Sistema de Evolución Universal - Capítulo 55
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- Capítulo 55 - 55 Lo que el mundo no puede borrar
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55: Lo que el mundo no puede borrar 55: Lo que el mundo no puede borrar La figura golpeó el suelo con un sonido hueco, impropio de un cuerpo sólido.
Durante un instante, nadie se movió.
El viento seguía soplando, pero ahora parecía rodear aquel punto con cautela, como si evitara tocarlo directamente.
La criatura —si podía llamarse así— se retorció una vez antes de quedar inmóvil, atrapada bajo el peso de Aether.
Entonces ocurrió el segundo cambio.
Lo invisible no se volvió visible de inmediato.
Primero fue el contorno: una distorsión en el aire, como calor acumulado sobre piedra.
Luego, una silueta irregular comenzó a definirse, adoptando una forma pequeña, encorvada, demasiado delgada para ser humana.
Abby dio un paso adelante, olfateando el aire.
—No es un espíritu —murmuró—.
Pero tampoco es del todo físico.—Un nixie —dijo finalmente—.
O algo muy cercano.
Thot palideció.
—Eso no debería estar aquí —susurró—.
Estas cosas evitan los caminos transitados.
—Evitan a los adultos —corrigió Abby—.
No a los niños.
Aether ladeó la cabeza, aún manteniendo a la criatura contra el suelo.
Sus dedos se habían cerrado alrededor de algo que no pertenecía al cuerpo del ser: un objeto metálico, opaco, cubierto de una pátina extraña.
Richard lo vio al mismo tiempo.
—…mis muñequeras.
El nixie se estremeció al oír su voz.
No gritó.
No intentó liberarse.
En cambio, sus extremidades se contrajeron hacia el pecho, como si quisiera desaparecer dentro de sí mismo.
Sus ojos —demasiado grandes, demasiado brillantes— se clavaron en Maribel.
—No… —emitió, con una voz que parecía filtrarse por el agua—.
No eran suyas ya.
El silencio se tensó.
Sofía dio un paso al frente, el cuerpo instintivamente preparado para atacar, pero se detuvo al notar que Maribel alzaba una mano.
—¿Por qué las tomaste?
—preguntó ella, sin dureza.
El nixie giró la cabeza, incómodo.
—Brillaban —respondió—.
Cantaban.
Dejaron de hacerlo cuando él entró al río… pero seguían llamando.
Richard apretó los dientes.
—Eso es una excusa.
—No —replicó Abby, pensativa—.
Para ellos no lo es.
Maribel cerró los ojos un instante.
Sentía el peso del sello en su interior, esa presión constante que convertía cualquier impulso en una punzada sorda.
Aun así, dio un paso más cerca.
—¿Las ibas a devolver?
La criatura dudó.
Ese silencio fue respuesta suficiente.
Aether aflojó apenas la presión, lo justo para que el nixie pudiera moverse… y fue entonces cuando intentó huir.
No hacia el bosque.
No hacia el río.
Sino hacia el carro.
El movimiento fue tan rápido que el aire se rasgó a su paso.
Sofía reaccionó primero, girando el cuerpo para interceptar, pero el nixie cambió de dirección en pleno salto, deslizándose como una sombra líquida entre las ruedas.
—¡Cuidado!
—gritó Thot.
Demasiado tarde.
Algo se activó.
No fue un talismán visible.
La luz de un círculo rodeó el carro.
Apareció una presión súbita, como si el espacio mismo se contrajera alrededor del carro.
El nixie chocó contra esa barrera invisible y fue lanzado hacia atrás, rodando por el suelo hasta quedar inmóvil.
Maribel abrió los ojos.
—Eso no lo hice yo —dijo lentamente.
—Fui yo —Dijo Abby, bajando su barita.
Abby agitó nuevamente su barita mientras el nixie se recomponía, haciéndolo flotar en el aire.
Aether de adelantó y le arrebató el objeto.
La nixie se alteró, como si le quisieran robar un tesoro.
Maribel se acercó lentamente y preguntó.
—¿Por qué dices que ya no era suyo?
—repitió Maribel, con voz tranquila.
El nixie flotaba atrapado en el aire, envuelto en una presión invisible que no lo lastimaba, pero tampoco le permitía huir.
Sus extremidades colgaban de forma antinatural, como algas suspendidas en agua quieta.
Sus ojos se movieron del objeto en manos de Aether… a Maribel.
—Porque entraron al río —dijo al fin—.
El canto cambió.
Richard frunció el ceño.
—Eso no significa nada.
—Para ti no —respondió la criatura—.
Para nosotros sí.
Maribel ladeó ligeramente la cabeza.
—Explícalo.
El nixie dudó.
Sus dedos largos se retorcieron, inquietos.
—Las cosas guardan lo que las toca —dijo—.
La corriente lava algunas huellas… pero otras las despierta.
Cuando él entró al agua, el canto se rompió.
Ya no era solo suyo.
Sofía entrecerró los ojos.
—¿Insinúas que ahora pertenece al río?
—No —corrigió el nixie—.
Pertenece a lo que lo reclame primero.
El silencio cayó como una losa.
Aether apretó el objeto entre las manos.
—Eso suena injusto.
—El mundo no es justo, solo reacciona —Respondió la criatura.
Maribel avanzó un paso.
Abby giró la cabeza hacia ella de inmediato, atenta a cualquier cambio, pero no hubo ninguno.
Maribel caminaba igual que siempre, con el pulso estable, la respiración serena.
—¿Qué obtienes si te las devolvemos?
—preguntó Maribel.
El nixie abrió la boca… y la cerró.
—Nada —admitió—.
Pero si me las quitan… perderé algo más que un objeto.
—¿Qué cosa?
—preguntó Thot, tenso.
La criatura bajó la mirada.
—El derecho a haberlo tocado.
Richard apretó los dientes.
—Eso no tiene sentido.
—No para ti —repitió el nixie, cansado.
Maribel extendió la mano.
No hacia las muñequeras.
Hacia el nixie.
Abby dio un paso adelante al instante.
—Maribel.
—Está bien —respondió ella sin mirarla—.
No es hostil.
Sus dedos se detuvieron a pocos centímetros del pecho de la criatura.
—Puedo ofrecerte algo mejor —dijo—.
Algo que no se lave con el río.
Los ojos del nixie se abrieron con avidez inmediata.
—¿Qué cosa?
Maribel se quedó en silencio un segundo.
Luego, sin dramatismo, llevó su pulgar a la yema de su índice… y presionó.
No hubo ritual.
No hubo gesto solemne.
Solo una gota.
La sangre apareció roja, brillante, densa de una forma que no era del todo natural.
No cayó.
Permaneció suspendida en el aire, como si el mundo dudara en dejarla ir.
El nixie se estremeció.
Abby contuvo el aliento.
Sofía dio un paso atrás sin darse cuenta.
—Maribel —dijo Richard con dureza—.
No tienes por qué— —No es un sacrificio —lo interrumpió ella, con suavidad.
Giró apenas la cabeza, lo suficiente para que todos la oyeran.
—Mi cultivo no se limita a mis meridianos —explicó—.
No está concentrado en un núcleo ni almacenado en un punto específico.
Una expresión de diversión irónica se formó en ella, agregando —En realidad, mi dantian funciona como un sello y una bomba, las habilidades que ni siquiera se que tengo se encuentran ahí.
De todas formas, todo mi cuerpo se cultiva… al mismo tiempo.
Alzó la gota de sangre un poco más.
—Para muchos, esto sería esencia de sangre —continuó—.
Algo que cuesta años refinar.
Para mí… es solo sangre.
Abby sintió sus rodillas ceder, equilibrándose a último momento.
Ella tenía sus sospechas, pero nunca había podido ponerlo en palabras.
—Cada parte de mí está ya en cultivo —añadió Maribel—.
No pierdo nada al entregarla.
Solo decido hacerlo.
El nixie temblaba.
—Eso… eso es un tesoro —susurró—.
Un recuerdo que no se borra.
Maribel asintió.
—A cambio —dijo—, devolverás lo que tomaste.
Y no volverás a seguirnos.
La criatura dudó apenas… y luego asintió con fuerza.
Aether se acercó y soltó las muñequeras.
Estas flotaron un instante antes de regresar a manos de Richard.
El nixie recibió la gota con ambas manos.
En el momento en que la tocó, su forma se estabilizó.
La distorsión que lo rodeaba se calmó, como agua que deja de hervir.
—Hecho —dijo—.
No los seguiré.
Abby bajó la barita.
La presión desapareció.
El nixie cayó al suelo… y se deslizó hacia el río sin mirar atrás.
El agua lo recibió sin sonido, como si nunca hubiera estado allí.
El silencio regresó.
Richard cerró los dedos alrededor de sus muñequeras.
—…Gracias —dijo, tras unos segundos.
Maribel asintió, como si no fuera nada.
Sofía la observó en silencio, un ligero escalofrío la hizo estremecerse.
Por primera vez desde hacía tiempo, no supo si lo que había visto la tranquilizaba… o la inquietaba.
Maribel dejó escapar una sonrisa, levantando el dedo gordo a Richard.
Pero al instante siguiente ella sintió una mirada, no podía ver espíritus, no podía escucharlos, pero pese al sello ella lo sintió.
Con su rostro inexpresivo volteó a ver al río, aunque nadie más notó su reacción.
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