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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 56

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  4. Capítulo 56 - 56 Bosque oscuro bajo sol pueblo nocturno a plena luz
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56: Bosque oscuro bajo sol, pueblo nocturno a plena luz 56: Bosque oscuro bajo sol, pueblo nocturno a plena luz El carro volvió a su rumbo la mañana siguiente.

El camino, esta vez, se sentía de algún modo esperanzador.

Saber que solo faltaban unos pocos kilómetros resultaba reconfortante, casi engañoso.

Thot suspiró, dejando que la tensión acumulada escapara con el aire.

—Al fin podré vender mis productos… —murmuró—.

Pensé que se acabarían antes de llegar a la capital.

Una sombra se estiró junto a él.

No la oyó acercarse.

No hubo pasos, ni roce, ni advertencia alguna.

—¿Temes quedarte sin productos por alimentar al grupo?

—preguntó una voz a su espalda.

Thot soltó un grito ahogado y se puso de pie de forma torpe sobre el asiento, girándose con el corazón desbocado.

Abby estaba allí, ligeramente inclinada hacia él, las manos a la espalda, el rostro inexpresivo.

—¿E-estás loca?

—exclamó, llevándose una mano al pecho.

Ella ladeó la cabeza, indiferente al susto causado.

—Es una preocupación entendible —respondió—.

Pero no hay problema.

Cazábamos nuestro alimento antes de que llegaras.

Thot abrió la boca para replicar, pero se detuvo.

Su mirada decía lo suficiente; aun así, su corazón insistió en expresarse.

Tomó aire.

—Ayer usaron de mi arroz para hacer una sopa —dijo al fin, frunciendo el ceño.

Abby infló las mejillas, gesto que lo desconcertó por un instante.

—Eso fue solo ayer —replicó—.

Además, solemos comer carne, bayas… cualquier fruto que encontremos.

Desvió la mirada, incómoda.

—Quiero decir… un poco de arroz no está mal durante el viaje.

Solo fue una vez.

Se encogió ligeramente, con las mejillas teñidas de un rojo suave.

La mandíbula de Thot pareció querer tocar el suelo, pero su expresión se endureció enseguida.

—Una criatura de la noche intentando comer como humana… muy gracioso —resopló—.

Aceptaré esta pérdida por ahora.

Pero si el viaje se alarga, no permitiré que gasten mis recursos.

—La miró con severidad—.

Solo si están por fermentar será excusa suficiente para consumirlos.

Abby asintió con firmeza.

—De acuerdo —dijo, y una ligera sonrisa se dibujó en su rostro—.

Qué bueno que pronto veremos un pueblo… eso espero.

Al decirlo, miró a Amara.

La mujer sostuvo su mirada un instante, sin parecer segura de qué responder.

—¿Pasa algo?

—preguntó la dampir.

Amara suspiró.

—Eso lo veremos al llegar —dijo—.

Solo diré que las cosas se ven complicadas en ese lugar.

Dirigió la vista al asentamiento apenas visible a lo lejos.

En el cielo, numerosos hilos se entrecruzaban; casi una octava parte de ellos estaba apagada.

—Algo malo ocurre allí.

Thot bufó, exasperado.

—Esto ya es el colmo… Maribel observó el pueblo en silencio.

Un recuerdo se deslizó en su mente: una pregunta que se había hecho tiempo atrás, cuando la caravana de antaño luchó por su libertad.

«Supongo que en realidad no estoy teniendo mala suerte…» Alzó la vista al cielo.

«Entonces… ¿qué será de mí cuando de verdad tenga mala suerte?» Suspiró en el presente.

—Parece que esta vez sí soy yo la gafe —murmuró.

Una voz masculina respondió en su mente.

«Técnicamente, es la desventura de otros.

Pero ya que te cruzas con ella, pasa a ser tuya.

No es que tú seas la gafe aquí.» Maribel no respondió.

Cuando el carro se acercó lo suficiente, el entorno confirmó lo que ya habían anticipado.

El ambiente estaba tenso.

El cielo sobre el bosque se sentía incompleto.

Y el pueblo… reaccionaba a algo que no comprendía del todo.

Incluso desde la distancia, no resultaba tranquilizador saber que la amenaza se encontraba en el bosque; lo inquietante era ver a la gente moverse sin un orden claro.

Barreras de madera se levantaban de forma precaria, construidas por manos inexpertas, aunque bajo la dirección urgente de unos pocos.

Piedras eran talladas y dejadas junto a jabalinas y resorteras improvisadas.

Abby ajustó su sombrero, cubriendo sus orejas cuanto pudo.

Miró de reojo al niño a su lado: no había rastro de orejas ni cola lupinas.

No había cadáveres en las calles ni destrucción evidente, pero la prisa en cada gesto decía lo suficiente.

Thot entró a una casa de alimentos, sus productos despertando una chispa de esperanza en los rostros cansados.

Se aclaró la garganta.

—Antes que nada… ¿cómo está la situación?

El dueño se tensó al instante.

Los ojos de Thot eran fríos, afilados.

—No se preocupen —intervino Abby con una sonrisa sin dientes—.

Pensamos vender aunque sea un poco.

El hombre suspiró, aliviado.

—No fuimos atacados directamente —explicó—, pero los hombres más experimentados fueron a detener a esa bestia… solo uno volvió con vida.

Maribel entrecerró los ojos.

Se pellizcó apenas para reaccionar y luego inclinó la cabeza ante el hombre.

«Esta es la segunda vez que encontramos algo así… Según la lógica de la caravana, no es mi mala suerte, sino una casualidad aislada.

Aun así… esto sí que se siente como mala suerte.» «Como dije, no es que tú seas la gafe.» Maribel abrió los ojos.

El dueño la observaba con emociones encontradas; tragó saliva con fuerza, los dientes apretados por la impotencia.

—Gracias… Perdimos muchos allí.

La mayoría crecieron conmigo.

A algunos los vi hacerse hombres.

Los comensales bajaron la mirada, los labios apretados.

El anciano inclinó la cabeza ante Maribel.

Thot resopló.

—Hagamos negocios entonces.

Aunque gran parte de mis productos no sean necesarios aquí, lo que más les conviene son los granos y las armas.

Dejemos la artesanía del Reino del Espejo fuera.

Maribel salió al exterior.

Richard y Sofía intercambiaron miradas antes de comenzar a cargar los productos.

El dueño tragó saliva.

—El dinero no sirve si estamos muertos.

Y tampoco estamos en posición de negociar con vecinos… así que compraré todo lo que pueda.

Thot sonrió de forma depredadora.

Desde afuera, Maribel escuchó al hombre gritar: —¡Eso es demasiado caro!

Ella permaneció indiferente.

Tomó de la mano a su pequeño lobezno —ahora con apariencia humana— y comenzó a recorrer el pueblo.

El asentamiento se preparaba para resistir.

Y el mundo, una vez más, parecía a punto de cobrar algo que no le pertenecía.

Amara los seguía.

Abby también.

Sin pensarlo, terminaron ayudando junto a los demás.

El azul voló por los aires cuando Aether hizo gala de su abundancia de qi, moviendo tablones que se alzaron para formar la cerca más cercana al bosque.

Algunas casas quedaron fuera de la protección improvisada; aun así, esperaban que resistiera aquello que había acabado con tantos cazadores.

El bosque comenzaba a unos pasos de las últimas casas.

No había una frontera clara entre el asentamiento y la arboleda.

Solo un cambio progresivo: el aire se volvía más denso, la luz perdía definición y los sonidos humanos quedaban atrás con una rapidez incómoda.

Maribel avanzó despacio, dejando a Aether al cuidado de Amara.

La mujer tomó al niño y sostuvo la mirada de Abby durante un largo instante.

La dampir asintió.

Maribel no afinó percepción alguna.

No buscó con qi.

No intentó sentir más allá de lo que unos sentidos humanos permitían.

El sello hacía su trabajo.

Avanzó quizá cien, quizá doscientos metros; no podía saberlo con certeza.

Cada paso era consciente.

El crujir de hojas secas bajo sus botas sonaba demasiado fuerte, como si el bosque escuchara.

El viento movía las ramas altas, pero no había pájaros que respondieran.

Ningún insecto.

Solo el roce irregular de la madera y un silencio lleno de huecos.

Su pulso estaba estable.

No por calma, sino por costumbre.

«Sistema, ahora mismo me vendrían bien mis sentidos mejorados.» «Denegado.

Tu recuperación es prioridad.

Si es adecuado, actuaré respecto a tu sello.» Maribel intentó hacer un puchero, pero no logró fingir la expresión.

El olor fue lo primero que cambió.

No era sangre.

Era humedad antigua.

Tela mojada que nunca terminó de secarse.

Un aroma humano… mal aprendido, como una imitación incompleta de lo cotidiano.

Maribel frunció apenas el ceño y se detuvo.

El suelo estaba más pisado.

No había huellas claras, sino una ausencia: las hojas y hierbas no se acumulaban como en el resto del bosque.

Algo pasaba por allí con regularidad.

Avanzó un poco más.

Las raíces crecían torcidas, emergiendo del suelo sin motivo aparente.

Algunas se entrelazaban formando figuras que recordaban vagamente a muebles, a estructuras humanas… sin cumplir ninguna función real.

Se llevó una mano al pecho.

La incomodidad se instaló lentamente.

«Algo anda mal.

Es como si el mal de altura me afectara como a un mortal.» No era peligro, sino extrañeza.

El aire rendía menos.

Cada respiración exigía atención.

Maribel retuvo el aire unos segundos.

Al soltarlo, el suspiro le tembló.

«No es falta de oxígeno… mi fisiología no se altera.

Entonces…» No era el aire, sino el entorno.

Algo no estaba hecho para ser respirado con normalidad.

Se inclinó y tocó el suelo con dos dedos.

Frío.

Demasiado frío para la hora del día.

Más adelante, el bosque se abría en un claro irregular.

No era amplio, pero sí distinto.

Los árboles se detenían a una distancia prudente, como si evitaran ese punto.

En el centro, la tierra estaba removida, marcada por arrastres y pisadas confusas.

Ninguna forma definida.

Ninguna dirección clara.

Maribel no entró.

Observó desde el borde.

El silencio allí era más profundo.

No vacío, sino expectante.

Algo había ocurrido en ese lugar.

Algo que no quería ser visto.

Maribel dio un paso atrás.

Luego otro.

No había razón para seguir.

Giró con cuidado, procurando no romper ramas ni pisar zonas inestables.

El bosque no reaccionó, pero tampoco se relajó.

Era como retirarse de una habitación donde alguien finge dormir.

Avanzó varios metros antes de detenerse.

Una silueta se recortaba entre los árboles.

Humana.

O eso parecía.

Estaba quieta, de pie, como si llevara allí un buen rato.

La ropa era visible incluso desde la distancia: capas superpuestas sin sentido, telas gruesas donde no hacían falta y piel expuesta allí donde el frío debería haber calado.

Maribel se quedó inmóvil.

La silueta no se movió.

El bosque tampoco.

Las sombras se deslizaron apenas, como si anticiparan algo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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