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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 62

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  4. Capítulo 62 - 62 Esto ya empezó
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62: Esto ya empezó 62: Esto ya empezó El agua del río corría con normalidad en la noche oscura.

Los insectos no cantaban, las aves no volaban.

El frío viento hacía temblar a las hojas de los árboles.

Las raíces se levantaban de forma antinatural en las laderas del río, oscurecidas y con sombras más profundas.

La luna en el cielo, se veía menos amarilla que de costumbre.

Maribel respiró profundo, sentía que el aire le faltaba, su expresión se oscureció.

—¿Pasa algo?

—preguntó Amara.

La respuesta fue un asentimiento.

—Siente tu cuerpo, parece que falta el aire, pero el corazón no se agita.

Sofía levantó una ceja, Amara quedó estupefacta, Richard llevó una mano a su mejilla.

—Esto es extraño —dijo Abby —yo no siento nada.

Aether asintió, apoyando a Abby.

Una voz malhumorada sonó, Thot escupió al suelo.

—Tsk…

parece que esta tierra está maldita, incluso tragué polvo.

—…

—…

—…

—Te lo mereces —dijo Maribel, dándose la vuelta.

En el pueblo, la gente no tenía el humor para celebrar.

Maribel había tomado una de las lanzas mejoradas, habían otras 3 en ese lugar.

Sofía siguió su mirada.

—*Suspiro* Deberíamos irnos ahora…

— codeó a Richard —sería lo más inteligente ¿No crees?

El hombre la miró directamente a los ojos un largo momento.

—No quiero muertes.

Sería lo más inteligente.

En ese momento, una suave brisa pasó, extrañamente caliente.

Maribel tembló.

Amara se tensó.

La reacción extraña alertó a todos.

—¡¿Qué pasa?!

—Thot estaba pálido ahora.

Los ojos de Maribel temblaban.

Un espíritu pasó, originalmente con la forma de un caballo, ahora con el cuello largo hasta el suelo, un líquido caía de sus orificios, purulento, oscuro; su baba era asquerosa, su cuello alargado se meneaba de un lado a otro, arrastrando su cabeza por el suelo; su enorme boca jalando la tierra a su paso.

Aquello lo miró, su boca se movió.

«Libérame…

de…

la corrupción.» Sus ojos azules, poco a poco se volvieron verdes, luego negros; finalmente su conciencia pareció perderse.

«#############» Aquello se abalanzó hacia ella con las fauces abiertas.

Maribel cayó al suelo, temblando.

Cubrió su rostro.

El alarido del caballo era tan fuerte que sintió perder los oídos.

Entonces una luz amarilla apareció.

[El enemigo a purgado demasiado karma a la vez, su vida se a perdido] Maribel lentamente abrió los ojos, sus compañeros la miraban con preocupación.

—¿Qué viste?

—la voz de Richard era tensa.

Maribel abrió la boca, pero la voz de Amara interrumpió.

—Este lugar…

está condenado.

Alejen a todos del río.

Maribel miró a su amiga, conectó la mente de todos los presentes.

Ahí, en los ojos de Amara: Miles de hilos negros en el río, el río mismo era un hilo celeste, pero parecía emergerle una masa negra que lo teñía, era viscosa, como lodo, purulenta, acumulado tanto que se elevaba hasta los cielos.

Sofía sintió que algo se arrastraba bajo su piel.

—No lo toques con la mirada —advirtió Amara —esa cosa podría ser peligrosa, solo míralo con sentidos humanos.

Abby observó, sus ojos parecieron perder vida un segundo.

—Ese hilo celeste debería ser el río…

entonces…

¿Qué son esos cientos de hilos negros?.

Amara tragó saliva.

—Probablemente…

las vidas del río.

La dampir miró a Maribel.

—Se parece a lo que expulsaste.

Richard bajó la mirada.

—Entonces ya sabemos qué es…

son impurezas.

Aether suspiró.

—Esta gente…

me da lástima.

Si los dejamos ¿Qué será de ellos?

La voz de Maribel sonó, tétrico, ahogado.

—Estamos perdidos.

— una idea atemorizante llegó a su corazón —Esto…

parece una endemia.

Ella corrió al pueblo.

Las miradas se avivaron al verlos llegar, algunos suspiraron, otros lloraron.

Maribel miró a su alrededor, la gente tosía, los niños lloraban.

Las madres, desesperadas intentaban hacer que sus hijos se callen.

Quienes estaban cerca del bullicio se apartaron, temerosos del reproche de los cultivadores por perturbar su silencio.

Pero entonces alguien llegó por detrás.

—Por favor…

por favor…

denme comida.

Muero de hambre.

Una mujer gritó dentro de un hogar.

—¡Deja de beber, debemos racionar para este desastre!

El mundo empezó a dar vueltas, el aire pesado, la contaminación del río…

la tos, el hambre, la sed.

Maribel respiró frío.

Una realización la golpeó de frente.

—No tengo…

como ayudar.

Maribel quedó paralizada.

La mirada en el suelo, repasando todos los métodos que conocía.

Al final, solo pudo ver a través de los ojos de Amara.

La única respuesta que obtuvo fue un vacío claro y brutal: No sé cómo limpiar esta cosa.

Maribel cerró los ojos con fuerza.

Entonces recordó.

—Abby… —su voz salió áspera.

La dhampir alzó la mirada de inmediato.

—¿Qué ocurre?

Maribel dudó solo un instante.

—Tu sangre.

El silencio fue absoluto.

Abby parpadeó, sorprendida, pero no retrocedió.

—¿Crees que…?

—No lo sé —interrumpió Maribel—.

Pero es lo único antinatural que conozco que no destruye al cuerpo humano.

Si hay algo que pueda frenar esto, aunque sea un poco… Abby extendió la muñeca sin decir más.

Maribel tomó un pequeño recipiente y, con cuidado, dejó caer unas gotas de sangre oscura.

El líquido humeó apenas al tocar el aire.

Eligieron a un niño que apenas podía mantenerse en pie.

La tos lo sacudía; sus labios estaban secos, agrietados.

Maribel trazó un sello simple y dejó que una gota tocara su lengua.

Por un instante, el niño dejó de temblar.

Las madres contuvieron el aliento.

Luego, el efecto se disipó.

La tos regresó, más profunda.

No violenta, pero más pesada.

Como si algo se hubiera despertado y luego decidido quedarse.

Maribel retiró la mano de inmediato.

—No funciona… —susurró.

Abby apretó los dientes.

—No lo empeoró —dijo—, pero tampoco lo limpió.

Amara alzó la cabeza bruscamente.

—Maribel.

Ella sintió el cambio antes de verlo.

Desde el río, algo se movía.

No una sola cosa.

Varias.

En la orilla, formas oscuras emergían del agua espesa: bestias deformes, con extremidades mal contadas, cuerpos hinchados por una energía que no les pertenecía.

Las impurezas les goteaban como brea.

Pero no eran las únicas.

Desde el cauce mismo, figuras traslúcidas ascendían.

Espíritus del río, aún puros, con formas incompletas: peces de luz, serpientes de agua clara, aves sin alas.

Se movían con torpeza, como empujadas por una corriente que no entendían.

Ambos bandos avanzaban.

No hacia la aldea aún… pero tampoco se alejaban.

El río estaba expulsando lo que no podía contener.

Y lo que aún intentaba protegerse.

Maribel sintió el peso en el pecho.

Esto no era una invasión.

Era una reacción.

—Se están acercando —murmuró Richard.

Aether observó en silencio, el pelaje erizado.

—El río… está peleando consigo mismo.

Maribel cerró los ojos un segundo.

Cuando los abrió, la claridad regresó.

No como esperanza.

Como decisión.

—Prepárense —dijo—.

Esto ya empezó.

El agua del río siguió corriendo con normalidad.

Pero la noche… ya no.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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