Sistema de Evolución Universal - Capítulo 6
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Capítulo 6: Colapso interno, revelación externa
Maribel no aguantó más y se marchó del pueblo.
Entró al bosque y se dirigió al estanque que había encontrado antes. Estaba molesta, agotada. No dejaban de tratarla como un objeto… bueno, al menos esas dos personas no habían dejado de hacerlo, y eso ya era suficiente para querer escapar.
Reflexionó un momento y tomó una decisión: se iría en dos días, después de conseguir todo el dinero que pudiera.
Cuando el sol comenzaba a caer, regresó al estanque. Su corazón estaba pesado, demasiado. Se quedó mirando su reflejo sin hacer nada, sintiéndose decidida y, al mismo tiempo, débil. Esos días la tristeza se había vuelto constante.
El pensamiento volvió a surgir.
¿Y si no estaba en la Tierra?
De algún modo, eso sería un alivio. Significaría que no todo era culpa de la crueldad humana; que realmente había muerto y despertado en un lugar desconocido. Pero ¿cuánto duraría la calma de esa revelación? Y si fuera cierto… ¿qué pasaría con sus padres?
Una hoja verde y áspera cayó frente a ella, rompiendo el reflejo del agua.
—Oh… otra hoja cayó… —murmuró—. Casi me recuerda a mí. —Soltó una risa breve—. ¿Con quién hablo? No hay nadie… Me siento sola. Los adultos de aquí no son personas que quiera conocer, y los niños… mejor ni hablar. Son molestos e irritantes.
—¿De veras?
—¡Sí…! —respondió, exasperada.
Se quedó helada.
—¿Eh…?
Miró a su alrededor. No había nadie.
—Aquí abajo.
Bajó la mirada. Solo estaba el agua.
Guardó silencio unos segundos.
—¿Acaso… el agua?
Se inclinó. Su reflejo estaba allí, claro pese a la luz menguante.
—¡Hola! —dijo su reflejo, sonriendo con una alegría que no coincidía en absoluto con su estado—. ¿Cómo has estado?
—…ya… ya me volví loca.
—Bueno, sí —rió el reflejo—. Ver a tu reflejo hablar no es precisamente señal de cordura.
Maribel se llevó una mano al cabello.
—Waaaa…—se lamentó—. Genial… ahora hasta me explico mis delirios.
—No estás loca —dijo la otra Maribel, más calmada—. Soy una parte de ti. O, mejor dicho, de nosotras.
—Eso no mejora mucho la situación.
—Vine porque estás al límite, realmente no me tienes piedad ¿verdad?… yo siento lo que sientes, me pones ansiosa intentando ayudarte. —El reflejo la miró con seriedad—. No te rindas. Aún no termina. Este mundo nuevo traerá cosas desagradables, sí… pero también otras distintas. Mírame. ¿No parezco feliz? Sé feliz tú también.
Maribel apretó los labios.
«Esta tipa… acaba de darme el peor consejo que se puede dar. ¿Cómo espera que sea feliz sin más? Nada me hace feliz ahora mismo».
La frustración le oprimió el pecho.
—Espera… —susurró—. ¿Dijiste mundo nuevo?
—Así es —respondió el reflejo—. No me creerás aún, pero es verdad. Has estado demasiado triste. Si sigues así, terminarás matándonos.
—¿Eres… mi inconsciente?
El reflejo ladeó la cabeza.
—No conozco esa palabra.
Maribel frunció el ceño.
—¡Espera! —exclamó el reflejo—. Buscaré su significado en tu mente.
—¡No te metas en mi cabeza!
El reflejo se sobresaltó.
—Tranquila. Entiendo lo suficiente. Trabajo en algo parecido a eso que llamas inconsciente… aunque el concepto está mal definido.
Maribel respiró hondo.
—Entonces dime algo. Si normalmente no puedes hablarme, ¿por qué ahora sí?
El reflejo sonrió.
—Porque tienes algo… o alguien. Se llama #########.
Un sonido imposible atravesó la mente de Maribel. No era una palabra; era una disonancia. Un escalofrío le recorrió la espalda.
—¡No hagas eso! —exclamó—. No juegues con mi mente.
—Te dije la verdad. Que no puedas comprender el nombre no es culpa mía.
—¿Qué es eso?
—Una entidad que se unió a nosotras. Es poderosa… y masculina, creo. Dice tener una predestinación contigo. Yo no confío del todo, así que no te dejes engañar.
—¿Esa cosa te permite hablarme?
—Sí, pero por poco tiempo.
Maribel bajó la mirada.
—Entonces… ¿por qué me enseñas todo esto?
—Porque no quiero morir desperdiciando esta vida. —El reflejo la miró con firmeza—. Esa entidad pidió que te enseñara estos movimientos. No sé cómo funcionan, pero son extremadamente valiosos.
Le indicó que se sentara frente al agua.
Esa noche practicaron una serie de movimientos extraños, parecidos al yoga. Poco a poco, Maribel memorizó no solo las posturas, sino también las emociones que su reflejo le transmitía.
Al entrar en un estado de calma profunda, sintió algo nuevo: una contracción breve, interna, como si algo en su abdomen hubiera reaccionado por instinto. No fue doloroso, pero sí claro. Demasiado claro para ignorarlo.
Luego, una fuerza sutil recorrió su cuerpo, similar a un magnetismo suave. Estuvo a punto de perder la conciencia.
—No te duermas —advirtió el reflejo, con un tono inusualmente tenso—. La condición es que lo hagas tú. Yo no puedo. Si fallas, no recibiremos su apoyo.
Maribel respiró hondo y se estabilizó.
—Gracias… —murmuró—. No olvidaré esto.
El reflejo sonrió con una alegría tan intensa que terminó llorando.
Si aquello era un sueño, no parecía querer terminar.
A la mañana siguiente, Maribel despertó con la luz del sol filtrándose entre las rendijas del corral donde había dormido.
Entonces escuchó una voz:
[Se ha juzgado adecuado instaurar la interfaz de comunicación. Felicidades a la anfitriona por haber aprendido la Circulación Celestial Menor. El Sistema de Evolución Universal le desea buenos días.]
—…¿Sistema?
[El sistema se encuentra actualmente con usted, anfitriona.]
Su corazón dio un salto.
—¿Estoy soñando?
[Negativo. Se encuentra en el Reino de Vigilia.]
Maribel tragó saliva.
—Esto… no es mi mundo, ¿verdad?
[Confirmado. Este no es su mundo original.]
El latido en su pecho se aceleró.
O estaba completamente loca…o estaba completamente cuerda, pero en otro mundo.
Y deseó, con todas sus fuerzas, que fuera lo primero.
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