Sistema de Evolución Universal - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 El corazón inquieto y el mal insidioso
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45: El corazón inquieto y el mal insidioso 45: El corazón inquieto y el mal insidioso Había pasado un tiempo desconocido y la lluvia caía fuertemente.
Los árboles se agitaban en la oscuridad, iluminados por relámpagos que caían aterradoramente cerca.
El aullido del viento se asomaba por la grieta de una pequeña cueva en la enorme pared de piedra.
Pero pese al entorno tormentoso, el corazón de Maribel se sentía tranquilo, o mejor dicho hueco.
Soltó un suspiro viendo los árboles mecerse, se veían extrañamente resilientes, pese a estar agitados hasta el extremo.
A la caída de otro rayo, una luz iluminó el cielo.
Pero esta vez la luz no desapareció.
En la oscuridad, una mota de luz pálida flotó por el cielo.
Maribel la miró con suspicacia, no sabía si lo que ve es físico o una visión espiritual traído por el ojo de la sabiduría.
La luz se movió poco a poco, en compás con el viento al principio, luego su rumbo de redirigió a donde estaba ella.
Maribel se puso de pie, con el arma en mano, aunque espíritu de lucha no le quedaba ni un gramo.
La luz se acercó lentamente, incluso con respeto.
En esa luz se asomó la imagen de una persona, envuelto en la luz alba como mantas.
Al inicio Maribel pensó que el ser irradiaba luz, pero resultó que la luz era su ropa.
La entidad no invitada hiso una reverencia hermosa, levantando dos dobladillos de su vestimenta y con una sonrisa educada.
Luego se demoró un poco viendo su rostro y preguntó.
—¿Por qué está triste usted, viajera?
—Su voz sonaba masculina e infantil, amable y alegre a la vez.
Maribel pensó que sería descortés no contestar, así que intentó ordenar sus pensamientos y responder lo mejor posible.
—Porque estoy en aprietos…
y no se cómo resolver mi problema.
La luz rio suavemente.
Aunque intentó parecer educado, al final pareció tierno.
—Que inesperado es encontrar a un humano en estos días, ¿Por qué no me cuentas tus problemas?
Maribel levantó una ceja.
Aunque no podía escanear por completo a esta entidad, si podía sentir que verdaderamente se interesaba por saber su problema.
Se aclaró la garganta y dijo: —Hay una persona que está causando infelicidad a muchas otras, un rey humano.
Este rey…
mató a muchos.
Así que yo tuve que escapar para poder vivir tranquila.
Pero en el camino me encontré con un amigo, él me contó que nuestros compañeros murieron por causa del rey y ahora quiere venganza…
y yo también.
La luz se acercó ligeramente.
—¿Y cuál es tu duda?
¿Cuál es tu problema aquí?
Maribel lo miró con extrañeza.
—Ya te lo dije, esa es mi duda y mi problema.
No se si debo matar realmente a este rey.
La luz voló suavemente al rededor de ella, como acechándola.
—Eres una humana rara, la mayoría simplemente diría que moriría por venganza, pero tú dudas.
Maribel sonrió, tomando eso como un halago.
Pero las palabras del espíritu la derrumbaron.
—Eres patética, incluso los mortales tienen mayor convicción.
¿Cómo lograste cultivar?
El mundo pareció girar, la jaqueca hiso que por un momento perdiera la orientación.
Pero las palabras del espíritu siguieron poco después de recuperarse.
—Normalmente las personas como tú mueren…
y se llevan a sus amistades a la tumba con ellos, lo vi muchas veces.
Maribel apretó los dientes, obligándose a ser racional.
—¿Entonces qué crees que está bien?
No pienso ir a matar al rey.
—¡Ja!
vi a tantos humanos matar a sus monarcas a través de las eras.
Diría que incluso adoran hacerlo, porque se formaron historias, prosas y versos a montones solo por eso, incluso duraron generaciones aquellas historias trágicas y sangrientas de lucha desesperada.
—El espíritu sonrió con sorna —Diría entonces que eres el humano más cobarde que encontré hasta ahora, qué lamentable.
El corazón de Maribel se agitó, incluso ella misma tembló mientras se agarraba la cabeza.
—Cállate.
No me conoces, no sabes cómo pienso así que no puedes decir que estoy equivocada.
La voz del espíritu sonó aburrido.
—¿Entonces tú sabes cómo pienso?
—Sopló algo de cera de sus oídos —Porque hasta donde yo se, no lo sabes.
Así que no puedes probar que estoy equivocado.
Maribel se quedó mirándolo, estupefacta.
«Si ya se que igual morirá, ¿Por qué dudo en matarlo?
Si ya maté gente antes, ¿Por qué ahora dudo en matar?» Ella pensó un momento, al ver esto el espíritu sonrió de oreja a oreja, mientras se tapaba la boca en su manto de luz.
—¿Ya ves que eres lamentable?
Nunca llegarás a los cielos así…
pero no te preocupes, vas por buen camino.
Yo se que te falta: Desesperación.
Debes estar lo suficientemente desesperada para desear poder.
Si tienes gran poder puedes aplastarlos a todos, ¡acabar con el mal con un suspiro!
¿No es eso genial?.
Ella levantó los ojos lentamente.
—¿Poder?
—¡Así es!
¡Poder!, ¡Poder para vengar a tus seres caídos, para vengar el sufrimiento que este dragón rojo causó, para hacer que pague por sus crímenes!
Un rayo azul cayó del cielo, resonando con las palabras del espíritu.
Incluso ella diría que sus palabras y el rayo eran lo mismo.
Maribel apretó sus labios, intentando razonar, pero era muy lógico.
Claramente el espíritu tenía razón.
—¿Y cómo obtendría ese poder?
—Eso es fácil…
—El espíritu apuntó al bosque —Hay tantos animales feroces ahí afuera, no creas que los débiles sobreviven, solo debes consumir tantos núcleos como puedas y por lo que veo…
podrías arrebatar núcleos antes de que estos se den cuenta.
Además hay tantas hierbas, puedes ponerlas en el horno y cocinarlas para tu dantian, serán nutriente de primera calidad.
—Su voz se volvió cálida, dulce y llena de afecto; estiró la mano y dijo— Yo mismo te indicaré dónde están, si es por hacer justicia…
gastaré todo este bosque por ti, no temas tomar todo lo que me pertenece.
Otro rayo cayó del cielo, parecía afirmar la veracidad del espíritu.
Pero algo inquietó a Maribel, un murmullo ahogado.
Ella intentó buscar el hilo de aquello, pero su habilidad fue cortada por algún motivo, la dirección…
—Tú…
—Maribel miró al espíritu de luz con sorpresa —¿Cómo lo hiciste?
El espíritu sonrió ampliamente, entonces una voz familiar sonó.
—¿Por qué no podría hacerlo?
Anfitriona.
Maribel sintió que un escozor le subía por la columna, hasta que finalmente todo su cuerpo se sacudió.
—No puede ser…
No eres como Aether te describe.
El espíritu sacudió la mano.
—Deja a ese niño con sus cosas, yo le muestro lo que debe ver.
¿Olvidaste que te dije?
puedo adoptar una forma para que me veas, pero esa será solo una forma para que tú me veas.
Maribel contrajo el ceño.
Sentía que el sistema actuaba extraño.
—Entonces…
¿Me pides que mate al rey dragón rojo?.
Lo que aprendí hasta ahora de ti parece indicar lo contrario.
Él sonrió y asintió.
—Así está dicho que se cumpla, no tengas piedad con él.
Tienes el poder y el talento para hacerlo, así que no dudes, has lo que deseas y trae paz a este mundo.
¿No te dije que cambiaste el destino al llegar?
Una chispa cruzó en la mente de Maribel.
Contrajo su ceño y ordenó.
—¡Cállate!.
Los ojos del ente en la luz se abrieron.
—¿Cómo dijiste?
—¡Dije que te calles!
¿Cómo te atreves…?
Otro relámpago cayó, esta vez amarillo.
Los ojos del espíritu en la luz se hicieron fríos.
—Así que es así…
piensas despreciar mi oferta.
¿Por qué?…
¿Qué te hace tan necia?
Maribel lo miró con ferocidad, un emoción ardiendo en su corazón.
—Te atreviste a usurpar su identidad.
Los impostores como tú…
Ella repentinamente sacó su lanza, el azul se extendió por toda la cueva como si fueran torrentes de agua embravecida.
Bailando al son de la furiosa lanza.
El espíritu escapó por poco de ser cortado.
—¡¿Piensas matar a tu maestro?!
¡Muchacha mal agradecida!
—Mi maestro ve formarse mis pensamientos en el transcurso de días —Dijo mientras apuntaba su lanza —Tú eres solo un patético imitador.
Otro rayo amarillo cayó, esta vez reflejados en los ojos de Maribel, pareció teñir sus iris de un dorado que hiso temblar al espíritu.
Maribel respiró profundo, una expresión de agonía total en su rostro cuando usó todo de ella pese a la lesión.
Y a la vez, una presión poderosa se extendió en toda la cueva.
El espíritu perdió la confianza, incapaz de moverse.
La lanza obtuvo más grietas ante la fuerza de agarre, pero un qi amarillo se extendió a través de esta, envolviéndola hasta nutrir incluso los átomos del arma.
Una nueva mirada y el ojo de la sabiduría se abrió, ante Maribel estaba un demonio oscuro que parecía consumir incluso el espacio.
Con un movimiento suave, la lanza pasó por el cuerpo flotante del espíritu.
—El patético aquí eres tú, aparentando poder.
Algo imposible ocurrió ante los ojos de Maribel.
Cuando ella parpadeó lo vio, desde atrás de ella miles de manos tenían fuertemente sujetados al demonio.
Mientras que en otro parpadeo, un hombre vestido de nubes blancas miraba al demonio, la luz al rededor de él era dorada y suave, tanto que parecía imposible de ver si no se aglomerase tanta en un solo lugar.
La expresión del dios era ilegible, este chaqueó los dedos y el demonio desapareció con el pavor en su rostro.
«El enemigo a sido enviado al vacío verdadero, el origen de su vida a sido eliminado».
Sonó la voz mecánica del sistema.
La tormenta no calmó, pero los relámpago no parecían tan aterradores ahora.
El eco del chasquido aún resonaba en la cueva.
El demonio había desaparecido, borrado sin dejar sombra… pero el peso de su presencia seguía presionando el pecho de Maribel, como si la oscuridad hubiera dejado una huella en su respiración.
Maribel bajó lentamente la lanza.
Sus dedos temblaban; no sabía si por agotamiento o por el residuo del miedo.
Una risa autocrítica se salió de ella.
«Gracioso… cuando lucho contra monstruos reales apenas siento nada, pero cuando se meten con mis decisiones… ahí sí pierdo el control.» Una exhalación temblorosa salió de su pecho.
La tormenta seguía rugiendo afuera, pero dentro de ella algo se había detenido, como si un engranaje hubiera dejado de girar.
Un silencio interno extraño, casi sagrado.
«Ese… no era el espíritu del bosque.
No era nadie que conocí hasta ahora.
Pero actuó como si me conociera.
Como si supiera exactamente dónde golpear.» Maribel apretó los dientes.
«¿De verdad soy tan fácil de manipular…?
Puedo detectar mentiras…
¿Pero soy tan vulnerable cuando estoy cansada?» El recuerdo de su discusión con Thot volvió como una puñalada.
La culpa.
La impotencia.
La sensación de que cualquier dirección que tomara sería equivocada.
«Solo quería que dejara de doler, solo eso.
Y aun así… casi escucho a un extraño al decirme qué hacer con mi vida.» Sus piernas temblaron y apoyó la espalda contra la pared fría de la cueva.
El contraste la despertó un poco, como si la piedra quisiera devolverla al presente.
«¿Por qué temo tanto tomar una decisión?
¿Por qué… dudo tanto de mí misma?» Miró hacia la abertura de la cueva.
Los relámpagos iluminaban los árboles, doblados por el viento pero sin romperse.
«Los árboles… están resistiendo la tormenta mejor que yo.» Un risa amarga, débil, escapó de su garganta.
«Tengo poder suficiente para enfrentar demonios.
Pero no para enfrentar a mis propios pensamientos».
Se llevó una mano al pecho, presionando suavemente, como si quisiera sostener algo que estaba por desbordarse.
Entonces sintió una presencia.
No como una aparición física, sino como la calma que llega cuando todo lo que queda es estar bien.
Una presencia inmensa, serena, sin forma, sin emoción humana…pero curiosamente más humana que cualquier cosa que había enfrentado en su vida.
«Así que este es… el creador del sistema…
este si es “él”» Maribel tragó saliva.
Su mente volvió a la idea que el espíritu del bosque había intentado imponer: “Desesperación.
Poder.
Venganza.” Ella cerró los ojos.
«No.
Ese no es mi camino.
Si me hundo en eso… dejaré de ser yo».
La luz dorada que había llenado la cueva no desapareció al instante.
Permanecía suspendida, silenciosa, como si el mundo contuviera la respiración.
La lanza tembló en las manos de Maribel, el qi aún resonando como un eco distante.
La voz que surgió no tenía peso ni emoción; era como escuchar el murmullo del agua en un acantilado, o el viento atravesando una montaña antigua.
«Maribel».
Maribel se dejó caer.
No por miedo… sino porque esa voz atravesó el caos dentro de ella como una luz perforando niebla.
—Yo… lo siento.
—Su respiración agitaba su pecho—.
No debería haber dudado, no debería… «No hay error en dudar.
El discernimiento nace de la reflexión, no de la imposición.
Solo los necios actúan sin cuestionar.
Primero te comprendes, luego eres».
Maribel tragó saliva.
Sentía que su mente, tan revuelta hace minutos, se ordenaba como si alguien acomodara piezas sueltas dentro de su corazón.
—Pero… casi caigo —susurró—.
Me atrapó porque yo misma estaba quebrada.
La luz amarilla se encendió, trayendo una sensación de bienestar.
«Cuando el corazón está agitado, incluso una sombra puede parecer una montaña.
Da un paso atrás y verás un mar basto y un cielo despejado».
Maribel alzó lentamente la mirada.
—¿Tan simple es…?
«Es simple, pero difícil de hacer.
Si no, todos se cultivarían verdaderamente.
Los lazos, los miedos, las pérdidas… todos son reales.
Pero si te aferras al dolor, solo verás dolor…
y eso hacen las personas malvadas.
Si tomas distancia, verás el camino.
¿Olvidas que el mundo humano se hace en base a ilusiones?» Maribel cerró los ojos.
Su respiración se hizo más profunda, más lenta.
Por primera vez desde que huyó de la cueva, sintió que el aire entraba a sus pulmones sin quemar.
—Entonces… ¿Qué debo hacer ahora?
«Primero, ser clara contigo misma.
El destino que cargues será tu decisión, no la del rencor, no la del miedo y no la de un impostor.
Despéjate y tu naturaleza original se mostrará».
La luz descendió un poco más.
«Cuando tu mente sea como un lago tranquilo, verás tu propósito reflejado en él.
No antes».
Maribel apretó su lanza… esta vez no para aferrarse a algo, sino para sostenerse de pie.
El resplandor comenzó a desvanecerse, como una vela que se apaga suavemente.
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