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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 50

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  4. Capítulo 50 - 50 Ella durmió ella despertó
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50: Ella durmió, ella despertó.

50: Ella durmió, ella despertó.

El silencio reinaba en todo el lugar.

Solo los quejidos rompían la anarquía, con respiraciones profundas, buscando calma.

Amara abrazó al niño con tanta fuerza que parecía querer fundirse con él.

Las gotas que caían eran de la cueva y de Amara misma.

Casi al mismo ritmo.

Ella inclinó la cabeza de costado, medio rostro sobre el cabello del niño.

Sus ojos rojos miraban al grupo en la cueva.

En su mirada había algo que la tranquilizaba, un hilo dorado conectando a Richard, Aether, ella misma y a alguien más afuera de la cueva: claramente era Maribel.

Richard se acercó y le colocó una mano al hombro.

Eso lo dijo todo, pero ella aún quería escuchar las palabras.

—Solo fue un sueño.

El eco aplastó parte de su tensión como un martillo.

Amara asintió ligeramente, sin atreverse a soltar al niño.

Bajó la cabeza en un abrazo más cálido.

Su respiración más calmada.

Mirando a Aether, su visión cambió en un parpadeo, apareciendo el hilo que lo conectaba a Maribel.

Lo cual le trajo una pregunta en su mente.

«¿Dónde estaba Maribel en el sueño?» Pero no había respuesta.

Pronto Sofía también se acercó, puso una mano sobre su cabeza y la acarició.

—¿Qué tenemos aquí?

¿La Amara de antes volvió?

Porque la Amara que conozco no se deja derrumbar por una simple pesadilla, sino que incluso volvería a dormir para enfrentar ese sueño hasta ganar.

Esa es la futura inmortal que vi nacer en la primavera eterna.

Amara la miró sorprendida, respiró profundo y se limpió las lágrimas.

—*Suspiro*.

¿No puedo ser débil ni un segundo?

Bueno…

pensándolo bien, no puedo serlo, menos frente a ella —dijo, mirando la enorme rama agitarse.

Poco después llegaron: primero fue Abby, luego Maribel.

Amara sonrió al ver a su amiga.

¿Por qué?

Porque el hilo dorado seguía ahí, a diferencia de su sueño, en donde no estaba.

Pero aquí en la realidad, seguía atándolos a todos y subiendo hasta los cielos.

Ella tocó el hilo con la mirada y la voz de Maribel sonó en su mente.

«Promesa: Mientras respiremos, nadie caerá.» Amara se puso de pie, pasó por alto a Abby y abrazó a Maribel.

Era algo que necesitaba, además ella confiaba en algo: su amiga la entendería.

No había forma de que no lo hiciese, pues si acaso no podía, aún así podría indagar en sus sentimientos.

Así lo tácito era certeza y, efectivamente, el abrazo fue correspondido.

A ella no le importaba el olor de su cuerpo o la suciedad en sus prendas y cabello.

«No sé por lo que pasó ahí afuera para estar así, pero aun así se detiene y me consuela…

supongo que solo por esta vez no lo tomaré como un insulto.» —¿Estás bien?

¿Qué pasó para que te pongas así?

—preguntó Maribel, sorprendida y a la vez preocupada.

Ella se apartó, ligeramente tímida por las emociones mostradas por primera vez sin reservas.

No es que ella pudiera ocultarlas incluso si disimula.

—Tuve un sueño.

Sofía levantó una ceja y preguntó: —¿Algo del futuro?

Amara respondió negando.

—Fue algo de la noche de ayer: un enorme huaico y una lluvia torrencial, así como la inevitable muerte de todos.

Maribel hizo una expresión compleja, incluso confundida.

—¿Por qué…

morimos?

—preguntó su rival finalmente.

Amara soltó un suspiro.

Se abrazó a sí misma al recordar.

—Una especie de entidad vestida en luz; no lo digo en forma figurada, su ropa estaba hecha de luz.

No podía verse correctamente a la persona envuelta, intentaba esconderse entre las prendas.

Maribel se mantuvo extrañamente serena, casi como si la posible muerte de sus camaradas no le afectase.

—Pero fue un mal sueño, no pasó nada —agregó Amara.

Los rostros del grupo estaban consternados, incluso el lobezno se vio preocupado.

Richard la miró con seriedad y preguntó: —¿Qué tan fuerte era y de dónde vino?

Debemos retirarnos o prepararnos lo antes posible.

Amara negó con la cabeza.

—Es inútil pelear.

A menos que ocurra un milagro, no hay forma de atravesar esa protección de luz.

Tampoco sé de dónde vino.

Maribel levantó una ceja.

Amara lo vio e interpretó descontento, solo inclinó la cabeza.

—Perdón por ser inútil ahora; realmente no sé de dónde vino.

Maribel puso una mano en su hombro.

—No eres inútil, simplemente tuviste mala suerte.

—Sus ojos se volvieron cálidos, su hilo se tornó de un color suave y ligeramente anaranjado—.

Al menos todos estamos bien y podemos irnos antes de que algo similar venga.

No hay garantía de que solo exista uno de esos en el bosque.

Amara sintió temor de solo pensar en que podría haber más de uno ahí afuera.

Asintieron todos juntos.

Maribel se dirigió al fondo e ignoró la mirada de Thot, solo echando un vistazo frío al hombre reclinado.

Puso una mano sobre los burros; los hilos de Maribel temblaron, realmente fue sorprendente…

de mala manera.

Amara también tembló al ver esto, corrió preocupada hasta su amiga y entonces vio algo inesperado.

Eran lágrimas contenidas, así como una expresión de dolor bien marcada.

Ella quedó en shock, pero Maribel no se tardó más de dos segundos y empezó a achicar los objetos para vender.

Amara sintió que su corazón se encogía, un instinto compulsivo por detenerla.

La manera en que los hilos se agitaban era siniestra, horrible, como si Maribel misma temblara desde el alma.

Pero aun cuando ella tomó suavemente la mano de Maribel, esta simplemente se zafó, buscando seguir su obra.

—¡Para!

¡Los cargamentos y el vehículo los bajaremos a mano!

Maribel la miró largamente, dudando, pero Amara no desistió.

Finalmente Maribel asintió y se rindió de intentarlo más.

Suspiró y dijo: —Perdón.

La disculpa de Maribel sorprendió a Amara.

Mientras Amara se apresuró a recoger los productos, Richard se acercó para ayudarla.

Maribel se dirigía a la rama de diez metros cuando fue interrumpida.

—Alto —exigió Sofía.

Ella puso una mano en su cara.

—¿Por qué nunca te limpias el rostro?

Eso será visto como debilidad allá donde vamos.

—Apretó sus labios y continuó regañando—.

Tienes que hablar más con nosotros, no te quedes en silencio si algo te duele.

Es casi como si no nos reconocieras como compañeros.

Las palabras de Sofía fueron llevadas a todos por el eco de la cueva.

Amara se sorprendió al escucharlo, aunque no lo mostró.

Los hilos de Thot, por un momento, parecieron a punto de romperse.

Él miraba con intensidad, respiró profundo y estos volvieron a ser estables.

Richard solo bajó la mirada, una extraña emoción en sus ojos.

Su hilo pareció tensarse por un momento y luego se agitó como una hoja mecida por el viento.

Mas un tacto con la mirada reveló un hilo tenaz, resistente y flexible.

El hilo de Abby se tensó, aunque por fuera parecía no entender el conflicto, mostrándose entre confundida e indiferente.

Reclinada en un muro, con la mirada abajo y los brazos detrás, sus ojos brillaban pensativa.

El hilo que la unía a Maribel se volvió más físico por un momento, antes de volver a ser normal.

Aether era como Abby, pero a diferencia de ella, este hilo suyo era brillante; se hizo más nítido, como si buscara ser real pero no pudiese.

Maribel tomó un respiro, asintió y respondió: —Perdón por eso…

realmente no sé qué estaba haciendo con mi vida hasta ahora.

Yo…

no sé ni quién soy realmente.

Pero es verdad…

ustedes son en quienes confiaría mi vida.

Por eso…

debería protegerlos a como dé lugar, incluso hay que hacer cosas inauditas para mí, como tomar una vida.

Amara observó sorprendida la escena frente a ella.

Los hilos parecieron danzar en todos lados, como si incluso el viento reaccionara a esas palabras.

La reorganización parecía insignificante por un momento, hasta que vio el horizonte: un gran hilo se trazó en dirección al Reino del Espejo.

—Entonces…

¿matarás al Dragón Rojo?

—preguntó Thot con voz áspera.

Maribel lo miró sin mostrar expresión.

El silencio duró unos segundos mientras sus ojos lo examinaban; al final lo miró entrecerrando los ojos, casi con hostilidad.

—¿Quién eres?

La pregunta cayó en silencio.

No entendían lo que pasaba.

Pero Maribel continuó: —Para matar al Dragón Rojo, mátalo tú si quieres.

No dudes en que ayudaría a Thot a conseguir tranquilidad, pero no te reconozco.

Así que…

¿Quién eres?

¿Crees que puedes exigirme cosas?

Soy yo la que debe exigirte cosas a ti.

Devuélveme a mi amigo, devuelve a quien me acompañó sentado en la orilla del río.

Amara respiró frío ante lo que vio que pasaría en los siguientes segundos.

Thot enrojeció de rabia, se levantó para gritar, pero antes de poder hacer algo Maribel pegó un salto y le dio un golpe que lo noqueó.

Eso, eso rompió el hilo de Thot y Maribel.

Aunque no estaba muerto, para ellos era como si el otro lo estuviese.

Amara se interpuso cuando Maribel saltó.

—Piensa en lo que haces, Maribel.

Él es un mortal.

Su amiga se detuvo, pensando un momento, luego negó con la cabeza.

—Mortal o no…

¿Qué lo diferencia de un demonio?

La única diferencia que veo es el poder.

En todo lo demás…

ya no sé a quién estoy mirando.

Amara se sorprendió…

pues una pregunta llegó a su mente.

«¿Qué es lo que ella encontró en el corazón de Thot?» La pregunta enfrió su determinación por un momento, pero eso no cambiaba el hecho de que verdaderamente Thot es un mortal.

Incluso si Maribel contuvo su fuerza para no matarlo en ese futuro y solo logró noquearlo, esa diferencia de fuerza puede ser muy mínima y traer una tragedia.

—Aun así…

no puedes atacarlo.

¿Qué pasa si lo matas?

—contrapuso Richard, apoyando la postura de Amara.

Incluso desenvainó su espada para proteger a su amigo.

Maribel quedó en silencio, pensó un momento y se dio la vuelta.

—Thot —llamó ella—, no te golpearé ahora.

Pero no estorbes en mi cultivación…

tampoco estorbes al grupo.

Si bien dije que no eres inútil, creo que se lo dije a la persona incorrecta.

Hay cosas que acabo de ver en ti…

y realmente me irritan.

Si eso sigue creciendo, no dudes en que te mataré.

—Ella suspiró; su mirada fue llevada al pasado, a la noche de luna llena en la montaña.

Volteó momentáneamente para mirar a Thot a los ojos—.

Ya tuve suficiente con aguantar a Rin.

La cueva cayó en silencio, la comparación era realmente abrumadora.

Thot solo veía su espalda mientras apretaba los dientes.

Mas el resto miraba a Maribel: estaba triste pero vacía, como si verdaderamente no reconociera al hombre detrás de ella; como si amenazara a un extraño y a la vez, como si extrañara al Thot que conoció.

Ella suspiró, buscando en la cueva a alguien.

Su mirada se volvió cálida cuando encontró ese alguien.

Solo había un problema: Amara también buscaba calidez.

En busca de calor, ambas posaron la mirada sobre la misma persona; una llama volvió a encenderse en el corazón de Amara, quien no se tardó en arrebatarle el puesto a Maribel, jalando primero al lobezno.

Abrazó al niño en su pecho.

—Tú apestas, aléjate de su nariz —afirmó Amara sin reparos.

Esto causó que Maribel se sintiera ofendida.

—O-oye…

yo…

yo fui quien lo cuidó hasta ahora, déjame abrazarlo.

Además ya le abrazaste antes…

y me bañé.

Amara volteó la cara y no le prestó atención; incluso Aether se tapó la nariz.

—Olvídenlo, luego lo tendré para mí.

Terminaré mi baño —dijo, mirando de reojo a Abby.

Richard bajaba los recursos junto a Sofía; no habían dejado de trabajar mientras observaban el teatro todo este tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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