Sistema de Evolución Universal - Capítulo 59
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- Capítulo 59 - 59 Diez minutos
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59: Diez minutos 59: Diez minutos —¿Qué?
¿Cómo que vienen más?
—preguntó un hombre, con la voz quebrada.
El niño asintió lentamente.
—¿Cuánto tiempo tenemos?
—No lo sé… la energía se está aglomerando en la grieta del cielo.
Solo puede significar que están concentrando fuerzas del otro lado.
Sofía apretó los puños y siseó entre dientes.
—¿Qué hacemos ahora?
—preguntó a Richard.
Él pensó un momento, abrió la boca, pero una voz se adelantó.
—Nos vamos —dijo Thot—.
Antes de que sea tarde.
No tenemos opción.
—¡Tú!
¡¿Lo dices delante de todos?!
Thot miró al aldeano que lo increpaba y se colocó, sin disimulo, detrás de Richard.
—¿Qué pueden hacer?
—respondió.
—Tch… Maribel suspiró.
—Tiene un punto… esto sería muerte segura para humanos comunes.
Algunos bajaron la cabeza al oírlo.
—Pero… aún pueden retirarse.
Al menos intentarlo.
Se miraron entre sí y asintieron en silencio.
Entonces, el cielo brilló.
El azul se rasgó con trazos de qi dejados por una espada voladora.
Desde lo alto descendió un hombre.
Un cultivador.
Portaba la insignia de la Secta del Pabellón del Umbral Correcto.
El viento danzaba con su capa; su cabello largo, recogido con esmero, se movía en perfecta armonía.
Su presencia gritaba autoridad.
Maribel frunció el ceño al comparar las ropas gastadas de su grupo con la pulcritud del recién llegado.
El hombre no tocó tierra de inmediato.
Extendió una mano y un pulso suave de energía barrió el área.
Sus ojos recorrieron el lugar, calculando.
Finalmente descendió.
Los mortales se postraron al instante.
Sofía, Richard y Amara también.
—¿Hmm?
—murmuró—.
¿No se arrodillan?
Maribel parpadeó.
—¿Eh?
¿Ellos se arrodillaron?
¿Por qué?
—Tsk… —el cultivador frunció el ceño y la señaló—.
Mortal… no.
Tú no lo eres.
¿Quién selló tu cultivo?
Da igual.
Muestra respeto a tus mayores.
Maribel miró alrededor, genuinamente confundida.
—¿Por qué lo hacen con la frente en el suelo?
El hombre abrió la boca para reprenderla, pero una voz infantil lo interrumpió.
—¿Y tú qué haces de pie?
—dijo Aether—.
Si postrarse es respeto… ¿por qué no te postras ante mi padre, que te está mirando a los ojos?
—¡Mocoso…!
—el cultivador se quedó helado—.
Tú… te cultivas… ¿Cómo…?
Aether entrecerró los ojos.
—Tsk.
Lo dejaré pasar —dijo el hombre, forzando la compostura—.
Pequeño, ¿Cuáles son tus antecedentes?
Aether evitó su mirada.
Una sonrisa rígida tensó el rostro del cultivador.
—Joven maestro… ¿Puedo preguntar de qué clan oculto procede?
Jamás oí de un niño cultivador.
Silencio.
La mano del hombre brilló.
Una cuchilla de luz se formó en su palma.
—Si no eres aliado… eres una amenaza.
Los ojos de Aether se abrieron.
[Interferencia detectada.
El objetivo excede la tolerancia del sistema.] El aire explotó desde el cuerpo del niño.
Cuando la onda tocó al cultivador, toda su energía se disipó.
Cayó de rodillas, luego al suelo.
—Te lo dije —murmuró Aether—.
Arrodíllate ante mi padre.
La presión se disipó.
—El reflejo de mi padre dice que aún tienes trabajo.
Hazlo.
El hombre se levantó con torpeza y se inclinó una y otra vez.
Esta vez no montó su espada.
Extendió su percepción con cautela.
—No están aquí… pero la grieta está inestable.
Informaré según el protocolo.
Los refuerzos vendrán.
—¿Te vas?
—preguntó Maribel—.
¿No enviarás un animal mensajero?
El cultivador la miró con frialdad.
—¿Qué sabrás tú, fracasada?
Esos métodos no transmiten datos complejos.
Un Núcleo Dorado tardío es más eficiente.
Y se marchó.
Maribel apretó los puños, su mirada se afiló.
—Tsk… maldición.
El silencio volvió a caer.
—Al menos contamos con ustedes —dijo el anciano—.
Por favor, acompáñennos al salir del pueblo.
—Con suerte podremos vivir —susurró otro.
Amara observaba el cielo.
—Sería mejor irnos ya.
—No los dejaremos atrás —dijo Maribel.
Un susurro recorrió al grupo.
—Ellos nos dejarán atrás.
«Sistema… ¿Cuánto tiempo tenemos?» [10 minutos, 20 segundos] Maribel cerró los ojos.
«Carajo».
—¿Qué pasa?
—preguntó Richard.
—Menos de diez minutos —respondió ella—.
Según el sistema.
Richard miró el vehículo, luego a su amigo.
—¿Qué tan fuerte era el del bosque?
—Bastante.
Incluso sellada, habría podido matarlo sin problemas.
Estaba cerca del pico de Fundación Dorada.
—¿Por qué no mediste su poder?
—Porque no puedo.
Ni siquiera sé tu nivel.
Richard suspiró.
—No hay tiempo para huir… «Sistema… ¿puedes ayudarnos a proteger a esta gente?» [Iniciando protocolo auxiliar para mortales] [Por favor, tome un arma] Aether giró hacia Maribel.
Sus miradas se encontraron.
—Ayudaré.
Maribel tomó una lanza.
Aether, una resortera.
[Se detectó el arma más avanzada en la mente de la anfitriona utilizable por mortales] La lanza perdió peso, transformándose en un arma de fibra oscura.
Piedras se formaron en sus extremos, conduciendo energía ambiental.
La resortera mutó en un arco de gran calidad, con poleas.
No tenía cuerda; cuando Aether apuntó, una línea de luz apareció, tensándose.
La mirada de Maribel era oscura.
La de los demás, llena de esperanza.
—Esto servirá —proclamó Thot.
La voz de Maribel resonó solo en su mente.
«Si acaso logran blandirla antes de morir.
Esperaba una pistola como mínimo, no esta basura».
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