Sistema de Evolución Universal - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Villa puerta de sal
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5: Villa puerta de sal.
5: Villa puerta de sal.
Una mujer de piel color vainilla oscuro yacía tendida sobre el heno.
Su respiración era profunda y sostenida; los hombros, contraídos; los codos, cerrados sobre una copa de tamaño B.
Sus ojos negros y sus mejillas enrojecidas permanecían ocultos tras las manos; lo único visible de su rostro eran las orejas.
Ella ya lo sabía: su mente no tendría privacidad.
Tras varias pruebas mentales, al menos el sistema parecía respetuoso e ignoraba la mayoría de sus pensamientos; pero la realidad era que saber que algo estaba ahí, escuchando lo que pensaba, era tan vergonzoso como entregar una carta de amor y que alguien la lea en voz alta en horario escolar.
—No… bueno… respecto a lo anterior… no quiero verte.
Por favor, no hagas que te vea…¿Y si de verdad solo estoy alucinando y, al verlo, cruzo el punto de no retorno hacia la locura?
Entonces nunca podré volver a la realidad.
[Entendido.
No materializaré mi avatar.
Además, puedo asegurarle a la anfitriona que no soy una alucinación.] —…El sistema parece tener personalidad.
No hubo respuesta.
Quizá podría adoptar la forma que yo quiera… como un muñequito lindo y pequeño.
Seguía sin respuesta.
La diversión que distraía a Maribel de la realidad era un alivio momentáneo, pero no pudo evitar sentir decepción cuando el sistema simplemente ignoró sus intentos de provocarlo.
—Ush… esto será aburrido… Levantándose del pasto seco, Maribel se sacudió la pelusa adherida a su ropa, al menos toda la que pudo.
Tenía la nariz impregnada de ese olor.
Al principio era preferible a la ropa roída y rota que había usado como cama en la casa que fungía de comedor popular —donde también trabajaba—, pero sabía que debía buscar otro lugar para dormir.
Lo que sí tenía claro era que nunca volvería a vivir ahí.
¿Quién sabía si algún día William tendría una idea “divertida”?
Divertida para él, no para ella.
Esa casa pertenecía a William y a su hermana; técnicamente, Maribel era una arrimada.
Dejó atrás el pasto seco y trajo unas piedras.
Una hora después, una gran columna de humo se elevaba desde uno de los extremos de la villa.
Frente a ella, una mujer humana observaba orgullosa su trabajo.
Desde que despertó junto al río silencioso había intentado acostumbrarse a la idea de no tener acceso a la tecnología de su época.
Así que lo primero era aprender a hacer fuego.
No era exactamente talentosa en ello… bastaba ver cuánto le había tomado su intento más reciente.
—Clap, clap, clap, clap, clap.
Un niño apareció detrás de ella, aplaudiendo.
Llevaba una capucha de cuero sobre la cabeza.
—Finalmente lo conseguiste, señorita.
No te avergüences; a mí me tomó mucho más tiempo aprender a encender un fuego.
Aunque, si no querías el lugar, hubiera apreciado que no quemaras todo el pasto.
Pensaba dormir ahí.
¿Y este niño quién es?
—… Espera.
¿Me tomó mucho tiempo quemar el pasto y me lo dices ahora?
—… —Debes aprender a ser más listo, muchacho… —dijo Maribel, sintiendo que el niño había tocado un punto sensible de su situación actual.
Bajó el tono para no hacerlo sentir mal—.
Está bien, no te preocupes.
Había otro lote de hierbas de todos modos.
No quemaría mi único lugar para dormir sin motivo.
Además, todos dicen que pronto las plantas empezarán a secarse y, si lo dejamos así, los vientos traerán las motas desde las praderas hasta las casas.
En realidad, nadie le había pedido que se deshiciera de las hierbas, pero esperaba que eso calmara al niño.
Él pareció alegrarse.
—¿Entonces sí podremos juntar suficiente para los dos?
Maribel dudó.
Ella planeaba buscar otro lugar para dormir, pero dudaba encontrar uno desocupado y con suficiente espacio para ambos.
Además, estaba la pregunta inevitable: ¿Qué haría la gente de Puerta de Sal si un niño desconocido aparecía de la nada?
A ella la habían recibido por la favorabilidad del alcalde… y ese favor no parecía venir sin un precio.
Si decía que sí, el niño querría dormir con ella.
Si decía que no, probablemente el niño terminaría en problemas.
Había otro asunto: aunque era solo un niño, ya no se sentía segura de que no le robaran.
Como mínimo, su ropa de trabajo —su antigua profesión— parecía extremadamente valiosa para esta gente.
Por más que le doliera desprenderse de esas prendas, no podía hacerlo; eran lo único que la conectaba con su lugar de origen.
No pasa nada si duermo con el uniforme puesto, pensó.
Así no podría robármelo.
Y fuera de eso… no tengo nada más valioso.
Bueno, aún está el lapicero azul en mi bolsillo.
—Supongo que sí —dijo finalmente—.
Hay un espacio donde puedes dormir.
Pero dime una cosa… ¿por qué dormirías en el pasto y no en tu casa?
El niño la miró extraño y no respondió.
Dudaba, como si temiera ser castigado por decir la verdad.
—¿Estás bien?
Si te da miedo decirme el motivo, no temas.
No intento regañarte.
—Es que… realmente no sé dónde más dormir… Sus ojos parecían sinceros, pero Maribel había visto a muchos pacientes mentir durante una anamnesis para luego ser descubiertos con exámenes de laboratorio.
Aun así, escuchar esas palabras salir de un niño —no de un adulto como ella— le dolió en el pecho.
Ella era adulta.
Podía arreglárselas de una forma u otra.
Pero él… él era solo un niño, no mayor a 12 años al parecer, aunque era posible que le robara, seguía siendo un niño…
«no pasa nada si duermo con el uniforme puesto, no me lo podría robar así; además aparte de eso no me queda nada más valioso…
bueno, aún está el lapicero azul en mi bolsillo» Con ese pensamiento, ella le dijo: —¿Entonces qué esperamos?, quitemos el pasto seco que hay en el pueblo de una vez por todas, ese lugar no es muy espacioso para un granero, pero podrían entrar al menos tres de mí.
—…
señora, ese lugar no es un granero…
—¿Eh?…
¿entonces qué es?
El niño apuntó una zona con una construcción muy familiar, el día de ayer en la noche a Maribel le parecía familiar lo que veía, pero ahora que es de día podía verlo con claridad.
—Es…
un establo de caballos que está vacío —El niño asintió con la cabeza—.
Bueno, no importa lo que sea este lugar, igual hay suficiente espacio.
—¿Qué pasa si vuelve el dueño del caballo?
—No te preocupes, el caballo ya murió; este lugar está vacío.
—¿Cómo lo sabes?
—Me lo dijo una mujer llamada Clara —Respondió Maribel mientras se acercaba a un rastrillo.
—Entiendo…
Maribel se sintió feliz de que el niño no protestara y dijera algo como “dijiste que había más hierba atrás” y en lugar de eso se dispusiera a trabajar.
Pronto ambos estaban frente a la casa de William esperando a que él salga.
El joven de cabello desordenado, que no se peinaba ni con las manos, salió de su casa con su hermana; ambos habían huido a esta villa cuando eran jóvenes.
Maribel no quería imaginar la historia de ambos, mucho menos preguntar; pero al menos debía regresar la hospitalidad y la amabilidad de ambos dándoles un trabajo.
¿Cómo lo haría?
quitando las hierbas cercanas de esa casa primero.
Solo unas horas después, Maribel junto con el niño estaban terminando de quitar todo lo que pudiese llevar las motas de almidón en el aire hasta las casas del lugar, incluida la casa de los hermanos.
William, por otro lado, estaba haciendo algo en casa; los sonidos de golpes y otras cosas sonaban dentro.
Mientras tanto Clara había desaparecido, solo para volver cuando Maribel y el niño desconocido estaban terminando de quitar las hierbas secas de las casas aledañas; Clara venía cargada con hojas y frutas.
Finalmente, al mediodía terminaron de llevar lo último de la hierba seca que podía entrar al establo, donde podrían descansar mientras el otoño se acercaba, era una forma muy humilde de vivir.
Curiosamente, en todo ese periodo Maribel podía sentir la mirada expectante del sistema; era extraño saber que incluso si estuviera sola, ahora alguien la vería; aunque fuera más una clase de parásito espiritual.
—Ups…
—Dijo Maribel cuando un ligero cambio en la atmósfera se sintió, reflexionando en voz baja murmuró—.
Se siente más como incomodidad, en vez de enojo; o tal vez sea decepción.
«¿Acaso el sistema se siente decepcionado de que piense en él como un parásito?
Es la primera vez que me transmite una emoción, eso no lo esperaba…
parece que el sistema realmente tiene emociones, aunque sus emociones son extrañas…
demasiado brillante para que mi corazón lo aguante…» La sensación desapareció junto con ese pensamiento.
Desde la activación del sistema ella empezó a sentir una pequeña fuente de calma algunas veces, lo que no estaba segura si era por el sistema o porque ella misma estaba empezando a recuperarse mentalmente.
Llegado el mediodía, un grupo de hombres llegó con un jabalí y tres liebres muertas atadas a un enorme palo, que cargaban entre tres mientras otros cuatro protegían las esquinas; era una formación defensiva al parecer.
Maribel no pudo evitar notar ese detalle, algo que anteriormente solo vería como una banda de hombres pavoneándose en grupo de haber cazado algo, ahora parecía más una formación defensiva donde los tres que cargaban eran los protegidos.
Un sentimiento extraño llegó al darse cuenta de esa verdad sobre su cambio de pensamiento, un sentimiento muy familiar también acompañaba al primero: «Soy tan ignorante, ¿Cómo no lo entendí antes?» Viendo que las mujeres iban a la casa de William, Maribel también fue a echar un vistazo.
Ahí vio a Clara y muchas otras mujeres empezar a cortar y a usar una variedad de hierbas y frutas que no reconocía.
La comida parecía demasiado incluso para todas ellas; literalmente, el jabalí por sí mismo ya llenaría más estómagos de los que ellas tenían, lo que solo significaba una cosa: la comida era para todos.
Viendo que estaban por prender el fuego, una idea le vino a la mente.
—Ah…
esperen, no usen las virutas aún —Dijo Maribel sin darse cuenta, por lo que sorprendidas todas voltearon al notar su presencia, incluyendo mujeres con cuchillos que estaban atendiendo a los animales—…
bueno…
¿No vieron que junté tanto pasto seco?
Hay más de lo que puedan imaginar.
—Es verdad…
hay demasiado, deberíamos usarlo.
—¿Estás loca?, ¿Quieres que nos caiga un castigo divino?
—Cada vez que llega el otoño las hierbas se secan y se meten en nuestras casas, creo que sería mejor volver a usarlo para hacer fuego.
Además, el maestro de la hierbas secas nunca proclamó que no podemos quemar.
—Suficiente, no quiero escucharlas pelear más —Dijo una mujer mayor—.
Mejor ya no sigan porque siempre encuentran una razón para pelear, ¡son hermanas!
La mujer giró para ver a Maribel a los ojos; aunque su mirada sostenida era firme, algo de vacilación aún estaba escondido en sus profundidades, cosa que Maribel no pasó por alto.
—Escucha, mujer, si los vientos fríos azotan fuerte, el mar de arena nos ahogará; si no, entonces buscamos la muerte, pero yo no.
No toques la cola del dragón de fuego si estás en mi carretilla.
Sobra decir que Maribel no entendió nada.
Pasadas unas horas, Clara pidió a Maribel ayuda para repartir la comida.
Otro grupo de hombres llegaba con tierra en las manos y los pies, listos para comer; cosa que sorprendió a Maribel, no por ellos sino por sí misma.
¿Cómo no vio eso antes?
Estaba tan perdida en sí misma que no prestó atención a esos detalles.
—Ey, Clara, ¿por qué no se lavan las manos antes de comer?
—¿Eh?
—Clara parecía confundida—.
¿Por qué ya se las lavan en otro momento?
—Preguntó confundida como si Maribel estuviera haciendo un acertijo muy difícil.
—…
—Tardó un momento en comprender que Clara no entendía la pregunta implícita—.
Me refiero a que se enfermarán si no se lavan las manos antes de comer, al menos quitarse la tierra sería bueno, así que ¿por qué motivo no se lavan las manos?…
¿Acaso pasó algo?
—Preguntó al final sin querer sonar maleducada.
—¿Qué?
¿Se enfermarán?
—Clara miró a la multitud de hombres con confusión, todos ellos ajenos a la conversación y comiendo alegres—.
Yo los veo sanos…
además es de la tierra que traemos los alimentos —Dijo Clara con diversión, eso último como si fuera lo más obvio—.
¿Alguna vez viste un ave volar sin moverse?
—Preguntó como devolviendo una broma, casi como si dijera “mira, yo también sé hacer chistes”.
—…
—Maribel lo consideró en serio—.
De hecho sí, vi muchas veces a esas aves.
Clara dejó de reír y la miró sorprendida.
—De donde vengo se llamaban colibríes, suelen tener el pico largo para meterlo en las flores y cuando vuelan es casi imposible ver sus alas.
—jajajajajajajaja— Clara de pronto empezó a reír como si escuchara el mejor chiste del mundo.
__________________________________ Cerca de las 6 p.
m., o al menos eso sospechaba Maribel, vio al niño a su lado acostado sobre el heno; bueno, decir heno es decir mucho, pasto seco describe mejor lo que era.
Se preguntaba en el corazón qué pasaría con el niño cuando se fuera mañana, no le había preguntado ni su nombre.
Ella tenía intención de irse sin más; no tenía intenciones de descubrir qué clase de bestias le esperaban, según palabras de William y el líder de la villa.
Realmente esperaba no desarrollar sentimientos por la villa, así que solo vivió aislada de tantos como podía; parece que no pudo cumplir su objetivo satisfactoriamente, pero eso no le impediría seguir con su plan.
Estaba decidida a irse mañana o, en su defecto, pasado mañana en la madrugada.
Tenía algunas antorchas robadas y podía encender fuego por sí misma, aunque tardaba un poco, ya no tardaba tanto, apenas unos minutos.
Pese a que no tenía dudas, Maribel se quedó en silencio por un largo tiempo, sin saber si realmente su decisión era, moralmente hablando, la correcta; ahora un niño podría resultar viviendo solo y sin familia.
¿Debería llevarlo consigo o abandonarlo?
No sabía de dónde salió ni por qué llegó hasta ella, pero esas cosas en su mente no importaban; después de todo, ¿Quién cuestiona el destino en esa situación?
Juntando su valor, ella giró a ver al niño.
El peso de lo que iba a hacer le llenaba de una sensación de incomodidad; sentía que al menos le debía al niño una explicación, o quizás la dignidad de verlo a la cara antes de abandonarlo, que es precisamente lo que iba a hacer.
A esa hora el sol ya casi no estaba en las montañas altas, lo que aceleraba un poco la llegada de la noche; teniendo en cuenta el lugar donde estaban, es decir, en un establo, y acurrucados en una esquina dedicada al pasto seco, las sombras eran más profundas.
No obstante, eso no evitó que Maribel notara algo inquietante.
Antes de hacer lo que ella consideraba que sería una de sus más grandes vilezas como ser humano hasta ese momento, vio, al levantar un poco la capucha del niño, algo que en la profundidad de la noche le hizo tener escalofríos por toda su columna; incluso enderezó el torso y se sacudió el cuerpo sin querer.
Pese a la poca luz, aquello era algo que desearía no tener que ver; las orejas del niño no estaban donde deberían.
Su cabeza zumbaba por las implicaciones del cruel maltrato, de lo que el niño debió pasar como de lo que implicaba que ella lo abandonara; por un momento sintió que le dolían los ojos y un dolor en su garganta comenzaba a aumentar de a pocos.
«¡¿Qué diablos estaba por hacer?!… es solo un niño» dijo entre susurros de autorreproche.
Curiosamente, parecía que el sistema se sentía aliviado de que ella se sintiera mal, pero no estaba de humor para reprenderlo.
—mmm…
hmph…— Se escuchó al niño quejarse cuando él se dio vuelta y rodó por la montaña de heno— scratch scratch —Comenzó a rascar su cabeza con sumo entusiasmo.
«Oh no, lo desperté» pensó Maribel.
Justo cuando quería acariciar su cabeza y ponerlo a dormir, el niño con hastío se levantó la capucha antes de volver a dormir plácidamente.
«…» El corazón de Maribel casi se detuvo al ver lo que había ahí.
_________________________________________ Al día siguiente Maribel seguía en la villa, pero se veía extraña; con la mirada perdida.
—Sistema, ¿qué fue lo que vi ayer?
[La anfitriona vio la rutina de vida que llevan las formas de vida en el nivel hum—] —¡Eso no!, ¡El niño!
[…] El sistema guardó silencio un momento.
La sensación de tranquilidad que Maribel sentía, sin embargo, hizo que ella recapacite.
«Lo siento, no debí gritarte así».
La manera en que el sistema le tenía paciencia era poco más que extraña; sus emociones no cambiaron ni en lo más mínimo, mientras que ella misma se encontraba perturbada.
Desde anoche el sistema no dejó de compartir sus emociones «En respuesta a su pregunta, el niño es un semi humano de un linaje conocido popularmente por este mundo como linaje inferior; sin embargo, siguiendo los rastros de historia marcados en las dimensiones de distanciamiento temporal, detecto que es descendiente directo de un hombre lobo de linaje puro.» —¿Qué?…
¿Estás diciendo que ese desnutrido es un verdadero hombre lobo?
«No exactamente, el significado del término “hombre lobo” que manejas es diferente al que yo manejo, pero tomando la perspectiva humana es correcto afirmar que ese niño es un hombre lobo mestizo; así como cuando una familia se mudaba de un continente a otro en tu mundo anterior, la sangre se diluía con las generaciones siguientes hasta quedar casi extinta.» —…
Es decir que ese niño sí es un hombre lobo, ¿pero qué hace aquí?
[El sistema se niega a compartir secretos respecto a la privacidad de otros de no ser por suma importancia.] —Eh…
¿Así que tienes códigos de conducta?
«Si los dioses tienen códigos de conducta, ¿Qué razón hay para que el sistema no los tenga» —Oye, no sé si hablas así porque es tu naturaleza o porque te estás distanciando a propósito; podrías ser más…
no sé…
cercano.
«No existe la naturaleza, Maribel.
Todo tiene un porqué» —…— Maribel decidió ignorar ese comentario tan descarado sobre la naturaleza—.
Otra pregunta, acabas de decir “Dimensiones de distanciamiento temporal”?
El sistema guardó silencio y no habló más, no importaba cuánto Maribel intentara preguntar de cualquier cosa, incluso si era al azar.
«Debo ir a hablar con el líder de la villa Puerta de Sal», pensó Maribel con respecto al niño.
No había visto a ningún otro hombre lobo…
semi humano en este caso….
Desafortunadamente no pudo encontrarlo en su casa, así que tras unas preguntas decidió quedarse y esperar a que regrese de inspeccionar las armas de caza y atender unos problemas maritales que tenían unos vecinos.
Para no perder el tiempo buscó la sombra de un árbol y comenzó a realizar los ejercicios de yoga que le enseñó el sistema.
Casi al iniciar, escuchó animales corriendo cerca de ella, lo que la distraía un poco; pero ignorando aquello decidió cerrar sus sentidos tanto como pudiera con la esperanza de sentir lo mismo que aquella noche en el estanque, el cual ahora estaba seco, por cierto.
Su mente al principio divagaba con ese hecho: “¿Por qué se secó el estanque?”, “¿Qué tan pronto aparecerá de nuevo?”, “¿Estaba el pequeño estanque ahí cuando llegué al principio?”; sin embargo, recordando lo que le dijo su otra yo, vaciaba su mente de pensamientos, pues aseguraba que era la manera más eficiente y sin duda ella le creía a su yo del reflejo.
Empero los siguientes momentos eran diferentes: las personas empezaban a acercarse y a alejarse, ella no los veía, pero sin duda sentía que estaban mirándola.
Sus pensamientos casi se dirigieron a ese asunto, pero pronto se relajó y consiguió entrar en la tranquilidad.
—…
Esto es…— Dijo William con sospechas.
Clara escuchó un fuerte ruido cuando William se puso de pie y accidentalmente tumbó una pieza de madera que él estaba haciendo—.
Tengo que verlo.
Clara no se lo podía creer, normalmente solo su hermano era sensible a estas cosas; pero esta vez ella también podía sentirlo.
Era como una fuerza que le ordenaba suavemente que retrocediera, proveniente de la casa del líder de la villa; como si una corriente de aire quisiera empujarla suavemente y con amabilidad.
—Yo…
no pude refinar ni un solo hilo, así que no sé qué tan bueno sea esto; pero si mi hermano está emocionado significa que es bueno.
La gente en los alrededores la miraba con asombro y luego seguían su camino, en silencio y de puntillas, casi como si el día fuera eterno y no tuvieran razones para apurarse, intentando hacer el mínimo ruido.
____________________________________ Maribel movía sus párpados cerrados de vez en cuando, cerrando y relajando rítmicamente, mientras una expresión de esfuerzo se filtraba de vez en cuando; a este paso tendría que abandonar este estado tan relajante que sentía.
«Ya no puedo mantener la concentración», dijo justo antes de dejar de meditar.
Había hecho una serie de movimientos anteriormente, pero ahora acababa de meditar con los consejos que le habían enseñado, si es que podían llamar a eso consejos.
Cuando preguntó en el estanque, su otra yo y el sistema simplemente le dijeron que entrar en la calma es un asunto de su propio nivel; al parecer ella es una iniciada en asuntos de meditación y espiritualidad.
[Progreso de la circulación celestial menor al 2%].
Maribel quería preguntar qué implicaba eso, pero sentía la incómoda mirada de todos.
—…
H-hola…
¿qué hacen mirándome?— La multitud se dispersó caminando como si fuera una maratón, aunque dos personas se quedaron…
no, en realidad tres se quedaron—.
Buen día, líder de Puerta de Sal.— Sin poder aguantar la incomodidad y pensando que sería maleducado, decidió también saludar a la familia de enfrente—.
Mh…
hola, Clara.— Maribel prefería saludar a la hermana en vez del hermano, pero la mirada de William simplemente era tan intensa que saludó instintivamente—.
Wi…
William, hola…— «Me mira como si hubiera matado a sus padres».
—Maribel— dijo el líder de Puerta de Sal—.
Hay algo que tenemos que hablar…
realmente preferiría no tener que involucrarte en esto, y seré claro: no es porque sienta que no te debemos nada, sino al contrario, creo que tú nos debes algo; es más por las implicaciones de que alguien como tú se involucre.— Maribel estaba en parte ofendida y en parte confundida, pero más confundida; casi tanto que bien podría no sentir ofensa alguna.
—Entremos todos a mi casa.— Maribel, William y Clara lo siguieron.
—Así que dime, ¿En qué etapa te encuentras?— preguntó William.
—Soy una adulta joven…
bueno, ya no más, salí de esa edad recientemente; pero técnicamente aún soy joven…
aunque…
por tu expresión, parece que eso no era lo que preguntabas, ¿Verdad?
—Uff— suspiró el anciano—.
¿Sabes?
Yo también fui joven, entiendo si te avergüenzas de tu pasado.
No sé qué te trajo a esta humilde aldea ni las condiciones previas para que llegaras así.
Si ofendiste a alguien poderoso, mejor dímelo desde ahora para pedirte que no te involucres en esto.
Maribel lo pensó.
«Tengo que sacarme de este problema, cualquiera que sea.
Volver a la ciudad es prioritario, pues realmente no tengo pruebas concretas de estar en otro mundo…
espera, el niño es una prueba en sí, así que asumiré que estoy en otro mundo…
entonces no tengo antecedentes y por lo tanto no podría haber ofendido a nadie…
como sea, él tiene razón en que le debo a la aldea, me dio su hospitalidad, a mí, que soy un médico nada menos».
—Fui atacada por sorpresa cuando estaba en el lugar y momento incorrectos.
No ofendí a nadie poderoso, según yo misma sé, eso puedo decirlo con seguridad.
Ni siquiera sé quién me atacó, solo que yo no era el objetivo.
Intentaba sonar lo más tranquila posible, pero el tono oscuro en su voz al recordar lo que vivió se expresó casi sin filtro; realmente sentía su corazón oscurecer cuando pensaba en ello.
—Ya veo…— suspiró el viejo, cansado—.
Cuando viniste repentinamente y con tanta sangre, me preguntaba qué pasó y si traerías problemas a nuestro pequeño distrito, que apenas puede llamarse distrito, realmente.
Así que me preocupé mucho…
ahora sé que si aparecen problemas, no es realmente por tu elección, sino que tú misma eres solo una víctima más; aun así, me alegra ver que tu recuperación está completa, realmente no podría ser en un momento mejor…
—…— «Ellos mencionan problemas y, pensaban que estaba enferma…
es decir que si me tendieron la mano.
Pero no termino de entender esto, mejor les sigo la corriente» —Dígame, ¿Qué tipo de problemas está enfrentando la Puerta de Sal?
El líder sonrió—.
Realmente me das mucho prestigio al permitirme hacer las deducciones en la conversación, te agradezco.— Clara casi pensó que el líder se inclinaría ante Maribel, pero el viejo se aclaró la garganta—.
Verás…
el dragón rojo está descontento con la presencia de semi-humanos en la provincia y, claro, como un distrito de esa provincia, eso nos afecta también.
Últimamente se reportó la destrucción de tres aldeas por albergar semi-humanos en secreto…
—…— “Un semi humano está en esta aldea”, casi dice Maribel, pero se contuvo; ella misma no sabía por qué, pero no lo delató.
—Bueno, como ya sabrás…
un cultivador fue enviado a cazar a esos semi-humanos y aniquilar los asentamientos que los alberguen.
Nosotros desconocemos las razones del rey, solo se especula entre la gente de la capital rumores como que un semi-humano ofendió al rey y le robó la castidad a su hija segunda; otros afirman que fue una concubina semi-humana que profanó a la princesa, e incluso los hay más descabellados.
Estamos demasiado alejados y no sabemos la veracidad de estos rumores, o si tienen al menos algo de verdad en ellos.
Un mes atrás se informó la caída de una bestia espiritual en las Montañas Verdes, donde el Río Silencioso nace, así que los alrededores podrían volver a ser inseguros.
Así que ahora bien…
eso causó que el señor de la provincia mande exploradores a investigar los distintos pueblos y asentamientos; por supuesto, eso incluye los distritos.
Por lo que es seguro que vendrán aquí…
el problema es que las tribus de hombres bestia están alteradas al no poder aceptar tal decreto.
Así que…
—Déjame adivinar…
¿Quieren ganar posición estratégica?
—No…— el anciano negó con la cabeza—.
Quieren ganar cualquier territorio que les sea posible…
la ubicación de sus tribus ya fue marcada desde antes del reinado del actual dragón rojo, así que solo les queda desplazarse; sin mencionar que los lugares ocupados por humanos son los mejores al tener un ecosistema ya impuesto.
Aunque se mantiene la desventaja de tener su posición revelada, no tienen esa desventaja para huir si la situación se pone mal, pues estamos cerca de las montañas; además, no se sabe realmente si piensan rebelarse o huir definitivamente…
—¿Supongo que lo más lógico sería huir?
Aunque eso sea dejar sus vidas hasta ahora atrás.— La calma del sistema contrastaba enormemente con la pesadumbre en el corazón de Maribel; casi se sentía insultante que no apreciara las vidas.
—Eso sin mencionar la cultura de territorialidad— agregó William—.
Así que la tensión entre los hombres bestia y los humanos ha ido escalando cada vez más…
es probable que intenten atacarnos, pero con un cultivador entre nosotros es posible que cambien de parecer.
«Sistema», llamó Maribel en su mente, «¿ese dragón rojo del que hablan es un rey humano o un dragón?».
El sistema no tardó en responder: «Un humano, el gobernante se encuentra en la Ciudad Dragón y su bandera es principalmente roja, así que lo llaman el rey dragón rojo, además culturalmente se sabe que tiene un linaje de dragón».
—¿Sabes qué, William?— dijo Maribel alzando un poco la voz—.
El poder de un gobernante se mide según la lealtad, cantidad y calidad de sus subordinados, así que eso me hace preguntarme…
¿Qué tan tonto es este rey dragón rojo?
En la sala se escucharon tres bocas tragar aire.
Un silencio llenó la sala; casualmente Maribel vislumbró una ligera diversión de parte del sistema.
—Oh…
ah…
tú, ¿no estás insinuando que vas en contra del rey, verdad?— dijo William casi sin poder pronunciar sus palabras.
—¿Qué?
No soy tan tonta.
No quiero morir joven.
Solo digo mi opinión, lo que no expresa mi accionar político.
Solo pienso que me debo ir de aquí.
—…— La miraron con estupefacción—.
¿Dices que no haces lo que piensas?…
pero luego te vas…
Maribel sintió que las miradas eran extrañas.
¿No era eso de lo más normal?
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