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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 52

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  4. Capítulo 52 - 52 Entre ellos y nosotros
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52: Entre ellos y nosotros 52: Entre ellos y nosotros En la mañana siguiente, el aire tenía un olor a carbón quemado.

No se levantaron a la misma hora, sino que se turnaban para vigilar en la noche.

Cuando el sol salió, era Sofía quien estaba despierta.

La mujer tenía una mirada oscura, lo que no podía ser por el sueño.

Estaba sentada en dirección al pueblo, sus pensamientos un misterio.

A su lado estaba Abby, envuelta en telas como cada vez que dormía.

Sofía la observó entrecerrando los ojos.

Dormía con una sonrisa inocente; realmente se veía tan inocente en ese momento.

—Tsk…

realmente, qué bueno que no fuimos a ese pueblo.

Los rayos del sol empezaron a volverse cada vez más fuertes, hasta elevarse por completo sobre las colinas.

Sofía estuvo mirando el sol durante todo el proceso.

En el rabillo del ojo vio levantarse a Richard; giró para verlo.

El hombre sonrió ligeramente y la saludó con la cabeza.

Ella ofreció una ligera sonrisa, inclinó un poco la cabeza a modo de saludo y se puso de pie.

Mientras Sofía recogía sus cosas, Richard se estiraba.

Para cuando Maribel despertó, encontró a los dos sentados sobre la tierra, meditando.

«No pueden hacer eso, ensuciarán sus ropas…» pensó.

—¿Por qué no hacen eso en otro lado?

Ambos abrieron los ojos.

Sus miradas mostraban indiferencia, como si no entendieran de qué hablaba.

Maribel apuntó al suelo.

El pasto estaba lejos del pueblo; ellos estaban cerca.

Pero aun así podrían caminar unos minutos hasta la zona verde, lo que causaba la confusión de Maribel.

Sofía y Richard se miraron uno al otro, se encogieron de hombros y se pusieron de pie.

El polvo fue sacudido, las manchas esperadas desapareciendo con ello.

Maribel los miró desde atrás, alejándose con el ceño fruncido.

Solo podía tener un pensamiento ahora: «Esa cosa es mágica…

debería haber pedido un hanfu así de conveniente.

Yo tengo que lavar constantemente el mío…» La energía espiritual de la zona se movió anormalmente y ambos volvieron a cultivarse.

Maribel abrió ligeramente los ojos al ver eso, su expresión fría rota momentáneamente.

«¿Ellos practican una cultivación especial?» «No, simplemente son prodigios» respondió la voz de un hombre.

«Como cultivan cerca, el efecto se siente con mayor nitidez.

Normalmente eso pasa en niveles más altos, así que no te sorprendas; en realidad es común ver que la energía se mueva así.» Maribel asintió lentamente.

«Es genial…

yo quisiera poder hacer eso también.» El sistema soltó un ligero suspiro, cargado de ironía.

Aether fue el siguiente en despertar; su nariz se movía ligeramente mientras abría los ojos.

El niño frotó sus párpados y buscó en el lugar, captando tres figuras a lo lejos, sentadas en meditación.

Las sombras se movieron y la intensidad de la luz cambió; las nubes ya se habían desplazado de un extremo del cielo al otro.

Entonces una hermosa joven se movió bajo lo que parecía un caparazón de tela suave, negra y blanca.

A lo lejos podía ver a Thot preparando sus cosas para seguir el viaje, a Richard comprobando su espada, a Sofía llenando unas cantimploras, a Maribel meditando y a un niño lobo haciendo lo mismo junto a ella, solo que este cabeceaba y se despertaba antes de caer dormido.

Un poco de agua cayó sobre el rostro del niño.

Maribel mostró un ligero cambio en su respiración, pero no dijo nada; tal vez se dio cuenta y no le importó, o tal vez no se dio cuenta.

El niño abrió los ojos y la miró, un poco extrañado.

Abby le sacó la lengua mientras se inclinaba y luego señaló a Thot, que ya tenía las cosas cargadas.

Aether espabiló y sonrió.

Aunque fue despacio, esta vez sí sonrió mostrando los dientes.

Ambos corrieron a sentarse sobre el techo, ante la incredulidad de Thot, quien los miraba con la boca abierta.

—Suspiro…

Normalmente les diría que no se suban, pero soy el más débil aquí —gruñó en voz baja.

Los oídos de Aether se agitaron un poco; Abby giró ligeramente la cabeza.

Aether pensó un poco, pero Abby simplemente dijo: —Esta vez ya sé cómo adivinar lo que ves.

—¿De verdad?

—preguntó Aether, ligeramente sorprendido.

—Sí, solo dame treinta intentos y déjame hacerte diez preguntas.

Te garantizo que podré descubrir el lugar.

Ambos se quedaron en silencio un momento.

Incluso Thot dejó de moverse, conteniendo la risa.

Abby se movió incómoda.

—¿Pasa algo?

—¿No son muchos intentos… y muchas preguntas?

Abby parpadeó, confundida.

—Son pocos… además, no tomará más que unas horas a lo mucho.

Diría que incluso es rápido.

—Es mucho —recalcó Aether.

Abby negó con la cabeza.

—De donde vengo, los niños solían jugar por un mes seguido antes de regresar a casa.

Thot tosió dentro del carro; parecía ahogarse con algo.

Una voz femenina sonó: era Amara.

—Ustedes los vampiros sí que saben usar el tiempo de vida, ¿eh?

Jeje… pero cuando sea inmortal yo jugaré por un año seguido sin problemas.

Su voz sonaba algo jactanciosa.

Thot bajó del carro, evitando salir por el lado de Amara, y se dirigió hacia los niños.

Elevó la mirada por un momento; ellos tampoco hicieron nada al principio.

Los segundos pasaron ante la mirada de Amara, hasta que Abby mostró un poco los dientes.

Thot bajó la mirada, suspiró y agitó la mano para disipar el conflicto, luego se metió al pequeño almacén donde estaban unos barriles de madera.

Él llevó los barriles hasta los dos burros que tiraban del vehículo y se los dejó para que bebieran, mientras Amara observaba en silencio con una mirada complicada.

Luego de un rato, los barriles volvieron a su lugar y partieron en camino.

En el camino, la luz del sol se filtraba entre las hojas de los árboles mientras el gorro de Abby tapaba sus ojos.

Una caja de madera grande y alta estaba a sus espaldas, brindando sombra y apoyo.

Todo era como ayer… al menos en la superficie.

Esta vez el grupo se veía más calmado; de alguna manera Abby podía decir que había menos tensión, o tal vez ella estaba menos tensa.

El movimiento sacudía el carro cuando pasaban por baches, algunos insectos cantaban al fondo.

El clima templado aumentaba mientras se alejaban del territorio del Dragón Rojo.

En el camino, Thot se detuvo cerca del pueblo.

Aether olfateó y se tensó; bajó del vehículo y se dirigió al grupo.

—Huelo a sangre —afirmó.

Ellos lo miraron sorprendidos.

Thot hizo una expresión de molestia, negando con la cabeza en dirección al pequeño pueblo.

—No es nada, fue solo una pequeña fiesta —aseguró Sofía.

Entonces Richard se relajó un poco, igual que Amara.

Al instante siguiente, Aether vomitó delante de todos.

Cuando llegaron, la vista que los recibió fue la de personas tendidas en el suelo con sangre en la boca, puertas de casas abiertas, barro en algunos lugares con un aroma a fermentado y, lo más espantoso: un enorme animal muerto, desangrado y con partes del cuerpo mutiladas.

Su abdomen estaba abierto y las tripas extendidas por todos lados.

La respiración de las personas, al pasar junto a ellas, era simplemente natural: dormidos y sin preocupaciones.

Maribel se tensó.

Ayer no habían escuchado nada, tampoco había rastros de fuego en ningún lado.

La única carnicería visible era ese gran toro, lastimero y con cuernos rotos, degollado salvajemente y atado por todos lados.

Ella observó desconcertada su cráneo abierto, con sangre seca ocultando los sesos y los ojos del animal.

La idea de lo que pasó aquí la perturbaba.

Sus ojos se dirigieron inconscientemente al niño a su lado.

Ella tapó los ojos de Aether instintivamente, aunque sabía que era inútil.

«Sistema» llamó.

«Lo sé» respondió la voz.

«Revisa tus mensajes.

Él fue sellado antes de entrar al pueblo.

Como no te concernía directamente, no fue anunciado.» Ella alzó una ceja.

«Mensajes.» Palabras flotantes aparecieron sin fondo de contraste.

Ella levantó la otra ceja.

Con solo desearlo, la interfaz se movía mostrando mensajes pasados, así que revisó el más reciente.

La misma voz del sistema sonó, esta vez más mecánica: «Se ha sellado una habilidad del segundo usuario: Percepción espacial.» «Sistema, ¿este mensaje lo escuchó Aether?» «Lo hizo.» Ella pensó un momento y asintió, satisfecha.

«¿Por qué puedo leerlo?

Además…

¿por qué solo me avisas ahora?» «Eres la primera usuaria, además de la dueña del sistema.

Es normal que puedas leerlo.

No te lo dije antes porque no tiene nada que ver con tu cultivación.

Aunque eres la dueña, el sistema no te reconocerá como su ama, pues técnicamente no lo eres —aunque el alma sea la misma—.

Así que, para evitar que te distraigas o desvíes de tu cultivación, consideré adecuado no hablar del tema; lo descubrirías en otro momento.» Ella suspiró.

«Aún hay cosas que me ocultas de la funcionalidad del sistema, ¿verdad?» «Así es.» «¿Cuáles son?» «No revelo secretos celestiales.» «… Ya veo.» Guardó silencio unos segundos.

Una idea le picó la mente.

«Puede parecer que es así, pero no estoy enojada.» «Lo sé.

Gracias por confiar en decírmelo, Maribel.» Maribel volvió la mirada al niño, interponiéndose entre él y el animal.

—Lo que pasó aquí… no dejes que te afecte.

No cierres tu corazón, pero tampoco temas.

Ella abrió la boca de nuevo, pero no dijo nada más.

Finalmente admitió: —Yo… ya no sé qué más decir.

Normalmente compararía mis sentimientos para darte un ejemplo desde mi perspectiva… pero ese método no me funciona ahora mismo… El niño respiró profundo.

Sus ojos no se movieron de los de ella.

—¿Fue una presa?

—preguntó.

Maribel negó.

—Fue algo diferente a la cacería.

Es algo triste que no debe hacerse.

Los ojos del niño se oscurecieron; su expresión se contrajo.

Maribel pudo sentir algo: una emoción ajena, una tristeza amarga.

—Lo sé —respondió el niño con la voz ahogada—.

En realidad lo sé… solo… pensé que tal vez ese animal podría tal vez… El niño miró a las personas del pueblo con intensidad, volteó la vista y regresó al carro.

A su paso dijo: —Pensé que tal vez… solo se hacían eso entre personas… Abby tenía la mirada pegada al suelo; ella también estaba tensa.

Sofía la observó desde lejos.

El grupo avanzó hasta el toro muerto.

Maribel deseaba poder verlo, tal vez hablar con su espíritu, pero era literalmente imposible.

No importaba cuánto intentara: parecía como si nunca hubiera podido desde un principio, y solo ganaba agonía en vano.

Eso la frenaba de usar toda su capacidad para ver en otros espacios.

Al llegar, las suelas de los presentes se mancharon de sangre.

El barro había dejado una marca inesperada.

El barro espeso no solo retenía sangre: también conservaba marcas, huellas.

Muchas huella, incluso.

Maribel se detuvo y entrecerró los ojos.

Había pisadas de aldeanos: suelas planas, gastadas, irregulares.

También había huellas de cultivadores, más profundas, con el patrón de refuerzo interno típico del calzado marcial.

Pero entre todas, algo llamó su atención: unas huellas ligerísimas, casi danzantes, con la marca curva del talón alargado y la punta reforzada.

Abby.

Abby llevaba botas de cuero reforzado con placas finas —diseño vampírico ligero— y su patrón era fácil de distinguir: sus pasos dejaban una marca afilada, elegante pero firme.

Maribel siguió el rastro.

Avanzó uno, dos, tres metros… Se detuvo de golpe.

Miró sus propias huellas, luego las de Sofía y Richard, luego las que rodeaban el toro.

Volvió a mirar el rastro anterior.

Y entonces entendió.

—Abby… Sofía… ¿ustedes ya estuvieron aquí?

Ambas se tensaron.

Sofía apretó los dientes.

—¿Qué pretendes reclamarnos?

Solo fue una fiesta.

Maribel sintió su estómago contraerse.

—¿Cómo puede ser “solo una fiesta”?

Si matar y mutilar un animal por diversión… es entretenimiento para ustedes… El grupo se quedó expectante.

Maribel había quedado en silencio, su mirada perdida pero consciente.

Abby se acercó lentamente.

—¿Estás… estás bien?

Ella levantó la mirada y sus ojos se encontraron.

Abby observó esos ojos que de cerca parecían más café que negros, con contornos amarillos.

Ella misma pareció perderse; no entendía por qué, hasta que unas manos la sujetaron de los hombros y la sacaron de su posición, rompiendo el trance.

—Ten cuidado —dijo Sofía—.

A veces sus emociones influyen en otros.

—¿Eh?…

eso… ya lo noté.

Espera, eso no tiene sentido.

Abby suspiró y agitó una mano frente a Maribel.

Luego de un momento, Maribel movió los ojos para encontrarse con los de Sofía.

—Olvida lo que iba a decir —finalmente dijo—.

Había olvidado algo: así son los humanos.

No sirve de nada quejarme.

Sofía frunció el ceño.

—Si tienes algo que decirnos, solo dilo.

Maribel la miró sin expresión.

—Lo que hicieron aquí es asqueroso.

Me da asco verlo, más aún imaginarlo… dicho de forma simple, ustedes dan asco.

Pero sé que no importa lo que diga o argumente: no lo tomarán en cuenta.

Porque así son las personas.

Si les divierte, seguramente lo harán de nuevo, más si hay personas detrás de ustedes apoyando lo que hacen y afirmando que es divertido.

Un golpe resonó, dejando la atmósfera en silencio.

Sofía bajó la mirada, viendo su mano roja.

El golpe era para dañar a Maribel… pero ella terminó siendo dañada.

Apretó su muñeca y se agachó, adolorida.

Mientras tanto, Maribel tenía una marca roja en la cara.

Richard observaba desconcertado.

Respiró para calmarse y dijo: —¿No pueden evitar pelearse?

Maribel, no deberías causar estos problemas por algo como una simple fiesta.

Créeme que hay fiestas donde la gente se mata en público.

Algunos suben caballos y se atraviesan con lanzas para ver quién estaca primero a quién.

El que muere, pierde.

Maribel sintió que su corazón se saltaba un latido.

—¿Cómo llaman a eso diversión?

Richard levantó una ceja.

—Es diversión.

Aún no viste cómo los cultivadores se juegan la vida en torneos, al igual que los magos.

Esas cosas son aún peores que esta.

Ella respiró profundo.

«Sistema… ¿esto es normal?» «En este mundo, sí.

Pero no significa que deba estar normalizado.» Maribel miró a los costados.

El hombre dormido cercano a una puerta era relativamente enano; tal vez era un enano.

La mujer, aparentemente su vecina, parecía ser una elfa.

Ambos tenían sangre en la boca.

Eso simplemente rompió los esquemas de Maribel que, pese a haber aceptado estar en otro mundo, aún pensaba que la extrañeza debería tener un límite.

«Estos… no son los elfos que conocía de las leyendas.» «Las leyendas de tu mundo… bueno… digamos que simplemente son leyendas.

Aunque inspiradas en un hecho real, no son la realidad.» El grupo volvió al carro, Thot siendo el último.

Traía entre sus manos un tarro.

—Traje miel —dijo—.

Una señora lo tenía en la mesa de su casa.

Es una descuidada por caer inconsciente con la puerta abierta.

Richard lo miró en silencio un momento, pero al final no dijo nada al ver que el tarro estaba solo a la mitad.

El grupo siguió en una caminata silenciosa.

Esta vez Abby podía decir que el ambiente volvió a ser tenso.

Miró al cielo y se dijo: «Espero que no me quite su sangre ahora.» —¿Te preocupa ese animal?

—preguntó Aether.

Ella se acomodó.

Guardó silencio un momento.

—Sí.

Además me preocupa Maribel.

—¿Por qué?

Ella no respondió.

Bajó del carro de un salto y se dirigió hacia Maribel.

—Hola… Maribel le dedicó una mirada sin emociones.

—Yo… quería saber una cosa… ¿podrías perdonarme?

—¿Por qué me pides perdón a mí?

Abby se pasó una mano por el cabello.

—Porque eres la madre de Aether… bueno, no eres su madre, pero eres lo más cercano.

Maribel soltó un suspiro.

—¿Por qué me pides perdón?

—repitió.

Abby se sonrojó un poco y admitió, avergonzada: —Porque temo que no me quieras dar más sangre.

El silencio de Maribel era angustioso.

Abby esperaba una respuesta rápida, incluso si llegase a tener la eternidad para esperar.

—Yo… yo conozco la calidad ahora —dijo juntando sus manos y mirando a Maribel a los ojos—.

Te lo prometo: si así me lo pides, nunca más beberé sangre de alguien más sin tu consentimiento… o a menos que sea una emergencia.

La mano de Maribel se movió sin previo aviso.

Abby cerró los ojos y se encogió.

Una mano le sobó la cabeza, dando ligeros golpecitos.

—Nunca hagas una promesa delante de mí, porque podrías arrepentirte si tengo mala voluntad hacia ti… pero no te preocupes, no hice nada esta vez.

Abby la miró con un ligero brillo en los ojos.

—Me asustaste… —dijo en voz baja.

—Abby, ayer no llovió.

La mujer pegó un ligero salto.

—¿De dónde vino todo ese barro?

Abby desvió un poco la mirada, evitando los ojos de Maribel.

Ella se acercó a una parte del almacén y sacó una jarra tapada con un corcho moldeado a la forma de la jarra, cosa que tampoco tenían en el grupo.

Se lo presentó a ella y dijo.

—Puedes hacer lo que quieras con esto.

Si deseas puedes tirarlo.

Maribel acercó el envase a su nariz, olfateó un poco, miró el rastro rojo en los bordes, luego miró a Abby.

—Pensaba que los dampir no bebían tanta sangre como los vampiros.

Ella se hundió más, su rostro era completa oscuridad.

—Ayer…

yo participé.

Me quedé con la sangre de una persona que fue atravesada por las astas.

—¿Y decidiste que su sangre era mejor que su vida?

—Yo…

bueno, al principio si.

Pero luego los salvé.

La mayoría de esas personas tienen mi propia sangre en sus bocas.

Maribel entrecerró los ojos.

—¿Cómo sabes que no iniciarás una plaga de vampiros o algo así?

Abby se inclinó en disculpa.

—Yo no tengo forma de asegurarlo, lo lamento, actué sin pensar.

Richard soltó un suspiro, exasperado de ver esto.

—Maribel, deja de hacer tanto drama.

Si se convierten entonces dejemos que los cazadores se encarguen de mantenerlos a ralla.

Los vampiros pocas veces hacen problemas.

Maribel suspiró abatida.

—Ays…

no puedo simplemente dejar esto así, es muy peligroso.

Sofía dijo.

—No quiero atrasarme más en llegar a la próxima ciudad.

Es como Richard dijo, dejemos que ellos se regulen solos.

Somos cultivadores ahora, no podemos ocuparnos de asuntos mortales casualmente.

Maribel levantó una ceja y miró a Thot.

—¿Entonces qué hay de él?

Sofía respondió sin dudar.

—Él es diferente, porque es amigo.

Maribel rodó los ojos.

—La amistad es una ilusión, existe con una palabras y desaparece con otra.

No tiene sentido porque el corazón el voluble.

Si es simplemente así, puedo decir que considero a todos esos desconocidos como amigos y hacerlos esa excepción, también puedo decir que considero que el mundo es enemigo y destruirlo.

¿De qué vale entonces tu palabra?

—¿Me estás llamando hipócrita?

Maribel la miró a los ojos, su voz no tembló.

—Si.

Los burros relincharon, el suelo tembló y una ráfaga de viento corrió, elevando el polvo del camino.

Las prendas se agitaron en una peligrosa danza de persecución.

Finalmente una un talismán se agitó en el rostro de Abby, sus manos en posición de pelea.

—Realmente…

¿Intentas pelear con alguien de mayor cultivo?

Abby se alejó rápidamente, Aether se puso de pie para ayudar, pero se detuvo al ver que no hay armas de por medio.

Sofía pegó un salto, el qi corriendo por sus puños, haciéndolos como duro como metal.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Lux_Foti Hola.

Ya son 3 días que no publico el siguiente capítulo, puede que pasen unos días más en los que no podré escribir, pero definitivamente lo haré.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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