Sistema de Evolución Universal - Capítulo 49
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- Capítulo 49 - 49 Luz Caída Sombra del Alma
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49: Luz Caída, Sombra del Alma 49: Luz Caída, Sombra del Alma En el interior de la cueva se escuchaba el sonido de gotas cayendo, era rítmico y sin pausa.
Amara abrió los ojos y miró a su alrededor.
No notó nada raro al principio, bueno solo una sensación le apretaba en el corazón.
Ese día habían pasado cosas muy intensas, pero las cosas se pusieron aún peor cuando Maribel y Thot tuvieron esa discusión.
Amara soltó un suspiro.
Se paró lentamente y se asomó por el borde de la cueva, este lugar no le gustaba, de hecho lo detestaba.
«¿Qué le pasa al tiempo hoy día?» Se preguntó «Ese dichoso regalo tuyo…
me está causando más problemas que bendiciones» «Cuando el tiempo tropieza no es el mundo el que falla… sino tu mirada.
Hay caminos que tu mente borda sin saberlo, formas que no existen salvo en tu temor.
No confíes en el temblor del instante: la realidad no cambia, eres tú quien la inclina.» Ella se tapó la cara con ambas manos, presionando con fuerza.
—Carajo…
EL MAREO NO SE VA.
Respiró profundo y levantó la cabeza al cielo, pero se detuvo justo antes de gritar su frustración.
Sus ojos abiertos enormemente, ella tembló.
El impacto de lo que vio la dejó helada, realmente helada.
Movió sus piernas temblorosas al interior de la cueva, casi corriendo.
No dudó en portar su arma, pero nada de su habitual confianza estaba en su semblante.
—Despierten.
Rápido, levántense maldita sea.
—Ella se tapó la boca, con los hombros achicados.
Volteó a la entrada, pero no había nadie aún.
La exclamación despertó a todos, los ecos del interior hacían que unas palabras normales fueran voces a gritos.
No hubo alma que no despierte.
Al verla con su lanza en mano, los demás no dudaron.
Los burros fueron llevados al fondo fondo con Thot.
—¿Qué pasa?
—Preguntó Sofía.
Amara apuntó a la entrada de la cueva y dijo —Pon un sello de bloqueo, no se qué cómo lo hagas pero debes bloquear la entrada en 90 segundos.
Richard la miró, sus ojos mostraban ansiedad y confusión.
Abby tomó una iniciativa y agitó su varita en círculos lentos, luego empezó a graficar líneas en el aire.
Cada susurro hacía eco, escuchándose claramente lo que decía.
—Agua que vienes de los cielos, oculta de los cazadores mi espíritu; sombras de la noche, hacedme indistinguible para el enemigo.
Como los cielos y los lagos, como una sombra sobre otra.
Los acechantes están en el corazón, los acechantes no están en este mundo, nosotros acechamos, nadie acecha en mis sombras.
Sofía no sabía que hacer.
Sus cosas estaban reducidas al tamaño de juguetes.
No había forma de escribir, así que solo vio una alternativa.
Giró a ver en lo profundo de la cueva, allá a los animales de carga.
—Tsk…
no tengo opción.
Amara se interpuso en el camino, sus ojos temblando.
Ante su mirada Sofía se paralizó, la había visto temerosa antes, la vio esconderse de bestias, la vio huir de la espada antes de coger confianza, la vio temer a las ratas…
pero nunca la vio así.
Ella estaba casi por caer de rodillas ahí mismo, con una lágrima queriendo escapar.
—No hagas nada que le haga apurarse…
—Suplicó entre susurros temblorosos.
Bajó la mirada resignada, pareció hablarle a alguien más—Por favor…
solo déjanos tener más tiempo.
El silencio fue su respuesta.
Sofía se quedó en silencio, hasta que Richard le tocó el hombro.
Ambos se miraron a los ojos por un momento, solo unos segundos.
El rostro de Amara se impacientó, pero parecía reacia a siquiera hablar.
Viendo esto Sofía suspiró, simplemente inclinó la frente sobre el pecho de Richard y se dirigió a la entrada.
En ese momento algo rojo brotó.
Eran gotas de sangre cayendo sobre los talismanes.
Amara giró a todos lados, una pregunta implícita en sus ojos, pero no había nadie para traducirla.
—¿Dónde está…
Aether?
—Preguntó entre susurros casi inaudibles.
—Fue a buscar a Maribel…
y no regresó —Respondió Thot.
La mente de Amara se quedó en blanco.
Las gotas caían, pero ella sentía que ya no podía oírlas, su mente empezó a dar vueltas.
—¿Qué dijiste?
Thot acercó sus manos para susurrarle al oído —Dije que el niño fue a buscar a Maribel.
Ella se giró para verlo a los ojos.
Su respiración tranquilizándose poco a poco.
Hasta que ante sus ojos algo pasó.
El regalo del sistema le mostró algo, las líneas que unían a Thot con todos…
se rompieron.
Poco después se rompieron la de los demás y entonces ella vio algo que la heló aún más, la línea que la unía a Aether se atenuó.
Amara volteó a ver a Abby, los muchos hilos que la rodeaban ahora eran exactamente iguales a la que ella tenía con Aether.
La lluvia cayó como si se cayera el cielo.
A lo lejos se escuchaba el torrente de un gran huaico que arrastraba piedras, árboles y muchas cosas encubiertas.
Amara tropezó al suelo y el resto la miró expectante.
Pero los ojos de la mujer no se despegaban de la entrada.
Pareciendo ver algo que la apretaba el corazón.
Richard se acercó a la entrada, contemplando el gran torrente, cuando de pronto un proyectil se dirigió a él con gran fuerza.
Richard lo esquivó con avidez, entonces su espada se encendió en luz azul, pero de pronto él también se congeló.
Volteó lentamente a ver el proyectil y sus ojos temblaron.
La sangre se esparcía en la entrada, no era la de Sofía.
El viento mecía el pelaje sucio de la cola y orejas del niño, tendido en la entrada.
Unos segundo después Amara gritó.
—CIERRA LA MALDITA ENTRADA.
Abby empujó su hechizo y un agua oscura se acercó al agujero, haciendo que se reflejen las piedras exteriores a a la cueva.
Sofía por su parte movió sus dedos y las letras se terminaron de formar en la circunferencia de la cueva.
Un escudo apareció dejando un pequeño agujero.
El silencio fue abrumador los siguiente segundos, lo primero que vio Richard fue un árbol romperse por la mitad.
Segundos después otro, parecían ser torcidos desde arriba y rotos desde abajo.
Tragó saliva.
—¿Qué piensa hacer este monstruo?
—Preguntó para si mismo.
—Muévete…
no te quedes en la entrada.
—Pidió Amara, casi suplicando.
Richard lo hizo y un poco de calma volvió a la mujer.
Poco después se escuchó a otro árbol torciéndose, pero esta vez no reventó.
Otro proyectil fue lanzado.
Todos apretaron sus armas.
Al segundo siguiente, todos tenían miradas oscuras.
Sofía no pudo evitar taparse la boca de consternación.
Ojos amarillos con bordes verdes fueron lo primero que se vio.
Lo siguiente fue una luz blanca como si fuera un relámpago.
La luz se filtró entre el agua negra, iluminando el interior.
Empujando un poco la barrera, esta se removió como si fuera una simple gasa sobre el agua.
La persona estaba envuelta en mantos de luz y pasó caminando sobre el cadáver del niño.
Las sombras se movieron de forma antinatural, pero no pudieron pasar a través de la armadura de luz.
Mientras el hierro candente voló apuntando al cuello, este simplemente impactó.
La entidad apuntó a Sofía y su corazón se agrandó hasta estallar todo su cuerpo.
Richard soltó un grito de batalla que ensordeció a todos dentro de la cueva.
El humo se elevó en todos lado cuando el calor derritió todo agua en el interior, pero solo se escuchó un susurro.
—Estás muerto.
Richard se desplomó sobre si mismo y cayó.
Thot miró a quien llegó y dijo temblando.
—¿Por qué haces esto?
No es nuestra culpa.
Amara le dijo que te buscase, no nosotros.
—No necesitas dar excusas —dijo la silueta detrás de la luz.
Sus dedos recorrieron con ternura las telas resplandecientes.
Luego su mirada se dirigió a Amara, pero sus ojos parecían un poco desenfocados, como siguiendo un movimiento rotatorio a sus costados.
—Según recuerdo… tú deberías seguirme a mí.
La luz vibró con un rencor contenido.
—Así que piensas dejarme de nuevo.
Un pulso de brillo desgarró la quietud.
—No dejaré que destruyas mi creación.
—Maldigo tu nombre, ######.
La cacofonía esta vez no era en los oídos, sino en el alma.
Amara se agarró la cabeza inútilmente, con los dientes apretados.
El agua en su rostro era salado.
Al levantar la vista vio un rostro muy familiar y…
lo siguiente que vio fueron sus pies y el suelo que pisaban.
Amara se despertó sobresaltada, sudando en todo el cuerpo.
La luz del sol se filtraba por la entrada de la cueva.
Llevada por un impulso corrió hasta la entrada, ahí vio un gran lodazal.
Árboles habían caído.
—¿Por qué no hiciste nada?
—Preguntó anonadada al aire.
«¿Por qué le das importancia a algo que no permito que exista?» Respondió una voz.
Amara apretó los labios y tembló.
Su respiración se hizo profunda.
Temía voltear a examinar el interior de la cueva.
Pero una voz la sobresaltó.
—¿Estás bien?
Ella dejó de respirar por un momento.
Una pequeña mano le picó el brazo, insistiendo.
—¿Estás bien?
Amara volteó a verlo lentamente.
Entonces un grito desgarrador sonó en toda la cueva, haciendo que incluso Maribel y Abby terminasen su baño antes de tiempo.
Amara estaba en piso abrazando a Aether, las lágrimas mojaban su ropa y el niño, desconcertado, solo parpadeó mientras ella lo apretaba con desesperación silenciosa.
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