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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 44

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  4. Capítulo 44 - 44 La Promesa del Maestro
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44: La Promesa del Maestro 44: La Promesa del Maestro La tormenta rugía afuera, un coro de truenos que hacía vibrar la montaña.

Thot observaba la lluvia desde la entrada de la cueva: líneas plateadas cayendo desde un cielo negro, cargado del rayo que se acumulaba como presagio.

Un suspiro cansado se escapó de su pecho.

Sus ojos descendieron por la ladera, donde una rama enorme —de al menos diez metros— servía como improvisada escalera.

Maribel la había hecho crecer con una facilidad inquietante.

Era una simple rama… antes de que ella la tocara.

Dentro, el refugio era frío pero seguro, un santuario frente a la furia del clima.

Thot se sorprendía cada vez más de haber vuelto a encontrarse con sus antiguos compañeros.

El destino lo había sacudido, golpeado, torcido… pero parecía negarse a dejarlo morir.

No sabía si agradecerlo o maldecirlo.

Quizá esa confusión venía de los ojos que lo vigilaban desde el fondo de la cueva.

La dhampir —esa hermosura mitad vampiro— lo miraba como si fuera presa.

Thot tragó saliva.

Se sentía observado.

Cazado.

Entonces una mano apareció de la nada.

Un golpe seco.

La mujer gimió de dolor.

—¡Oye!

No asustes así a mi amigo —regañó Maribel.

Thot casi se atragantó.

«¿Desde cuándo está detrás de mí?

¿Cómo apareció sin hacer ruido?

¿Qué clase de…?» Maribel leyó su expresión y habló con naturalidad: —Creo que nunca te expliqué mi habilidad —dijo—.

Antes manipulaba solamente las ilusiones de la vida: sueños, aspiraciones, y… casi todo lo relacionado a la psique.

Pero hace unos días mejoró.

Aunque no puedo usar la mejora completa por ciertos motivos.

Ahora puedo manipular mejor mi presencia.

Puedo hacer que la gente… simplemente no me perciba.

—Eso es… muy poderoso —admitió Thot.

Maribel soltó una risita, sacudiendo la cabeza.

—Tal vez, pero consume demasiado qi.

Tengo bastante, pero sólo puedo usar esa técnica unos trece segundos antes de secarme.

Si me siento y no hago nada… no sé cuánto duraría, la verdad.

—¿Y desperdicias qi sólo para golpearle la cabeza?

—Era para verla de cerca —respondió Maribel, jalando de las orejas a la dhampir.

—¡Ay, ay, ya basta!

¡No es mi culpa!

—se quejó Abby.

—¿Ah no?

Yo te vi.

—Bueno, sí es mi culpa, pero no lo volveré a hacer.

¡Lo juro!

Maribel suspiró y extendió la mano.

—Dame tus envases.

Abby se quitó los aretes y se los entregó.

Maribel los sostuvo y estos crecieron hasta hacerse vasos normales, idénticos a los que él recordaba de la tienda de su abuelo.

Cuando destapó el corcho, Thot arrugó la nariz ante el olor metálico.

Abby, en cambio, abrió los ojos como si viera un tesoro.

—No se coaguló… ¿Cómo?

—preguntó incrédula.

—Ni idea —dijo Maribel encogiéndose de hombros—.

Le pedí un favor a alguien.

Dijo que se encargaría de eso.

—Ya veo…

me gustaría agradecerle a quien haya sido Dijo la mujer mirando al resto del grupo.

Maribel negó con la cabeza.

—No puedes verlo, en realidad solo Aether puede verlo.

Thot levantó una ceja y preguntó.

—¿Quién es Aether?

Maribel apuntó a Pedro.

—Él.

Cambió el nombre que su padre le impuso.

Quería cortar ese vínculo porque tienen una mala historia.

Además empezó a llamar papá a su…

“maestro de cultivación”… supongo.

Thot observó al muchacho con respeto.

«Si yo pudiera, también cambiaría de padre… espero que algún día me cuente su historia» Maribel lo miró de reojo.

—¿Quieres saber la historia entre ellos?

—Prefiero que me la cuente él —respondió Thot—.

Si algún día quiere hacerlo.

Maribel asintió.

Después se volvió hacia Abby.

La encantadora mujer temblaba como un animal entrenado esperando permiso para devorar el alimento frente a ella.

—¿De verdad puedo beber esto…?

—preguntó.

—Sólo un poco —advirtió Maribel.

—No creo que pueda detenerme —admitió la dhampir con voz pastosa.

Thot frunció el ceño.

—…¿Está ebria?

—¿Ebria?…

—repitió Maribel—.

No ha tomado cerveza.

La examinó más de cerca y su expresión cambió.

—Oh… sí que lo está.

Con un toque en la frente, la mirada de Abby se aclaró.

Thot respiró aliviado.

Maribel dijo con despreocupación: —No te preocupes, Thot.

Ella no es vampira completa.

—¿Y eso qué importa?

¡Viste su reacción!

Abby levantó las manos.

—¡Nunca me había pasado!

No lo entiendo.

Es la primera vez… Maribel pensó un momento.

—¿Qué diferencia hay entre el olor de mi sangre y otras?

Abby dudó.

—Es… especial.

—¿Qué tipos de sangre probaste antes?

—¿…Tipos?

Entonces Maribel recordó que en este mundo nadie conocía ese concepto.

Explicó la teoría de los tipos sanguíneos.

—Las personas tienen distintos tipos de sangre, por eso es que algunas personas pueden intercambiar sangre sin que el receptor muera, pero otros morirían al hacerlo.

También hay algunas personas que pueden dar sangre a cualquiera, mientras que hay otros que pueden recibir sangre de cualquiera, pero son muy escazas y especiales.

Thot abrió los ojos, maravillado.

«¡Es la teoría que estaba circulando en los gremios de medicina espiritual…

pero nunca pudo ser confirmada.

Además esta vez lo dijo una cultivadora con un contacto que pudo encontrar la manera de evitar que la sangre coagule, esto sería un gran trasfondo que apoye a esa teoría!» —¿Y qué tipo eres tú?

—preguntó Abby.

Maribel levantó el pecho.

—Soy donadora universal.

O negativo.

Sólo un ocho por ciento lo tiene.

Abby miró el frasco como si ahora contuviera un artefacto celestial.

Luego miró a Thot.

Se sonrojó.

—¿Y tú…?

¿Qué tipo eres?

—¡¿Cómo voy a saberlo?!

—jadeó él.

La dampir miró a Maribel, buscando respuestas.

Ella se encogió de hombros.

—Si él no lo sabe, menos yo…

¿Qué sientes exactamente que te atrae?

—Preguntó.

La dhampir se sonrojó un poco, una expresión que dejó en blanco la mente de Thot casi por completo.

Girando con dificultad la vista vio que Maribel no parecía afectada en lo más mínimo.

—Bueno…

em…

—Por algún motivo la dampir dudaba en decirlo.

Maribel abrió los ojos repentinamente, sorprendida.

—No.

Abby no puedes hacer esas cosas.

Thot miró a Maribel en silencio, su intuición le trajo una idea.

«¿Acaso su habilidad le deja saber lo que otros piensan?» Maribel seguía mirando a la mujer, repentinamente sus ojos se suavizaron, llevó una mano a su mejilla pensando en algo.

Parecía buscar las palabras.

—Perdón —Dijo inesperadamente —Me dejé llevar en ves de proponer una posible explicación.

Maribel la observó un rato, sus ojos cambiaron de expresión.

Entonces dijo: —Creo que Thot podría ser receptor universal.

AB+.

Su sangre no rechazaría ninguna otra.

—¿Eso qué implica?

—preguntó Abby.

—Que mi sangre es buena para alimentar… y la suya tal vez sea buena para convertir.

Thot saltó.

—¡Maribel, no le des ideas por favor!

La dhampir lo observó con los ojos entrecerrados, casi ofendida.

Maribel, sin embargo, lo miraba con frialdad.

—¿Por qué estás emocionado en vez de asustado?

—¿Eh…?

Sólo entonces Thot se dio cuenta de que estaba sonriendo.

Abby murmuró: —No te burles de mi autocontrol… Thot se sacudió la expresión y se disculpó.

«Oh…

pensó que mi sonrisa al mirarla era una burla hacia a ella…

¿Pero por qué estoy sonriendo?

Contrólate Thot» —Pido perdón, no era mi intención.

Maribel asintió lentamente.

Dejando de lado el asunto con Thot.

—De todas formas.

Espero que no hagas nada irracional, Abby.

La mujer asintió enérgicamente y siguió bebiendo con ganas, incluso empezaba a derramarse un poco por un costado de su boca.

Maribel acercó una mano a su cabeza.

Dos segundos después Abby cerró el envase y se lo entregó a Maribel.

—Gracias por tu ayuda, ya podemos guardarlo de nuevo.

«¿Eh?

justo ahora parecía que podía seguir tomando» Maribel asintió y el envase se achicó hasta el tamaño de un arete otra vez.

Los objetos colgando de las orejas de Abby.

Thot observó maravillado.

«Si pudiera hacer eso con la comida…» Maribel, como siempre, le leyó la idea.

—En realidad los nutrientes no se multiplican sino que se agrandan, así que solo serían desechados en las heces sin nutrir el cuerpo.

Ahora que lo pienso…

si los nutrientes crecen demasiado como para ser digeridos incluso por las bacterias, ¿Qué pasa si se hacen tan pequeños?…

Los ojos de Maribel se abrieron y miró los aretes de Abby con renovado fervor.

—Tsk…

demonios…

¿Cómo no tengo un microscopio en estos momentos?

Esta vez si se veía frustrada, incluso ansiosa mordiéndose la uña, sus ojos se movía de un lado a otros mientras murmuraba cosas, términos que Thot no entendía, al menos la mayoría.

Él pudo reconocer las palabras digestión, alimento y nutrientes del vocabulario que sabía.

Pero no tenía idea de qué eran otras cosas, como la palabra célula y microbio.

«Aunque si escuché esas palabras antes, nunca me di el trabajo de investigar» Una pregunta le vino a la mente.

—Maribel, ¿A qué te dedicas?

—Solía ser médica —dijo ella.

Thot se atragantó de sorpresa.

—¡Una mujer médica!

—Exclamó —¿Cómo conseguiste estudiarlo?

¿Alguien te enseño?

Maribel lo miró con exasperación.

—¿Qué hay con que sea médica?

Igualmente ya no lo soy, casi me matan la última vez que ejercí mi oficio…

bien podría ser que me mataron.

Thot se puso serio, no esperaba esa confesión.

Se miró a si mismo con una sonrisa de reproche.

«Una mujer rompiendo ese tabú.

Una mujer que casi muere por practicarlo.

Una mujer que lo dice sin avergonzarse.» La lluvia retumbó de nuevo.

Thot saltó sobre su sentado, temiendo que la cueva se les cayera en las cabezas.

Una voz temblorosa le habló.

—Todo está bien…

contrólate.

No vayas a saltar.

Decía eso, pero la mujer en sí era quien temblaba.

Thot apuntó al fondo de la cueva.

—Ve a refugiarte, no saltaré.

Ya se me pasaron las ganas.

La dampir asintió tenazmente y entró corriendo.

Maribel lo miró.

—¿Qué pasa?

—Preguntó Thot.

—Nada.

Bueno…

en realidad si pasa algo, no te lo eh preguntado hasta ahora pero…

¿Cómo te sientes?

—Mejor —respondió él.

Y luego, sin rodeos miró a Maribel a los ojos — Lo que dijiste de matar al Dragón Rojo… ¿era verdad?

El silencio pesó.

Maribel respiró hondo.

—Tal vez me dejé llevar —admitió—.

Pero no tengo dudas de que el Dragón Rojo debe morir.

Incluso pienso que su destino es morir.

Thot lo sintió arder dentro de su pecho.

Sonrió.

Una sonrisa fea, desesperada.

—Entonces, ¿por qué no matarlo tú?

Maribel lo miró largo rato.

Cuando habló, su voz era fría.

—Porque aunque me enfurece… no estoy en condiciones.

Y no es buena idea pensar en matar.

Sólo ahora estoy entendiendo lo que siento… y no me gusta.

Thot apretó los dientes.

—¡¡ÉL mató a tus compañeros!!

—gritó—.

¡Sus decretos hicieron correr sangre inocente por las calles!¡A los semihumanos los degollaban sin juicio!

yo mismo vi como acorralaban a alguien y lo degollaban, ¿Cómo puedes retractarte ahora?.

El eco de su rabia llenó la cueva.

La lluvia cayó más fuerte.

Maribel retrocedió.

Dos pasos.

Sus ojos temblaron.

—Porque yo… juré salvar vidas… no quitarlas —susurró.

—¡Al diablo el juramento!

¡Ese monstruo se lo buscó!

¡Hasta las sectas se están moviendo contra él!¡Arruinó tu vida, tu futuro, tu camino!

¡También arruinó la mía!

¡A mis hermanos se los llevaron por mi culpa!¿Cómo puedes retractarte ahora?

El interior de la cueva quedó en silencio, todos tenían los ojos abiertos.

Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Maribel.

No eran suaves.

Eran violentas, desesperadas.

—¡Lo sé!

—gritó—.

¡Sé que es verdad!¡Ese monstruo arruinó mi nueva vida!, ¡ya estaba asentada y todo estaba sobre ruedas!¡Pero no me pidas que cargue con mover los cielos yo sola!¡No me pidas que los lleve a desafiarlo!

El silencio cayó como una piedra.

Sólo la lluvia habló.

Maribel, temblorosa, se dio la vuelta y saltó fuera de la cueva, ignorando la larga rama.

Cayó con ligereza en la tierra mojada.

El niño lobo, asustado por los gritos, también se levantó para correr tras ella.

Pero en mitad de la carrera se detuvo.

Escuchó algo.

Algo que sólo él oía.

Volvió a sentarse.

Todos lo miraron.

El pequeño habló con seguridad tranquila: —Ella estará bien —dijo—.

Tengo la promesa de papá.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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