vestimenta Un vapor blanco salió.
—Santo cielo… estoy sudando.
¿Cómo es que estas cosas pesan tanto ahora?
Más adelante Richard se dio la vuelta, la miró directamente.
—Puedo cargar por ti, está bien si no puedes hacerlo.
Ella lo miró, tragó saliva y negó.
—Puedo hacerlo yo, no pienso ser un estorbo y hacer otros carguen.
Richard la miró con desconcierto, pero ella no parecía capaz de leerle la mente ahora porque no reaccionaba a sus pensamientos.
Él quería decir algo más pero entonces Amara se le adelantó.
—Pienso reclamar el derecho a entrar primera en la carrera más cómoda que hay, si te gano porque estás cansada sería una vergüenza.
Así que te tendré que dejar el más cómodo de todos.
Maribel se detuvo, pensó un momento y dejó caer el oso al suelo.
Miró con calma a Amara y preguntó cansada.
—¿Cargarías esto por mi?
Ella soltó una risa divertida.
—¿Me crees tonta?
—Apuntó a Richard —Ahí está el caballero azul, deja que muestre su amabilidad.
Maribel levantó una ceja «Sistema, ¿Qué significa caballero azul?» «Indágalo en la mente de tus compañeros» «Ah, cierto.
Me había olvidado que podía hacerlo.
Debí pensar en eso antes» Una mano fría le tocó la frente.
Maribel saltó por el tacto helado.
—¿Estás bien?
—Preguntó Abby —Pareces tener problemas serios.
—Estaré bien Contrapuso Maribel, sentándose en una roca en el camino.
Ella abrió sus vestimentas sin miramientos, su rostro algo rojo.
Sofía abrió la boca enorme antes de taparle los ojos a Richard.
Sonidos de cosas cayendo se escucharon.
Abby tragó aire frío cuando un cofre pequeño cayó y dejó salir el brillo de piedras espirituales, dejando una abolladura en la piedra, una pequeña.
Otras 3 mochilas cayeron en paralelo y dejaron marcas en la piedra.
Amara vio esto y tragó saliva.
—Cambie de opinión, te ayudo a cargar.
Maribel negó con la cabeza —No hay problema.
Normalmente no pesan tanto, solo no entiendo porque se pusieron así de repente.
Abby la miró interrogativamente.
—¿Achicas las cosas pero no reduces su peso?
—Normalmente si reducen su peso, pero esta vez siento que se hicieron pesadas.
Amara la miró como a un tonto.
—Claramente pierdes fuerzas si cargas esas cosas sin parar.
Carajo… ¿Cuánto maldito entrenamiento te pusimos sin darnos cuenta?.
Es mi turno ahora —Dijo y sin miramientos se guardó las tres mochilas.
Abby la miró con ojos de pez muerto.
—¿Y el cofre?
Amara se dio la vuelta disimuladamente —¿Cuál cofre?
Abby negó con la cabeza —¿Cómo puedes decir todo eso y dejar el cofre para que lo cargue tu amiga?
Pero cuando ella quiso levantarla, se sorprendió.
Pensó un momento y luego aplicó más fuerza, levantando eso con facilidad.
El resto la miró, esperando a ver su reacción.
Abby preguntó —¿De quién es el cofre?
El grupo señaló a Maribel.
Abby la miró, luego al cofre.
—Casi 20 kilos, tal vez más o tal vez menos… Maribel suspiró y el cofre volvió a la normalidad, Maribel tuvo que soltarla porque no cabía en sus brazos El rostro impasible de Abby parecía estar procesando algo.
—¿Cuántas cosas tienen aquí ?.
El grupo la miró, pero Aether dijo algo que la hizo saltar.
—Todo ahí son piedras espirituales.
Abby giró lentamente para buscar confirmación en el grupo, todos asintieron.
—Así que… juntaron todos sus piedras espirituales en un cofre.
El grupo negó, apuntaron a Aether y Maribel, pero Aether apuntaba a Maribel.
—¿Qué?
—Preguntó Abby confundida.
Aether explicó.
—Son las piedras de Maribel.
También están mis piedras del tiempo en el que la secta me las daba, pero son mayormente suyas.
Abby lo considero un momento.
—¿Cuánto pesa esto?
Maribel se encogió de hombros.
—Tal vez una tonelada, pero pesa menos si se achica.
Abby giró a ver a Amara, reconsiderando sus palabras anteriores.
—Aaahh, bueno —Dijo Abby —Que lo lleve Richard.
Richard abrió la boca sorprendido.
Luego la apuntó acusativamente.
—Pensé que dirías que lo llevarías tú aunque te quejases.
Abby bajó la cabeza un poco, se encogió ligeramente y junto los dedos.
Parecía una niña triste y ofendida.
—Pensé que lo podrías llevar tú, ya que eres el más fuerte.
Richard se aclaró la garganta.
—Soy el hombre aquí, así que tengo más fuerza.
Yo lo cargaré.
Las damas del lugar se sorprendieron hasta hacerse piedra.
Voltearon a ver a Abby con nuevos ojos, pero ella mostraba una enorme sonrisa canina mientras agradecía alegremente y alagaba a Richard, ignorando las miradas.
Continuaron caminando por un rato Maribel recuperó el aliento y sintió algo conocido.
Una duda apareció en su mente.
«Sistema, ¿Por qué estás feliz?
«¿Por qué no lo estaría?
Maribel respondió «No digo que esté mal, solo me pregunto porque casi siempre estás tan tranquilo» «¿Por qué no lo estaría?» Maribel respondió «Cierto, no es tu vida la que peligra» El sistema se divirtió más aún Maribel se quedó con la boca abierta ante tal osadía, pero no podía decirle nada.
«¿Sabes Maribel?
Me preguntó porqué no eres feliz» «Yo soy feliz» aseguró.
«¿Segura?» Maribel asintió sin contemplación, sacó algo de agua de su recipiente y empezó a beber.
«Una vez despertaste una mañana, con el sol en tu ventana, tomarte un respiro de todo y fuiste feliz» Maribel se detuvo, recordó un momento y asintió.
«Creo que si fui feliz ahí también, pero estoy conforme con cómo estoy ahora» La sensación de alegría se apagó ligeramente en el sistema, cosa que Maribel sintió y le pareció extraño.
«No sé qué intentas decirme, pero yo estoy bien, solo no entiendo cómo es que casi siempre estás feliz» «¿Sabes tú por qué me pongo triste?» Maribel guardó el envase y siguió caminando, saltó una roca de varios metros.
«Para nada, ¿Qué podría poner triste a alguien tan poderoso?» «Tú me pones triste» Maribel tropezó al caer mal Se giraron a verla, Aether intentando ayudarla a levantarse, pero lo hizo sola.
—Estoy bien, solo pise mal.
—Deberías tener cuidado, eso te mataría en una pelea —Regañó Sofía.
Maribel asintió.
El recorrido siguió cuando empezaban a ver a lo lejos una carretera.
«¿Por qué te puedo poner triste?
Soy insignificante» «Es porque mi corazón está en ayudarte, pero tú te sientes mal cuando pasa algo.
Es algo que tienen los humanos, no pueden estar en paz incluso si los dejas en calma.
Tú además dejas que los conceptos que tocas te controlen, que ironía» Maribel alzó una ceja «Las personas son así, ¿Qué hay de malo?» «Las personas son las personas, tú te cultivas.
¿Cómo puedes sufrir por algo que los humanos sufren?» «Es porque soy humana, si el mundo humano está hecho de ilusiones humanas ¿Entonces no me quedaría vacía sin ellas?
Es normal que lo que me ocurre me afecte» «Ay querida discípula, te pongo el fruto ante tus ojos, pero decides ver a través» «Empiezo a sentirme tonta, dímelo directamente por favor» «¿Sabes mi respuesta?» Maribel hizo una mueca «Si, se tu respuesta; no puedes revelarme directamente los secretos celestiales» El grupo llegó a una pradera, el camino lo cruzaba por el medio.
No había gente a la vista, ni tampoco Aether lo encontraba.
Se acercaron a un cartel: “Ruta comercial al Reyno del espejo” Richard contrajo el ceño —Este camino no nos llevará al siguiente pueblo.
—Si lo hará —Interrumpió Sofía —Lo que no parece que hará es traernos gente.
Abby preguntó intrigada —¿Por qué?
—Porque incluso si encontramos a alguien, no podemos subir.
Las personas del Reyno del espejo están buscando semihumanos y entidades relacionadas a la noche para que los ejecute el dragón rojo, si la persona viene de afuera tampoco podemos seguirlo de regreso al Reyno por obvios motivos.
Abby asintió —Entonces deberemos seguir el camino a pie… —O podemos esperar a que llegue ese sujeto —Dijo Aether, apuntando a un carruaje.
Maribel lo miró —Sofía explicó que no se puede, ¿Por qué propones esperar?
Aether sonrió, su nariz se movió olfateando el aire.
—Es una sorpresa, dale unos minutos.
Es un conocido.
La sonrisa del niño era grande.
Maribel levantó una ceja, la curiosidad le ganó en indagó en la mente de su cachorro, al instante siguiente ella también sonrió.
El niño puso un dedo sobre sus labios para indicar que guardase silencio.
El grupo ya sentía curiosidad.
A lo mejor un carruaje tirado por burros avanzaba.
Sofía alzó una ceja.
—¿A quién esperamos que viene con burros?
Maribel se tapó la boca al ver esto, intentando contener una risa.
El hombre estaba dentro, tapado del sol y con solo las manos expuestas.
Era sospechoso, sobre todo porque ese lugar era menos caluroso que de donde el viene.
—Perdón, no comentaré nada de lo gracioso que es verte manejar burros —Dijo Maribel mientras el hombre pasaba cerca, ignorándolos.
Ella se quedó con la palabra en la boca, Aether debilitó su sonrisa.
Maribel estaba extrañamente curiosa, corrió hacia el carro y se paró frente a los burros, estos se detuvieron.
—¡Oye!
¿Por qué nos ignoras?
Thot…
Así no se saluda a viejos amigos…
Los ojos de Maribel se abrieron al sentir el estad emocional de Thot.
El grupo se sorprendió cuando miraron a la figura oculta nuevamente.
Se acercaron, Abby era la más discreta, mantenía su espacio.
«No desprende energía, ¿Tal vez es un mago y no un cultivador?» Richard se acercó primero emocionado, esperando algo.
—¿Eres tú?
—Preguntó.
Thot levantó la tela celeste del techo, revelando su rostro.
Pero no era lo que se esperaban.
El hombre ahora tenía el rostro marcado por cicatrices, en su mejilla habían dos grandes cortes y una parte de su labio había desaparecido, aparentemente cortada con una de esas dos cicatrices.
—Amigo… ¿Qué te pasó?
Preguntó Richard sorprendido.
Thot lo miró y una expresión oscura apareció en sus ojos.
—La pregunta es que te pasaba a ti, parece que viajaste bien —Dijo mientras recorría con los ojos al grupo —Tsk, incluso hay una nueva.
Sofía sintió ganas de jalar a Thot del cabello y hacerlo bajarse para pedir disculpas, en realidad estaba por hacerlo, pero Richard le tomó la mano antes de que esta llegara a Thot.
Negó con la cabeza a Sofía, ella se retractó sacudiendo la mano y volviendo atrás.
—¿Qué pasó?, ¿Cómo terminaste así, cómo están las demás personas de la caravana?
Thot apretó los dientes, respiró profundo.
—Ma compañeros… están muertos.
Nos vendieron.
Un ambiente sombrío cayó, inquietante mente sombrío.
Los ojos de Maribel estaban fríos, y no solo sus ojos, toda su aura se desprendió sin control.
—¿Quién se atrevió?
Esa pregunta parecía querer mover los cielos si se lo proponía.
«Advertencia, se recomienda a la anfitriona no desafiar la contención del sello.
Mantenga sus emociones en control»
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